| CRÓNICA DE LA PEREGRINACIÓN FRANCISCANA 12-16 JULIO 2004 |
| Con motivo del Centenario de la Restauración de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales en España realizamos del 12 al 16 de julio a nivel nacional una peregrinación franciscana y también mariana, pues hemos visitado la ermita de la Virgen de la Vega, el santuario de Nuestra Señora de Montserrat, a quien tiene por titular la Provincia española de la Orden, y la basílica de la Virgen del Pilar. Ha organizado con gran acierto la peregrinación Fr. Luis Esteban Larra Lomas, y nuestro guía y responsable ha sido Fr. Juan Antonio Adánez; sin él, no hubiera sido igual. Se me ha encargado, inmerecidamente, hacer la crónica de la peregrinación. Creo que es imposible transmitir con palabras lo que hemos sentido y vivido durante estos cinco días de ‘Paz y Bien’, pero intentaré realizarlo lo mejor que me sea posible. Partimos de Madrid el lunes,12 de julio, de la parroquia de Santa Clara. Allí estaban, como siempre, despidiéndonos nuestros frailes, y nos dirigimos a Zaragoza. Nuestra primera visita fue al convento y la parroquia de San Francisco Javier, donde, como es habitual, nos acogieron con gran cariño, visitamos la casa, donde nos sentimos como en la nuestra, y el templo con su bonito retablo, hecho mediante pirografía. Por la tarde, teníamos reservada la capilla de la Virgen del Pilar para celebrar la Eucaristía, presidida por Fr. Juan Antonio y Fr. Patricio Cuesta, que se unió a la peregrinación, con tres personas más de la parroquia, para compañarnos durante todo el tiempo. Allí empezó la emoción: la Virgen, y esto ocurre sólo en algunas fechas, no tenía su manto ni la doble corona; estaba preciosa, quizá todos pensábamos ‘¿quién hubiera sido niño en esos momentos para que nos colocaran junto a Ella?’. Creo que todos, desde lo más hondo de nuestro corazón y en silencio, cantamos: "Cantad, cantad, himnos de honor y de alabanza, cantad, cantad, a la Virgen del Pilar...”. El martes, día 13, fuimos a Alcalá de la Selva (Teruel), donde llegaron los primeros frailes en 1904, aunque debido a las dificultades de toda índole en menos de un año se trasladaron a Granollers. El paisaje es maravilloso, celebramos nuestra Eucaristía en la ermita de la Virgen de la Vega, y digo nuestra porque sólo estábamos nosotros. La emoción iba subiendo de torno: allí llegaron nuestros primeros y audaces frailes, nos íbamos adentrando más en el objetivo de la peregrinación; al comienzo de la celebración se unieron Fr. Arsenio Utrillas y Fr. Pedro Esteban, frailes de Teruel. Las preces y la acción de gracias fueron espontáneas: cada uno expresamos lo que nos dictaba nuestro corazón; en el padrenuestro nos dimos las manos y la paz también fue muy emotiva. Dado que algunos frailes habían sido profesores de los hijos de algunos de los allí presentes, estos les dieron las gracias por la forma de educarles y conducirles. Subimos al camarín de la Virgen a besarla y nos hicimos la correspondiente foto de grupo. El miércoles 14 fuimos a Barcelona, donde por la tarde nos esperaba Fr. Sergio Barredo en el convento para darnos unas explicaciones sobre la Restauración de la Orden en España. Visitamos la casa en la que, ni qué decir tiene, fuimos muy bien acogidos y celebramos la Eucaristía, a su hora habitual, las 8 de la tarde: tomamos su cancionero y todos los cantos fueron franciscanos, terminamos con el canto ‘Padre Bueno’. Al finalizar la celebración contemplamos las magníficas vidrieras, con gran significado, y el Sagrario. En una de las vidrieras está representado el ‘Cántico de las Criaturas’. La capilla está llena de encanto, invita a la oración y al recogimiento, y por último Fr. Sergio nos regaló unas postales preciosas. El jueves 15 nos dirigimos a Granollers, considerado el "Rivotorto" español, por ser el primer convento franciscano después de la Restauración de la Orden, tras su fundación en 1905. Nos esperaba Fr. Santos Játiva, que nos mostró un video sobre la exposición con motivo también del Centenario. Fue muy ameno explicándolo todo, vimos la exposición y vivimos momentos entrañables contemplando las numerosas fotografías con rostros conocidos; algunos no están ya entre nosotros, pero si en nuestro corazón. Visitamos la casa y celebramos la Eucaristía; también fue íntima, estuvimos todos en el altar y de nuevo abrimos nuestro corazón en las preces y en la acción de gracias: estos momentos no se pueden expresar con palabras, sólo sentirlos. La iglesia es muy bonita, hay un cuadro de los mártires Alfonso López y compañeros, cuyo tamaño es cuatro veces al del nuestro, y están arreglando una capilla para dedicarla a ellos. El viernes 16, festividad de la Virgen del Carmen, nos levantamos con alegría y felicitamos a las nuestras, que eran cuatro, pero después vimos con nostalgia que se acercaba el final de nuestra peregrinación. Fuimos al santuario de la Virgen de Montserrat, al subir en el autocar, contemplamos por un lado las impresionantes montañas (dice la tradición que unos ángeles las esculpieron para hacer un trono a la Virgen) y por el otro el valle: allí se elevaba el Espíritu y veíamos con más intensidad la obra de Dios. Es imposible que tanta maravilla haya sido hecha por la mano humana. Nos invitaba a cantar: “Cantad a Dios en todo el universo; cuanto respira, que bendiga a Dios". Asistimos a la misa conventual a las 12 de la mañana. Nuestros frailes, Fr. Juan Antonio y Fr. Patricio, concelebraron con el alba de los monjes benedictinos, vivimos intensamente la celebración de la Eucaristía, nos sobrecogió e impresionó esa liturgia tan pura y los cantos, y nos emocionó oír que nos recordaban en la oración de los fieles pidiendo por un grupo de franciscanos que ibamos en peregrinación. Continuamos nuestro viaje y al llegar a Zaragoza se quedaron Fr. Patricio (a quien agradecemos vivamente que haya estado a nuestro lado, su buen hacer, sus explicaciones y su ejemplo) y Charo, sobrino de uno de los mártires, mañica de pro, y tres palentinas, y nos despedimos pensando que si Dios quiere nos reuniremos de nuevo en la peregrinación a Asís del próximo año. Por la tarde, Juan Antonio nos ofreció el micrófono para que libremente expresásemos cada uno nuestros sentimientos y muchos lo hicimos: creo que el sentir general ha sido acción de gracias a Dios por amarnos tanto; a Luis Esteban, porque la organización ha sido impecable; a Juan Antonio, alma de la peregrinación, que ha compartido con nosotros su juventud y su alegría (la crónica lúdica la hará otro peregrino y no dudamos que muy acertadamente), sus conocimientos, y lo ha hecho con su gran elocuencia y objetividad (nos decía que en todo momento había que introducirse en el contexto, y si nos salíamos de él, pasaba a ser un pretexto), su espiritualidad, su forma de celebrar las Eucaristias y las homilías. Durante nuestro diario caminar en el autocar hemos orado con los salmos y oraciones, que previamente había preparado, los más indicados para cada momento y lugar: primero, en silencio, pensábamos lo que ibamos a hacer y después pausadamente recitábamos los salmos o las oraciones adentrándonos en lo que decíamos, y después el que quería expresaba verbalmente las frases que más le habían impactado; de verdad que nos han llegado muy dentro. Y por último, gracias mutuamente a todos nosotros, porque hemos sabido acogernos y ayudarnos en todo momento. Creemos que estos días de peregrinación nos han ayudado a sentirnos aún más entusiastas seguidores de Francisco de Asís y a crecer en el amor y en el servicio. Una persona dijo que ¡ojalá! que fuésemos capaces de ver, como Francisco, en cada criatura un don de Dios. Que todo esto nos ayude en nuestro diario caminar. Después de las vacaciones todos empezaremos un nuevo curso parroquial: que lo hagamos con nuevos brios y los que pertenecemos a Santa Clara y Ntra. Sra. del Rosario de Madrid, que afrontemos con espíritu de fraternidad y de servicio los cambios que nos va a deparar. Como anécdota, cuando ya nuestro trayecto estaba llegando a su fin, nos sorprendió una intensa lluvia y decíamos que el cielo se quería unir a nuestro sentimiento por tener que separarnos. He intentado transmitir, como dije al principio, nuestros comunes sentimientos y vivencias. De nuevo, gracias a todos y mis mejores deseos de PAZ y BIEN. Maruja de la Fuente (Madrid-Rosario) TESTIMONIOS DE LA PEREGRINACIÓN Hola, me dicen los franciscanos que escriba una memoria espiritual sobre la peregrinación. Pues bien, no sé realmente por dónde empezar... Diré algo de lo que sentí aquellos días cuando mi fe estaba "de capa caída", como suele decirse, por diferentes detalles que vengo observando entre los fieles, más bien que entre los sacerdotes de nuestra comunidad. Y mira por dónde, se presentaba la oportunidad de disfrutar de unos días de peregrinación. Cosa de San Francisco, nuestro guía, y de los organizadores, Juan Antonio y Luis Esteban, y demás frailes que nos acompañaron en el camino. Para mí, a parte de todas las visitas que hemos realizado a iglesias, monasterios y monumentos, todos preciosos por cierto, lo más importante y entrañable han sido las eucaristías y homilías que nos han preparado. Con ellas se le ha dado una auténtica inyección de oxígeno a mi fe, siempre acompañada de María, presente en cada una de las oraciones. Quizá fueron estos momentos junto a nuestra Virgen los más emotivos, haciéndome recordar a todos mis seres queridos, los que están junto a mí y los que ya me acompañan desde el cielo. Sin duda, me hubiera gustado compartir ese momento con ellos. Y, cómo no, en esos días reflexivos pude también tener presentes a todos los amigos enfermos. Podría sacar conclusiones de cada uno de los minutos vivídos cerca de los demás peregrinos durante esos días, pero eso aburriría. Lo que importa es que se pongan en práctica todas las vivencias y reflexiones que surgieron, repercutiendo positivamente en nuestras familias y nuestra comunidad. Paz y Bien a todos. Esperanza Mesas Molina (Madrid-Rosario)
Voy a relatar mi vivencia sobre una reciente Peregrinación (con mayúsculas) que hemos tenido con motivo del Centenario de la Restauración de la Orden de los Franciscanos Conventuales en España, del 12 al 16 de julio de 2004. Ya desde la salida de Madrid-Santa Clara presentí que iba a ser algo muy especial, pues la despedida de nuestros frailes, tan entrañable, ya me llegó al corazón. Emprendimos el viaje, llenos de júbilo, nunca mejor dicho pues era una peregrinación jubilar. El responsable del viaje, nuestro muy querido Juan Antonio, nos hizo en todo momento sentirnos felices, lo mismo cuando orábamos, que era una oración profunda y sentida, como cuando nos contaba con su gran cultura la historia franciscana siempre amena e interesante. En ningún momento de este largo peregrinaje decayó la juventud, la alegría y el bien saber, hacer y estar con este grupo que eramos bastante adultos. Supo adaptarse a todos nosotros, siempre con su sincera sonrisa y alegría: así ha sido siempre durante las largas horas de autocar, que nunca se han hecho pesadas ni aburridas. No puedo dejar de reseñar al conductor que llevábamos, pues es un muchaho excelente, tanto profesional como personal. Luego pasamos a visitar nuestros conventos en las diferentes ciudades. La acogida que nos han hecho en todos los lugares franciscanos ha sido fabulosa, yo me he sentido como en mi casa; también es verdad que a casi todos los conocía, pero ¡majos! tenéis algo muy especial (que tonterías digo, tenéis impregnados vuestros corazones del espíritu franciscano). Nuestra primera parada fue en mi querida Pilarica, donde se celebró la primera Eucaristía, dirigida por nuestros frailes. Esta ha sido una de mis primeras emociones, vernos unidos la familia franciscana con nuestra Madre en este maravilloso marco del Pilar. Como no quiero alargarme mucho, no voy a enumerar sitio por sitio, pero no puedo pasar por alto Alcalá de la Selva, donde ya la subida hasta el santuario me iba ensanchando el corazón. Al llegar a Nuestra Sra. de la Vega me llené de optimismo, era mi Madre que me miraba con amor; luego vino la Eucaristía, que por ser sólo para nosotros fue como muy vivida, muy entrañable, muy especial y muy espiritual; fue como una gota de savia para seguir con Espíritu abierto nuestra peregrinación. No puedo por menos que hablar de Granollers, que también me ha dejado huella, me he sentido llena del Espíritu Santo, en una palabra, gozosa; he disfrutado con la Eucaristía, celebración jubilar, sin dejar de lado la exposición, que fue muy interesante. Por fin llega la culminación de esta peregrinación, nada más ni nada menos que a Montserrat. Ya según se ascendía la emoción de tanta belleza juntas me dejaban sin sentido, el corazón latía con más fuerza, los oídos estallaban y la vista se nubló; no exagero, esa era mi sensación. Al llegar arriba y ver esas montañas tan maravillosas, que se ve y se palpa claramente que es obra de Dios, todo esto me sobrecoge, me veo tan poca cosa en medio de esta grandeza, no soy nada. En el autocar nos contó Juan Antonio una historia que muy bién podría ser verdad: que Dios envió desde el cielo una brigada de ángeles para que se esmerasen en hacer una digna morada para la Virgen, y los ángeles a punta de cuchillo, golpe de sierra y de serrucho, llegaron a hacer este encaje de las montañas, enmarcado por el cielo azul de Monserrat; efectivamente, quedó digno para nuestra Madre. Ahora nos queda vivir la Eucaristía, que para mí fue muy emocionante: en primer lugar ver a Juan Antonio y a Patricio, mezclados en el altar mayor con todos los monjes benedictinos, no se por qué, pero me emocionó muchísimo. En esta Eucaristía vibré de gozo, me he sentido tocada por el Señor en muchos momentos de la peregrinación, pero como en este lugar en ninguno. Perdonarme si me he alargado mucho, pero es que es mucho lo que he sentido y he vivido con todos vosotros, y con todos los que hemos tomado parte de esta grandiosa peregrinación. Y os doy las gracias por lo bien que nos lo habéis hecho pasar a vuestro lado. Josefina de León Jimenez (Madrid-Rosario)
He sido un poco egoísta,
porque he pensado que estaba, como los apóstoles, en el Tabor:
tranquila, feliz, relajada, alegre, me habría quedado, no digo
para siempre, pero sí una temporadita con todos los que habíamos
participado, tanto seglares como frailes. A todos tengo que deciros que
me he sentido franciscana. Se ha dejado traslucir en todo momento la semilla franciscana de Paz y Bien en el Centenario de la Restauración de la Orden en España. Salmos para meditar e introducirnos en vivencia cristiana. Eucaristías muy participadas y con emoción especial todas ellas: Zaragoza, santuario de la Virgen de la Vega, Barcelona, Granollers y, finalmente, Montserrat. Acogida verdaderamente excepcional en todas y cada una de las casas franciscanas visitadas, cuyo recuerdo dificilmente será olvidado. Mil gracias por cuanto hemos recibido todos y cada uno de nosotros, peregrinos. Francisco Heras (Madrid-Santa Clara) Tuve la suerte y el privilegio de compartir esta entrañable peregrinación franciscana con motivo del 100 aniversario. Vivimos momentos únicos en la historia de nuestra vida, compartimos alegría, oración y sentimientos. Hoy me quedo con el recuerdo de la Misa en El Pilar. Madre, te pedí por tantas personas. Allí hay un fervor muy especial y yo te ví como una reina. No tenías manto ese día, pero estabas radiante con tu espléndida corona de piedras preciosas. Me dije ‘eso no es nada para lo que merece la Madre de Dios, que además, y porque Él quiso, es también Madre de todos los hombres’. Mª Carmen Lacalle (Madrid-Santa Clara)
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