CRÓNICA DE LA CELEBRACIÓN, EN NUESTRO CONVENTO-COLEGIO DE TARANCÓN (CUENCA), DEL CENTENARIO DE NUESTRA RESTAURACIÓN EN ESPAÑAÑA


Para celebrar lo más dignamente posible el Centenario de nuestra restauración en España en nuestro Convento-Colegio de Tarancón (Cuenca), dos de los religiosos de la Comunidad, Fray Celso Pérez y Fray Luis González, se trasladaron a nuestro Convento-Parroquia de Valencia los días 5 y 6 de marzo, para de esta forma poder recoger el material en orden a montar la EXPOSICIÓN DEL CENTENARIO en Tarancón. Esta EXPOSICIÓN fue montada por el religioso Fray Luis González en la capilla lateral de la Virgen de la Salud de la iglesia-convento y, aunque tuvo que hacer frente a lo reducido del espacio, esto no obstante, en su ejecución puso de manifiesto su sensibilidad y arte. Esta estrechez de espacio a la que acabo de hacer referencia, la pudo remediar el Domingo, día 13, ya que, en ese día, montó esta EXPOSICIÓN al aire libre, empleando para ello el Atrio de la iglesia y fue en esta ubicación donde esta lució todas sus galas y brilló por los recuerdos que alberga, gozando por lo mismo, de los más encendidos elogios por parte de la mucha gente que la contempló.
La información sobre la celebración de este Centenario ha sido difundida amplia y convenientemente, sirviéndonos para ello de los diversos medios de comunicación, tanto escritos como hablados, que funcionan en Tarancón y su Provincia, como son: la TELEVISIÓN TARANCÓN, la CADENA SER, y el DIARIO DE CUENCA.
Con respecto a TELEVISIÓN TARANCÓN el lunes, 7 de Marzo, en el programa que se titula ENCUENTROS CON LA FE y que se emite a las 10 de la noche con una duración de hora y media, se celebró una MESA REDONDA, en la que actuó de moderador el Guardián de la Comunidad, Fray José Remón, y participaron los religiosos Fray Bernardino Román y Fray Sergio Barredo y el antiguo alumno de nuestro Colegio Melchor Cano e hijo preclaro de nuestra ciudad, Dn. Marino Poves. Esta MESA REDONDA constó de tres partes.
• En la primera y a preguntas del moderador, Fray Sergio Barredo hizo una breve reseña sobre cual fue el origen de nuestra Orden Franciscana Conventual y los apostolados que desarrolla y de una forma más concreta informó: sobre la situación y difusión de nuestra Familia Franciscana Conventual en España en la época de los Reyes Católicos; sobre las causas aducidas para justificar nuestra expulsión de España; sobre el año en que se inició nuestra restauración y quienes fueron los religiosos que la llevaron a cabo; y, finalmente, sobre nuestra estancia y actuación en España a lo largo de estos cien años de nuestra restauración.
• En la segunda parte, Fray Bernardino Román y D. Marino Poves, al contestar a las diversas preguntas que les formulara el moderador, ofrecieron una sucinta reseña de la historia de nuestro Centro, el Colegio Melchor Cano y, fundamentalmente, hablaron: sobre las diversas ubicaciones del Colegio y el por qué de los dos nombres que ha tenido; sobre la importancia que ha tenido nuestro Colegio por la labor formativa y educativa que en él se realizaba, tanto en la Provincia, como en las Provincias limítrofes y hasta en buena parte de España; sobre los alumnos del Servicio de Reaseguros y Accidentes del Trabajo y el trabajo que se realizaba con ellos, indicando, al mismo tiempo, en que año vinieron, cual fue su número máximo en un curso y cuales eran sus lugares de procedencia; sobre la sucesivas ampliaciones y transformaciones realizadas en la antigua “Casa de Piedra” , indicando, al mismo tiempo, sus motivos; y, por último, sobre diversas actuaciones puntuales en la vida del Colegio, como fueron: la actuación de los alumnos y religiosos durante la noche trágica de la explosión del polvorín, las peripecias que se sufrieron en los viajes a Madrid para examinar a los alumnos en el Instituto Cisneros cuando no estábamos reconocidos oficialmente, la preparación que dábamos y las fatigas que nos tocaba soportar con respecto a nuestros alumnos que, en régimen de libres, cursaban la carrera del Magisterio y cómo se celebraba la festividad de Santo Tomás de Aquino, patrono de los estudiantes.
• Finalmente, en la tercera parte, Fray Bernardino Román, respondiendo a las preguntas del moderador, informó sobre las diversas actividades y apostolados, además del de la enseñanza, que han desarrollado nuestros religiosos desde su establecimiento en Tarancón. En este sentido habló: sobre quienes fueron los primeros religiosos que vinieron y en qué año; sobre quienes han sido los religiosos que más se han significado, ya sea por su actuación, como por su tiempo de estancia en la ciudad; sobre el Seminario Menor de la Provincia que, por espacio de dos años, estuvo ubicado en las dependencias del Conventillo; sobre las novenas de la Inmaculada, los Vía Crucis cuaresmales y la actuación del coro polifónico en nuestra Iglesia; sobre las diversas reformas materiales que se han efectuado en la iglesia; sobre los celebraciones litúrgicas que se han realizado en la misma, fundamentalmente como centro de administración del Sacramento del Perdón; sobre los Pregones de la Semana Santa y de las Fiestas Patronales que pronunciara un religioso de la comunidad; y, finalmente, sobre la Orden Franciscana Seglar y la Milicia de la Inmaculada.
En cada una de estas partes, los restantes ponentes intervinieron con aportaciones puntuales para, de esta forma, poner de manifiesto aspectos que no se habían tocado en la información dada y que siempre resultaron no sólo importantes, sino también muy significativos. Al proceder así, se logró que esta MESA REDONDA, no sólo fuera dinámica y participativa, sino también muy enriquecedora, de forma que el tiempo pasó volando para todos.
Por informaciones posteriores hemos podido constatar que esta MESA REDONDA no sólo gozó de buena audiencia, sino que también fue seguida con gran interés, por lo que ha merecido el aplauso y general aprobación..
En esta misma "Televisión Tarancón", el jueves y el viernes de esa semana, nuevamente se informó con detalle, de los actos que se iban a celebrar con motivo del Centenario de nuestra Restauración, tanto el sábado, con el Encuentro de los Antiguos Alumnos del Colegio Melchor Cano, como el Domingo con la Eucaristía de las 12,30 que iba a ser presidida por el Excmo. Sr. Obispo de la diócesis.
Con respecto a la Cadena SER que tiene programas para Tarancón y también a nivel nacional, esta Emisora tuvo estas tres actuaciones significativas de cara a informar sobre la celebración de nuestro Centenario: 1°.- a lo largo de toda la semana, fue emitiendo cuñas publicitarias, en base a la información que les suministrara el Guardián de la Casa, de los actos que se iban a celebrar tanto con respecto al Encuentro de los Antiguos Alumnos de nuestro Colegio, como a la Eucaristía del Centenario; 2°.-emitió también una entrevista que el Director local de la cadena mantuvo con nuestro Antiguo Alumno, Dn Marino Poves Jiménez, en la que este informó, con detalle, de las diversas actuaciones que iban a tener lugar en el Encuentro de los Antiguos Alumnos y de la información que él iba a dar en la misma sobre la historia, anécdotas y detalles significativos en la vida de nuestro Centro Melchor Cano; y 3°.-Finalmente, el religioso Fray Bernardino Román, mantuvo una entrevista el Domingo, en directo, en el programa que se emite de 12 a 13,30, entrevista que se prolongó por más de cinco minutos y fue emitida íntegramente no sólo en el programa citado, sino también en otros programas celebrados ese mismo día y en días siguientes. En esta entrevista y a preguntas del presentador D. Julio Clemente, el religioso informó, con gran lujo de detalles, sobre las diversas partes del Encuentro celebrado por los Antiguos Alumnos la noche anterior y sobre la Eucaristía Centenario que se iba a celebrar esa misma mañana a las 12,30, y que iba a ser presidida por el Excmo. Ser Obispo de la diócesis, concelebrarían todos los religiosos presentes, además de Sacerdotes del pueblo y pueblos limítrofes y a la que asistirían las autoridades.
Y finalmente, en lo que hace referencia a la única publicación de la Provincia, que se denomina "DIA DE CUENCA", el Redactor local Sr. Gabaldón, fue el encargado de hacer un reportaje, literario y fotográfico, tanto del Encuentro de los Antiguos Alumnos, como de la Eucaristía del Centenario, para lo que sacó fotografías tanto de la celebración del Encuentro de los Antiguos Alumnos, como de la Eucaristía del Centenario. Este reportaje apareció en los rotativos correspondientes a la semana siguiente a la celebración de estos actos.
Después de la información que acabo de reseñar, creo que ha llegado el momento de que describa ya, con detalle, tanto las diversos actos de que constó el Encuentro de los Antiguos Alumnos, como de la Eucaristía del Centenario

ENCUENTRO DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS DE NUESTRO COLEGIO

A partir de las 6,00 de la tarde, comenzaron a congregarse en las inmediaciones de nuestra iglesia-convento los Antiguos Alumnos del Centro que iban a asistir a este Encuentro. Según fueron llegando, se fueron formando numerosos corrillos o grupos, en sintonía con las diversas promociones a las que pertenecían, y en ellos, lo que se palpaba de forma desbordante, era la emoción que brotaba de los efusivos abrazos y los cariñosas palabras con que mutuamente se saludaban, rememorando tiempos pasados y vivencias ya casi olvidadas
A las 18,40 comenzaron a entrar en la iglesia para de esta forma poder dar comienzo a la primera parte del Encuentro, que era la parte cultural. Diez minutos después y una vez que todos, en número de más de 200, incluyendo en este número las contadas esposas que los acompañaban y otras personas amigas que querían presenciar el ecto, se hubieron acomodado en los distintos bancos, el religioso Fray Bernardino Román, encargado por la Comisión de la realización de estos Encuentros, dio comienzo al acto poniendo de manifiesto, con su palabra vibrante y emocionada, el por qué del acto que se estaba celebrando y cómo era de estricta justicia el que, los Antiguos Alumnos de nuestros Colegios, participasen directamente en la Celebración jubilar del Centenario de nuestra restauración en España. Un sonoro aplauso rubricó su intervención.
A continuación presentó al antiguo alumno del Colegio y vecino de Tarancón, Dn Marino Poves Jiménez, quien a lo largo de media hora hizo una reseña verdaderamente antológica y totalmente documentada. En su maravilloso informe nos habló, pormenorizadamente:1º.- sobre la historia real y sistemática de nuestro Centro; 2º.- sobre el significado e importancia del Centro tanto para Tarancón como para la Provincia; 3º.- sobre los diversos religiosos y profesores que más se han significado en la vida del mismo; y 4º.- sobre los recuerdos y vivencias puntuales que han ido surgiendo en el quehacer diario del funcionamiento de nuestro Centro y que, a lo mejor, bien sea por el tiempo transcurrido, o por la labilidad de la memoria ya, la mayoría de las veces, militaban en la sombras de nuestro subconsciente, pero que, debido a su mención en estos momentos, nos reportaba el gozo de poder nuevamente revivirlos.. Su detallada y enriquecedora disertación mereció un encendido aplauso general y, pese a la media hora que había durado, a todos les pareció muy corto.
A su conclusión, el religioso Fray Bernardino, expresando el sentir general, le dio las más rendidas gracias por el maravilloso trabajo que había ofrecido y, a continuación, hizo la presentación del segundo ponente, que fue nuestro Ministro Provincial, Fray Valentín Redondo Fuentes, competente historiador e investigador y quien, con gran riqueza de detalles y por espacio de veinte minutos, nos habló sobre la historia de la estancia de los Franciscano Conventuales en España: Primero, desde que nos fundara el Seráfico Padre San Francisco hasta nuestra expulsión en 1567, momento en el que contábamos con más de 140 grandes Conventos distribuidos en tres Provincias y esparcidos por toda nuestra patria; y, segundo, a lo largo de este Centenario de nuestra restauración, que es lo que estábamos celebrando. Su brillante y enriquecedora información sirvió para que se incrementara ampliamente el conocimiento de la forma de vida y diversos apostolados que siempre han llevado a cabo y siguen realizando los Franciscano Conventuales, es decir,, aquellos religiosos con quines convivieron nuestros Exalumnos mientras permanecieron en el Colegio. Un prolongado y cálido aplauso rubricó su intervención, al que siguió una sentido acción de gracias por parte del presentador.
Finalizado el Acto Cultural se inició, de inmediato, la Eucaristía que fue concelebrada por varios religiosos sacerdotes, actuando como oficiante principal el Ministro Provincial, que pronunció una sentida homilía y en ella, una muy buena parte tanto de los Antiguos Alumnos, como del resto de personal asistente, recibieron la Sagrada comunión, cosa que fue muy gratamente comentada
Para poder seguir adecuadamente esta Eucaristía, se les entregó un hermoso LIBRITO, confeccionado al caso, y que contenía las Moniciones, Preces, Ofrendas, Plegaria Eucarística y Acción de gracias, que fueron leídas por varios Antiguos Alumnos. A todos les encantó este detalle, por lo que todos se lo llevaron consigo como grato recuerdo de lo que habían vivido
Esta Eucaristía fue armonizada, con gran sonoridad y hermosas melodías, por el Coro de la iglesia-convento, que está formado por profesores actuales de nuestro Colegio, amigos y compañeros de los mismos y personal amante de la música. Su actuación encantó a todos, ya que nos hicieron pasar un verdadero rato de cielo.
Al finalizar estas Eucaristía y tras un breve espacio de tiempo dedicado a las amargas y tristes despedidas con respecto a aquellos que, por diversos motivos e inconvenientes no podían asistir a la cena de fraternidad, nos trasladamos al Hostal Stop para efectuarla .A esta cena solamente asistieron 95 de los Antiguos Alumnos que habían estado presentes en los restantes actos del Encuentro. El local donde se celebró, era amplio y espacioso y se encontraba preparado con delicadeza y esmero y, durante la misma, reinó, entre los comensales, un gran ambiente de camaradería y compañerismo, por lo que, casi sin darnos cuenta, permanecimos en él hasta después la 1 de la mañana
En las postrimerías de este ágape fraterno, el religioso Fray Bernardino Román, como encargado del Encuentro, entregó: a cada uno de los asistentes, como recuerdo de la reunión que estábamos celebrando, una serie de obsequios, que a todos los Antiguos Alumnos agradaron en gran manera y premiaron con un gran aplauso; y al Antiguo Alumno, Dn Marino Poves Jiménez, una hermosa Placa de agradecimiento, como muestra de gratitud y reconocimiento al hermoso trabajo que, con generosidad y entrega, había realizado.
Con esta entrega de los obsequios, se dio por finalizado este Encuentro de los Antiguos Alumnos de nuestro Centro y tras emotivas despedidas fuimos abandonando el local, para retornar a nuestras casas
Con respeto a este Encuentro y en honor a la verdad, he de manifestar que, más de 20 posibles participantes y que habían comunicado su asistencia oportunamente, por causa de enfermedad y de otras razones, se vieron en la precisión de no poder cumplir la palabra dada y, por lo mismo, no asistieron al mismo

EUCARISTÍA DEL CENTENARIO

El Domingo, 13 de marzo , a las 12,30 y presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis, Dn. Ramón del Hoyo, se ofició, en nuestra iglesia-convento, la solemne Eucaristía de acción de gracias con que nuestros religiosos de la comunidad de Tarancón han querido celebrar el jubileo del Centenario de nuestra restauración en España. La iglesia se encontraba ocupada por una gran cantidad de fieles y los primeros bancos, especialmente reservados al caso, estaban ocupados por: Dn. Raul Amores Pérez, alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Tarancón; la Diputada popular, Dª Mª Jesús Bonilla; las Superioras de las dos Comunidades de religiosas Mercedarias que hay en Tarancón, acompañadas por varias religiosas; y la Hermana Ministra de la Orden Franciscana Seglar, además de varios hermanos franciscanos seglares. Con respecto a esta presencia de autoridades he de manifestar: 1º.- que el Presidente de la Autonomía de Castilla-La Mancha, que había sido invitado al acto, tuvo que excusar su presencia ya que, por motivos institucionales del cargo que había tenido que asumir con anterioridad, le era imposible el acompañarnos y 2º.- el Arzobispo de Toledo, pese a desear estar presente, por razones de su cargo tampoco pudo asistir
Las Moniciones, Preces, Ofrendas y Acción de Gracias de esta Eucaristía jubilar, que fueron preparadas, con gran delicadeza y sensibilidad, por la directora del Coro como claro testimonio del afecto que nos profesa, fueron proclamadas por diversos componentes del mismo coro y gozaron del beneplácito general testificado en los parabienes escuchados al final de la misma. En esta Eucaristía participaron, como concelebrantes, 11 sacerdotes entre religiosos, párroco y clero parroquial y sacerdotes de localidades vecinas y se contó también con la presencia de un Diácono.
Llegado el momento, el Señor Obispo, pronunció una hermosa Homilía en la que supo engarzar maravillosamente la acción de gracias jubilar que estaban celebrando los religiosos: por una parte, con la labor apostólica que estos habían realizado y seguían realizando, como dignos y responsables hijos de San Francisco de Asís, no sólo en la ciudad de Tarancón, sino en toda la comarca circundante; y, por otra, con las enseñanzas que la liturgia del día, V Domingo de Cuaresma, nos ofrecía. Fue una homilía repleta de enseñanzas y contenido y que claramente manifestaba que había sido preparada con gran delicadeza y profunda gratitud a la labor apostólica de nuestros religiosos. Esta Homilía mereció una entusiasta aprobación puesta de manifiesto en los comentarios escuchados a su finalización
En las postrimerías de esta Eucaristía, nuestro Hermano Ministro Provincial, hizo uso de la palabra para hacer entrega: al Excmo. Sr. Obispo, de una bella cruz pectoral, que inmediatamente este se colocó sustituyendo la que llevaba; al Excmo. Sr Alcalde, de un hermoso medallón conmemorativo, como muestra de la gratitud que nuestros religiosos sienten por la ciudad de Tarancón, en la que se encuentran desde hace 63 años; y al Rvdo Sr. Párroco de la Ciudad, que es también Vicario Pastoral, de un voluminosa libro que contiene todos los escritos de buestro hermano religioso San Maximiliano Kolbe.
El coro de esta iglesia-convento, al que ya me he referido en esta reseña, con sus voces sonoras y melodiosas, deleitó a todos los asistentes con hermosas canciones, bellamente interpretadas y, el gozo que motivó la audición de estas canciones, se incrementó al comprobar que, la mayoría de los asistentes, no se contentaron sólo con asistir a la Santa Misa, sino que también recibieron la Comunión en la misma
Si quisiéramos resumir, en breves palabras, lo que ha significado esta Eucaristía jubilar con que la Comunidad de nuestros religiosos de Tarancón ha querido festejar el centenario de nuestra restauración en España, podríamos resumirlo diciendo que la CELEBRACIÓN DEL CENTENARIO ha sido: profundamente entrañable, sencillamente emotiva y, en todo momento, siempre generadora de gratos y hondos recuerdos.
Una vez que se finalizara esta Eucaristía, en medio de un general aplauso: el Ser Obispo, los religiosos, el clero parroquial, el Señor Alcalde y la Diputada Provincial, junto a otros 40 comensales, participaron en una comida de fraternidad en un restaurante de la Ciudad.
Como colofón final a todo los actos que se han celebrado en Tarancón con motivo del Centenario de nuestra restauración y que acabo de reseñar, me gustaría que se hicieran hermosa realidad, estas palabras que se pronunciaron en la Eucaristía del Centenario:””Que el lema de “paz y bien”, que los religiosos Franciscano Conventuales no sólo enarbolan, sino que continuamente se esfuerzan por poner en práctica, siempre se haga hermosa realidad en nuestras vidas, para que de esta forma, habiendo madurado plenamente como personas creyentes, seamos los nuevos samaritanos de nuestra atormentada sociedad”

El Cronista: Fray Bernardino Román, Franciscano Conventual.

Reseña histórica del Colegio Melchor Cano

1.- El contexto histórico
En el siglo XVIII tenemos noticias de la enseñanza en Tarancón con una escuela de Gramática en la entonces conocida como calle del Olmo, ahora Ramón y Cajal. También constan escuelas de Gramática en pueblos de alrededor como Fuente de Pedro Naharro, Torrubia del Campo y Carrascosa del Campo.
En el siglo XIX cuenta Tarancón con dos colegios de segunda Enseñanza a cargo de D. Félix Durango Molinero (1881-83) y de don José Ríus y Fernández Marcote (1891-1902), así mismo en 1897 el obispado de Cuenca estableció en el monasterio de Uclés el colegio Santiago Apóstol, para dotar de derechos civiles a los estudios eclesiásticos.
En el año 1918 sabemos que impartía clases de bachillerato en la plazuela de los Castellanos el presbítero don Lorenzo la Blanca, natural de Zarza de Tajo. Pocos años más tarde don Carlos Ríuz Zunón restablecería el colegio de su padre que continuaría hasta el año 1933 en que se creó el colegio subvencionado del segunda enseñanza, siendo alcalde don Luis Ríus Zunón, cuya dirección se encomendó a su hermano Carlos, cesando la actividad de su colegio privado.
El colegio subvencionado se convirtió en Instituto Elemental de Segunda Enseñanza en 1934 y sólo duró hasta julio de 1936.
En 1942 los recién llegados franciscanos abren las Escuelas Antonianas que en 1945 empezarían a impartir primero de bachillerato. Ese mismo año, en los locales del suprimido instituto, D. Pedro Lozano crea el colegio Nuestra Señora de Riánsares, centro que conviviría largos años con el Melchor Cano en una sana rivalidad que siempre benefició a este último.
Aunque el colegio Riánsares era mixto, para la mentalidad de la época falta un colegio específicamente femenino, deseo que se cumplió cuando el 15 de octubre de 1957 las Madres Mercedarias de la Caridad abrieron su centro frente al hospital de Santa Emilia. El 6 de diciembre de 1967 se trasladaron al nuevo edificio que mandaron construir limitando con las calles Santo Domingo de Guzmán, la Tejera y General Emilio Villaescusa.
En el año 1966 el padre salesiano Julián Ocaña Peña y el Director General de Enseñanza Primaria don Eugenio López y López consiguen que Tarancón recuperara la enseñanza media oficial con el Instituto Laboral Ruiz Jarabo, que pocos años después se convertiría en Instituto General de Bachillerato, germen del actual IES la Hontanilla.


2.- El marco Urbano:
A lo largo de sus más de 60 años de existencia en Tarancón, el Colegio Melchor Cano se ha ubicado en tres lugares y cuatro edificios distintos, en el eje norte-sur del primitivo núcleo urbano. Los tres edificios, de marcado interés histórico y artístico local, desgraciadamente han desaparecido.
Cuando los padres José Gómez y Jesús Díez llegaron a Tarancón, su primera actividad fue hacerse cargo de la iglesia del antiguo convento de Capuchinos, como misión secundaria se contemplaba abrir un establecimiento docente que cubriera el hueco dejado por el cierre del Instituto de Bachillerato en 1936. Con esta intención vino a Tarancón el padre provincial Lorenzo Castro quien, por mediación de D. Carlos Tricio, contactó con doña Milagros Sevilla Álvarez, madrina de bautismo de él y de uno de sus hijos, para que permitiera a la orden abrir escuelas de Primaria en un palacete de su propiedad, construido por el presbítero don Marcos Aniano, primo del primer duque de Riánsares y oficiante de su matrimonio con la reina regente doña María Cristina de Borbón. En este edificio, conocido como Casa de Sevilla, el colegio funcionó los cursos 1942-43 y 1943-44, sólo como centro de primaria, aunque en el último curso varios de sus alumnos se examinaron de ingreso de bachillerato, nivel que pasaría al edificio del Convento.
Con la desamortización de Mendizábal (1836) el primitivo convento de Capuchinos se desgajó en dos propiedades, el templo, adjudicado al obispado, y el convento que fue desamortizado y adquirido por particulares. Entre los siglos XIX y XX, el convento albergó el cuartel de la Guardia Civil; en 1936 era propiedad de doña Manuela Azcoita y Domínguez Leganés, casada con don Luis Ríuz Zunón, alcalde de Tarancón en 1933 y gobernador civil de Jaén cuando estalló la guerra civil. El edificio estaba abandonado desde 1936, pues a pesar del relevante cargo político del cabeza de familia los Ríus Azcoita no se fiaban, con razón, de quienes habían asumido los puestos de responsabilidad política en el municipio de Tarancón. En 1939 los hermanos Luis y Carlos Ríus, con sus respectivas familias se exiliaron a México y abandonaron definitivamente este pueblo. Otro hermano, D. José, fue profesor del Melchor Cano, en la década de los años 60. En la segunda mitad de los años 50 Elisa y Luis Ríus Azcoita volvieron a Tarancón y recuperaron la vieja casa de sus padres, en la que solían pasar algunas temporadas. En estos momentos el Colegio Melchor Cano no tenía ningún servicio instalado en dicha casa, sólo los alumnos de magisterio veníamos a la zona que estaba sobre las capillas del lado de la epístola para dar las clases de música con el padre Bernardino Román. Eventualmente se utilizaba la Casa de los Azcoita como dormitorio de huérfanos del Ministerio de Trabajo, cuando su número hacía imposible acoplarlos en la Casa de Piedra; así mismo sirvió unos meses de improvisado noviciado de la orden antes de abrir el seminario de Palencia.
El Convento (casa de los Azcoita) se quedó pequeño nada más empezar y el colegio sólo pudo funcionar en él entre los años 1944 y 1946, aunque en años posteriores se mantuviera algún aula de primaria y se utilizara como ocasional dormitorio.
El tercero y actual emplazamiento corresponde a una zona históricamente conocida como El Jesús por la ermita del mismo nombre ya existente en el siglo XVI, entonces ubicada extramuros, en el paraje conocido como Haza del Cura. A mediados del siglo XVIII el núcleo urbano empieza a extenderse por esta zona y surge una nueva calle que une El Jesús con San Roque, la conocida como calle Nueva, ahora dedicada al insigne salesiano Padre Julián Ocaña. La zona estuvo poblada en tiempos romanos que asentaron sus villas en su terreno fértil y con el agua muy somera, de hecho había alguna laguna ocasional, conocida como “navajo” o “navazo”.
Mediado el siglo XIX el solar del colegio todavía era una finca rústica propiedad de D. Felipe Azorín, que en 1867 la dejó en herencia a su hija doña Carmen Azorín Bujeda, casada con don Facundo Domínguez Domínguez, que en medio de la finca mandó edificar la que se denominaría “Casa de Piedra”, por estar construidas sus dos plantas con gruesos sillares de caliza labrados en basto en los paramentos y abujardados en esquinas, jambas y dinteles.
Unos años antes el mismo don Facundo había construido un edificio de similares características, pero de menor tamaño y vistosidad en la entonces plaza del Mercado, ahora plaza de la Constitución, donde al finalizar la guerra civil se instalaron las oficinas del Instituto Nacional de Previsión, edificio que todavía se conserva en espera de algún destino acorde con su singularidad.
La Casa de Piedra se construyó como morada familiar y casa de labranza, rodeada de tierras de labor. Lo que conocimos como aulas de primaria y dormitorio de los más jóvenes se correspondía con establos y almacenes de paja y grano.
La familia Domínguez Azorín pertenecía a una estirpe taranconera de labradores acomodados con acreditadas raices cristianas; uno de sus antecesores había construido la ermita de San Isidro y allí está sepultado. En la nueva casa dedicaron un espacio a capilla familiar que se correspondía con el aula de matemáticas, una habitación que contaba con dos pequeñas ventanas de arco ojival, en la parte superior de la pared exterior, donde en tiempos hubo un retablo. Estas raíces y creencias cristianas son el origen remoto de la presencia de los padres franciscano en Tarancón.
Por testamento de 28 de junio de 1906 doña Carmen Azorín declara como único heredero a su hijo don Isidoro (tuvieron otro hijo, Jesús, que debió fallecer muy joven) y en el caso de que éste no tuviera descendientes de legítimo matrimonio la casa de Piedra y fincas adyacentes serían para la Compañía de Jesús, Orden Franciscana y Hermanos de las Escuelas Cristianas. Don Isidoro Domínguez Azorín permaneció célibe hasta su muerte, asesinado en las “Emes de Belinchón” el día 16 de agosto de 1936. Se cuenta que al enterarse de su muerte el diputado y vocal del comité nacional del partido Socialista, Jerónimo Bujeda, resobrino de su madre, se presentó en Tarancón para pedir explicaciones a los responsables municipales por la muerte de quien para él era su tío.
La llegada a Tarancón de los Menores Conventuales fue un cúmulo de afortunadas casulidades. La orden buscaba algún lugar próximo a Madrid para instalarse y la pista se la dio un humilde vendedor de imágenes en Tarancón, Abundio, quien en sus periódicas visitas a Olot (Gerona), en busca de su particular mercancía, se hospedaba en la casa matriz franciscana de Granollers y se unía a las diarias celebraciones de las horas sagradas del convento. Él proporcionó la pista del exconvento capuchino y posibles edificios para colegio.
A la hora de la verdad, tras la pía memoria de la familia Domínguez Azorín, quedaba un sin fin de trámites legales y burocráticos que en sucesivos años hubo que solucionar. En ese contexto surgió el asunto de la propiedad de la Casa de Piedra, ofrecido en 1946 por el obispado a la orden franciscana, momento en que hemos de volver, de nuevo, a la obra pía de la familia Domínguez Azorín.
El obispado cedió a los conventuales un edificio del que ninguna de las tres órdenes se había hecho cargo y por otro lado la correspondiente a los franciscanos no se había dirimido a qué rama de estos correspondía. Ante la posibilidad de que el edificio fuera subastado por hacienda, para lo que ya contaba con comprador, la diócesis de Cuenca adquirió, en venta las dos terceras partes correspondientes a los Jesuitas y Hermanos de las Escuelas Cristinas, por el precio de 4.500 pesetas cada una, en escrituras públicas de fecha 2 de junio y 3 de julio de 1950. Quedaba por aclarar la parte correspondiente a los franciscanos, asunto que se resolvió en 1955 cuando el nuevo superior Padre Juan Cebrián García aceptó la renuncia de los franciscanos de San Gregorio Magno y Capuchinos a favor de los Conventuales que se hicieron cargo de la pía memoria aneja a la herencia. Fue este el momento en que se amplió el patio de recreo ocupando el espacio hasta la carretera y se agregó un nuevo patio, con frontón, en la esquina de la carretera de Valencia con la Carrera Toledana; al mismo tiempo se acondicionó el jardín de acceso a la puerta principal, con un pasillo semicircular de piedra en cuyas entradas se colocaron prismas cuadrangulares rematados con bolas herrerianas, todo ello labrado en piedra y por canteros de Torrubia del Campo. Fue una reforma sustancial que no alteraba la fábrica ni la visión del singular edificio.

Al padre Juan Cebrián le sucedió en la dirección del centro el padre Antonio María Guillén Gómez, que realizó alguna ampliación en la zona que limitaba con el almacén de Sócrates García, a pesar de lo cual el Colegio se quedaba pequeño dada la gran demanda de plazas, por el bien ganado prestigio que tenía en toda España. El dilema se planteó siendo superior el padre Eloy Gómez con quien conversé alguna vez sobre el tema y me dijo que sólo cabían dos soluciones, vaciar la casa de Piedra dejando sus cuatro paredes y edificar nuevamente el interior o hacer un nuevo edificio alrededor, para ni interrumpir las clases, y luego derribar el viejo, solución esta última que fue la que se adoptó.
Cualquiera de las dos soluciones implicaba, de nuevo, volver a la pía memoria de la familia Domínguez Azorín, pues, aunque el padre Juan había conseguido que su orden fuera la única heredera franciscana, los dos tercios del edificio habían sido adquiridos por el obispado de Cuenca. La solución definitiva llegó comprando los conventuales al obispado los dos tercios que poseía, por el precio de 100.000 pesetas, en el año 1961, siendo provincial el padre Román María Villa Román.
El 29 de agosto de 1963, siendo ministro provincial de la provincia de Monserrat el padre Lorenzo Castro del Río, se inscribe toda la finca a nombre de la orden franciscanos Menores Conventuales con la carga piadosa de 30 misas cada mes por doña Carmen, don Facundo, don Jesús y don Isidoro. De esta manera el mismo provincial que regía la orden cuando se asentaron en Tarancón, culminó la tramitación de la propiedad del edificio del Colegio Melchor Cano.
El 7 de febrero de 1967 el nuevo edificio, en forma de “L”, está totalmente contruido en el solar gravado con la carga piadosa antes descrita, siendo provincial de la orden el Maestro en Sagrada Teología padre Juan Cebrian. Este nuevo edificio se construyó con un crédito del Banco de Crédito a la Construcción de 11.745.500 pesetas al 4,5% en un plazo de 30 años, que se conceló totalmente el 12 de junio de 1998. La vieja Casa de Piedra mantuvo su noble y silente estampa en su interior hasta el año 1975 en que fue demolida, de esta manera lo que para 30 promociones de alumnos había sido espacio de saber, de cultura y de educación, pasaba a convertirse en sitio de ocio y recreo para los sucesivos alumnos.


3.- El colegio
Los primeros balbuceos, como centro docente, aparecen en el curso 1942-43 con la llegada del padre José Gómez Aranda, acompañado del padre Jesús Díez, del padre Bautista y del hermano Antonio para hacerse cargo de la iglesia del antiguo convento de Capuchinos. En el curso 1943-44 se inicia formalmente la enseñanza primaria en el antiguo palacete de D. Marcos Aniano desde el que se trasladaron a lo que fuera desamortizado convento capuchino, entonces propiedad de la familia Ríus Azcoita.
Ni la Casa de Sevilla ni las dependencias conventuales anejas a la iglesia permitían cubrir las expectativas que había con respecto a la expansión de la enseñanza en esta comarca.
La primera autorización legal de la Dirección General de Enseñanza Primaria se concedió el 27 de marzo de 1944, cuando el colegio llevaba casi dos años funcionando.
En el curso 1944-45 la matrícula aumentó notablemente, sobre todo en los cursos más bajos, obligando a realizar obras en el convento para poder ampliar el número de alumnos.
El curso 1945-46 empezó con muy pocas plazas vacantes, que se cubrieron en febrero con huérfanos del Ministerio de Trabajo, por acuerdo firmado entre el Colegio y el Ministro del ramo D. José Antonio Girón de Velasco, probablemente el ministro más populista y de mayor labor social de nuestra historia contemporánea, su foto apareció varias veces, como agradecimiento, en las memorias del colegio. Durante muchos años “los del Ministerio” fueron un núcleo importante y muy definido del que salieron alumnos distinguidos por su buena trayectoria personal, académica y profesional, que en la mente de todos están. Por su origen obrero procedían de toda la geografía nacional, siendo predominantes los asturianos, leoneses y andaluces, dada la alta siniestralidad de la industria minera.
En el curso 1946-47 es imposible mantener el colegio en el convento, por ello el obispado de Cuenca autoriza la utilización de la Casa de Piedra como centro de enseñanza, mientras se solventan los tramites de la pía memoria derivada del fallecimiento de don Isidoro Domínguez Azorín, que ya hemos mencionado con anterioridad. En aquel curso el colegio contaba con 280 alumnos, 179 externos, 98 internos y 3 mediopensionistas.
El colegio se implantó como centro de párvulos, primaria y bachillerato que luego se extenderían a comercio y magisterio. Con el tiempo la sección de magisterio se derivó hacia el colegio Beato Gálvez de Utiel (Valencia), donde la orden tenía reconocida una Escuela de Magisterio de la Iglesia que revalidaba los títulos civiles en la escuela de magisterio de Valencia.
Hasta 1976 el colegio fue exclusivamente masculino, a partir de aquel año adquirió el carácter mixto que conserva en la actualidad.
Desde el curso 1944-45 se admitieron internos, llegando a albergar hasta 250 alumnos de esta condición. El internado su suprimió en el año 1998.

4.- El nombre del colegio
En mi memoria, que alcanza al año 1949, el colegio siempre ha figurado con el nombre de Melchor Cano, así rezaba en el gran cartel colocado sobre el balcón central de la fachada principal.
En 1942 las primeras aulas de la Casa de Sevilla se denominaron Escuelas Antonianas, nombre oficial con el que se concedió la autorización legal en el año 1944, en honor de San Antonio de Padua santo portugués, contemporáneo de San Francisco, doctor de la iglesia y uno de los más relevantes franciscanos menores.
Al implantarse el bachillerato, en el curso 1944-45, se debió pensar en un nombre de mayor resonancia histórica local y para ello se eligió el de Melchor Cano, dominico y teólogo de Trento nacido en Tarancón, a pesar de la beligerancia que en su tiempo mostró contra la orden franciscana. Aunque oficialmente las Escuelas Primarias seguían manteniendo el título de Antonianas, el conjunto del Colegio se conocía, dentro y fuera, como Melchor Cano, nombre que se haría oficial el 7 de marzo de 1958 cuando por decreto de 7 de marzo fue reconocido para impartir el grado elemental del bachillerato, lo que permitía examinar en el propio centro a los alumnos de los cuatro primeros cursos de este nivel educativo, reconocimiento que se amplió al grado superior por decreto de 7 de septiembre de 1960, permitiendo así examinar en el centro a los alumnos de los seis cursos de bachillerato. No obstante las Escuelas Primarias seguían figurando oficialmente con el nombre de Escuelas Antonianas.
Por decreto de 9 de diciembre de 1965 el centro fue reconocido oficialmente como Colegio Menor Melchor Cano, uniendo en un solo título la enseñanza primaria y el bachillerato.
En el habla coloquial siempre se ha dicho el Melchor Cano, hoy día se tiende a simplificar su nombre con “El Cano”, sin duda fruto de la simpleza léxica, paralela a la pobreza cultural que acompaña a buena parte de la juventud. En la historia de España son dos personajes distintos Melchor Cano y El Cano.


5.- El marco legal
Cuando empezaron a funcionar las Escuelas Antonianas en la Casa de Sevilla existía un vacío legal que en la práctica se compensaba con la aplicación de la Ley Moyano de 1857. Sería en 1945 cuando el nuevo régimen publicó la Ley de Enseñanza Primaria del Ministro Rubio y García Mina que, con leves modificaciones, estaría vigente hasta 1970.
En lo que atañe el bachillerato el colegio inició su andadura con el plan que en 1938 publicó el ministro Pedro Sainz Rodríguez, en esencia copia del llamado Plan Callejo (1926) de la dictadura de Primo de Rivera. Este plan establecía un bachillerato de 7 años, precedido de un examen de ingreso y finalizaba con una prueba final conocida como Examen de Estado, además incorporaba la asignatura de religión, suprimida por la República. Mi promoción fue la última que cursó primero de bachillerato con este plan.

En 1953, siendo ministro de Educación don Joaquín Ruiz Jiménez, se publicó la nueva Ley de Ordenación de la Enseñanza Media que contemplaba un ciclo elemental y común de 4 años, seguido de una reválida, y un ciclo superior de dos años que podía cursarse en la modalidad de letras o ciencias, con otra reválida final. Para el acceso a la universidad había que superar el llamado curso Preuniversitario.
De acuerdo con esta normativa el colegio solicitó el reconocimiento para el grado elemental en 1958 y para el grado superior en 1960, justo dos años después, por los dos cursos de diferencia que había entre un ciclo y otro.
Con la Ley General de Educación (1970), ley Villar Palasí, el Colegio Melchor Cano sufre la profunda transformación que implicó a toda la educación española, la enseñanza primaria pasó a llamarse EGB y el bachillerato BUP con los ajustes cronológicos y organizativos derivados de la ampliación del nivel primario y disminución del secundario, así como la adaptación del profesorado a las nuevas corrientes didácticas y metodológicas.
En el curso 1971-72 se implanta 5º de EGB, y a partir del 1972-73 cada año entra un nuevo curso del ciclo superior del dicho nivel que culmina en 1975-76 con la implantación del BUP.
La novedad más importante de este periodo fue el cambio de masculino a mixto a partir de 1976. Para el curso de orientación universitaria (COU) los alumnos debían trasladarse a un instituto de enseñanza media, generalmente al de esta misma localidad. De no mediar el cambio legislativo de la LOGSE es muy probable que el centro hubiera solicitado autorización para impartir COU, asunto que estuvo en las intenciones del padre Bernardino en su última etapa de director.
Con la publicación de la ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE 1985), el centro se acoge a la nueva regulación de conciertos educativos y pasa a ser de enseñanza privada concertada, calificación que ostenta en la actualidad; esta nueva ley introduce la participación familiar en los centros y en virtud de ella se creó el APA, que viene colaborando activamente, sobre todo en actividades culturales y extraescolares.
La llegada de la LOGSE (1990) provoca una nueva adaptación a la normativa convirtiéndose en centro concertado de Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria, esto marca un nuevo rumbo del centro puesto que desaparece el bachillerato, nivel que había sido el buque insignia del colegio Melchor Cano durante casi cincuenta años.


6.- La actividad colegial
Describir y juzgar la actividad de un centro escolar es tarea difícil, ardua y compleja, incluso en mi caso personal que no he perdido el contacto con este colegio desde mis años de estudiante. La mayor dificultad estriba en sus más de 60 años de una existencia siempre mutante, como cualquier entidad de su género, en función de imperativos políticos, legales, sociales y culturales. Lo verdaderamente cierto es que en algunos momentos el Colegio Melchor Cano ocupó un puesto de honor entre los colegios privados de enseñanza media de toda la geografía nacional.
En mi apreciación personal la clave de su acreditada labor estaba en que religiosos, seglares y personal de servicios participaban de una comunidad de esfuerzos, ideales y sentimientos que siempre han estado por encima de la mera relación laboral de prestación de un trabajo a cambio de un salario, y no creo equivocarme si afirmo que de esos mismos sentimientos participábamos los alumnos.
A lo largo de este epígrafe me veré obligado a citar algunos nombres con el aparente olvido de otros. Pido disculpas si alguien puede sentirse ofendido, pero la naturaleza de este acto no permite ser exhaustivo y además siempre está latente el riesgo de lapsus mnemónicos que dan traste con las mejores intenciones. Doy por sentado que desde el director al último hermano lego de cualquier época, desde el más antiguo al más moderno profesor o persona de servicios auxiliares forma parte de ese engranaje humano que desde 1942 ha permitido llegar a esta celebración.
Para empezar recordemos que la ley de 1945 obligaba a 240 días lectivos (ahora apenas llegamos a los 180 días de clase), la única media jornada era el sábado por la tarde, que se aprovechaba para jugar al fútbol en al campo de deportes de Educación y Descanso, ahora Centro Escénico de San Isidro. Después del fútbol, algunos sábados, se permitía a los alumnos de los últimos cursos de bachillerato ir en grupo a la parroquia a confesar.
La jornada escolar era partida, tres horas de mañana y tres de tarde, con lo cual en primaria se daba una hora más que en la enseñanza pública.
Los internos tenían estrictamente marcados los tiempos de recreos, estudios y comidas, de tal manera que no necesitaban entrenamiento en hábitos de estudio. En el comedor se practicaba la buena costumbre monástica de lecturas religiosas o morales por los mismos comensales, que se turnaban a lo largo de la comida.
Con la generalización del cine el colegio adquirió un proyector que se instaló en un aula que servía de capilla y de clase de primaria de don José García Fraile. Aunque la moralidad de las películas estaba más que contrastada, las escenas de besos se censuraban con un alumno que, preparado al efecto, colocaba una tabla sobre el ósculo. La tabla era tan consustancial a las sesiones de cine del colegio que cuando se intuía un beso los asistentes a coro pedía “la tabla
.
En mi opinión personal el éxito académico del colegio Melchor Cano estaba en la estabilidad del profesorado, en su dedicación, en la motivación de las familias que enviaban a sus hijos, en la competencia con el colegio Riánsares y el instituto Ruiz Jarabo y en la evaluación externa, con los exámenes libres en el instituto Cardenal Cisneros. Algunos profesores del citado instituto venían los sábados por la mañana y pasaban por los distintos cursos para comprobar la marcha de la enseñanza y hacer algunas tablas de gimnasia. Recuerdo al profesor de geografía, con gruesas gafas, que derrochaba buenas dosis de humor y pedagogía. En cierta ocasión uno de mis condiscípulos empezó a decirle los afluentes del Júcar cambiando la derecha por la izquierda, por haberse situado mirando al río desde el mar, en ese momento el profesor lo detuvo diciéndole: “los ríos son como las mujeres, hay que llevarles la corriente”.
Cuando ahora los estudiantes se quejan de que tienen varios exámenes en una semana me vienen a la memoria aquellos viajes en los destartalados autobuses de don Toribio Narváez, sorteando las emes de Belinchón y las cuestas de Fuentidueña y Villarejo para empezar los exámenes a las nueve, ir a comer a la ribera del Manzanares, donde todavía la gente se bañaba en el río, y completar por la tarde las asignaturas que faltaban por examinar, para volver por la noche a Tarancón con la ritual parada en la fuente de la cuesta de Perales.
La preparación para el examen de ingreso al bachillerato, con don Pedro Ortiz de León, implicaba todo un curso con clases los sábados por la tarde y domingos por la mañana, después de la misa en el convento. Con el padre Jesús Díez, en primero de bachillerato, las clases coincidían con la hora anterior al recreo y éste pasó a ser, durante todo el curso, media hora más de clase, que a veces podía ampliarse al terminar la jornada de mañana, hasta la hora de comer los internos, y por la tarde hasta las siete que comenzaba el estudio. El padre Jesús, sabedor de que los mayores le quitaban el tabaco, cuando tenía que salir de clase nos obligaba a cerrar por dentro con llave y nos daba una contraseña para que no abriéramos a extraños.
Me gustaría saber cuantos de los presentes se han sentido traumatizados por aquella violenta conculcación de nuestros sagrados derechos de niños que hacían unos profesores (frailes o seglares) cuya única obsesión era obligarnos a aprobar todas las asignaturas; porque entonces lo extraño era que un alumno suspendiera alguna materia, hoy día, en ESO y bachillerato, lo raro es encontrar un acta con un alumno que haya aprobado todo, de hecho la valoración global de las actas de evaluación se hace con una clasificación dicotómica: alumnos que suspenden más de tres asignaturas y alumnos que suspenden tres o menos asignaturas; siempre se habla de alumnos más o menos suspensos, el alumno con todo aprobado ha pasado a ser una especie en grave peligro de extinción.
A lo largo del curso no faltaban excursiones, actos religiosos extraordinarios y algún entretenimiento a cargo de humoristas y magos ambulantes, además de las competiciones de fútbol que adquirían carácter épico cuando el rival era el colegio hermano de Utiel.
Especial relevancia tenían los actos de Santo Tomás de Aquino y los de final de curso. Santo Tomás (7 de marzo) se celebraba con misa solemne en este mismo templo, actos literarios en el colegio y libre paseo por el pueblo hasta la hora de comer. Los actos de final de curso ya en pleno estío, una vez que habían finalizado los exámenes de reválida, revestían gran solemnidad, bien en el patio del colegio o en el desaparecido Teatro Cinema Alcázar; a ellos se invitaban a las autoridades locales, provinciales y nacionales, se hacía el reparto de diplomas, honores y distinciones, se leía la memoria del curso y se terminaba con alguna película o representación teatral. Como final del acto el alcalde, don Inocente Ballesteros, en nombre de su excelencia el Jefe del Estado, declaraba cada año clausurado el curso escolar. Especial relevancia tenía la cena colegial de fin de curso que se celebraba en el patio de la Casa de Piedra bajo los frondosos árboles centenarios. El año que falleció Joaquín Blume, en el accidente de aviación de Laguna del Marquesado, estaba previsto que asistiera a los actos de final de curso, por la amistad que le unía con el director padre Antonio Guillén, como homenaje se proyectó un documental sobre su trayectoria deportiva.
Las actividades del colegio se publicaban primeramente en un anuario que abarcaba varios cursos, más tarde salía cada año el “Eco del Colegio Melchor Cano” que al instalarse en Utiel (Valencia) el Colegio Beato Gálvez se convirtió en “Ecos de Nuestros Colegios”. Muchos recordareis algunos artículos aparecidos en sus páginas sobre un enigmático padre Maximiliano Kolbe, ahora en los altares por iniciativa de su paisano Juan Pablo II.
El principal deporte era el fútbol, a lo que contribuían los éxitos europeos del Real Madrid que escuchábamos desde la antesala del despacho del director, donde estaba el único aparato de radio. Puesto que los más directos rivales del Madrid eran los dos equipos de Milán no faltaban argumentos para tomarle el pelo al padre Jaime Gurrado (italiano, como sabéis). Estos últimos años y estos últimos días no podríamos hacer lo mismo.
El primer director que conocí fue el padre Agustín Cisneros, siempre tocado con su singular bonete (símbolo de su cargo) al que parecía faltarle un apéndice. Era un hombre dinámico, detallista, amable y muy cuidadoso de las relaciones sociales; con él brotó fuerte y robusta la semilla que plantó el padre Castro. Le sucedió el padre Juan Cebrián que era profesor de matemáticas, callado, austero y comprensivo que acometió la tarea de legalizar la propiedad, ampliar espacios y modernizar instalaciones. Cada uno de los sucesivos directores ha aportado su infatigable trabajo y su peculiar forma de ser para que el colegio respondiera en cada momento a las necesidades que planteaban los alumnos, la sociedad de la que se nutría y a la que estaban destinados esfuerzos. Uno de los directores que más ardua labor ha realizado y que más ha comprometido al colegio y a la orden con el entorno religioso, geográfico, social y cultural ha sido el padre Bernardino Román con su larga trayectoria en Tarancón. Una característica común a todos los directores y frailes ha sido su acercamiento a los alumnos y a su problemática familiar y social.
En el capítulo de seglares la enseñanza primaria era la más firme base del colegio sostenida por don José, don Emiliano y don Pedro, precedidos del parvulario que regentaran Mari Belmonte, alumna de las primeras escuelas Antonianas, Mari Pepa y Maruja. En el bachillerato de mis tiempos ocupaba lugar singular don José Nieto “el físico”, en algún momento único seglar en este nivel educativo, luego le acompañaron don Nicolás en matemáticas y don Julio González-Laganá, en letras, el seglar de más larga trayectoria como profesor del centro y más incardinado en Tarancón, con el que he tenido ocasión de compartir infinidad de actos culturales, antes y después de su jubilación, y del que con hondo pesar, por su fallecimiento, publiqué algunos artículos dedicados a glosar su buen hacer, su generosidad y la buena memoria que en Tarancón ha dejado.
Dentro de los estudios de magisterio sería injusto no mencionar a Eulalia Martínez Medrano que cesó como profesora del colegio para ocupar la cátedra de Pedagogía de la escuela normal de Huesca.
No es este el momento de glosar a todos y cada uno de quienes han hecho historia en el centro, pero no quisiera pasar por alto a don Eladio Moya, un auténtico todo terreno que llevaba la secretaría, daba clases de dibujo y contabilidad, vigilaba los estudios y atendía, en los recreos, la venta de material escolar; su frágil salud se compensaba con una voluntad de hierro y una insuperable capacidad de servicio.
Que la semilla del Melchor Cano cayó en buena tierra lo prueban alumnos que ingresaron en la orden, profesores del colegio que se formaron en la Casa de Piedra y una pléyade de personas, de las más diversas ocupaciones del ámbito laboral, extendida por toda la geografía nacional.
Las anuales asambleas de antiguos alumnos, las reuniones restringidas de algunas promociones y esta unión común que hoy hacemos con la orden franciscana, para conmemorar su centenario en España, son prueba evidente de que el paso por las aulas del colegio Melchor Cano nos marcaron de una manera especial.
Personalmente debo dar las gracias, por la colaboración prestada, para elaborar estas líneas, a Manuel Buendía Cruz, que conserva buena parte de los Anales y Ecos, a los empleados del Registro de la Propiedad, antiguos alumnos, que me han facilitado la documentación sobre la problemática propiedad de la Casa de Piedra, a Carlos Tricio, uno de los primeros alumnos de la Casa de Sevilla y a los actuales miembros de la congregación en Tarancón que han puesto a mi disposición el archivo histórico del centro y me honran con su amistad.
Para terminar, en nombre de todos los antiguos alumnos, presentes y ausentes felicito a la orden franciscana de Menores Conventuales por sus cien años de permanencia en la España contemporánea y le doy las gracias por el bien que en todos los órdenes hemos recibido en nuestro paso por este Colegio Melchor Cano.

Marino Poves Jiménez
Doctor en Pedagogía
De la Real Academia Conquense de Artes y Letras