¡OYE!
¡MIRA!
¡VEN!
¡TOCA!
¡SIENTE!
¡TOMA!

Al lado de Adán estaba Eva, al lado de Abrahán encontramos a Sara, al lado de Jesús siempre vemos a María, al lado de Benito a Escolástica; al lado de Francisco no podía faltar la suave fragancia de la feminidad, fragancia y gracia que se manifiestan en Clara. Es el complemento femenino del carisma franciscano; la forma de vida evangélica de los Hermanos Menores que se plasma en el apostolado hecho oración, se complementa en Clara con la oración hecha apostolado.
Clara fue hija de Hortulana y Favarone, uno de los nobles que tuvo que huir de Asís durante las revueltas que comenzaron con el desmantelamiento de la "Rocca". Por este tiempo Clara tenía seis años. Sus hermanas fueron Catalina (Inés) y Beatriz. En Perusa pasó gran parte de su niñez. Volvió a su ciudad natal tras la firma de la paz entre Asís y Perusa.
Más tarde, la opción de su primo Rufino por seguir a Francisco, los encuentros que tuvo con el propio Francisco y el consejo del obispo Guido, le ayudaron a madurar y decidir el abandono de todo y su consagración al Señor.
El Domingo de Ramos de 1212, por la noche, Clara, acompañada de Pacífica, su amiga inseparable, abandona la casa paterna y se acerca a la Porciúncula. A sus diecinueve años decide abrazar y vivir el Evangelio de Cristo a la manera de Francisco. Así pues, Clara abre las puertas a la mujer, ofreciéndoles una vida "fraterna", "pobre" y "escondida".

Cortada su rubia cabellera, como signo de consagración al Señor, recorrerá varios monasterios: San Pablo de las Abadesas, situado en las proximidades de Bastia; Santo Ángel de Panzo, cercano a Spello, y, por fin, San Damián. Clara vivirá siempre en este pequeño monasterio restaurado por Francisco. Después, el espíritu evangélico de su vida llega a los monasterios de Spello, Florencia, Santa Engracia de Pamplona, a Inés de Praga, Ermentrudis de Brujas..., sin salir de San Damián. Aquí la acompañaron hasta 53 hermanas, dos de sangre, Catalina (Santa Inés de Asís, enterrada en una capilla de la Basílica de Santa Clara) y Beatriz. Se les unió también su madre, Hortulana.
No le fue nada fácil el camino para vivir el carisma franciscano. Desde fuera le impusieron observar, unas veces, la Regla Benedictina, otras, la Inocenciana, hasta que, finalmente, unos días antes de morir, pudo abrazar su Regla, aprobada por Inocencio IV, la Regla de las "Damas Pobres", inspirada en el Evangelio, en algunos consejos de Francisco que recordaba y guardaba en su corazón, y en la propia experiencia fraterna.

Clara fue el centinela vigilante de Asís, espiritual y materialmente. Dos veces salvó a su pueblo y a su monasterio de las huestes sarracenas, por lo que ha merecido el título de Protectora de la Ciudad.
Desde el monasterio de San Damián, participó, es difícil explicar la manera, en la Misa del Gallo de la Basílica de San Francisco en la Navidad de 1252. Por este hecho místico de su vida ha sido nombrada Patrona de la televisión.
Clara murió en el monasterio de San Damián el 11 de agosto de 1253. Su cuerpo fue trasladado a San Jorge, donde antes estuvo enterrado San Francisco. Pocos años después se trasladaron las hermanas al nuevo monasterio, dentro del recinto amurallado de la ciudad, donde se levanta la actual Basílica de Santa Clara, meta de encuentro con la fraternidad femenina, que quiere vivir el Evangelio al estilo de Francisco: "sin nada propio", "en obediencia" y "castidad".