«Emigrantes y extranjeros fuisteis vosotros en Egipto...»

«No oprimirás ni vejarás al emigrante, porque emigrantes fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé» (Ex 22,20-22).

Este texto del denominado «Código de la Alianza» (Ex 20,22–23,33) evoca la experiencia de la esclavitud de Israel en Egipto y la correspondiente liberación por parte de Dios para motivar y  justificar el comportamiento que ahí se propone: el respeto y la acogida del extranjero, la viuda y el huérfano. Y no se trata de un caso aislado o único; lo mismo sucede en muchos otros textos legislativos del Antiguo Testamento, en los que se recurre a la experiencia del Éxodo para justificar una ley o una norma de conducta concreta (cf. Lev 19,33-36; 25,35-42; Dt 15,12-15; 24,17- 22). Quien ha sido liberado de la opresión no puede –no debe– convertirse en opresor; la memoria de la esclavitud sufrida y el recuerdo de la liberación experimentada tienen que ser acicate para evitar que se reproduzcan formas y situaciones nuevas de opresión.

Así, la fe en el Dios del Éxodo conlleva el compromiso de actuar y comportarse de un modo correlativo al que Dios ha mostrado en la liberación de Egipto, o sea, optando siempre a favor de la vida y la libertad. Israel debe imitar  l modo de ser de Dios, el cual, en los acontecimientos del Éxodo, se ha revelado como un Dios  mante de la vida, la libertad y la dignidad humana. La conducta de Israel ha de ser «sacramento»   de Dios, es decir, un signo transparente que evoque la manera de ser y obrar de éste. Ése es el  spíritu más profundo y genuino de la ley en el Antiguo Testamento: los diversos preceptos de ésta  o son leyes coactivas y arbitrarias impuestas por Dios a Israel en virtud de su autoridad, ni simples contrapartidas que el benefactor  exige al beneficiario, sino que son normas de vida y libertad, pautas de comportamiento que pretenden salvaguardar la libertad y la vida que Dios ha otorgado al  pueblo en la liberación de Egipto.

La ley pretende, pues, amparar y proteger la identidad de Israel   omo pueblo liberado por Dios; quiere ayudar al Israel liberado a no caer otra vez en nuevas formas  e servidumbre. Para ello, los distintos preceptos recorren aquellos ámbitos de la vida en los que la  ibertad concedida por Dios es especialmente vulnerable y en los que el pueblo, por tanto, está más  xpuesto a reproducir situaciones de opresión y recaer en la «esclavitud». Cuando se viola la ley,  entendida así, se anulan las condiciones necesarias para la vida y la libertad de todos en Israel, y actuando contra la vida y la libertad de los miembros del pueblo  de Dios, se actúa también contra  quel que se las ha otorgado. Violar la ley que tutela la dignidad de todos los miembros de la   comunidad de la Alianza implica, en definitiva, negar la identidad de Yahvé como Dios Liberador y  negar la identidad de Israel como pueblo liberado por Yahvé, y esto significa «regresar a Egipto».

 
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Juan Miguel Vicente
Roma
(Facultad Teológica «San Buenaventura»)