¡OYE!

Orar con la biblia

El Amor en la Trinidad

¡MIRA!

El papa y Francisco

El beato Juan Pablo II y S. Francisco de Asis

¡VEN!

¿Quieres conocernos?

vocaciones franciscanas

¡TOCA!

Misiones

II Campo de solidaridad misionero

¡SIENTE!

Milicia Inmaculada

Espacio de encuentro y oración

¡TOMA!

Materiales

materiales de Pastoral

Nuevo vivir

nuevo vivir

Todavía desconozco por qué a mí, Francisco de Pedro de Bernardone, la gente me ha tenido y me tiene en gran estima; no sé por qué vinieron y vienen tras de mí, sin detenerse en mí, es cierto, ya que la meta es Cristo; ¿qué es lo que vieron y ven en mí...? Creo con toda sinceridad que soy muy poca cosa, pero había algo en mí que incendiaba mi corazón: el haberme decidido por el Evangelio y entregarme de lleno a vivirlo por Cristo, el Cristo pobre y crucificado que nos dice todavía hoy que el que quiera ir en pos de Él se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y le siga. Seducido, me dejé seducir por el Padre del cielo, como Jeremías, dejando que sus manos obrasen en mí, como las del alfarero que modelan la arcilla; pues todo es obra suya, sí, como en María (según lo canta en el Magníficat). Eso creo que fue lo que llamó la atención a mis conciudadanos y a los habitantes de los pueblos de los alrededores, que vinieron a mis funerales y me utilizaron, en el buen sentido de la palabra, como intercesor suyo.

Mi amigo el papa Gregorio IX, aunque me conocía bien, comenzó a recoger información; formó una comisión de cardenales y cuando ya todo lo tuvieron a punto, vino él a Asís desde Perusa, donde se encontraba exiliado por Federico II y en la plaza adyacente a la iglesia de San Jorge celebró la misa y me proclamó «SANTO», inscribiéndome en el catálogo de los bienaventurados.

Inmediatamente pidió al hermano Tomás de Celano que escribiese mi biografía para que sirviese a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de modelo de vida, de espejo de conversión y de vida evangélica. En 1229, fray "Tomás de Celano había acabado lo que llamarlos nni Primera Vida.

Al hermano Elias, hombre culto y organizador, le apremió para que echase los cimientos y construyese un templo digno en el que reposasen mis restos. El hermano Elías, que me amaba, se entregó por entero a la obra, y enseguida pudieron trasladar mis cenizas aquí, donde reposan hasta hoy, en la basílica construida en el Collado del Infierno -icuántos restos de ajusticiados, pobres sm voz ni voto, reposan hoy aquí conmigo! y desde entonces se ha rebautizado con el nombre de «Collado del Paraíso».

Siguiente

Anterior