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Salida fuera de Italia

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A partir de 1217, habiendo crecido considerablemente la fraternidad, decidimos salir fuera de Italia. Yo pensé ir a Francia, por la gran devoción que esta nación tenía a la eucaristía; este viaje me recordaba los relatos que oí en casa a mi padre y me producía un gran gozo poder hablar la lengua extranjera que tantas veces había utilizado. Este era mi deseo y en deseo se quedó.

Al pasar por Florencia fui a visitar y saludar al cardenal Hugolino, nombrado desde hacía poco tiempo delegado pontificio para la Toscana. Me acogió amigablemente, pero me impidió seguir mi camino. Sí que lo hicieron otros grupos de hermanos, los de España, Alemania, Tierra Santa, y también los de Francia, pero el ministro de la expedición sería ahora el hermano Pacífico, el príncipe de los poetas.

Todos íbamos un poco a la buena de Dios. Quiero decir, carecíamos de lo que hoy llamáis «infraestructura». Teníamos la aprobación papal, es cierto, pero en muchos lugares nos confundían con otros movimientos religiosos de tipo herético que vestían más o menos como nosotros, vivían como nosotros pobremente, predicaban también en lengua vulgar como nosotros, no en latín, pero con la diferencia de que muchos de ellos lo hacían en contra de la Iglesia y de la sociedad. En muchas partes nos confundieron con estos grupos y muchos hermanos sufrieron en sus carnes los azotes y pedradas de los celantes de la religión que nos preguntaban. No sabíamos responderles adecuadamente, pues desconocíamos la lengua o respondíamos sin malicia lo contrario de lo que queríamos decir; esta confusión nos acarreaba el cargar con la violencia del pueblo sencillo y hasta de los clérigos y prelados.

Los hermanos volvieron desalentados a Santa María de la Porciúncula. Sólo el hermano Elías (hermano muy querido por mí -madre para naí y padre para los demás hermanos-); fue un gran colaborador en la organización y desarrollo de la Orden, aunque piedra de escándalo para muchos hermanos hasta el día de hoy, por haber sufrido excomunión pontificia, olvidándose muchos de su celo ecuménico y reconciliador en la Iglesia y en el imperio... Pues bien, el hermano Elías fue el único que supo echar los cimientos de la misión en el Oriente. Era hombre culto y supo ganarse la voluntad de muchos nobles y caballeros de las Cruzadas con la predicación y con su vida.

El hermano Elías fue vicario general después del breve período en que ejerció este ministerio Pedro Cattani, muerto en 1221 y enterrado en Santa María de los Ángeles. Este ministerio a favor de toda la Orden lo ejerció de 1221 a 1227. En el capítulo general de este año fue nombrado ministro general Juan Parenti, ministro provincial de España. Al hermano Elías, canonizado yo el 16 de julio de 1228, se le encomendaron las obras del templo que el Pontífice y el pueblo querían levantar en mi honor. Fue elegido ministro general de 1232 a 1239, año en que fue depuesto por Gregorio IX, a pesar de la oposición de muchos ministros provinciales. Absuelto de la excomunión papal, murió en Cortona, donde se halla enterrado en la iglesia de San Francisco, que él levantó, después de una vida muy zarandeada por los papas Gregorio IX e Inocencio IV debido a la oposición de la Santa Sede a la política y criterios de su gran amigo el emperador Federico II.

Esta es la primera expedición misionera de los Hermanos Menores fuera de las fronteras de Italia, que por su desorganización no obtuvo resultados importantes. Sólo la expedición que siguió el camino de los cruzados echó raíces en la que sería provincia de Oriente.

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