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II Campo de solidaridad misionero

Los Franciscanos Menores Conventuales os proponemos participar en el II
campo de Solidaridad Misionera que se celebrará el próximo- verano en
Corozal (Colombia).

Tendréis la oportunidad de colaborar desde el carisma franciscano en los distintos proyectos sociales que coordinan los hermanos trabajando mano a mano con los hombres y mujeres colombianos.


Con este Campo de Solidaridad, nos acercaremos a la realidad socioeconómica y cultural de Colombia potenciando la cooperación, la solidaridad y la convivencia frente a actitudes asistencialistas.


Para participar es necesario ser mayor de 23 años, tener experiencia de voluntariado y realizar previamente un curso de formación que se desarrollará a partir del mes de marzo.


Si estás interesado y deseas recibir más información, puedes asistir a los
encuentros que tendrán lugar en:

  • Madrid: 19 de enero, a las 20.00 Horas, en el Colegio San Buenaventura (Calle El greco, 16-Batán)
  • Barcelona: 16 de enero, a las 21.00 horas, en la iglesia San Francisco de Asís (Calle Bertrán, 14)

También puedes escribir a: camposolidaridad@pazybien.org

Jornadas de animación misionera 2011

Recién estrenado el Tiempo Pascual, me pongo en contacto con vosotros para informaros de las próximas Jornadas Misioneras Franciscanas Conventuales que se celebrarán del 6 al 8 de mayo, Tercer Domingo de Pascua. Con la celebración de estas jornadas retomamos la invitación que nos lanzó el último Capítulo General a formarnos para la misión y avivar en nuestras vidas la llamada a la evangelización más allá de nuestras fronteras.

La Jornada de este año coincide además con la celebración de los veinte años del grupo de Misiones de Barcelona. Damos gracias a Dios por tanto bien realizado a lo largo de estos años y nos unimos a ellos en su acción de gracias y en todas las actividades que están preparando.


Para la celebración de la Jornada ponemos a disposición un material (guión liturgico, presentación proyecto, vigilia de oración, cartel-pinchar aquí-) que quiere ser una invitación a las fraternidades para reflexionar sobre su nivel de compromiso misionero, a orar con los seglares y a dedicar la jornada dominical en  nuestras parroquias e iglesias a la oración y la concienciación de nuestro compromiso misionero. Si alguna parroquia o iglesia tenía programadas otras intenciones, puede buscar otra fecha que le parezca más apropiada pero con la finalidad misionera que queremos recuperar.

En esta Jornada seguimos apostando por consolidar nuestro Comedor Social Santa Clara de Asís de Corozal. Tras la contratación de las cocineras que realizamos el curso anterior,este año hemos conseguido aumentar el número de beneficiarios hasta 180. Para facilitar la presentación del proyecto en las Eucaristías y en nuestros grupos, desde la comisión hemos preparado una hoja en la que, de modo muy visual, se presentan las líneas maestras del proyecto. ¡Ojalá entre todas las comunidades podamos seguir colaborando en esta obra tan necesaria para los niños y ancianos de Corozal!


Ya desde ahora doy las gracias a todas las fraternidades por el esfuerzo y el interés con los que siempre os tomáis los proyectos de Misiones Franciscanas Conventuales. Si tenéis alguna duda sobre el proyecto, sobre el trabajo que realizamos o necesitáis algo de material para la jornada, no dudéis en poneros en contacto conmigo.


Con mis mejores deseos de una feliz Pascua de Resurrección, recibid un fuerte abrazo.


fr. Juan Cormenzana
Presidente de la Comisión

Campo de solidaridad misionera en Corozal

Por primera vez, y organizado por Misiones Franciscanas, un grupo de laicos vinculados a distintas comunidades de los Hermanos Menores Conventuales de España hemos participado durante el verano en un campo de solidaridad misionera en un país del sur. El lugar elegido fue Corozal, en Colombia, debido a la estrecha relación que nuestra provincia de Montserrat mantiene con este bellísimo país latinoamericano.

En Corozal, los Hermanos Menores Conventuales animan la Parroquia Santa Clara de Asís. Desde hace varios años, Misiones Franciscanas colabora en la financiación del comedor social para niños y abuelos, en el apadrinamiento de sesenta niños, en el programa de refuerzo escolar y en el proyecto de desarrollo agro-pecuario. El objetivo de nuestra experiencia era conocer la realidad socioeconómica del país a través de los distintos proyectos sociales favoreciendo una experiencia misionera y de sensibilización.

Coordinados por fray Juan Cormenzana, los siete jóvenes que hemos participado en esta experiencia provenimos de la parroquia de Zaragoza (Javier Revilla), del colegio de Valladolid (Nuria Sánchez y Silvia Sanz) y de la comunidad de Barcelona (Ana Bataller, Lucía Navarro, Jaime Moyá y Alfons Calderón).  Después de un proceso de selección, nos reunimos durante cuatro fines de semana para formarnos y prepararnos para esta misión. Durante estos encuentros, y gracias al testimonio y colaboración de algunos especialistas, abordamos cuestiones de voluntariado, cooperación al desarrollo, conocimiento de la realidad político-cultural del país y franciscanismo. Pero estos encuentros sirvieron sobre todo para conocernos y cohesionar el grupo  que íbamos a compartir la experiencia.

Colombia está experimentando un proceso de crecimiento, una vez que la fase más virulenta del conflicto armado se va encauzando por una senda de pacificación progresiva. Esto abre la puerta a un horizonte esperanzador, que necesita una atención constante para paliar los déficits estructurales, sociales y humanos que una lucha tan dilatada en el tiempo ha acarreado. Los franciscanos mantienen desde hace más de treinta años una presencia creciente en el país. Durante este tiempo han acompañado a miles de colombianos en sus alegrías y sus penas, aunando sus tareas pastorales a la promoción del desarrollo y compartiendo con sus comunidades los esfuerzos por la mejora de las condiciones y de la dignidad humana.

Corozal es el segundo municipio en población del departamento de Sucre, uno de los más pobres del país, en la región costeña limítrofe con el Caribe. Es un hábitat principalmente rural, de clima tropical, en una zona relativamente llana que subsiste de la agricultura y de la ganadería. Sus habitantes han aumentado por la llegada masiva de desplazados de otras regiones del país que huían de los enfrentamientos entre la guerrilla y grupos paramilitares. La falta de infraestructuras básicas, como carreteras en buen estado o redes de distribución de agua y luz, unidas a la corrupción y a la pésima administración de sucesivos gobiernos, han retrasado el desarrollo. La situación se agrava aún más por el bajo índice de escolarización,  la falta de trabajo, el machismo y los graves problemas de desestructuración familiar.

Sin  embargo, destacan la cercanía y la generosidad de sus habitantes, algo que desde el primer momento nos impactó. Nos encontramos con personas hospitalarias, que nos recibieron con los brazos abiertos, dispuestas a compartir lo poco que tienen y con una sonrisa en los labios que más de una vez nos desarmó. Muchas de ellas viven la fe de una manera ejemplar, que a menudo echamos de menos en nuestro mundo supuestamente más desarrollado, al menos en lo material.

Nos levantábamos a las seis de la mañana para desayunar con la comunidad y compartir la oración de la mañana.  Después comenzaba el refuerzo escolar, las sesiones de animación para el grupo de abuelos de la parroquia, y a las doce se iniciaba el primer turno del almuerzo para los niños, un buen momento para conocerlos y estar con ellos. Seguramente son “los pelaos”, tal y como los llaman aquí, quienes nos han dejado una huella imborrable en nuestro corazón con sus generosas sonrisas y abrazos en todas las actividades que preparábamos para ellos: juegos, talleres y gymkanas que disfrutamos tanto pequeños como mayores.

Las tardes comprendían otra sesión de refuerzo escolar y las visitas a las familias que tienen niños apadrinados. En ellas quedamos impresionados al conocer las pésimas condiciones en las que viven los niños y sus familias. La mayor parte de sus casas son de caña y planchas de zinc, con una sola estancia y en unas condiciones de salubridad deplorables. Fueron momentos particularmente intensos ya que nos permitieron palpar la dura realidad de la pobreza. A lo material, frecuentemente se le añade la desestructuración familiar: los niños están solos o cuidados por los abuelos o hermanos, ya que la madre debe buscar el sustento familiar fuera del hogar y la ausencia del padre es frecuente en estos casos.

Durante estos días, también nos acercamos a la realidad de los corregimientos, pequeñas pedanías rurales que dependen del municipio y que están atendidas pastoralmente por la parroquia. Están comunicados con el núcleo urbano por caminos sin asfaltar que en múltiples ocasiones se vuelven intransitables por causa de la lluvia. Allí pudimos conocer comunidades vivas, comprometidas con la fe, que nos brindaron desde el primer momento una excepcional acogida. Ellas nos transmitieron la realidad de estos pueblos, de marcado carácter agrícola, pero donde el problema de acceso a la tierra, así como la ausencia de trabajo, agravan su situación de pobreza.

Al final de la tarde, cuando el sofocante calor húmedo comenzaba a dar un respiro, nos juntábamos para celebrar la Eucaristía, momento especial en el que nos encontrábamos después de todas las actividades del día. Tiempo de celebraciones y cantos, que se vivieron con mayor intensidad durante la “Novena de Santa Clara”: nueve días en los que la Iglesia salía a la calle, y que culminaron el día de la fiesta, en la cual nos reunimos las gentes del sector urbano y los diversos corregimientos para compartir y celebrar juntos nuestra fe.

Durante estas semanas inolvidables hemos compartido nuestro mes de vacaciones y nuestras ilusiones con la gente de Corozal. Además pudimos aportar nuestro pequeño grano de arena a los proyectos que se llevan a cabo desde la parroquia, colaborando estrechamente con la comunidad de frailes franciscanos que está al frente de ella. Este trabajo mano a mano permitió además crear unos lazos fraternos con los cinco hermanos colombianos que forman dicha comunidad, fray Andrés, fray Oto, fray Elkin, fray Rubén y fray Alex, y a los cuales estamos muy agradecidos por su acogida y porque nos hicieron sentir como en casa.

Volvemos a España con la mochila cargada, después de dejar un pedacito de nuestro corazón en ese pequeño rincón colombiano que sigue necesitando, esperando y agradeciendo la generosidad de todos los que día a día colaboran con Misiones Franciscanas.

 

(Algunas impresiones más...)