IV. SIGLO XVIII
Apartados:
2.-
Devoción a San Germán: milagros y toros
3.-
Economía y sociedad (el Catastro de Ensenada y las “Relaciones de Lorenzana”)
4.- La industria textil: las estameñas
Después de haber visto, a grandes
rasgos, algunos hitos del siglo XVII, el Siglo de Oro, relativos a nuestro
pueblo, nos adentramos, ahora, en el siglo XVIII, el siglo del Neoclasicismo, de
la Ilustración, de las Luces. En él encontramos datos, hechos y personajes no
menos importantes que los anteriores y que nos dan a conocer el gran legado
histórico de Escalonilla. Comenzaremos estudiando la figura egregia de Don Juan
Alonso Maldonado.
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Es el único
escalonillero, que sepamos, que ha publicado un libro en siglos pasados y
que, además, ha dejado en él noticias, que de otra forma, hubieran
desaparecido de la memoria colectiva. Creo que sea de justicia reconocer la
labor de este hombre y su amor a Escalonilla. |
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D. Juan Alonso Maldonado nació el 20 de junio de 1670. Fue
bautizado por el licenciado D. José Pérez el 28 del mismo mes y año, con el
nombre de Juan Silberio (Libro IV de Bautismos, fol.89), y confirmado el 4 de
junio de 1675, junto con su hermano Fernando, por D. Luis Morales, obispo
auxiliar de Toledo. Era miembro de una de las familias ricas e influyentes de
Escalonilla y por eso pudo estudiar en el Colegio de santa Catalina, de la
antigua Universidad de Toledo. Sus padres fueron: D. Agustín Alonso Maldonado,
el capitán, y Catalina González, ambos vecinos de Escalonilla. Fue ordenado
sacerdote y ejerció su ministerio, al menos, en Torrijos. Además, fue
Comisario del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Toledo y titular
de Escalonilla. |
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Retrato de D. Juan A. Maldonado Capilla de San Germán |
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San Germán
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Su devoción a San Germán es el hilo
conductor de los rasgos que nos han quedado de su vida y de su obra.
Es portador de una devoción colectiva y, a la vez, totalmente encarnada
en su propia persona. Solamente es necesario recordar el título de su
obra: San
Germán, obispo antisiodorense. Patrón del lugar de Escalonilla.
San Germán y Escalonilla íntimamente unidos. Todo el libro es una muestra
de su devoción al santo. Incluso ha dejado dentro de él un hermoso panegírico,
hecho según los cánones de la época (cap. 42). Pero además, tiene motivos
personales. Nos cuenta que, hallándose "en el reino de Valencia,
estando en las cercanías de un arroyo, mandó a un criado que me acompaña,
me alcanzase un poco de agua de él en un vaso; y por lograrlo con más
brevedad (que la madre del arroyo tenía más de cinco varas de profundidad)
quise arrimar el caballo, en donde estaba montado, a sus orillas; y
espantándose de un puente, que había en él, contiguo a el sitio donde
me hallaba, a el tiempo de querer apartarse con violencia, le faltó
tierra donde fijar los pies, y caimos juntos en lo profundo del arroyo;
y forcejeando sobre mí para levantarse, me ocultó entre su légamo, y
barro, siendo Dios servido, que ni el golpe, ni el arzón de la silla
con que bergueaba sobre mí, me hiciesen el más leve daño, siendo este
suceso en el propio día del Santo, a quien atribuyó mi devoción este
milagro". Otro evento
similar quedó reflejado en su testamento, y de éste en la partida de
defunción, de la que tomamos nota: "Así mismo mandó se celebre una Misa
cantada el día 7 de junio a el Sr. San Germán para siempre jamás en
hazimiento de gracias de haberme librado la majestad de nuestro Dios
milagrosamente de la repentina muerte de un rayo, cuyo milagro atribuyó mi
devoción a dicho Sr. San Germán". |
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Reconoce, también, la protección del Santo a
sus familiares, amigos y criados, a los que no deja de asignar milagros por
medio del Su obra, publicada en
Madrid en 1731, la dedicó al "Excmo. Sr. D. Manuel Gaspar Alonso Téllez
Girón Pacheco Gómez de Sandoval Aragón Mendoza Toledo y Velasco, Duque de
Uceda, Conde de Montalbán, Marqués de Menasalvas; Señor del estado de Gálvez
y Jumela; Tesorero perpetuo de las Reales Casas de la Moneda de Madrid;
Comendador Mayor de la Orden, y Caballería de Alcántara; Gentil-hombre de la
Cámara de su Magestad". En sus primeras páginas recoge dos sonetos de
alabanzas al autor: uno de Don Pedro Camino Velasco, y el otro de su amigo y
pariente, Don Joseph Manuel Dávila y Hoyos. La censura es de dos
franciscanos: fr. Joseph Tamayo y fr. Juan Aller. La licencia, fechada en
Madrid el 23 de noviembre de 1730, la concedió D. Miguel Gómez Escobar. En
total son XXI+292 páginas y la de "Protesta del autor".Santo. Este
inolvidable sacerdote escribe con un fin didáctico, catequético y parenético.
Quiere ofrecer una síntesis de la vida de San Germán para que su devoción
prenda o se afiance más en la gente de su pueblo o en cualquier lector. Con
este objetivo dio vida a los 49 capítulos de su obra, tanto los 35 dedicados
a la vida del Santo, como el resto a la descripción e historia de su pueblo
natal. Es admirable su esfuerzo por ajustarse a los más válidos criterios
históricos, intentando citar siempre las fuentes e incluso criticándolas
convenientemente, aunque sometido, también, a visiones propias de su momento,
como a la hora de dar la etimología de Escalonilla. Para los
datos históricos del pueblo pudo consultar documentos, algunos de los cuales
han desaparecido hoy. Así, en la pág 169, nos da cuenta de un libro
manuscrito del doctor Cipriano de la Cruz, cura de la parroquia, en el que se
hablaba, al menos, sobre la primitiva iglesia que hubo en nuestro pueblo.
Seguramente consultó el libro primero de defunciones, desaparecido también. |
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Los últimos capítulos son de indudable valor histórico.
Describe no sólo el lugar de Escalonilla, sino también los pueblos
circunvecinos, deteniéndose en algunos de ellos como Torrijos, Maqueda o la
Puebla de Montalbán, pero sobre todo en Toledo, la capital. Resumiendo, afirma
en la pág. 219: "Tiene en su entorno Escalonilla, a la corta distancia de
dos leguas, veinte y dos lugares (los cita en el margen), algunos de bastante
población, lo que califica la bondad, y la fertilidad, y situación, pues se
conservan en él tanto número de vecinos con lo que da de sí sus tierras".
Pero, no sólo la historia debía conocer
D. Juan, pues, cuando habla de enfermedades o heridas, lo hace con tal
precisión que suscita la sospecha de ser conocedor de la materia. ¿Cómo
explicar, de otro modo, la exposición que hace, por ejemplo, sobre el peligro
de las cuartanas de otoño, basándose en Hipócrates y en Pedro Miguel de
Heredia?
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D. Juan
Alonso Maldonado murió a los 75 años, el 10 de agosto de 1745, siendo enterrado
en la capilla de San Germán (así reza el acta de defunción que se encuentra
en los fols. 282-283 del Libro quinto de defunciones). Según había mandado en
el testamento que hizo el 30 de octubre de 1741 ante Diego de Salamanca,
escribano del pueblo, se celebró "misa cantada de cuerpo presente con
diácono y subdiácono y su ofrenda de fanega y media de trigo y una arroba de
vino y las demás ofrendas. Según costumbre fue acompañado su entierro con la
Cruz de la Parroquia y demás insignias de toda la hermandad del bendito San
Germán, como hermano que era. Y así mismo toda la cera de la cofradía del
Santísimo Cristo de la Sangre, como cofrade". Numerosos son los encargos
de Misas que dejó: al convento franciscano de Toledo y a los "descalzos de
S. Pedro"; "a los descalzos de nuestro padre San Francisco de la
villa de Santa Olalla (dejó) seis fanegas de trigo y seis de cebada", y
a la iglesia parroquial un cuadro de S. Pedro de Alcántara. Por todo ello, y
por algunas expresiones del libro, no parece exagerado atribuirle una
singular devoción a San Francisco y a su seguidor San Pedro de Alcántara, a
quien él mismo, calificó de "especialísima". Sus ornamentos los
donó para el uso exclusivo de la capilla de San Germán. Regaló a la iglesia
"un cuadro de nuestra Señora del Sagrario de cuerpo entero y un niño
Jesús de talla". Por albaceas, nombró: al Sr. Cura párroco (D. Juan
López Moreno), a D. Marcelino Palomo Guío y D. Miguel González, presbíteros,
y a Antonio Mayo y Miguel Palomo. No faltó en su testamento el dar, en el día
de su entierro, "limosnas a los pobres, seis fanegas de trigo en pan
cocido, o en dinero", y lo mismo en el cabo de año. |
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Son, éstos, algunos rasgos de la vida y obra
de este hombre ilustre de nuestro pasado, con la intención de no dejarle caer
en el olvido.
2.- Devoción
a San Germán: milagros y toros
El libro escrito por D. Juan Alonso
Maldonado representa el hito más significativo de la constante devoción de
Escalonilla a San Germán, como nota característica de nuestro caminar a los
largo de los siglos. Ya hemos visto cómo la primera cofradía, en su honor, se
fundó en 1490, y la gran devoción y milagros en el siglo XVI. Esa devoción
debió seguir durante todo el siglo siguiente, a pesar de haberse extinguido la
cofradía, pues, a instancia de D. Juan, se refundó, siendo aprobadas sus
constituciones en el Arzobispado de Toledo, el día 7 de febrero de 1715. En
Bula fechada el 5 de noviembre de 1727 y concedida por Benedicto XIV, se
otorgaban cinco jubileos plenarios perpetuos a los hermanos de la cofradía para
los siguientes días: 1 de enero, 14 de marzo, 3 de mayo, 31 de julio y 1 de
octubre, día de la traslación del Santo. A lo largo del siglo XIX tenemos
también testimonios de que, incluso en los pueblos vecinos, se tenía gran
devoción al Santo. Conservamos, a su
vez, la "Novena del glorioso San Germán, obispo antisiodorense y copatrono
de Escalonilla", compuesta por D. Máximo Pérez, cura párroco, en 1863. Y
de nuestro siglo XX sabemos que, hasta la guerra civil, era una gran fiesta
popular. Hoy está casi perdida. De hecho, se traslada al domingo más cercano,
celebrándose sólo la Misa y procesión. Un desafío a reconsiderar.
Pero volvamos al siglo XVIII. Don Juan
recoge en su libro 55 milagros obrados por mediación de San Germán en el primer
tercio de siglo, a sus devotos, en el pueblo y en lugares vecinos. La mayor
parte, 23, son curaciones de quebraduras; el resto otro tipo de curaciones,
incluso a animales, y signos de la protección de Dios por medio del Santo en
diversas circunstancias. Dejando a parte la interpretación de estos hechos,
pero respetando y valorando la profunda fe en la mano amorosa de Dios, nos
fijaremos, aunque sea brevemente, en el hecho de que un número respetable de
estos milagros, diez exactamente, son curaciones por cogida de toros.
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El día de San
Germán era una gran fiesta. La mejor manera, después de los actos religiosos,
para celebrarlo, era dar lugar a una corrida de toros. La afición debió ser
enorme. Don Juan nos refiere que, siendo alcalde Gregorio González, no
concedió licencia para la fiesta de toros y, al poco tiempo, sus bueyes
quedaron quebrados, al parecer, cosa muy rara. El alcalde hubo de dar
licencia y sus animales recobraron la salud. De aquí, Don Juan, parece
insinuar que, a pesar de haberlos prohibido Pío V, Gregorio XIII, Clemente
VIII y el concilio provincial de Toledo de 1565, era algo querido por el
Santo. Parece una lectura interesada de los hechos, pues a él debía gustarle
bastante la "fiesta". De todos modos, sabemos que no había corrida
todos los años. Dependía de quienes fuesen las autoridades del año y del
mayordomo de la fiesta, es decir, del dinero con el que se contase. |
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En 1709 fue Juan Rodríguez de el Casar,
vecino de Escalonilla, antes Julián Lope, otros en distintas ocasiones: todos,
tras graves cogidas, se vieron restablecidos en su salud de forma milagrosa
atribuida al santo de su devoción.
Como lugar para celebrar la fiesta
taurina se compraron y tomaron diversas casas para así poder formar el ruedo.
Quizá fuese el lugar que llamamos "plaza de arriba". En la plaza
tenían los abuelos de D. Juan una casa que se reservaron para poder hacer un
tablero y, de este modo, tener lugar preferente para la familia. Otro vestigio
de esa gran afición a la llamada "fiesta nacional".
3.- Economía
y sociedad (el Catastro de Ensenada y las “Relaciones de Lorenzana)
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Marqués de Ensenada |
En el Archivo Histórico
Provincial de Toledo se conservan los numerosos legajos del Catastro de
Ensenada. Es un conjunto de datos, recogidos por todos los pueblos de los
antiguos reinos de Castilla y León, con la pretensión de unificar los
diversos impuestos entonces existentes. Una de las tareas a realizar era dar
respuesta a las 40 preguntas de un interrogatorio impreso. De ahí, sobre
todo, extraemos las siguientes pinceladas de aquel momento histórico. |
Para confeccionar las respuestas al interrogatorio
se reunieron el 4 de mayo de 1752, D. Hermenegildo Triguero, subdelegado de la
Intendencia general de Toledo, Don Francisco Lucio y Almazán, cura párroco,
Pedro Alonso Maldonado, Francisco Salamanca, José Félix Gómez, Patricio Palomo
Guío y Juan Antonio Salamanca, alcalde, regidores, síndico general y escribano
del ayuntamiento, respectivamente. A ellos se unieron los siguientes
"peritos": Agustín Alonso Zazo, Juan Duro, Antonio Maio y Gregorio
Alía. Todos bajo juramento de decir verdad.
Escalonilla seguía siendo un lugar de realengo y su
jurisdicción de la ciudad de Toledo, la cual no percibía derecho alguno por esa
razón. La extensión del término municipal era, más o menos, de media legua de
norte a sur y de este a oeste y de dos leguas de circunferencia. Los límites
los definieron así: «confronta por poniente con raya del término de la villa de
Carmena; por el sur con el despoblado de Nohalos, jurisdicción de la ciudad de
Toledo, por levante con el del despoblado de Casas Albas, de otra jurisdicción
y de la de este lugar, y por el norte con raya del término del despoblado de
Berague de la misma jurisdicción». Dijeron que sólo había dos tierras de
regadío para hortaliza: una con noria y la otra con el arroyo «que llaman de la
Alameda». En total tres fanegas de tierra. (Al parecer no cuentan las tierras
que están al lado del arroyo que divide Escalonilla y Carmena). La segunda de
las tierras de regadío mencionadas era propiedad del concejo quien se la daba
«graciosamente al guarda de dicha Alameda». Así lo hemos conocido hasta no hace
muchos años. Hoy día, tras la tala de todos los árboles, dañados por grave
enfermedad, se encuentran las escuelas y un bello jardín. Además de pequeñas
tierras para el regadío, el término estaba compuesto por 1300 fanegas de
secano, 21 de oliva, 98 de viñas, 250 de dehesa boial, 40 de prados y regajos y
4 de árboles negros. Trigo, cebada, centeno, algarrobas, avena, garbanzos, uvas
y aceite eran los frutos que se recogían.
Había entre 5000 y 6000 cabezas
de ganado ovino,
120 bueyes, 40 entre caballos y yeguas, 110 entre mulas y machos, 80 ó 100
jumentos, de 200 a 250 cerdos y de 16 a 20 cabras.
El Ayuntamiento también declaró sus bienes: «Tiene propios
una dehesa dividida en tres pedazos que el uno llaman Boial, y las yerbas
menores se arriendan y según se rematen producen al año setecientos cincuenta
reales, el otro la del Obligado y el otro las suertes de la Sarteneja. Un prado
regajo que llaman la Dehesilla, el otro de Godino
y otro Raiguelos, otro la Carcavilla, otro Alpachar y Valdelamora, otro de la
Reguera, otro de San Sebastián y la Soledad, y
otro que llaman las Minas Viejas que las yerbas mayores y menores sólo sirven
para pastos de los ganados de labor y otros del lugar; una porción de árboles
negros que llaman la Alameda que no producen valor alguno por no poderse hacer
cortes; una tierra como de seis celemines que sirve para hortaliza, pegada a dicha
Alameda, la que se le da al guarda della sin interés alguno; las casas del
Ayuntamiento, que el doblado de ellas se arrienda al Pósito público para
entrojar el grano de él, y produce del arrendamiento anual afavordel Concejo
cien reales vellón; unas casas se arriendan y valen cuarenta y nueve reales
anuales, las que sirven de carnicería con un tajo, un cuarto pequeño que sirve
de fragua, que este ni la carnicería dan valor alguno al Concejo; una porción
de tierras en diferentes sitios y pedazos, son de la labor y comprenden treinta
fanegas poco más o menos; en el despoblado de Casas Albas y. en distintos
sitios y pedazos como de doscientas y sesenta fanegas a doscientas setenta; y
diferentes pedazos de Prados que todos comprendían el numero de sesenta a setenta
fanegas, que sirven solo sus pastos mayores y menores para los ganados de la
labor y otros de los vecinos deste lugar; y en despoblado de Berague diferentes
prados como de ochenta fanegas, que sus yerbas mayores y menores se arriendan y
producen según él, anualmente a favor de del dicho Concejo mil cuatrocientos y
ochenta reales, diez más o menos».
El
municipio, con las rentas de sus bienes, debía pagar el salario al «escribano y
ministros», y gastos de fiestas votivas; además, tenía contra sí 16.500 reales
de un censo al tres por ciento de interés a favor del convento dé Trinitarios
Calzados de Toledo; 36 reales de tributo perpetuo a favor de Pedro Olmedo,
vecino de Burujón, sobre el solar que llamaban «la plaza nueva»; y otro de 12
reales al mayorazgo de Acuña y que gozaba doña Catalina Félix Pacheco, vecina
de San Clemente de la Mancha; 1357 reales a la Tesorería general de rentas por
servicios ordinarios y extraordinarios pertenecientes al lugar de Escalonilla y
los términos despoblados de Veragüe y Casas Albas.
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La mayoría de los vecinos se veía obligada a subsistir con escasos recursos económicos, dedicados a las labores del campo, y cuando éstas necesitaban menor mano de obra, a la producción de estameñas, tan famosas en nuestra historia. Había 40 (6) labradores, 236 (3) jornaleros, 22 (5) maestros tejedores y 58 (3) jornaleros, 34 (3) maestros peinadores, 3 (6'5) maestros zapateros y 3 (4) oficiales, 2 (7) maestros herreros, 1 (6) maestro de sastre y 1 (4) oficial, 1 (6) carretero y 1 (6) herrador de albéitar (los números entre paréntesis son el jornal en reales). Otros oficios y trabajos quedan también reflejados en el Catastro. Había dos mesones, una albacería, una mercería, diez panaderías, un agrimensor, tres cirujanos, un abogado, tres letrados, un médico y dos boticarios, dos compradores y vendedores de cerdos, otro comerciante de tejidos, un estanquero, uno dedicado al abasto de carne, tres guardas de campo, un sacristán y cuatro sacerdotes, un caminero, y un maestro. Es necesario recordar que más de uno debía simultanear trabajos y, sobre todo, a esa bolsa de 50 pobres de solemnidad que generaba una sociedad así organizada. |
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Carro en desuso (1987) |
Incluso su renta anual quedó reflejada en el
citado cuestionario. El importe de todas las rentas de la industria y
comercio sumaba 55.062 reales y 17 maravedíes. En la agricultura, haciendo la
media, una fanega tierra producía al año 121'7 reales vellón. Siempre nos
queda la sospecha sobre la plena veracidad de estas declaraciones de
hacienda. El fraude fiscal no se ha
inventado en nuestros días. De todos modos, es una documentación que puede dar
lugar a un estudio más pormenorizado de todos los datos. Aquí sólo hemos
intentado dar, como decíamos, una pincelada que nos permitiera ver la
Escalonilla de ese año 1752 en su aspecto económico y social. |
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Treinta
años después, el cardenal de Toledo,
Francisco Antonio de Lorenzana, manda otro interrogatorio, esta vez a los
párrocos de los pueblos, con el fin de recoger datos para confeccionar un
mapa de su arzobispado y recoger material para elaborar una Historia de
España. La respuesta de Escalonilla la dio don Juan García Jiménez, párroco,
el 3 de junio de 1782. De ella, aunque breve, extraemos algunos datos
importantes: "Los frutos regulares que produce este terreno son
solamente trigo bueno, centeno, cevada, garbanzos, guisantes, algarrobas,
alberjas, hieros, lentejas, habas y avena en cada un año, de todas las
especies dichas, a once o doce mil fanegas, como más o menos".
"Este lugar tiene una fábrica de estameñas blancas, no se sabe su autor,
pero todos los que entienden sus manufacturas son maestros
sobresalientes". |
Olivas de Casas Albas, hacia 1986 |
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Niñas de la escuela, hacia 1944 |
"Sólo tiene una escuela donde se
enseñan las primeras letras y el maestro le paga la piedad del Exmo. Señor Arzobispo". "En todo tiempo
se parecen por lo regular tabardillos, dolores de costado, dolores reumáticos,
y en el otoño terciadas; y en dichas enfermedades el método de cura que se
guarda comúnmente es sangrías, refrescos y parches de cantarias, con el
aditamento de la quina para las tercianas.
Y por resultas suelen morir veinte y quatro personas maiores cada año
y diez o doce párbulos, sobre poco más o menos, siendo en dicho tiempo el
número de nacidos hasta de treinta y cinco o cuarenta". |
Esta respuesta de don Juan García completa un
poco más nuestra mirada a la segunda mitad del siglo XVIII.
4.- La industria textil: las estameñas
Desde el siglo XVI tenemos noticias de la
importancia que ha tenido la producción de estameñas en Escalonilla (recordemos
que, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, estameña es un
tejido de lana, sencillo y ordinario, que tiene la urdimbre y la trama de
estambre). Recientemente se ha comenzado
a estudiar la actividad textil en Toledo y en Castilla-La Mancha. Mariano
García Ruipérez hizo una síntesis del estado de la cuestión en el siglo XVIII
para el Primer Congreso de Historia de Castilla-La Mancha. Allí dice: "Sonseca, Escalonilla,
Consuegra, Madridejos y, en general, todos los centros textiles de
importancia...". Ajeno a la pasión por la tierra menciona a Escalonilla
como uno de los centros importantes en esta industria. Sin duda, también es
significativa esta otra frase: "Las estameñas obtenidas en los telares de
las villas toledanas de Escalonilla, Menasalbas, Consuegra, Madridejos y
Villafranca de los Caballeros se vendían en Madrid y las ciudades andaluzas". Y también,
"... los tejedores de Fuensalida, Torrijos y Domingo Pérez dependientes
del gremio de Escalonilla". Estas frases nos dan la certeza de la magnitud
de la fabricación de estameñas en el siglo XVIII, si bien no se puede olvidar
que estaba siempre sujeta a una profunda escasez de capitales y por tanto a
merced de comerciantes y mercaderes.
Pero
hemos de recurrir a la principal fuente, las Memorias políticas económicas… de Eugenio Larruga y Bonete, para encontrar
datos más precisos, dado que, tras la desaparición de los fondos archivísticos
de la Junta de Comercio y Moneda, es la fuente de más valor. En las págs. 206-207 del volumen IX de esta obra,
publicado en 1790, se dice así: "El lugar de Escalonilla, se dice haber
sido el primero que tuvo fábrica de
estameñas en Castilla, de donde dimanaron todas las que después se fueron
estableciendo. En efecto tiene este pueblo un privilegio, en el qual, por la
prerrogativa de haber sido la primitiva fábrica, se concede a los veedores el
que lo sean de toda Castilla. También tenemos monumentos antiguos alabando sus
estameñas blancas. En una relación, que dió este pueblo al señor don Miguel
Durán en 1719, consta: que entonces tenía 19 telares corrientes de estameñas
finas, y ordinarias, asegurando sus veedores hacer más finas, y en todo tan
buenas como las de Inglaterra; pero que no las podían labrar, por no saber los
tintoreros dar la viveza de colores necesaria para la hermosura y buena vista,
ni tenía quien supiese darlas el lustre en la prensa, que traían las
extranjeras.
Los 19 telares trabajaron en todo el año de
1718 de estameñas angostas de 2 tercias, 34.200 varas, a 1.800 cada telar; y de
las anchas de a vara, 25.700, a 1.300.
Consta de la misma relación, que además de los
19 telares corrientes, había 43 parados, por no tener medios para haberlos en
exercicio; los que podían texer cada año lo correspondiente a los 19
anteriores, como hubiera caudales, porque oficiales no faltaban en el pueblo.
Para que estos anduviesen con actividad, decían los fabricantes, que se
necesitaban 100 doblones por cada telar, que para todos eran necesarios 4.300
doblones.
Ofreció el Gremio, que si S.M. le diese
prestados 1.500 doblones, se obligaría a poner corrientes, y que texiesen de
continuo 43 telares, y satisfaría el préstamo en tres años, a 500 doblones en
cada uno, en ropa, y a los precios que se ajustasen. También pidieron, que S.M.
diese providencia para que no extraxesen del reyno las lanas; asi porque las
hubiese con abundancia, como porque de este modo no se alterarían los precios,
y podrían costear los texidos sin que subiesen los precios.
No se tomó providencia sobre estos
particulares, pero sin embargo la fábrica fue adelantando; pues en el año 1746
anduvieron 60 telares, en que se fabricaron 750 piezas de estameñas blancas. En
el de 1754 estaba reducida a 54, contando anchos y angostos. En el de 1780 sólo
tenía corrientes 29, y imposibilitados por falta de medios 20.
Se fabrican actualmente estameñas blancas angostas
en 45 telares, texiéndose en cada uno al año 22 piezas de 100 varas cada una,
de que resulta que trabajan al año 990 piezas, que hacen 990 varas".
Por la ingente obra de Larruga también sabemos
que se usaba, además de la lana del lugar, la de otras poblaciones, como la de
Techada, Domingo Pérez, Valverde Lanchote, Carriches, El Carpio, La Puebla de
Montalbán, El Casar, Gamonal y Calera.
Esta floreciente industria, en vez de avanzar
según los ritmos de los tiempos se sumió en una decadencia irreversible en toda
la provincia de Toledo y La Mancha. Por algunos diccionarios del siglo pasado
conocemos también la evolución de estas manufacturas en Escalonilla. Sebastián
Miñano (1826) da cuenta de "una grande, antigua y famosa fábrica de
estameñas y fajas, con sus tintes de grana para éstas; y en ellas se juntan hoy
día entre todos los fabricantes hasta 71 telares". A mediados de siglo el
declive se había acentuado. Así lo
refiere Pascual Madoz: "Los telares destinados al tejido de estameñas,
habiendo decaido muchísimo esta manufactura, pues hace 15 años se contaban más
de 170 telares". Pero de nuevo volvió a resurgir. De ello nos da noticia
Pablo Riera y Sans en su Diccionario
Geográfico publicado en Barcelona en 1883: "La única industria
dominante en esta localidad es la agrícola, pero la manufactura ha tomado gran
incremento especialmente en los últimos años, contando en la actualidad con dos
fábricas de tejidos de lana, movidas por vapor, donde se confeccionan
estameñas, tejidos finos y ordinarios y colchas conocidas en muchos mercados
con el nombre de esta población".
A pesar de este auge a finales del siglo
pasado, el ocaso de esta industria vio su fin a mediados de nuestro siglo XX.
Ya sólo nos queda el recuerdo, que se ha perpetuado al quedar simbolizado en el
reciente escudo del lugar.
5.- Asuntos de Política
municipal
En el Ayuntamiento de Escalonilla se conservan
documentos desde 1788. Los relativos a problemas económicos y tributarios
ocupan un lugar preponderante. Son continuas las exigencias que llegan de
Toledo para que los impuestos se paguen puntualmente y son continuas, también,
las «escusas» que se buscan y razonan para librarse de esa sobrecarga
tributaria. A ello se sumaba el constante problema, ya mencionado, con el censo
de 16.500 reales de capital con 445 reales de réditos anuales a favor del
convento de Trinitarios Calzados de Toledo. No se deberían olvidar tampoco: las
repetidas luchas de poder, semejantes a la analizada en el siglo anterior, la
adjudicación de puestos importantes como el médico, guardas de campo, taberna,
etc.., los «autos de buen gobierno»... Pero nos vamos a fijar, brevemente, en
tres problemas concretos: el abastecimiento de agua, la armonización de
derechos entre labradores y ganaderos, y un conflicto puntual con el herrero.
La primera noticia que tenemos en cuanto al problema
en el abastecimiento de agua es del 12 de junio de 1791. El alcalde, don
Francisco Muñoz de Ribera, pone de manifiesto que la falta de agua es el gran problema del pueblo y sugiere pedir
autorización para «cortar de la Alameda la parte que sea posible o el todo della respecto que esta nada produce al
pueblo» . Pero, como es un problema común, deciden convocar concejo abierto
para el día siguiente. En él se determinó que primeramente se aplicase a ese
menester el arrendamiento que recibía el concejo por la taberna. No debió ser
suficiente, pues, en noviembre, se autoriza al alcalde para que solicite en la
subdelegación de Montes y Plantíos autorización para cortar la alameda. El 23
de enero del año siguiente, 1792, el problema sigue («la necesidad en que este
pueblo se aya de faltarle el agua del caño de público abasto a razón de haberse
hundido la mayor parte de las minas»). La solución que se busca es repartir los
gastos entre los vecinos con la debida proporción y el permiso del Intendente
General.
Un
año después, el 13 de enero de 1793, el problema continúa, pues el agua de la
fuente «es tan escasa que se puede decir que es ninguna». Se pide la
agilización de los trámites. El 10 de marzo del mismo año se reúne el
ayuntamiento y varios vecinos más para analizar «la certificación, plan y
condiciones formadas por Joaquín Martín Aguado, maestro de obras, vecino de la
villa de Gerindote, para componer las minas del agua y buscar el medio de
surtir al pueblo de este precioso alimento». Acordaron la ejecución de la obra
en las condiciones escritas, con un coste de 24.608 reales, y pedir al «Real y
Supremo Consejo de Castilla para que dicha cantidad se reparta entre todo el
vecindario con la debida proporción» (siguen 26 firmas).
En
junio las obras debían estar adelantadas, pero los encargados de supervisarlas
detectaron algunas irregularidades: «que las minas viejas se cerraban sin dejarlas
con luz y también que el pozo que se abrió primero en la tierra que trae en
arrendamiento Castor Ciruelos no está levantado de labor de alto a bajo y que
les parece que la mezcla de cal y arena no está bien acondicionada». Se propuso
buscar un maestro para inspeccionar el caso.
Suponemos
que las obras se terminarían, aunque con las mejoras y reparaciones siempre
necesarias, como sucedió en 1800 o en 1817 cuando se hubo de arreglar el pilón
porque «estaba arruinado y no quedaba ni una gota de agua».
La
agricultura ha sido siempre el principal recurso económico de Escalonilla. Pero
también ha contado con un importante volumen de
ganados. Los conflictos entre los dos sectores han sido proverbiales en
todas partes y quedó reflejado, también, en las actas del ayuntamiento de
nuestro pueblo.
Era
normal que, en el mes de junio, en bastantes ocasiones el día 24, o en fechas
cercanas, se reuniera el ayuntamiento para el «señalamiento de rastrojeras»,
para que en ellas pastasen sólo los ganados de labor. El 24 de junio de 1788 se
establecieron las tierras comprendidas entre el pueblo saliendo «por el camino
que va a Torrijos, empezando desde la cañada, a la ermita de la Estrella. Y
desde esta subiendo sobre la izquierda a coger la loma abajo a el Prado de las
casas y siguiendo toda la linde arriba de las vegas de concejo al camino de
Torrijos y revolviendo todo el camino de Torrijos adelante y cogiendo el regate
del pozo de la (...) arriba a salir a la cañada y por esta misma a introducirse
en el camino dicho de Torrijos». El que no respetase esta zona tendría, la
primera vez, una multa de 17 reales vellón y tres días de cárcel, y la segunda
vez el doble. En veces sucesivas se daría parte a la superioridad. Asimismo, se
dieron normas para espigadoras, entre otras que no saliesen «hasta que salga el
sol y al ponerse éste estén ya en el pueblo, y no entren en el pedazo a espigar
hasta que no esté el pedazo concluso de sacar, y los ganados no entren hasta
que se verifique haberle espigado, pena al que contravenga de ser multado a
proporción del quebrantamiento desta providencia».
Las
normas no debían ser muy eficaces. El día 12 de mayo de 1791 los agricultores
se quejan de que los rebaños de ovejas entran en las «yerbas destinadas para
los ganados de labor», además de «entrar por lindes y hacer coladas
voluntarias». Para el que persita se pone una multa de 10 ducados.
Los
ganaderos también tenían sus quejas. El 15 de marzo de 1801 se lamentan de que
los labradores aran tierras pertenecientes a la cañada, caminos reales y
regajos. Fue, ha sido y es una asignatura pendiente.
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Juan
Fernández-Gallardo y oficiales, principio s. XX |
El día 2 de noviembre de 1788 se reunían los miembros del
ayuntamiento y 19 labradores para buscar un «maestro herrero» y una vez «encontrado y venido se trate y
concierte con él, por el Ayuntamiento y labradores, o la mayor parte de
ellos, para que quede recíproca la obligación del herrero a los labradores y
éstos a aquél». La causa era que se había construido una nueva «oficina
fragua» y el herrero del pueblo, Alejandro Fernández, no se avenía a realizar
ese servicio porque él la tenía particular. Los reunidos alegan que se ha
escondido para no hacerse presente, que se halla «cuasi impedido por lesión
de miembros», que tiene otros medios de ganarse la vida y, sobre todo, porque
el «vecindario se halla mal servido del dicho Alejandro». |
En
una junta posterior, celebrada el día 8 de diciembre, se toma nota de que «se
ha presentado Miguel Francisco Bruno Garzón, maestro herrero, obligándose a
servir de tal en este pueblo con tal de que todos los vecinos labradores de él
hayan de acudir a su fragua que es la de el común nuevamente construida para
este efecto». A continuación acordaron los precios de cada uno de los servicios
comunes que había de hacer el herrero.
De
forma inmediata se había movido el herrero Alejandro Fernández Molina, porque el
día 7 el corregidor de Toledo envió un auto a la Justicia de Escalonilla
ordenando que los labradores tuviesen absoluta libertad de llevar sus trabajos
al herrero que quisiesen. El auto llegó al pueblo el día 9, y el día 15 se
reune de nuevo el ayuntamiento y labradores para responder al corregidor «que
cuanto manifestó a S.S. dicho Alejandro carece de verdad pues dicho Sr. Alcalde
no ha precisado ni precisa a nadie a que haya de ir con el herrero que se ha
buscado para que asista al común, pues esta busca y solicitud de que le haya,
ha sido y es de todos y la mayor parte de los labradores por hallarse éstos mal
servidos del Alejandro, ya por alterar los precios, ya por negarse cuando le
acomoda a servir a Pedro Ziruelos y Diego (...), y otras cosas que la debida
modestia no estampan y por el medio oportuno harán y pondrán presente al dicho
Sr. Corregidor».
No
nos consta ninguna respuesta a esta réplica. Seguramente se hubo de respetar la
libertad pedida por el herrero que llevaba 20 anos ejerciendo su oficio en su
pueblo natal. Es otro ejemplo de las tensiones que ocasiona la vida de cada
día.
6.- Fabián García Pacheco,
el músico de Escalonilla
Comenzábamos este capítulo sobre el siglo XVIII con
un insigne personaje; de él se guarda alguna memoria aún. De éste, de Fabián
García Pacheco, creo que nadie en Escalonilla sabía de su existencia. He de
confesar que tropecé con él de forma casual investigando otras cuestiones.
Pero, ¿qué sabemos de él?
Fabián García Pacheco nació en
Escalonilla el 19 de enero de 1725 (Libro V de Bautismos, fol. 158); fue
bautizado el día 27 de dicho mes por el licenciado don Joseph Sánchez Prieto.
Sus padres fueron Alfonso García Pacheco (quien en 1745 era regidor, según
consta en una real ejecutoria -leg. antg. 1942.21- de la Chancillería de
Valladolid), natural de Toledo, y María Teresa Sánchez, de Cuerva, vecinos de
Escalonilla.
El 23 de julio de 1735 fue
admitido como «seise» de la catedral de Toledo. Allí estudió con Casellas.
Después pasó a Madrid, donde en 1756 lo encontramos como maestro en la iglesia
de la Soledad, y en 1770 en el convento Victoria.
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Cefiros
Alegres. Music of the Cathedral of Lima (XVII - XVIII centuries) |
Su obra musical fue bastante
amplia. Compuso sainetes, tonadillas y música teatral, lo que le granjeó una
importante reputación. Con letra del famoso don Ramón de la Cruz, compuso «En
casa de nadie que no se meta nadie» o «El buen marido», obra dedicada al
duque de Alba, y representada en el teatro del Príncipe de Madrid, el 28 de
octubre de 1770. Sus composiciones de carácter
religioso son muy abundantes. En la Biblioteca Nacional de Madrid se
conservan unos «Villancicos al Nacimiento de Nuestro Señor». Y, por el «The New Grove Dictionary of
Music arad Musicians», sabemos
que su obra está dispersa, al menos, entre las catedrales de Cuenca, Las
Palmas, Sucre (Bolivia), en el Archivo Arzobispal de Lima, y en la Biblioteca
del Escorial. |
Antonio
Gallego constata la importancia de nuestro músico: "La capilla de la
Soledad (Madrid) era una de las mejores, lo que explica que pudiera retener
tantos años a un músico tan prestigioso como... Fabián García Pacheco,
disputándoselo incluso a las catedrales. Así, en 1765, Pacheco había sido
elegido sin edictos como maestro de capilla de la catedral de El Burgo de Osma
porque, según el sentir de los comisionados y los mismos músicos, disponía de
'una de las más raras y particulares habilidades', animándole por escrito el
cabildo, en vista de su tardanza en contestar, 'mediante los informes que se
han tenido de su grande y sobresaliente habilidad'...(Tomó) posesión en
noviembre de 1765, un par de meses más tarde volvía a la capilla de la
Soledad" (La música en tiempos de
Carlos III, Madrid 1988, p. 161).
Murió en Madrid en l808. A nosotros nos queda, ahora, recordarle como
uno de los grandes nacidos en Escalonilla, y, si es posible, comenzar a conocer
y revalorizar su, al parecer, ingente obra.