Cuatro son las campanas de la torre parroquial de
Escalonilla. No son como
la campana "gorda" de Toledo, que tiene tres metros de diámetro, pesa
18.400 Kilos y es del siglo XVI. Ni como
la más grande del mundo, la Tzar kolokol (campana
del emperador) de Moscú, fundida en 1733, que pesa casi 200 toneladas y mide
cerca de seis metros de diámetro, si bien le falta un trozo de 11 toneladas.
Las campanas de Escalonilla no se caracterizan por esas dimensiones
espectaculares, pero han ejercido una función religiosa y social a lo largo
del tiempo que merece ser tenida en cuenta. Incluso hoy día, las campanas son
un verdadero medio de comunicación, que forma parte de la vida del pueblo. Una
conocida inscripción latina, que llevaban muchas campanas, lo dice con
concisión y belleza:
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Laudo Deum verum, plebem voco, congrego clerum. Defunctos ploro, nimbum fugo, festas decoro. |
Podríamos traducir así: Alabo al Dios verdadero, convoco al pueblo,
congrego al clero. Lloro a los difuntos, ahuyento las
tempestades, solemnizo las fiestas. En efecto, las campanas de Escalonilla
han llamado constantemente a la oración cristiana. Por la forma de su toque se
sabía si era una misa solemne o la novena de uno u otro santo, si era la
víspera de una fiesta importante o el comienzo de una procesión, si era la hora
del angelus o la última oración del
día. Las campanas han servido y sirven para comunicar la tristeza y el vacío de
la muerte, en otro tiempo diferenciando injustamente entre ricos y pobres, hoy
llorando a todos por igual. ¿Por quién doblan las campanas?, nos preguntamos.
O, ¿por quién dan las "campanás"? Con más fuerza, si cabe, han
cantado la gloria de Dios, quien hace posible un cielo y una tierra nueva en
los que habiten la paz y la justicia para siempre. También las catástrofes
naturales, casi siempre incendios, se avisaban y se avisan con su toque
acelerado. Y, durante mucho tiempo, también tuvieron una función política.
Basta con recordar que repicaron cuando se juró la Constitución de 1812, o que
se convocaba para la elección del gobierno municipal “a campana tañida”.
Las campanas son de bronce, una aleación del 78% de
cobre y 22% de estaño. A veces pueden tener algo de cinc y plomo, pero esto
empeora su calidad. Ni siquiera los metales preciosos, como se creía, parecen mejorar su sonido.
El badajo es de hierro forjado.
El mismo hecho de la fundición de una campana
constituía un acontecimiento social. Era una operación muy delicada. Se debía
cuidar esmeradamente desde la preparación del molde hasta los últimos retoques,
pues de ello dependía la calidad de su sonoridad. Por eso, la fabricación de
una campana ha sido siempre obra de artesanos altamente especializados.
habitualmente su confección tenía lugar en la localidad que la iba a usar. No
fue así en el caso que vamos a referir
respecto de nuestro pueblo, lo que trajo oscuras consecuencias.
Veamos. En noviembre de 1773 se presentó en
Escalonilla Martín Güemes, maestro campanero, residente en Madrid. Con él se
acordó que de una campana de Escalonilla, que estaba quebrada, fundiría una
nueva en la villa de El Carpio, donde iba a fundir dos más, de esta última
población, y que estaría hecha y puesta en nuestra torre antes del 25 de marzo
de 1774.
Según los testimonios procedentes de Escalonilla,
las dos de El Carpio salieron defectuosas, la de Escalonilla, correcta. Pero
los de El Carpio la cogieron para sí y la colocaron en su torre. Afirmaban,
también, que en el mes de mayo de 1774 se había presentado el campanero a
cobrar la campana que había hecho para Escalonilla, no en El Carpio sino en
Madrid; luego debía estar ya en uso. Esta campana pesaba casi 29 arrobas (la
que habían entregado, 22). El cura, don Bernardo Sobrón, se quejaba de que
sonaba como si fuera sólo de diez arrobas y de que, al haber sido fundida en
Madrid, no se sabía la calidad de su metal. Es más, otros testigos decían
claramente que era de mala calidad porque siendo su pesó, mayor sonaba
menos que la anterior.
El 22 de agosto de
1774, el campanero declaró ante las autoridades de Escalonilla que en la
campana que había fundido en El Carpio había puesto, esta inscripción: “Jesús, María y José. Año de 1773”. Asimismo,
manifestó que los de El
Carpio “se quedaron con la señalada para
este pueblo que no quisieron, ni permitieron, ni consintieron sacar, quedándose con ella
en poder absoluto”.
Las cosas no debían ser tan claras. En El Carpio
pretendían una cabeza de campana que decían estaba en manos escalonilleras. Y,
lo que es más concluyente, el 3 de septiembre de 1774, el arzobispado de
Toledo dictaminaba un auto en el que se lee:
“Habiendo
visto los autos, mandó su merced, que para mejor probeer, el Mayordomo de
Fábrica de la Parroquial del lugar de Escalonilla, presente la licencia y
facultad con que debió proceder para la fundición de la campana que se hizo en
la villa del Carpio, admitió la fundida posteriormente en Madrid, siendo así
que la del Carpio que salió perfecta, reconoció ser la destinada para su
Yglesia, y por lo mismo abra la pide; y la con que ha puesto y sigue esta
demanda. Y así lo cumpla dentro de seis días, con apercibimiento que no lo
haciendose procederá a desestimarla y a las demás declaraciones que ala lugar
derecho”. (Archivo Diocesano de
Toledo, Reparación de Templos, Leg. 4°-, Exp. 49).
La realidad es que todavía hoy suena la campana que
Martín de Güemes fundió en Madrid en 1774. Por los libros de Visitas de la
Parroquia, sabemos que el cura del pueblo costeó los trámites seguidos en el
Arzobispado de Toledo. Fueron 135 reales y 18 maravedíes, pagados el 3 de
agosto de 1776. La cuestión que traemos entre manos no queda nada clara. El
Visitador eclesiástico dé 1777 dejó escrito en nuestra Parroquia que se abonase
a Don Bernardo Sobrón los gastos hechos en Toledo por este y otros motivos,
pero “deduciendo primero ciento sesenta
y cinco reales, que debe responder a esta Yglesia el mencionado cura, los ciento
sesenta en por sí, y sin intervención del Mayordomo ni otra persona alguna
(clara alusión a un modo despótico de usar los bienes de la Parroquia) vendió
el yerro viejo de una cabeza de campana a Martín de Hüemes, maestro campanero,
como consta de la papeleta que firmó en veinte y nueve de diciembre de mil
setecientos setenta y cuatro, que queda cosida al principio de este libro, de
quien los, debió cobrar; y los cinco reales restantes por el valor de la madera
vieja de dicha cabeza de campana que quemó en su casa, dicho cura, y heran los
mismos que estaba dando por ella un vecino de este lugar, según se ha
evidenciado”.
Dejemos estas
historias, para recordar las cuatro campanas que alberga la torre parroquial:
LADO NORTE DE LA TORRE:
Tiene esta
inscripción: “Jesús María y Joseph. Santa
Bárbara. Año 1769". Es la más antigua y pequeña de nuestras campanas,
por eso popularmente se la llama "campanillo".
Su diámetro es de 48 cm y su altura
de 42. Su cabeza es muy posterior, toda metálica.
LADO SUR DE LA TORRE:
Aquí está la llamada "campana
gorda". Ésta lleva las siguientes inscripciones:
1.-
“En 1861 Escalonilla. Santa María
Magdalena. Ora pro nobis” (Ruega por nosotros). Nos dice claramente el año
de su factura: 1861.
2,-
“Siendo cura propio Don Máximo Pérez y
Mayordomo de Fábrica Don Lázaro Alonso Díaz”. Fueron los que en 1861
encargaron su realización.
3.-
“1920”. Está pintada en la parte más
alta de su cabeza y parece hablar de una restauración efectuada en ese año.
4.-
“1991. J.F. - F.L.”. Inscripción situada en el reforzamiento metálico que
se le puso en ese año por J. F. (Jesús Fernández-Gallardo) y F. L. (Francisco
López), después de bajarla de la torre y prepararla para que pudiera ser
volteada de nuevo. Pudieron comprobar que su peso es de más de 500 Kilos.
Tiene 90 cm de diámetro y V64 m. de
altura total.
LADO ESTE DE LA TORRE:
Su inscripción reza: “Santa María. Ora pro nobis. Año de 1850”. Está
quebrada. Tiene 62 cm de diámetro y l,10m de altura. ¡Ojalá alguien se acuerde
de ella!, sin que sea peor el remedio que la enfermedad.
LADO OESTE DE LA TORRE:
Es la que vino de Madrid en 1774,
obra de Martín Güemes. Porta esta inscripción: “Jesús María y Joseph. Misericordias Domini in eternun cantabo. A.D.
1774”. Junto con los nombres de la Sagrada Familia de Nazaret, la leyenda
más hermosa: Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Tiene 80 cm de diámetro y V45 de
altura total. Su yugo necesita inminentemente reparación. Si hacemos caso a la
documentación aquí analizada, pesa algo más de 300 Kilos. Ésta y la
"gorda" son las que suenan cada día en nuestro pueblo.
Otras dos
campanas, de tamaño reducido, se encuentran en el ámbito parroquial de
Escalonilla.
Una está en la Ermita de la Virgen de la Soledad.
Lleva inscrito lo siguiente: “Virgo
solitudinis, ora pro nobis. Año 1769” (Virgen de la Soledad, ruega por nosotros).
Eran los días de la gran remodelación de la Ermita. Es fácil imaginar que sea
del mismo maestro campanero que el "campanillo", por ser las dos del
mismo año.
La otra se colocó, en 1992, en la
Ermita de la Virgen de la Estrella (presbiterio de lo que era hasta los años
60) cuando estaba siendo restaurada por la empresa Garlopilo Construcciones
S.L., quien la donó después de haberla encontrado en unos derribos foráneos.
Han
sido significativas, han expresado sentimientos profundos, han servido a
nuestros antepasados y, sin desfallecer, nos sirven a nosotros. Son: las
campanas de Escalonilla.
fr. Gonzalo Fernández-Gallardo
J., ofm conv.
Escalonilla,
fiesta de San Maximiliano Kolbe, 14-08-1996
(Este texto fue publicado en el programa de las
Fiestas del Santísimo Cristo de la Cruz Acuestas de ese año 1996)
► Galería de fotos sobre la restauración de la
“campana gorda” en 1991.