RESEÑA DE LOS FRANCISCANOS CONVENTUALES EN COLOMBIA
Acogiendo los signos de los tiempos y la llamada del Concilio Vaticano II a la renovación de la vida religiosa, nuestra Orden inicia en los años setenta un camino de renovación, para poder responder a los nuevos y constantes desafíos y exigencias de la humanidad. Cuando comienza la presencia e implantación de la Orden en Colombia (1977), se llega allí no sólo con el "espíritu renovado" a la luz del Vaticano II; también se asumen los retos eclesiales y sociales presentes en el documento de Medellín, referidos a la realidad latinoamericana. Esos objetivos se respetaron y se llevaron adelante, implantando en Colombia un estilo renovado de vida religiosa y, al mismo tiempo, fiel a la tradición de nuestra Orden. Así lo demuestran las presencias y los campos de acción elegidos por los hermanos a lo largo de estos veinticinco años.
a. Preferencia por los pobres Desde los mismos inicios de la presencia de la Orden en Colombia, los religiosos tenían muy clara su opción preferencial y solidaria por los pobres. Asumiendo una parroquia marginal en la ciudad de Medellín (Villatina), comenzaron a acompañar y animar a una comunidad agobiada por el peso de la pobreza y las dificultades, una comunidad sedienta de pastores que le anunciasen la palabra de Dios y, sobre todo, que la acompañasen en su duro camino cotidiano.
Francisco de Asís quería que sus hermanos fuesen testigos del Evangelio de Jesucristo con su propia vida, más que con las palabras. Compartir día a día las dificultades de los más necesitados, con una cercanía fraterna y servicial, ha hecho que la presencia de los Hermanos Menores Conventuales en Colombia no sea simplemente formal y jurídica, sino un testimonio auténtico de la alegría, la paz y el bien del Evangelio, vivido con generosidad junto a los que estamos llamados a acompañar en la fe, la esperanza y el amor. Los hermanos nunca han escatimado fuerzas y ánimos para ser "menores entre los menores" y compartir así las angustias y las esperanzas de nuestro pueblo.
c. La formación Con vistas a la implantación de la Orden en Colombia, la formación ha sido siempre una de las grandes preocupaciones. Partiendo de unos comienzos difíciles (inexperiencia, escasez de formadores, falta de instalaciones adecuadas, etc.), el trabajo formativo se iría consolidando paulatinamente, para empezar a construir así los fundamentos sólidos de la presencia franciscana conventual en Colombia. Dios nos sigue dando hermanos, como se los dio a Francisco. Esos nuevos candidatos que llaman a nuestras puertas, además de ser don de Dios. constituyen también un reto y una llamada a renovarnos en el Espíritu. El tesoro del carisma franciscano no es una propiedad exclusiva nuestra; es una opción de vida que se expresa, según el ejemplo de Francisco, en la entrega y el servicio al Señor y a los demás. En la no fácil tarea de acompañar en la fe y la fidelidad al carisma recibido, los frailes prestan su humilde servicio a distintas familias religiosas, sobre todo franciscanas, las cuales, junto a nosotros y con nosotros, quieren permanecer firmes en la opción realizada, para vivir más y mejor la espiritualidad franciscana, como auténtico regalo de Dios a los hijos e hijas del "pobre de Asís" y, a través de ellos, a todos los hombres y mujeres.
e. Misiones populares El deseo de compartir la fe ha llevado a los religiosos de Colombia a no ser egoístas con los dones que el Señor, en su infinito amor, les ha regalado. Por eso, desde los inicios, se ha tenido clara conciencia de que la fe es para compartirla, sobre todo con quienes, por diversas circunstancias, no pueden gozar del acompañamiento o guía espiritual de un sacerdote. Desde el comienzo de la formación, el joven se habitúa ya a esa presencia testimonial y misionera en los periodos más significativos del año (Semana Santa, Navidad, vacaciones, etc.), a través de las denominadas "misiones populares", que pueden ser de carácter urbano (en la ciudad, los colegios, los barrios) o rural (pueblos lejanos, corregimientos, veredas). Ante todo, se intenta compartir con la gente humilde y sencilla la Buena Noticia de la salvación, con un solo propósito: crecer como hermanos e hijos de Dios.
f. Compromiso con la justicia, la paz y la salvaguarda de la creación Los religiosos franciscanos, siguiendo el ejemplo de San Francisco, conocido y venerado por tanta gente en el mundo como símbolo de paz, de reconciliación y de fraternidad, queremos ser en el mundo verdaderos constructores y anunciadores de paz y queremos caminar al lado de los excluidos y los más desfavorecidos de nuestras sociedades. Convencidos de nuestro compromiso como consagrados, con la Iglesia, la sociedad y
Fr. ANTONIO JOSÉ QUICENO, OFMConv
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