HOMILÍA PRONUNCIADA POR EL CARDENAL-ARZOBISPO DE MADRID, MONSEÑOR ANTONIO Mª ROUCO VARELA, CON OCASIÓN DE LA CLAUSURA DEL CENTENERIO DE LA RESTAURACIÓN DE LA PRESENCIA DE LOS FRANCISCANOS CONVENTUALES EN ESPAÑA, TRAS SU EXPULSIÓN EN TIEMPOS DE FELIPE II, EN LA SANTA MISA CELEBRADA EN LA IGLESIA FRANCISCANA DE SANTA CLARA: Madrid, 6 noviembre 2005. Es un gozo poder celebrar aquí, en esta iglesia de Santa Clara, unida a la iglesia del Rosario, de Madrid, y al colegio que rigen y regentan y dirigen los Padres Franciscanos Conventuales, la clausura del primer Centenario su Restauración, de la restauración de la Orden en España. Nos acompañan el Vicario General de la Orden, el P. Provincial y muchos Padres venidos de toda España y algunos de fuera de España, por lo que me dicen, de Alemania, de Italia. No sabía yo que íbamos a poder concelebrar un grupo de sacerdotes, tan ilustre y tan rico de procedencias, de oficios y ministerios pastorales. Me alegro también de poder saludar a la Coral de la Basílica de Asís, de la iglesia conventual de Asís. Yo recuerdo todavía con emoción los días de la peregrinación de los jóvenes de Madrid, en año 2000, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud a Asís. Allí nos acogieron a los muchos, más de dos mil jóvenes de Madrid. Nos acogieron fraternalmente y nos permitieron vivir los días previos a aquella inolvidable jornada con Juan Pablo II, con la hondura cristiana propia del Poverello de Asís, y esa joven extraordinaria, que fue Clara, Santa Clara de Asís. Y me alegro también poder saludar a tantos feligreses y a tantas familias que en la Misa de los niños ya ha terminado, veo yo que sin embargo hay muchos niños con sus padres, etc., es un consuelo para mí . Y también veo yo que hay jóvenes mezclados en los bancos con la personas mayores. También saludo a los medios de comunicación social, que parece que tienen muchísimo interés en hacerse eco para toda España de la celebración de la clausura del primer Centenario de la Orden Franciscana Conventual. Sean bienvenidos también a esta celebración Eucarística. En esta Parroquia, pues, se da esa, esa..., bueno, y la celebración, hay que añadir, va unida a la memoria de los seis Mártires de la Orden, los primeros después de su Restauración en España, y yo creo que alumbraron su camino hasta hoy día, y la fecundaron con esa entrega generosa de sus vidas, que ha caracterizado siempre a los Franciscanos, como veremos después. En esta iglesia, en esta parroquia se da esa cita tan hermosa y tan fecunda de la familia cristiana, con la comunidad cristiana y con la escuela cristiana. Aquí, guiados por el espíritu de Francisco de Asís, se abre camino para todos los fieles y sobre todo, para los más jóvenes, el camino de la Sabiduría, de la que hablaba la primera lectura de la liturgia de la Palabra: la Sabiduría. Los mayores saben mucho de eso, o antes los sabían, al menos. En la Historia de casi todas las civilizaciones, y por supuesto, la Historia de la Civilización Cristiana , alta y avanzada edad y sabiduría iban unidas. La experiencia de la vida da sabiduría. La sabiduría nos es solamente fruto del conocimiento científico, del esfuerzo por desarrollar con los métodos que la ciencia iba descubriendo, y, desplegando a lo largo de los siglos, parcelas de la realidad, del mundo, el cosmos, la persona, el hombre. Es muy importante tener buenos conocimientos, saber mucho de las cosas, conocer la verdad en todos los aspectos de la vida. Que los niños sepan lo que es Madrid, lo que es España, lo que es Europa, lo que es el mundo. Que conozcan la Historia de la Iglesia. Que conozcan sobre todo la Historia de Jesús. Y que se conozcan a sí mismos. Porque en definitiva, la sabiduría tiene que ver con el conocimiento del hombre y de sí mismo, y, de su vida. San Francisco de Asís era un joven, que creía que había que había acertado con el conocimiento de sí mismo y con el sentido de la vida, cuando se dedicaba a pasarlo fantásticamente, según él. Divirtiéndose, dedicándose al negocio de sus padres, siendo un joven de aquella Italia, de los comienzos del Renacimiento. El Renacimiento es la época en la que Europa vuelve a descubrir la Roma pagana, la cultura pagana, espléndida por otro lado, del Imperio Romano y de la cultura griega. Era una vida, pues, como la de otros muchos jóvenes de hoy, ¿no?, y de siempre, porque la tentación de vivir la juventud, diríamos como, derrochándola, en la diversión, el placer, etc., pues siempre ha estado en el lado nuestro. Me dirán ustedes que habrá pasado ayer, en la noche de Madrid, con lo jóvenes, el botellón, etc, ¿no?. Yo vivo en un barrio donde muchísimos jóvenes, los viernes por la noche y sábados por la noche, me los encuentro cuando vuelvo a casa después de alguna visita como estoy haciendo hoy aquí, con esta parroquia con motivo de esta celebración de la clausura del primer Centenario de la Orden Franciscana Conventual en España. Pero Francisco de Asís descubrió un momento, que eso no era la Sabiduría. Esa fórmula de vida no llevaba a conocerse uno a sí mismo, y erradicarse ............... Detrás de la gran pregunta por la vida, está siempre la muerte. Un empresario es el que siempre sabe vivir, contando con que va a morir. El hombre sabio es aquel que responde a esa pregunta con una respuesta debida y definitiva. Responde al gran enigma de la muerte, que diría el Concilio Vaticano II, diciendo: “Ese enigma se ilumina en el misterio del Hijo de Dios hecho Hombre”. El misterio de su Pascua, de su muerte y de su resurrección. Después de Cristo, no hay enigma de la muerte. Después de Cristo no hay enigma de la infelicidad. Después de Cristo hay sólo claridad, y respuesta de vida, de felicidad y de gloria eternas. Por eso Francisco de Asís buscó en un momento determinado de su vida, Sabiduría. Y la encontró en Jesucristo. Y Jesucristo crucificado. Crucificado y resucitado por nuestra salvación. Y tal la encontró en Él, que toda su vida fue una identificación casi literal con la vida de Cristo. Y no solo con la vida del Jesucristo Niño, del Jesucristo de Nazaret, del Jesucristo de Belén, del Jesucristo de la vida pública, de la predicación del Reino, de los pobres y de los sencillos, sino también del Jesucristo de la Cruz. San Francisco fue un estigmatizado toda su vida. En su cuerpo se reprodujeron la llagas del Jesús Crucificado. Por otro lado, él vivió toda esa vida con una,..... rodeado de una tiernísima devoción a la Virgen. La Reina de los Ángeles. Fue..............? Había descubierto la Sabiduría.............? a la realización y logro de la Sabiduría. Y su vida fue siempre...................... Esa sabiduría es la que la Iglesia, siendo testigo de Jesucristo, la Orden Conventual , siendo fieles continuadores del carisma franciscano, han tratado de llevar a los hombres a lo largo y a lo ancho de toda la vida y de toda la historia, de todos los hombres y de todos los tiempos, hasta hoy mismo, hasta ahora mismo, hasta aquí mismo. Esa Sabiduría la alcanzaron los Hermanos Mártires de la Orden Conventual Franciscana , el año mil novecientos treinta y seis, en Granollers. También ellos comenzaron con la Orden, su historia de su presencia en España al lado de la Virgen y bajo la sombra de la Virgen de Montserrat. Una Virgen patrona de Cataluña, pero, una Virgen profundamente de toda España y de toda la devoción mariana de España, como tantas otras, como la de la Almudena de Madrid, cuya fiesta vamos a celebrar el miércoles, tan solemnemente con la Misa de la Plaza Mayor y la procesión hasta la Catedral de la Almudena y la ofrenda de flores de todos los jóvenes de Madrid a la Virgen. Y precedida de la vigilia de jóvenes en la Catedral, el día 9 por la noche, el día 8 por la noche. Y esa Sabiduría es a la que nos invita la celebración a ir hacia ella, adquirirla y a vivirla nos invita la celebración de este primer Centenario, de la clausura de este primer Centenario de la Orden Franciscana Conventual en España. Su vuelta a España fue también un signo de Sabiduría. Aun no habíamos perdido en España, por otro lado, en siglos de historia de España, de una gran riqueza espiritual y misionera, se une toda la riqueza de la familia franciscana y de la herencia franciscana y del carisma franciscano. Con esa Restauración lo hemos vuelto a recuperar. Hoy en España podemos decir, en todas las formas y fórmulas de vivir, la herencia franciscana están presentes, en sus parroquias, en sus colegios, en su apostolado, en sus obras de servicio a los pobres, en sus obras de educación a los niños y a los jóvenes. La familia franciscana está presente en plenitud en España, enriqueciendo así la forma y el modo de llevar a Jesucristo, y de llevar la Sabiduría de Cristo a las nuevas generaciones de todos los españoles. Estoy seguro de que esta celebración que estamos viviendo, y la estamos viviendo en ese gran sacramento de la Sabiduría, que es por excelencia el Sacramento de la Eucaristía, nos ayudará a, como decíamos en la oración de la colecta, a que el Señor nos proteja de todo mal, para que nuestro cuerpo y nuestro espíritu conozca cuál es su voluntad. En eso consiste la Sabiduría: Conocer la Voluntad del Señor que nos ama, que nos ha amado en Cristo hasta dar la vida por nosotros, y que nos invita a hacer lo mismo que Él. No somos ya, no somos abandonados a nuestras fuerzas, sino con Él, con su gracia, con su presencia, con su Eucaristía, con el Cuerpo y la Sangre que le vamos a ofrecer y vamos a repartir en comunión al finalizar la celebración, y por supuesto, con la compañía cercanísima de su Madre, que no nos deja. Y la de todos los Santos, que rodean y nos rodean en el camino de nuestra vida para que los recorramos también como ellos. En primerísimo lugar, San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís y los seis mártires de la Orden Conventual Franciscana de España. El Señor bendiga la presencia de ellos en España, por muchos años, por mucho tiempo y los enriquezca con muchas vocaciones que sirvan a la Iglesia en las doce Casas que tienen en España, como otros puntos del mundo, con el mismo celo, el mismo sentimiento de paz y bien propio de la familia franciscana, que lo haga aquí en esta parroquia, en este colegio y en este barrio de Madrid. Para que los niños y jóvenes de Madrid conozcan la verdadera Sabiduría , la vivan, y por ello vivan el camino de su vida, buscando y realizando la felicidad que da Dios y las promesas de felicidad que vienen del Evangelio. Que así sea. (Trascripción de Don Manuel Menéndez, parroquia Ntra. Sra. del Rosario) |
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