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La Porciúncula

En este espacio del bosque había una ermita dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles. Pertenecía a la abadía de San Benito del Subasio. Para que no nos sucediese como en Rivo Torto, comunicamos al abad que vivíamos allí, en sus dominios, en unas chozas levantadas en torno a, la ermita de la Virgen.

frailes

Subimos, pues, la ladera del Subasio hasta la abadía y nos recibió muy alegre; los benedictinos se portaron muy bien con nosotros en estos años duros y nos dieron su posesión, aunque la rechazamos; hicimos un pacto: la abadía continuaba con el dominio de la Porciúncula, pero nosotros la usábamos, y como renta le debíamos dar un canastillo de peces del Tascio, el río que lame las plantas de Asís. Nuestra sorpresa fue que cada año que ofrecíamos a los monjes el cestillo de peces, recibíamos una botella de aceite para la lámpara de Nuestra Señora.

Aquí reservamos un espacio privado para los hermanos, separado de la vista de los transeúntes por un seto. Comenzó a aumentar la fraternidad; todos eran bien recibidos: nobles y plebeyos, clérigos (sacerdotes y estudiosos) y laicos...; el Señor me dio el saber acoger a cada uno, era delicado con todos.

Porciuncula

También comenzó aquí la marcha apostólica de la Orden, la "misión", de dos en dos: primero nos dividimos el mundo en dos partes, luego en cuatro y así sucesivamente. En la Porciúncula también celebramos los primeros capítulos, nuestras reuniones para organizar la vida, los cargos y el trabajo.

Aquí, en la Porciúncula, comenzó la Orden de las "Hermanas Menores", las "Clarisas". Aquí quise y obtuve del señor papa Honorio III el permiso para celebrar anualmente una jornada de paz —el "Perdón de Asís" o "Indulgencia de la Porciúncula"—, en la que, purificado y reconciliado el corazón del hombre consigo mismo y con Dios, lo transmitiera a la sociedad.

Aquí, en la Porciúncula, bajo el amparo de María, yo y los Hermanos Menores veremos que el buen olor de la vida evangélica que hemos elegido se extiende por Umbría, las Marcas de Ancona, el valle de Rieti..., y pone en crisis a muchas personas, obligándolas a reflexionar y a interrogarse sobre el futuro de su vida, pidiendo a los hermanos que ayudasen a vivir el mismo ideal sin tener que abandonar casa, hijos, esposa..., ya que estaban casados. La respuesta mía y de los hermanos fue el acompañamiento espiritual a los "Hermanos de la Penitencia" u Orden Franciscana Seglar.

La Porciúncula es el punto de partida de la fraternidad de los Menores bajo la mirada materna de María.

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