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El «Cántico de las criaturas»

Es indiferente el lugar donde se compuso y el momento en que se hizo. Lo importante de este canto, de esta alabanza al Creador, es el gesto de alegría, de plegaria, de fraternidad universal, de paz y armonía, de claridad, sencillez y desapego que se desprende de él. Vamos a recordarlo:

«Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición;
a ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

rezando

Loado seas, mi Señor, por todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual nos trae el día
y por el cual nos alumbras,
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado claras,
y preciosas, y bellas.

Loado seas, mi Señor,
por el hermano viento, y por el aire, y el nublado,
y el sereno, y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor,
por la hermana agua, la cual es muy útil, y humilde,
y preciosa, y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y es bello, y alegre, y robusto, y fuerte.

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce frutos diversos
con coloridas flores y hierbas.

Loado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación;
dichosos aquellos que lo sobrellevan con paz,
pues por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar:
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!
¡Dichosos aquellos a quienes encontrará
en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal!

¡Alabad y bendecid a mi Señor, y
dadle gracias y servidle
con gran humildad!».

rezando

Hoy son muchos los que se comprometen con la naturaleza: los verdes, los ecologistas, los pacifistas, y tantos y tantos hermanos que intentan cambiar la relación con la naturaleza, con el medio ambiente...; yo les invitaría conmigo, libres de todo poder, que fuesen capaces de gritar con satisfacción, con alegría, con el júbilo de un niño, aun en medio del dolor, de la guerra, de la destrucción, de la enfermedad, del poder de las armas y del derecho: «Altísimo, omnipotente, buen Señor».

Él es todo, de Él nos viene todo bien. Él es el Padre y es el Hermano universal. De nosotros, la humildad, el reconocimiento del pecado, la necesidad de pedir perdón, de pacificarnos con nosotros mismos para poder hacerlo con los hermanos, para poder ver con corazón limpio la belleza de la naturaleza, que nos habla de don, de gracia, de gratuidad del Señor. De nosotros, el corazón limpio y el espíritu desapropiado para acercarnos y descubrir los misterios que encierra la naturaleza. De nosotros, el servicio a la naturaleza y al hermano para contemplarlos con ojos claros. De nosotros, el corazón puro y limpio para llegar a reconocer la hermandad de la muerte natural...

El Cántico no va contra nadie, no tiene ansia de dominio; el Cántico no rechaza a nadie, no margina; el Cántico canta a la vida, toda la vida, todo lo que es vida, a Dios, fuente de la vida, que se derrama sobre todo lo creado, no destruye nada; el Cántico es delicado, confraterniza, no hiere; el Cántico tiene puestos los ojos en la naturaleza, y en el hombre, y en su desarrollo natural, hasta su ocaso y muerte, consecuencia de nuestra limitación, de nuestra mortalidad, manteniendo vivas las aspiraciones de gozar de Dios: el bien, todo bien, el sumo bien...

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