| CRÓNICA DE LA CELEBRACIÓN,
EN NUESTRO CONVENTO-COLEGIO DE TARANCÓN (CUENCA), DEL CENTENARIO
DE NUESTRA RESTAURACIÓN EN ESPAÑAÑA
Para celebrar lo más dignamente posible el
Centenario de nuestra restauración en España en nuestro
Convento-Colegio de Tarancón (Cuenca), dos de los religiosos de
la Comunidad, Fray Celso Pérez y Fray Luis González, se
trasladaron a nuestro Convento-Parroquia de Valencia los días 5
y 6 de marzo, para de esta forma poder recoger el material en orden a
montar la EXPOSICIÓN DEL CENTENARIO en Tarancón. Esta EXPOSICIÓN
fue montada por el religioso Fray Luis González en la capilla lateral
de la Virgen de la Salud de la iglesia-convento y, aunque tuvo que hacer
frente a lo reducido del espacio, esto no obstante, en su ejecución
puso de manifiesto su sensibilidad y arte. Esta estrechez de espacio a
la que acabo de hacer referencia, la pudo remediar el Domingo, día
13, ya que, en ese día, montó esta EXPOSICIÓN al
aire libre, empleando para ello el Atrio de la iglesia y fue en esta ubicación
donde esta lució todas sus galas y brilló por los recuerdos
que alberga, gozando por lo mismo, de los más encendidos elogios
por parte de la mucha gente que la contempló.
La información sobre la celebración de este Centenario ha
sido difundida amplia y convenientemente, sirviéndonos para ello
de los diversos medios de comunicación, tanto escritos como hablados,
que funcionan en Tarancón y su Provincia, como son: la TELEVISIÓN
TARANCÓN, la CADENA SER, y el DIARIO DE CUENCA.
Con respecto a TELEVISIÓN TARANCÓN el lunes, 7 de Marzo,
en el programa que se titula ENCUENTROS CON LA FE y que se emite a las
10 de la noche con una duración de hora y media, se celebró
una MESA REDONDA, en la que actuó de moderador el Guardián
de la Comunidad, Fray José Remón, y participaron los religiosos
Fray Bernardino Román y Fray Sergio Barredo y el antiguo alumno
de nuestro Colegio Melchor Cano e hijo preclaro de nuestra ciudad, Dn.
Marino Poves. Esta MESA REDONDA constó de tres partes.
• En la primera y a preguntas del moderador, Fray Sergio Barredo
hizo una breve reseña sobre cual fue el origen de nuestra Orden
Franciscana Conventual y los apostolados que desarrolla y de una forma
más concreta informó: sobre la situación y difusión
de nuestra Familia Franciscana Conventual en España en la época
de los Reyes Católicos; sobre las causas aducidas para justificar
nuestra expulsión de España; sobre el año en que
se inició nuestra restauración y quienes fueron los religiosos
que la llevaron a cabo; y, finalmente, sobre nuestra estancia y actuación
en España a lo largo de estos cien años de nuestra restauración.
• En la segunda parte, Fray Bernardino Román y D. Marino
Poves, al contestar a las diversas preguntas que les formulara el moderador,
ofrecieron una sucinta reseña de la historia de nuestro Centro,
el Colegio Melchor Cano y, fundamentalmente, hablaron: sobre las diversas
ubicaciones del Colegio y el por qué de los dos nombres que ha
tenido; sobre la importancia que ha tenido nuestro Colegio por la labor
formativa y educativa que en él se realizaba, tanto en la Provincia,
como en las Provincias limítrofes y hasta en buena parte de España;
sobre los alumnos del Servicio de Reaseguros y Accidentes del Trabajo
y el trabajo que se realizaba con ellos, indicando, al mismo tiempo, en
que año vinieron, cual fue su número máximo en un
curso y cuales eran sus lugares de procedencia; sobre la sucesivas ampliaciones
y transformaciones realizadas en la antigua “Casa de Piedra”
, indicando, al mismo tiempo, sus motivos; y, por último, sobre
diversas actuaciones puntuales en la vida del Colegio, como fueron: la
actuación de los alumnos y religiosos durante la noche trágica
de la explosión del polvorín, las peripecias que se sufrieron
en los viajes a Madrid para examinar a los alumnos en el Instituto Cisneros
cuando no estábamos reconocidos oficialmente, la preparación
que dábamos y las fatigas que nos tocaba soportar con respecto
a nuestros alumnos que, en régimen de libres, cursaban la carrera
del Magisterio y cómo se celebraba la festividad de Santo Tomás
de Aquino, patrono de los estudiantes.
• Finalmente, en la tercera parte, Fray Bernardino Román,
respondiendo a las preguntas del moderador, informó sobre las diversas
actividades y apostolados, además del de la enseñanza, que
han desarrollado nuestros religiosos desde su establecimiento en Tarancón.
En este sentido habló: sobre quienes fueron los primeros religiosos
que vinieron y en qué año; sobre quienes han sido los religiosos
que más se han significado, ya sea por su actuación, como
por su tiempo de estancia en la ciudad; sobre el Seminario Menor de la
Provincia que, por espacio de dos años, estuvo ubicado en las dependencias
del Conventillo; sobre las novenas de la Inmaculada, los Vía Crucis
cuaresmales y la actuación del coro polifónico en nuestra
Iglesia; sobre las diversas reformas materiales que se han efectuado en
la iglesia; sobre los celebraciones litúrgicas que se han realizado
en la misma, fundamentalmente como centro de administración del
Sacramento del Perdón; sobre los Pregones de la Semana Santa y
de las Fiestas Patronales que pronunciara un religioso de la comunidad;
y, finalmente, sobre la Orden Franciscana Seglar y la Milicia de la Inmaculada.
En cada una de estas partes, los restantes ponentes intervinieron con
aportaciones puntuales para, de esta forma, poner de manifiesto aspectos
que no se habían tocado en la información dada y que siempre
resultaron no sólo importantes, sino también muy significativos.
Al proceder así, se logró que esta MESA REDONDA, no sólo
fuera dinámica y participativa, sino también muy enriquecedora,
de forma que el tiempo pasó volando para todos.
Por informaciones posteriores hemos podido constatar que esta MESA REDONDA
no sólo gozó de buena audiencia, sino que también
fue seguida con gran interés, por lo que ha merecido el aplauso
y general aprobación..
En esta misma "Televisión Tarancón", el jueves
y el viernes de esa semana, nuevamente se informó con detalle,
de los actos que se iban a celebrar con motivo del Centenario de nuestra
Restauración, tanto el sábado, con el Encuentro de los Antiguos
Alumnos del Colegio Melchor Cano, como el Domingo con la Eucaristía
de las 12,30 que iba a ser presidida por el Excmo. Sr. Obispo de la diócesis.
Con respecto a la Cadena SER que tiene programas para Tarancón
y también a nivel nacional, esta Emisora tuvo estas tres actuaciones
significativas de cara a informar sobre la celebración de nuestro
Centenario: 1°.- a lo largo de toda la semana, fue emitiendo cuñas
publicitarias, en base a la información que les suministrara el
Guardián de la Casa, de los actos que se iban a celebrar tanto
con respecto al Encuentro de los Antiguos Alumnos de nuestro Colegio,
como a la Eucaristía del Centenario; 2°.-emitió también
una entrevista que el Director local de la cadena mantuvo con nuestro
Antiguo Alumno, Dn Marino Poves Jiménez, en la que este informó,
con detalle, de las diversas actuaciones que iban a tener lugar en el
Encuentro de los Antiguos Alumnos y de la información que él
iba a dar en la misma sobre la historia, anécdotas y detalles significativos
en la vida de nuestro Centro Melchor Cano; y 3°.-Finalmente, el religioso
Fray Bernardino Román, mantuvo una entrevista el Domingo, en directo,
en el programa que se emite de 12 a 13,30, entrevista que se prolongó
por más de cinco minutos y fue emitida íntegramente no sólo
en el programa citado, sino también en otros programas celebrados
ese mismo día y en días siguientes. En esta entrevista y
a preguntas del presentador D. Julio Clemente, el religioso informó,
con gran lujo de detalles, sobre las diversas partes del Encuentro celebrado
por los Antiguos Alumnos la noche anterior y sobre la Eucaristía
Centenario que se iba a celebrar esa misma mañana a las 12,30,
y que iba a ser presidida por el Excmo. Ser Obispo de la diócesis,
concelebrarían todos los religiosos presentes, además de
Sacerdotes del pueblo y pueblos limítrofes y a la que asistirían
las autoridades.
Y finalmente, en lo que hace referencia a la única publicación
de la Provincia, que se denomina "DIA DE CUENCA", el Redactor
local Sr. Gabaldón, fue el encargado de hacer un reportaje, literario
y fotográfico, tanto del Encuentro de los Antiguos Alumnos, como
de la Eucaristía del Centenario, para lo que sacó fotografías
tanto de la celebración del Encuentro de los Antiguos Alumnos,
como de la Eucaristía del Centenario. Este reportaje apareció
en los rotativos correspondientes a la semana siguiente a la celebración
de estos actos.
Después de la información que acabo de reseñar, creo
que ha llegado el momento de que describa ya, con detalle, tanto las diversos
actos de que constó el Encuentro de los Antiguos Alumnos, como
de la Eucaristía del Centenario
ENCUENTRO DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS DE NUESTRO COLEGIO
A partir de las 6,00 de la tarde, comenzaron a congregarse
en las inmediaciones de nuestra iglesia-convento los Antiguos Alumnos
del Centro que iban a asistir a este Encuentro. Según fueron llegando,
se fueron formando numerosos corrillos o grupos, en sintonía con
las diversas promociones a las que pertenecían, y en ellos, lo
que se palpaba de forma desbordante, era la emoción que brotaba
de los efusivos abrazos y los cariñosas palabras con que mutuamente
se saludaban, rememorando tiempos pasados y vivencias ya casi olvidadas
A las 18,40 comenzaron a entrar en la iglesia para de esta forma poder
dar comienzo a la primera parte del Encuentro, que era la parte cultural.
Diez minutos después y una vez que todos, en número de más
de 200, incluyendo en este número las contadas esposas que los
acompañaban y otras personas amigas que querían presenciar
el ecto, se hubieron acomodado en los distintos bancos, el religioso Fray
Bernardino Román, encargado por la Comisión de la realización
de estos Encuentros, dio comienzo al acto poniendo de manifiesto, con
su palabra vibrante y emocionada, el por qué del acto que se estaba
celebrando y cómo era de estricta justicia el que, los Antiguos
Alumnos de nuestros Colegios, participasen directamente en la Celebración
jubilar del Centenario de nuestra restauración en España.
Un sonoro aplauso rubricó su intervención.
A continuación presentó al antiguo alumno del Colegio y
vecino de Tarancón, Dn Marino Poves Jiménez, quien a lo
largo de media hora hizo una reseña verdaderamente antológica
y totalmente documentada. En su maravilloso informe nos habló,
pormenorizadamente:1º.- sobre la historia real y sistemática
de nuestro Centro; 2º.- sobre el significado e importancia del Centro
tanto para Tarancón como para la Provincia; 3º.- sobre los
diversos religiosos y profesores que más se han significado en
la vida del mismo; y 4º.- sobre los recuerdos y vivencias puntuales
que han ido surgiendo en el quehacer diario del funcionamiento de nuestro
Centro y que, a lo mejor, bien sea por el tiempo transcurrido, o por la
labilidad de la memoria ya, la mayoría de las veces, militaban
en la sombras de nuestro subconsciente, pero que, debido a su mención
en estos momentos, nos reportaba el gozo de poder nuevamente revivirlos..
Su detallada y enriquecedora disertación mereció un encendido
aplauso general y, pese a la media hora que había durado, a todos
les pareció muy corto.
A su conclusión, el religioso Fray Bernardino, expresando el sentir
general, le dio las más rendidas gracias por el maravilloso trabajo
que había ofrecido y, a continuación, hizo la presentación
del segundo ponente, que fue nuestro Ministro Provincial, Fray Valentín
Redondo Fuentes, competente historiador e investigador y quien, con gran
riqueza de detalles y por espacio de veinte minutos, nos habló
sobre la historia de la estancia de los Franciscano Conventuales en España:
Primero, desde que nos fundara el Seráfico Padre San Francisco
hasta nuestra expulsión en 1567, momento en el que contábamos
con más de 140 grandes Conventos distribuidos en tres Provincias
y esparcidos por toda nuestra patria; y, segundo, a lo largo de este Centenario
de nuestra restauración, que es lo que estábamos celebrando.
Su brillante y enriquecedora información sirvió para que
se incrementara ampliamente el conocimiento de la forma de vida y diversos
apostolados que siempre han llevado a cabo y siguen realizando los Franciscano
Conventuales, es decir,, aquellos religiosos con quines convivieron nuestros
Exalumnos mientras permanecieron en el Colegio. Un prolongado y cálido
aplauso rubricó su intervención, al que siguió una
sentido acción de gracias por parte del presentador.
Finalizado el Acto Cultural se inició, de inmediato, la Eucaristía
que fue concelebrada por varios religiosos sacerdotes, actuando como oficiante
principal el Ministro Provincial, que pronunció una sentida homilía
y en ella, una muy buena parte tanto de los Antiguos Alumnos, como del
resto de personal asistente, recibieron la Sagrada comunión, cosa
que fue muy gratamente comentada
Para poder seguir adecuadamente esta Eucaristía, se les entregó
un hermoso LIBRITO, confeccionado al caso, y que contenía las Moniciones,
Preces, Ofrendas, Plegaria Eucarística y Acción de gracias,
que fueron leídas por varios Antiguos Alumnos. A todos les encantó
este detalle, por lo que todos se lo llevaron consigo como grato recuerdo
de lo que habían vivido
Esta Eucaristía fue armonizada, con gran sonoridad y hermosas melodías,
por el Coro de la iglesia-convento, que está formado por profesores
actuales de nuestro Colegio, amigos y compañeros de los mismos
y personal amante de la música. Su actuación encantó
a todos, ya que nos hicieron pasar un verdadero rato de cielo.
Al finalizar estas Eucaristía y tras un breve espacio de tiempo
dedicado a las amargas y tristes despedidas con respecto a aquellos que,
por diversos motivos e inconvenientes no podían asistir a la cena
de fraternidad, nos trasladamos al Hostal Stop para efectuarla .A esta
cena solamente asistieron 95 de los Antiguos Alumnos que habían
estado presentes en los restantes actos del Encuentro. El local donde
se celebró, era amplio y espacioso y se encontraba preparado con
delicadeza y esmero y, durante la misma, reinó, entre los comensales,
un gran ambiente de camaradería y compañerismo, por lo que,
casi sin darnos cuenta, permanecimos en él hasta después
la 1 de la mañana
En las postrimerías de este ágape fraterno, el religioso
Fray Bernardino Román, como encargado del Encuentro, entregó:
a cada uno de los asistentes, como recuerdo de la reunión que estábamos
celebrando, una serie de obsequios, que a todos los Antiguos Alumnos agradaron
en gran manera y premiaron con un gran aplauso; y al Antiguo Alumno, Dn
Marino Poves Jiménez, una hermosa Placa de agradecimiento, como
muestra de gratitud y reconocimiento al hermoso trabajo que, con generosidad
y entrega, había realizado.
Con esta entrega de los obsequios, se dio por finalizado este Encuentro
de los Antiguos Alumnos de nuestro Centro y tras emotivas despedidas fuimos
abandonando el local, para retornar a nuestras casas
Con respeto a este Encuentro y en honor a la verdad, he de manifestar
que, más de 20 posibles participantes y que habían comunicado
su asistencia oportunamente, por causa de enfermedad y de otras razones,
se vieron en la precisión de no poder cumplir la palabra dada y,
por lo mismo, no asistieron al mismo
EUCARISTÍA DEL CENTENARIO
El Domingo, 13 de marzo , a las 12,30 y presidida por
el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis, Dn. Ramón
del Hoyo, se ofició, en nuestra iglesia-convento, la solemne Eucaristía
de acción de gracias con que nuestros religiosos de la comunidad
de Tarancón han querido celebrar el jubileo del Centenario de nuestra
restauración en España. La iglesia se encontraba ocupada
por una gran cantidad de fieles y los primeros bancos, especialmente reservados
al caso, estaban ocupados por: Dn. Raul Amores Pérez, alcalde del
Excmo. Ayuntamiento de Tarancón; la Diputada popular, Dª Mª
Jesús Bonilla; las Superioras de las dos Comunidades de religiosas
Mercedarias que hay en Tarancón, acompañadas por varias
religiosas; y la Hermana Ministra de la Orden Franciscana Seglar, además
de varios hermanos franciscanos seglares. Con respecto a esta presencia
de autoridades he de manifestar: 1º.- que el Presidente de la Autonomía
de Castilla-La Mancha, que había sido invitado al acto, tuvo que
excusar su presencia ya que, por motivos institucionales del cargo que
había tenido que asumir con anterioridad, le era imposible el acompañarnos
y 2º.- el Arzobispo de Toledo, pese a desear estar presente, por
razones de su cargo tampoco pudo asistir
Las Moniciones, Preces, Ofrendas y Acción de Gracias de esta Eucaristía
jubilar, que fueron preparadas, con gran delicadeza y sensibilidad, por
la directora del Coro como claro testimonio del afecto que nos profesa,
fueron proclamadas por diversos componentes del mismo coro y gozaron del
beneplácito general testificado en los parabienes escuchados al
final de la misma. En esta Eucaristía participaron, como concelebrantes,
11 sacerdotes entre religiosos, párroco y clero parroquial y sacerdotes
de localidades vecinas y se contó también con la presencia
de un Diácono.
Llegado el momento, el Señor Obispo, pronunció una hermosa
Homilía en la que supo engarzar maravillosamente la acción
de gracias jubilar que estaban celebrando los religiosos: por una parte,
con la labor apostólica que estos habían realizado y seguían
realizando, como dignos y responsables hijos de San Francisco de Asís,
no sólo en la ciudad de Tarancón, sino en toda la comarca
circundante; y, por otra, con las enseñanzas que la liturgia del
día, V Domingo de Cuaresma, nos ofrecía. Fue una homilía
repleta de enseñanzas y contenido y que claramente manifestaba
que había sido preparada con gran delicadeza y profunda gratitud
a la labor apostólica de nuestros religiosos. Esta Homilía
mereció una entusiasta aprobación puesta de manifiesto en
los comentarios escuchados a su finalización
En las postrimerías de esta Eucaristía, nuestro Hermano
Ministro Provincial, hizo uso de la palabra para hacer entrega: al Excmo.
Sr. Obispo, de una bella cruz pectoral, que inmediatamente este se colocó
sustituyendo la que llevaba; al Excmo. Sr Alcalde, de un hermoso medallón
conmemorativo, como muestra de la gratitud que nuestros religiosos sienten
por la ciudad de Tarancón, en la que se encuentran desde hace 63
años; y al Rvdo Sr. Párroco de la Ciudad, que es también
Vicario Pastoral, de un voluminosa libro que contiene todos los escritos
de buestro hermano religioso San Maximiliano Kolbe.
El coro de esta iglesia-convento, al que ya me he referido en esta reseña,
con sus voces sonoras y melodiosas, deleitó a todos los asistentes
con hermosas canciones, bellamente interpretadas y, el gozo que motivó
la audición de estas canciones, se incrementó al comprobar
que, la mayoría de los asistentes, no se contentaron sólo
con asistir a la Santa Misa, sino que también recibieron la Comunión
en la misma
Si quisiéramos resumir, en breves palabras, lo que ha significado
esta Eucaristía jubilar con que la Comunidad de nuestros religiosos
de Tarancón ha querido festejar el centenario de nuestra restauración
en España, podríamos resumirlo diciendo que la CELEBRACIÓN
DEL CENTENARIO ha sido: profundamente entrañable, sencillamente
emotiva y, en todo momento, siempre generadora de gratos y hondos recuerdos.
Una vez que se finalizara esta Eucaristía, en medio de un general
aplauso: el Ser Obispo, los religiosos, el clero parroquial, el Señor
Alcalde y la Diputada Provincial, junto a otros 40 comensales, participaron
en una comida de fraternidad en un restaurante de la Ciudad.
Como colofón final a todo los actos que se han celebrado en Tarancón
con motivo del Centenario de nuestra restauración y que acabo de
reseñar, me gustaría que se hicieran hermosa realidad, estas
palabras que se pronunciaron en la Eucaristía del Centenario:””Que
el lema de “paz y bien”, que los religiosos Franciscano Conventuales
no sólo enarbolan, sino que continuamente se esfuerzan por poner
en práctica, siempre se haga hermosa realidad en nuestras vidas,
para que de esta forma, habiendo madurado plenamente como personas creyentes,
seamos los nuevos samaritanos de nuestra atormentada sociedad”
El Cronista: Fray Bernardino Román, Franciscano
Conventual.
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Reseña histórica del
Colegio Melchor Cano
1.- El contexto histórico
En el siglo XVIII tenemos noticias de la enseñanza en Tarancón
con una escuela de Gramática en la entonces conocida como calle
del Olmo, ahora Ramón y Cajal. También constan escuelas
de Gramática en pueblos de alrededor como Fuente de Pedro Naharro,
Torrubia del Campo y Carrascosa del Campo.
En el siglo XIX cuenta Tarancón con dos colegios de segunda Enseñanza
a cargo de D. Félix Durango Molinero (1881-83) y de don José
Ríus y Fernández Marcote (1891-1902), así mismo en
1897 el obispado de Cuenca estableció en el monasterio de Uclés
el colegio Santiago Apóstol, para dotar de derechos civiles a los
estudios eclesiásticos.
En el año 1918 sabemos que impartía clases de bachillerato
en la plazuela de los Castellanos el presbítero don Lorenzo la
Blanca, natural de Zarza de Tajo. Pocos años más tarde don
Carlos Ríuz Zunón restablecería el colegio de su
padre que continuaría hasta el año 1933 en que se creó
el colegio subvencionado del segunda enseñanza, siendo alcalde
don Luis Ríus Zunón, cuya dirección se encomendó
a su hermano Carlos, cesando la actividad de su colegio privado.
El colegio subvencionado se convirtió en Instituto Elemental de
Segunda Enseñanza en 1934 y sólo duró hasta julio
de 1936.
En 1942 los recién llegados franciscanos abren las Escuelas Antonianas
que en 1945 empezarían a impartir primero de bachillerato. Ese
mismo año, en los locales del suprimido instituto, D. Pedro Lozano
crea el colegio Nuestra Señora de Riánsares, centro que
conviviría largos años con el Melchor Cano en una sana rivalidad
que siempre benefició a este último.
Aunque el colegio Riánsares era mixto, para la mentalidad de la
época falta un colegio específicamente femenino, deseo que
se cumplió cuando el 15 de octubre de 1957 las Madres Mercedarias
de la Caridad abrieron su centro frente al hospital de Santa Emilia. El
6 de diciembre de 1967 se trasladaron al nuevo edificio que mandaron construir
limitando con las calles Santo Domingo de Guzmán, la Tejera y General
Emilio Villaescusa.
En el año 1966 el padre salesiano Julián Ocaña Peña
y el Director General de Enseñanza Primaria don Eugenio López
y López consiguen que Tarancón recuperara la enseñanza
media oficial con el Instituto Laboral Ruiz Jarabo, que pocos años
después se convertiría en Instituto General de Bachillerato,
germen del actual IES la Hontanilla.
2.- El marco Urbano:
A lo largo de sus más de 60 años de existencia en Tarancón,
el Colegio Melchor Cano se ha ubicado en tres lugares y cuatro edificios
distintos, en el eje norte-sur del primitivo núcleo urbano. Los
tres edificios, de marcado interés histórico y artístico
local, desgraciadamente han desaparecido.
Cuando los padres José Gómez y Jesús Díez
llegaron a Tarancón, su primera actividad fue hacerse cargo de
la iglesia del antiguo convento de Capuchinos, como misión secundaria
se contemplaba abrir un establecimiento docente que cubriera el hueco
dejado por el cierre del Instituto de Bachillerato en 1936. Con esta intención
vino a Tarancón el padre provincial Lorenzo Castro quien, por mediación
de D. Carlos Tricio, contactó con doña Milagros Sevilla
Álvarez, madrina de bautismo de él y de uno de sus hijos,
para que permitiera a la orden abrir escuelas de Primaria en un palacete
de su propiedad, construido por el presbítero don Marcos Aniano,
primo del primer duque de Riánsares y oficiante de su matrimonio
con la reina regente doña María Cristina de Borbón.
En este edificio, conocido como Casa de Sevilla, el colegio funcionó
los cursos 1942-43 y 1943-44, sólo como centro de primaria, aunque
en el último curso varios de sus alumnos se examinaron de ingreso
de bachillerato, nivel que pasaría al edificio del Convento.
Con la desamortización de Mendizábal (1836) el primitivo
convento de Capuchinos se desgajó en dos propiedades, el templo,
adjudicado al obispado, y el convento que fue desamortizado y adquirido
por particulares. Entre los siglos XIX y XX, el convento albergó
el cuartel de la Guardia Civil; en 1936 era propiedad de doña Manuela
Azcoita y Domínguez Leganés, casada con don Luis Ríuz
Zunón, alcalde de Tarancón en 1933 y gobernador civil de
Jaén cuando estalló la guerra civil. El edificio estaba
abandonado desde 1936, pues a pesar del relevante cargo político
del cabeza de familia los Ríus Azcoita no se fiaban, con razón,
de quienes habían asumido los puestos de responsabilidad política
en el municipio de Tarancón. En 1939 los hermanos Luis y Carlos
Ríus, con sus respectivas familias se exiliaron a México
y abandonaron definitivamente este pueblo. Otro hermano, D. José,
fue profesor del Melchor Cano, en la década de los años
60. En la segunda mitad de los años 50 Elisa y Luis Ríus
Azcoita volvieron a Tarancón y recuperaron la vieja casa de sus
padres, en la que solían pasar algunas temporadas. En estos momentos
el Colegio Melchor Cano no tenía ningún servicio instalado
en dicha casa, sólo los alumnos de magisterio veníamos a
la zona que estaba sobre las capillas del lado de la epístola para
dar las clases de música con el padre Bernardino Román.
Eventualmente se utilizaba la Casa de los Azcoita como dormitorio de huérfanos
del Ministerio de Trabajo, cuando su número hacía imposible
acoplarlos en la Casa de Piedra; así mismo sirvió unos meses
de improvisado noviciado de la orden antes de abrir el seminario de Palencia.
El Convento (casa de los Azcoita) se quedó pequeño nada
más empezar y el colegio sólo pudo funcionar en él
entre los años 1944 y 1946, aunque en años posteriores se
mantuviera algún aula de primaria y se utilizara como ocasional
dormitorio.
El tercero y actual emplazamiento corresponde a una zona históricamente
conocida como El Jesús por la ermita del mismo nombre ya existente
en el siglo XVI, entonces ubicada extramuros, en el paraje conocido como
Haza del Cura. A mediados del siglo XVIII el núcleo urbano empieza
a extenderse por esta zona y surge una nueva calle que une El Jesús
con San Roque, la conocida como calle Nueva, ahora dedicada al insigne
salesiano Padre Julián Ocaña. La zona estuvo poblada en
tiempos romanos que asentaron sus villas en su terreno fértil y
con el agua muy somera, de hecho había alguna laguna ocasional,
conocida como “navajo” o “navazo”.
Mediado el siglo XIX el solar del colegio todavía era una finca
rústica propiedad de D. Felipe Azorín, que en 1867 la dejó
en herencia a su hija doña Carmen Azorín Bujeda, casada
con don Facundo Domínguez Domínguez, que en medio de la
finca mandó edificar la que se denominaría “Casa de
Piedra”, por estar construidas sus dos plantas con gruesos sillares
de caliza labrados en basto en los paramentos y abujardados en esquinas,
jambas y dinteles.
Unos años antes el mismo don Facundo había construido un
edificio de similares características, pero de menor tamaño
y vistosidad en la entonces plaza del Mercado, ahora plaza de la Constitución,
donde al finalizar la guerra civil se instalaron las oficinas del Instituto
Nacional de Previsión, edificio que todavía se conserva
en espera de algún destino acorde con su singularidad.
La Casa de Piedra se construyó como morada familiar y casa de labranza,
rodeada de tierras de labor. Lo que conocimos como aulas de primaria y
dormitorio de los más jóvenes se correspondía con
establos y almacenes de paja y grano.
La familia Domínguez Azorín pertenecía a una estirpe
taranconera de labradores acomodados con acreditadas raices cristianas;
uno de sus antecesores había construido la ermita de San Isidro
y allí está sepultado. En la nueva casa dedicaron un espacio
a capilla familiar que se correspondía con el aula de matemáticas,
una habitación que contaba con dos pequeñas ventanas de
arco ojival, en la parte superior de la pared exterior, donde en tiempos
hubo un retablo. Estas raíces y creencias cristianas son el origen
remoto de la presencia de los padres franciscano en Tarancón.
Por testamento de 28 de junio de 1906 doña Carmen Azorín
declara como único heredero a su hijo don Isidoro (tuvieron otro
hijo, Jesús, que debió fallecer muy joven) y en el caso
de que éste no tuviera descendientes de legítimo matrimonio
la casa de Piedra y fincas adyacentes serían para la Compañía
de Jesús, Orden Franciscana y Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Don Isidoro Domínguez Azorín permaneció célibe
hasta su muerte, asesinado en las “Emes de Belinchón”
el día 16 de agosto de 1936. Se cuenta que al enterarse de su muerte
el diputado y vocal del comité nacional del partido Socialista,
Jerónimo Bujeda, resobrino de su madre, se presentó en Tarancón
para pedir explicaciones a los responsables municipales por la muerte
de quien para él era su tío.
La llegada a Tarancón de los Menores Conventuales fue un cúmulo
de afortunadas casulidades. La orden buscaba algún lugar próximo
a Madrid para instalarse y la pista se la dio un humilde vendedor de imágenes
en Tarancón, Abundio, quien en sus periódicas visitas a
Olot (Gerona), en busca de su particular mercancía, se hospedaba
en la casa matriz franciscana de Granollers y se unía a las diarias
celebraciones de las horas sagradas del convento. Él proporcionó
la pista del exconvento capuchino y posibles edificios para colegio.
A la hora de la verdad, tras la pía memoria de la familia Domínguez
Azorín, quedaba un sin fin de trámites legales y burocráticos
que en sucesivos años hubo que solucionar. En ese contexto surgió
el asunto de la propiedad de la Casa de Piedra, ofrecido en 1946 por el
obispado a la orden franciscana, momento en que hemos de volver, de nuevo,
a la obra pía de la familia Domínguez Azorín.
El obispado cedió a los conventuales un edificio del que ninguna
de las tres órdenes se había hecho cargo y por otro lado
la correspondiente a los franciscanos no se había dirimido a qué
rama de estos correspondía. Ante la posibilidad de que el edificio
fuera subastado por hacienda, para lo que ya contaba con comprador, la
diócesis de Cuenca adquirió, en venta las dos terceras partes
correspondientes a los Jesuitas y Hermanos de las Escuelas Cristinas,
por el precio de 4.500 pesetas cada una, en escrituras públicas
de fecha 2 de junio y 3 de julio de 1950. Quedaba por aclarar la parte
correspondiente a los franciscanos, asunto que se resolvió en 1955
cuando el nuevo superior Padre Juan Cebrián García aceptó
la renuncia de los franciscanos de San Gregorio Magno y Capuchinos a favor
de los Conventuales que se hicieron cargo de la pía memoria aneja
a la herencia. Fue este el momento en que se amplió el patio de
recreo ocupando el espacio hasta la carretera y se agregó un nuevo
patio, con frontón, en la esquina de la carretera de Valencia con
la Carrera Toledana; al mismo tiempo se acondicionó el jardín
de acceso a la puerta principal, con un pasillo semicircular de piedra
en cuyas entradas se colocaron prismas cuadrangulares rematados con bolas
herrerianas, todo ello labrado en piedra y por canteros de Torrubia del
Campo. Fue una reforma sustancial que no alteraba la fábrica ni
la visión del singular edificio.
Al padre Juan Cebrián le sucedió en la
dirección del centro el padre Antonio María Guillén
Gómez, que realizó alguna ampliación en la zona que
limitaba con el almacén de Sócrates García, a pesar
de lo cual el Colegio se quedaba pequeño dada la gran demanda de
plazas, por el bien ganado prestigio que tenía en toda España.
El dilema se planteó siendo superior el padre Eloy Gómez
con quien conversé alguna vez sobre el tema y me dijo que sólo
cabían dos soluciones, vaciar la casa de Piedra dejando sus cuatro
paredes y edificar nuevamente el interior o hacer un nuevo edificio alrededor,
para ni interrumpir las clases, y luego derribar el viejo, solución
esta última que fue la que se adoptó.
Cualquiera de las dos soluciones implicaba, de nuevo, volver a la pía
memoria de la familia Domínguez Azorín, pues, aunque el
padre Juan había conseguido que su orden fuera la única
heredera franciscana, los dos tercios del edificio habían sido
adquiridos por el obispado de Cuenca. La solución definitiva llegó
comprando los conventuales al obispado los dos tercios que poseía,
por el precio de 100.000 pesetas, en el año 1961, siendo provincial
el padre Román María Villa Román.
El 29 de agosto de 1963, siendo ministro provincial de la provincia de
Monserrat el padre Lorenzo Castro del Río, se inscribe toda la
finca a nombre de la orden franciscanos Menores Conventuales con la carga
piadosa de 30 misas cada mes por doña Carmen, don Facundo, don
Jesús y don Isidoro. De esta manera el mismo provincial que regía
la orden cuando se asentaron en Tarancón, culminó la tramitación
de la propiedad del edificio del Colegio Melchor Cano.
El 7 de febrero de 1967 el nuevo edificio, en forma de “L”,
está totalmente contruido en el solar gravado con la carga piadosa
antes descrita, siendo provincial de la orden el Maestro en Sagrada Teología
padre Juan Cebrian. Este nuevo edificio se construyó con un crédito
del Banco de Crédito a la Construcción de 11.745.500 pesetas
al 4,5% en un plazo de 30 años, que se conceló totalmente
el 12 de junio de 1998. La vieja Casa de Piedra mantuvo su noble y silente
estampa en su interior hasta el año 1975 en que fue demolida, de
esta manera lo que para 30 promociones de alumnos había sido espacio
de saber, de cultura y de educación, pasaba a convertirse en sitio
de ocio y recreo para los sucesivos alumnos.
3.- El colegio
Los primeros balbuceos, como centro docente, aparecen en el curso 1942-43
con la llegada del padre José Gómez Aranda, acompañado
del padre Jesús Díez, del padre Bautista y del hermano Antonio
para hacerse cargo de la iglesia del antiguo convento de Capuchinos. En
el curso 1943-44 se inicia formalmente la enseñanza primaria en
el antiguo palacete de D. Marcos Aniano desde el que se trasladaron a
lo que fuera desamortizado convento capuchino, entonces propiedad de la
familia Ríus Azcoita.
Ni la Casa de Sevilla ni las dependencias conventuales anejas a la iglesia
permitían cubrir las expectativas que había con respecto
a la expansión de la enseñanza en esta comarca.
La primera autorización legal de la Dirección General de
Enseñanza Primaria se concedió el 27 de marzo de 1944, cuando
el colegio llevaba casi dos años funcionando.
En el curso 1944-45 la matrícula aumentó notablemente, sobre
todo en los cursos más bajos, obligando a realizar obras en el
convento para poder ampliar el número de alumnos.
El curso 1945-46 empezó con muy pocas plazas vacantes, que se cubrieron
en febrero con huérfanos del Ministerio de Trabajo, por acuerdo
firmado entre el Colegio y el Ministro del ramo D. José Antonio
Girón de Velasco, probablemente el ministro más populista
y de mayor labor social de nuestra historia contemporánea, su foto
apareció varias veces, como agradecimiento, en las memorias del
colegio. Durante muchos años “los del Ministerio” fueron
un núcleo importante y muy definido del que salieron alumnos distinguidos
por su buena trayectoria personal, académica y profesional, que
en la mente de todos están. Por su origen obrero procedían
de toda la geografía nacional, siendo predominantes los asturianos,
leoneses y andaluces, dada la alta siniestralidad de la industria minera.
En el curso 1946-47 es imposible mantener el colegio en el convento, por
ello el obispado de Cuenca autoriza la utilización de la Casa de
Piedra como centro de enseñanza, mientras se solventan los tramites
de la pía memoria derivada del fallecimiento de don Isidoro Domínguez
Azorín, que ya hemos mencionado con anterioridad. En aquel curso
el colegio contaba con 280 alumnos, 179 externos, 98 internos y 3 mediopensionistas.
El colegio se implantó como centro de párvulos, primaria
y bachillerato que luego se extenderían a comercio y magisterio.
Con el tiempo la sección de magisterio se derivó hacia el
colegio Beato Gálvez de Utiel (Valencia), donde la orden tenía
reconocida una Escuela de Magisterio de la Iglesia que revalidaba los
títulos civiles en la escuela de magisterio de Valencia.
Hasta 1976 el colegio fue exclusivamente masculino, a partir de aquel
año adquirió el carácter mixto que conserva en la
actualidad.
Desde el curso 1944-45 se admitieron internos, llegando a albergar hasta
250 alumnos de esta condición. El internado su suprimió
en el año 1998.
4.- El nombre del colegio
En mi memoria, que alcanza al año 1949, el colegio siempre ha figurado
con el nombre de Melchor Cano, así rezaba en el gran cartel colocado
sobre el balcón central de la fachada principal.
En 1942 las primeras aulas de la Casa de Sevilla se denominaron Escuelas
Antonianas, nombre oficial con el que se concedió la autorización
legal en el año 1944, en honor de San Antonio de Padua santo portugués,
contemporáneo de San Francisco, doctor de la iglesia y uno de los
más relevantes franciscanos menores.
Al implantarse el bachillerato, en el curso 1944-45, se debió pensar
en un nombre de mayor resonancia histórica local y para ello se
eligió el de Melchor Cano, dominico y teólogo de Trento
nacido en Tarancón, a pesar de la beligerancia que en su tiempo
mostró contra la orden franciscana. Aunque oficialmente las Escuelas
Primarias seguían manteniendo el título de Antonianas, el
conjunto del Colegio se conocía, dentro y fuera, como Melchor Cano,
nombre que se haría oficial el 7 de marzo de 1958 cuando por decreto
de 7 de marzo fue reconocido para impartir el grado elemental del bachillerato,
lo que permitía examinar en el propio centro a los alumnos de los
cuatro primeros cursos de este nivel educativo, reconocimiento que se
amplió al grado superior por decreto de 7 de septiembre de 1960,
permitiendo así examinar en el centro a los alumnos de los seis
cursos de bachillerato. No obstante las Escuelas Primarias seguían
figurando oficialmente con el nombre de Escuelas Antonianas.
Por decreto de 9 de diciembre de 1965 el centro fue reconocido oficialmente
como Colegio Menor Melchor Cano, uniendo en un solo título la enseñanza
primaria y el bachillerato.
En el habla coloquial siempre se ha dicho el Melchor Cano, hoy día
se tiende a simplificar su nombre con “El Cano”, sin duda
fruto de la simpleza léxica, paralela a la pobreza cultural que
acompaña a buena parte de la juventud. En la historia de España
son dos personajes distintos Melchor Cano y El Cano.
5.- El marco legal
Cuando empezaron a funcionar las Escuelas Antonianas en la Casa de Sevilla
existía un vacío legal que en la práctica se compensaba
con la aplicación de la Ley Moyano de 1857. Sería en 1945
cuando el nuevo régimen publicó la Ley de Enseñanza
Primaria del Ministro Rubio y García Mina que, con leves modificaciones,
estaría vigente hasta 1970.
En lo que atañe el bachillerato el colegio inició su andadura
con el plan que en 1938 publicó el ministro Pedro Sainz Rodríguez,
en esencia copia del llamado Plan Callejo (1926) de la dictadura de Primo
de Rivera. Este plan establecía un bachillerato de 7 años,
precedido de un examen de ingreso y finalizaba con una prueba final conocida
como Examen de Estado, además incorporaba la asignatura de religión,
suprimida por la República. Mi promoción fue la última
que cursó primero de bachillerato con este plan.
En 1953, siendo ministro de Educación don Joaquín Ruiz Jiménez,
se publicó la nueva Ley de Ordenación de la Enseñanza
Media que contemplaba un ciclo elemental y común de 4 años,
seguido de una reválida, y un ciclo superior de dos años
que podía cursarse en la modalidad de letras o ciencias, con otra
reválida final. Para el acceso a la universidad había que
superar el llamado curso Preuniversitario.
De acuerdo con esta normativa el colegio solicitó el reconocimiento
para el grado elemental en 1958 y para el grado superior en 1960, justo
dos años después, por los dos cursos de diferencia que había
entre un ciclo y otro.
Con la Ley General de Educación (1970), ley Villar Palasí,
el Colegio Melchor Cano sufre la profunda transformación que implicó
a toda la educación española, la enseñanza primaria
pasó a llamarse EGB y el bachillerato BUP con los ajustes cronológicos
y organizativos derivados de la ampliación del nivel primario y
disminución del secundario, así como la adaptación
del profesorado a las nuevas corrientes didácticas y metodológicas.
En el curso 1971-72 se implanta 5º de EGB, y a partir del 1972-73
cada año entra un nuevo curso del ciclo superior del dicho nivel
que culmina en 1975-76 con la implantación del BUP.
La novedad más importante de este periodo fue el cambio de masculino
a mixto a partir de 1976. Para el curso de orientación universitaria
(COU) los alumnos debían trasladarse a un instituto de enseñanza
media, generalmente al de esta misma localidad. De no mediar el cambio
legislativo de la LOGSE es muy probable que el centro hubiera solicitado
autorización para impartir COU, asunto que estuvo en las intenciones
del padre Bernardino en su última etapa de director.
Con la publicación de la ley Orgánica del Derecho a la Educación
(LODE 1985), el centro se acoge a la nueva regulación de conciertos
educativos y pasa a ser de enseñanza privada concertada, calificación
que ostenta en la actualidad; esta nueva ley introduce la participación
familiar en los centros y en virtud de ella se creó el APA, que
viene colaborando activamente, sobre todo en actividades culturales y
extraescolares.
La llegada de la LOGSE (1990) provoca una nueva adaptación a la
normativa convirtiéndose en centro concertado de Infantil, Primaria
y Secundaria Obligatoria, esto marca un nuevo rumbo del centro puesto
que desaparece el bachillerato, nivel que había sido el buque insignia
del colegio Melchor Cano durante casi cincuenta años.
6.- La actividad colegial
Describir y juzgar la actividad de un centro escolar es tarea difícil,
ardua y compleja, incluso en mi caso personal que no he perdido el contacto
con este colegio desde mis años de estudiante. La mayor dificultad
estriba en sus más de 60 años de una existencia siempre
mutante, como cualquier entidad de su género, en función
de imperativos políticos, legales, sociales y culturales. Lo verdaderamente
cierto es que en algunos momentos el Colegio Melchor Cano ocupó
un puesto de honor entre los colegios privados de enseñanza media
de toda la geografía nacional.
En mi apreciación personal la clave de su acreditada labor estaba
en que religiosos, seglares y personal de servicios participaban de una
comunidad de esfuerzos, ideales y sentimientos que siempre han estado
por encima de la mera relación laboral de prestación de
un trabajo a cambio de un salario, y no creo equivocarme si afirmo que
de esos mismos sentimientos participábamos los alumnos.
A lo largo de este epígrafe me veré obligado a citar algunos
nombres con el aparente olvido de otros. Pido disculpas si alguien puede
sentirse ofendido, pero la naturaleza de este acto no permite ser exhaustivo
y además siempre está latente el riesgo de lapsus mnemónicos
que dan traste con las mejores intenciones. Doy por sentado que desde
el director al último hermano lego de cualquier época, desde
el más antiguo al más moderno profesor o persona de servicios
auxiliares forma parte de ese engranaje humano que desde 1942 ha permitido
llegar a esta celebración.
Para empezar recordemos que la ley de 1945 obligaba a 240 días
lectivos (ahora apenas llegamos a los 180 días de clase), la única
media jornada era el sábado por la tarde, que se aprovechaba para
jugar al fútbol en al campo de deportes de Educación y Descanso,
ahora Centro Escénico de San Isidro. Después del fútbol,
algunos sábados, se permitía a los alumnos de los últimos
cursos de bachillerato ir en grupo a la parroquia a confesar.
La jornada escolar era partida, tres horas de mañana y tres de
tarde, con lo cual en primaria se daba una hora más que en la enseñanza
pública.
Los internos tenían estrictamente marcados los tiempos de recreos,
estudios y comidas, de tal manera que no necesitaban entrenamiento en
hábitos de estudio. En el comedor se practicaba la buena costumbre
monástica de lecturas religiosas o morales por los mismos comensales,
que se turnaban a lo largo de la comida.
Con la generalización del cine el colegio adquirió un proyector
que se instaló en un aula que servía de capilla y de clase
de primaria de don José García Fraile. Aunque la moralidad
de las películas estaba más que contrastada, las escenas
de besos se censuraban con un alumno que, preparado al efecto, colocaba
una tabla sobre el ósculo. La tabla era tan consustancial a las
sesiones de cine del colegio que cuando se intuía un beso los asistentes
a coro pedía “la tabla
.
En mi opinión personal el éxito académico del colegio
Melchor Cano estaba en la estabilidad del profesorado, en su dedicación,
en la motivación de las familias que enviaban a sus hijos, en la
competencia con el colegio Riánsares y el instituto Ruiz Jarabo
y en la evaluación externa, con los exámenes libres en el
instituto Cardenal Cisneros. Algunos profesores del citado instituto venían
los sábados por la mañana y pasaban por los distintos cursos
para comprobar la marcha de la enseñanza y hacer algunas tablas
de gimnasia. Recuerdo al profesor de geografía, con gruesas gafas,
que derrochaba buenas dosis de humor y pedagogía. En cierta ocasión
uno de mis condiscípulos empezó a decirle los afluentes
del Júcar cambiando la derecha por la izquierda, por haberse situado
mirando al río desde el mar, en ese momento el profesor lo detuvo
diciéndole: “los ríos son como las mujeres, hay que
llevarles la corriente”.
Cuando ahora los estudiantes se quejan de que tienen varios exámenes
en una semana me vienen a la memoria aquellos viajes en los destartalados
autobuses de don Toribio Narváez, sorteando las emes de Belinchón
y las cuestas de Fuentidueña y Villarejo para empezar los exámenes
a las nueve, ir a comer a la ribera del Manzanares, donde todavía
la gente se bañaba en el río, y completar por la tarde las
asignaturas que faltaban por examinar, para volver por la noche a Tarancón
con la ritual parada en la fuente de la cuesta de Perales.
La preparación para el examen de ingreso al bachillerato, con don
Pedro Ortiz de León, implicaba todo un curso con clases los sábados
por la tarde y domingos por la mañana, después de la misa
en el convento. Con el padre Jesús Díez, en primero de bachillerato,
las clases coincidían con la hora anterior al recreo y éste
pasó a ser, durante todo el curso, media hora más de clase,
que a veces podía ampliarse al terminar la jornada de mañana,
hasta la hora de comer los internos, y por la tarde hasta las siete que
comenzaba el estudio. El padre Jesús, sabedor de que los mayores
le quitaban el tabaco, cuando tenía que salir de clase nos obligaba
a cerrar por dentro con llave y nos daba una contraseña para que
no abriéramos a extraños.
Me gustaría saber cuantos de los presentes se han sentido traumatizados
por aquella violenta conculcación de nuestros sagrados derechos
de niños que hacían unos profesores (frailes o seglares)
cuya única obsesión era obligarnos a aprobar todas las asignaturas;
porque entonces lo extraño era que un alumno suspendiera alguna
materia, hoy día, en ESO y bachillerato, lo raro es encontrar un
acta con un alumno que haya aprobado todo, de hecho la valoración
global de las actas de evaluación se hace con una clasificación
dicotómica: alumnos que suspenden más de tres asignaturas
y alumnos que suspenden tres o menos asignaturas; siempre se habla de
alumnos más o menos suspensos, el alumno con todo aprobado ha pasado
a ser una especie en grave peligro de extinción.
A lo largo del curso no faltaban excursiones, actos religiosos extraordinarios
y algún entretenimiento a cargo de humoristas y magos ambulantes,
además de las competiciones de fútbol que adquirían
carácter épico cuando el rival era el colegio hermano de
Utiel.
Especial relevancia tenían los actos de Santo Tomás de Aquino
y los de final de curso. Santo Tomás (7 de marzo) se celebraba
con misa solemne en este mismo templo, actos literarios en el colegio
y libre paseo por el pueblo hasta la hora de comer. Los actos de final
de curso ya en pleno estío, una vez que habían finalizado
los exámenes de reválida, revestían gran solemnidad,
bien en el patio del colegio o en el desaparecido Teatro Cinema Alcázar;
a ellos se invitaban a las autoridades locales, provinciales y nacionales,
se hacía el reparto de diplomas, honores y distinciones, se leía
la memoria del curso y se terminaba con alguna película o representación
teatral. Como final del acto el alcalde, don Inocente Ballesteros, en
nombre de su excelencia el Jefe del Estado, declaraba cada año
clausurado el curso escolar. Especial relevancia tenía la cena
colegial de fin de curso que se celebraba en el patio de la Casa de Piedra
bajo los frondosos árboles centenarios. El año que falleció
Joaquín Blume, en el accidente de aviación de Laguna del
Marquesado, estaba previsto que asistiera a los actos de final de curso,
por la amistad que le unía con el director padre Antonio Guillén,
como homenaje se proyectó un documental sobre su trayectoria deportiva.
Las actividades del colegio se publicaban primeramente en un anuario que
abarcaba varios cursos, más tarde salía cada año
el “Eco del Colegio Melchor Cano” que al instalarse en Utiel
(Valencia) el Colegio Beato Gálvez se convirtió en “Ecos
de Nuestros Colegios”. Muchos recordareis algunos artículos
aparecidos en sus páginas sobre un enigmático padre Maximiliano
Kolbe, ahora en los altares por iniciativa de su paisano Juan Pablo II.
El principal deporte era el fútbol, a lo que contribuían
los éxitos europeos del Real Madrid que escuchábamos desde
la antesala del despacho del director, donde estaba el único aparato
de radio. Puesto que los más directos rivales del Madrid eran los
dos equipos de Milán no faltaban argumentos para tomarle el pelo
al padre Jaime Gurrado (italiano, como sabéis). Estos últimos
años y estos últimos días no podríamos hacer
lo mismo.
El primer director que conocí fue el padre Agustín Cisneros,
siempre tocado con su singular bonete (símbolo de su cargo) al
que parecía faltarle un apéndice. Era un hombre dinámico,
detallista, amable y muy cuidadoso de las relaciones sociales; con él
brotó fuerte y robusta la semilla que plantó el padre Castro.
Le sucedió el padre Juan Cebrián que era profesor de matemáticas,
callado, austero y comprensivo que acometió la tarea de legalizar
la propiedad, ampliar espacios y modernizar instalaciones. Cada uno de
los sucesivos directores ha aportado su infatigable trabajo y su peculiar
forma de ser para que el colegio respondiera en cada momento a las necesidades
que planteaban los alumnos, la sociedad de la que se nutría y a
la que estaban destinados esfuerzos. Uno de los directores que más
ardua labor ha realizado y que más ha comprometido al colegio y
a la orden con el entorno religioso, geográfico, social y cultural
ha sido el padre Bernardino Román con su larga trayectoria en Tarancón.
Una característica común a todos los directores y frailes
ha sido su acercamiento a los alumnos y a su problemática familiar
y social.
En el capítulo de seglares la enseñanza primaria era la
más firme base del colegio sostenida por don José, don Emiliano
y don Pedro, precedidos del parvulario que regentaran Mari Belmonte, alumna
de las primeras escuelas Antonianas, Mari Pepa y Maruja. En el bachillerato
de mis tiempos ocupaba lugar singular don José Nieto “el
físico”, en algún momento único seglar en este
nivel educativo, luego le acompañaron don Nicolás en matemáticas
y don Julio González-Laganá, en letras, el seglar de más
larga trayectoria como profesor del centro y más incardinado en
Tarancón, con el que he tenido ocasión de compartir infinidad
de actos culturales, antes y después de su jubilación, y
del que con hondo pesar, por su fallecimiento, publiqué algunos
artículos dedicados a glosar su buen hacer, su generosidad y la
buena memoria que en Tarancón ha dejado.
Dentro de los estudios de magisterio sería injusto no mencionar
a Eulalia Martínez Medrano que cesó como profesora del colegio
para ocupar la cátedra de Pedagogía de la escuela normal
de Huesca.
No es este el momento de glosar a todos y cada uno de quienes han hecho
historia en el centro, pero no quisiera pasar por alto a don Eladio Moya,
un auténtico todo terreno que llevaba la secretaría, daba
clases de dibujo y contabilidad, vigilaba los estudios y atendía,
en los recreos, la venta de material escolar; su frágil salud se
compensaba con una voluntad de hierro y una insuperable capacidad de servicio.
Que la semilla del Melchor Cano cayó en buena tierra lo prueban
alumnos que ingresaron en la orden, profesores del colegio que se formaron
en la Casa de Piedra y una pléyade de personas, de las más
diversas ocupaciones del ámbito laboral, extendida por toda la
geografía nacional.
Las anuales asambleas de antiguos alumnos, las reuniones restringidas
de algunas promociones y esta unión común que hoy hacemos
con la orden franciscana, para conmemorar su centenario en España,
son prueba evidente de que el paso por las aulas del colegio Melchor Cano
nos marcaron de una manera especial.
Personalmente debo dar las gracias, por la colaboración prestada,
para elaborar estas líneas, a Manuel Buendía Cruz, que conserva
buena parte de los Anales y Ecos, a los empleados del Registro de la Propiedad,
antiguos alumnos, que me han facilitado la documentación sobre
la problemática propiedad de la Casa de Piedra, a Carlos Tricio,
uno de los primeros alumnos de la Casa de Sevilla y a los actuales miembros
de la congregación en Tarancón que han puesto a mi disposición
el archivo histórico del centro y me honran con su amistad.
Para terminar, en nombre de todos los antiguos alumnos, presentes y ausentes
felicito a la orden franciscana de Menores Conventuales por sus cien años
de permanencia en la España contemporánea y le doy las gracias
por el bien que en todos los órdenes hemos recibido en nuestro
paso por este Colegio Melchor Cano.
Marino Poves Jiménez
Doctor en Pedagogía
De la Real Academia Conquense de Artes y Letras
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