Minister Generalis Ordinis Fratrum Minorum Conventualium Piazza Ss. Apostoli, 51 — 00187 Roma (Italia) Tel. (06) 699.571 — Fax (06) 699.57.321 ![]()
Querido Ministro provincial y queridos hermanos de la Provincia “Nuestra Señora de Montserrat”: El Señor os conceda la paz. En nombre de toda la Orden, quiero unirme a vosotros en este momento tan entrañable y significativo para la fraternidad franciscana conventual de España y para toda nuestra familia religiosa. Han pasado cien años desde que se reanudó el camino de una historia plurisecular, con ingente riqueza de santidad, cultura, testimonio y servicio al Evangelio. Dejamos a los historiadores la tarea de releer de modo sereno y crítico las vicisitudes vividas por nuestra Orden en tierras de España, los avatares que la vieron nacer, crecer, ser suprimida y resurgir con nueva vitalidad. A nosotros, en este momento, nos corresponde dar gracias a Dios Padre por haber suscitado, hace un siglo, unos hermanos dispuestos a entregarse por completo a la labor de plantar de nuevo el carisma franciscano conventual en una sociedad y una Iglesia de las que había sido erradicado con la fuerza. Y darle gracias también por los frutos del Espíritu, esos frutos que Él ha hecho brotar de la pequeña semilla sembrada, con humildad y esperanza, en el terreno fecundo de Granollers. Para nosotros, recorrer ese siglo de historia supone hacer memoria del Amor de Dios, que se ha manifestado concretamente en una vida personal y fraterna arraigada con firmeza en el carisma franciscano conventual; en comunidades que han marcado y siguen marcando hoy la vida de los lugares en los que están presentes, anunciando y haciendo visible el Evangelio; en algunas figuras de hermanos, educadores, hombres de ciencia y testigos de caridad, que han dejado una profunda huella en el corazón de generaciones de cristianos que recibieron de ellos el estímulo y el aliento necesarios para descubrir y recorrer el camino de la Vida propuesto por el Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado, hallando en Él el sentido de la existencia y los valores humanos y espirituales que constituyen la base de opciones, tareas, relaciones interpersonales e itinerarios existenciales. La historia vivida a lo largo de estos cien años es, pues, una rica trayectoria, tanto en lo relativo a la profundidad de los valores humanos y espirituales como en lo que atañe a la intimidad de las personas, donde tiene su morada el Señor de la vida y de la historia. Se trata de un camino más admirable aún en virtud de la sangre de los mártires, los cuales, dando su vida por fidelidad al Evangelio, ofrecieron a todos la esperanza de un futuro de paz y fraternidad y nutrieron con una nueva savia espiritual la vitalidad del franciscanismo conventual en España, y no sólo ahí. Releer hoy la vuelta de la Orden a España significa descubrir la luz de la esperanza que, a partir de ese regreso, comenzó a iluminar el futuro de una familia religiosa pobre en medios y número de hermanos, como era la nuestra hace un siglo. Me atrevo a afirmar que la restauración de la vida franciscana conventual en España fue el punto de partida de la expansión misionera que caracterizaría luego la vida de la Orden y que continúa todavía hoy, con el compromiso y la colaboración de la Provincia de Nuestra Señora de Montserrat. Elevemos juntos, pues, nuestra alabanza agradecida a Dios Padre por todo lo que Él ha hecho en vosotros y –a través de vosotros y de vuestra comunión fraterna– en la Iglesia y la sociedad de vuestro país. Invoquemos todos juntos al Espíritu para que, desde la memoria de estos cien años, ilumine el futuro de vuestra Provincia y le indique el camino a seguir para crecer en santidad, en fidelidad al carisma de San Francisco y en el servicio humilde y gozoso al Evangelio y a los hermanos. Éste es el deseo fraterno y la oración que, junto con el Definitorio general y los hermanos de todo el mundo, quiero presentar –por vosotros y con vosotros– al Señor. Que Nuestra Señora de Montserrat, patrona de la Provincia, os guíe y acompañe con amor materno en los caminos de los hombres, tras las huellas de Jesucristo. En el camino de la vida y la historia, os acompañe y asista también nuestro Padre San Francisco, con su ejemplo, su enseñanza y su intercesión. Hago mías las palabras que él dirigió a fray León, para que el Señor os bendiga en las alegrías y os conforte en todos vuestros desvelos: El Señor os bendiga y os guarde; os muestre su rostro y tenga misericordia de vosotros. Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz. El Señor os bendiga, queridos hermanos.
Vuestro en San Francisco.
Fr. Joachim A. Giermek Ministro general
____________ Fr. Valentín Redondo Ministro provincial C/. El Greco, 16 (Batán) 28011 MADRID |
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