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Hoy es San Maximiliano Kolbe

Con toda la Iglesia Universal, anunciamos con toda la alegría de nuestro corazones que celebramos la fiesta de nuestro querido fundador de La Milicia de La Inmaculada:

San Maximiliano María Kolbe

Que su ejemplo de vida y de entrega amorosa a nuestra querida Madre Inmaculada y a todos los hombres nos sirva para crecer en santidad y en amor a La Inmaculada.

 

"Efectivamente, como a través de María tuvo inicio la salvación,

así también a través de Ella la salvación llegará a su consumación"

San Maximiliano María Kolbe, ruega por nosotros

 

Intención de la MI para el mes de Julio-2014


Para que como Jesús, que se hace «pequeño» en la Eucaristía,
demos ejemplo de pobreza evangélica en los lugares donde vivimos.
 
San Francisco en la primera amonestación contempla el misterio de la Eucaristía, cómo Jesús se hace presente en la simple forma de pan y de vino. En una carta invita a los frailes, a ser pobres, imitando al Señor en esta dinámica de la kénosis, que cada día tiene lugar en la Misa.
 
San Maximiliano vive esto y justamente de su amor a la Eucaristía saca la fuerza y la inspiración para seguir las huellas de Cristo.
 
En el siguiente artículo el Padre Kolbe revela su espíritu contemplativo y su fe en la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento. Se trata de un artículo que aparece en la versión polaca del Caballero de la Inmaculada en el 1924:
 
«A partir de ese momento el sacrificio de la Santa Misa habitó en la tierra... El sacerdote, sucesor de los Apóstoles, obediente al mandato del Hombre-Dios, repetirá en su memoria, la conmovedora escena de la Última Cena. El pan se convertirá en el Cuerpo vivo de Cristo y el vino en Su santísima Sangre. Y Él, Creador del cielo y de la tierra, Redentor de los hombres, saldrá por los caminos de sus hijos, llevado por las manos del sacerdote» (EK 1059).
 

Las palabras del santo polaco se refieren a la procesión de Corpus Christi y revelan una profunda fe en la presencia del Señor bajo las especies eucarísticas. Él contempla el misterio por el cual Jesús habita entre los hombres. Es un prodigio de amor que se perpetúa gracias a la Santa Misa y a la acción de los sacerdotes. San Maximiliano llega a comprender profundamente esta realidad extraordinaria gracias a la oración, a la atención con la cual vive la celebración de la Santa Misa, la meditación y la confianza en la Palabra de Dios. Sin duda, la dimensión eucarística es fundamental para la pobreza vivida y predicada por San Maximiliano.
 

No hay que olvidar la comunión espiritual, que también tiene un gran valor como alimento interior, y debe ser cultivada también en los que no la pueden recibir sacramentalmente. Toda su actividad como ministro de Dios, como fraile y  misionero, tanto en la fase formativa como en la de la madurez, «gira» en torno al misterio eucarístico. En la vida apostólica de la Ciudad de la Inmaculada, a menudo los frailes están llamados a unirse entorno al Sacramento.

La pobreza del Padre Kolbe, por lo tanto, tiene como objetivo asemejarse a  la de Cristo y a la de Francisco: son sus puntos de referencia absolutos. Sin embargo, proféticamente, vive y enseña un estilo pobre, que también tiene en cuenta la situación cultural y espiritual de la Iglesia y de la Orden de los Frailes Menores Conventuales. Como consecuencia el estilo del religioso se caracteriza por una mezcla de sencillez y de acogida de cuanto el Padre dona. En concreto es necesario confiar incondicionalmente en su Bondad, siguiendo el ejemplo de Cristo y de la Inmaculada, que experimentan un camino de despojo y se ofrecen por el bien de la humanidad. Es la  pobreza sobrenatural practicada por San Maximiliano en línea con toda la tradición franciscana, y que representa, a su parecer, también el punto de partida para la renovación de los Frailes Menores Conventuales.

Por lo tanto, se debe poner toda la confianza en Dios y confiar en la protección maternal de la Inmaculada. Esto significa, por lo que se refiere a la dimensión ascética, que debemos «derribar» cada vez más el egoísmo y el egocentrismo, a favor de una gran apertura de mente y de corazón. Ser pobres, según el testimonio y la enseñanza del mártir polaco, significa tomar conciencia de que estamos protegidos y apoyados siempre por el amor de Dios, que se manifiesta a través de la maternidad de María.
 

El don de sí mismo y la pobreza para Maximiliano nacen de la fuente de la Eucaristía. Se trata de  recibir el amor de Cristo y siguiendo su ejemplo nace y se desarrolla una vida espiritual caracterizada por el ofrecimiento y por el hacerse pequeño para la salvación de la humanidad. Miremos, pues, a su profundo deseo de conformarnos al Señor, que nos permite ser extremadamente sensibles y disponibles a aceptar las pobrezas que están a nuestro alrededor, con el fin de beneficiar a los que sufren y buscan nuestro apoyo. La pobreza del santo polaco es la expresión y el resultado de una jornada vivida en el amor de Cristo y en su presencia eucarística. Esto lo ayuda a recorrer un camino de humildad y de apoyo a los pobres, camino que representa  una maravillosa profecía en la Iglesia.
 
Para reflexionar
¿La participación en la Misa me da la posibilidad de contemplar la pobreza de Cristo?
¿Mi amor por la Eucaristía se expresa en gestos de sencillez y de hospitalidad?
¿Puedo ser un don para los hermanos con el poder de la Eucaristía?
¿El despojo de Cristo es para mí una invitación a recorer un itinerario de esencialidad para ser don para los hermanos?
¿Qué gestos de pobreza me propongo para realizar un significativo crecimiento espiritual?
 
 
 

¿Quieres consagrarte a La Inmaculada?

 
¿Quieres entregarle a La Inmaculada toda tu vida, tu pasado,
tu presente y futuro, tu alma y todo tu cuerpo?
 
¿Quieres volverte “loco” por pertenecerle a Ella?
 
Acepta el reto de hacer algo que por tí mismo no puedes.
 
Confia ciegamente en Ella, déjate habitar por Ella.
 
Agárrate a María sabiendo que es el mejor y más seguro camino para pertenecerle
a Jesucristo y por Él a Dios Padre en el Espíritu Santo.
 
Vive con la alegría de tener una Madre
que te cuida en medio de todas las dificultades
 
Consagrarse a María es dejarlo todo en sus manos, es ofrecerse a trabajar sin límites por tu propia conversión y por la conversión de todos, especialmente la de los que están más alejados de la Iglesia.
Consagrarse a La Inmaculada es querer sufrir y vivir por amor a su Hijo JesuCristo; es ofrecerlo todo a Aquella por la que te llegan todas las gracias.
 
 
Esto es lo que han vivido hombres como San Maximiliano María Kolbe. ¿De dónde sacó Kolbe la fuerza para vivir con tanto amor hasta el extremo y tanta fecundidad apostólica? Su secreto fue su total e incondicional consagración a la Inmaculada. Decía: “la Inmaculada es el medio más corto, más rápido y más fácil para llegar a ser santos”, porque Ella es la “Mediadora de todas las gracias” y el modelo de todas las virtudes.
 
 
Entonces...¿quieres consagrarte a La Inmaculada?
 
Prueba. No tengas miedo. Pon toda tu voluntad y todo tu amor en ello. Notarás una gran alegría. Y, luego, a no desfallecer, a renovar cada día esta consagración, a dejarte guiar por Ella, a entregarte sin reservas en lo concreto de la vida, hasta la Eternidad, siempre en sus manos purísimas.
 
Aquí te ofrecemos un libro con unas fichas para que
te prepares para consagrarte a la Inmaculada.
 
Léelo, reza con él, medita con él. Busca entre sus páginas la Voluntad de Dios y de La Inmaculada en tu vida y si finalmente quieres dar el paso de Consagrarte a la Virgen, según este camino de santidad trazado por San Maximiliano María Kolbe, busca un sacerdote o ponte en contacto con nosotros: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..">Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..
 
Te ayudaremos a buscar el momento donde realizar con pleno consentimiento y preparación tu entrega total a la Virgen Inmaculada.
 
¡Atrévete, tu Madre María te espera!
Ya estamos rezando por tí.
 
 
Adjuntos:
Descargar este archivo (Preparacion_Consagracion_Inmaculada.pdf)Libro de preparación para la Consagración a La Inmaculada[Libro que mediante varias fichas, ayuda a todas las personas que quieran consagrarse a la Virgen Inmaculada, según la fórmula de consagración de San Maximiliano María Kolbe establecida el movimiento La Milicia de la Inmaculada (MI)]332 kB

María, mujer Eucarística

 
 
Celebramos la fiesta del Corpus Christi.
Celebramos el mayor regalo que hizo Cristo a su Iglesia: LA EUCARISTÍA
Dejémos iluminar, acompañar y guiar por María Inmaculada, para entender y amar más este Misterio central de nuestra Fe. Misterio por el que el Señor ha cumplido su promesa:"Y yo estoy con vosotros todos los dias hasta el final del mundo" Mt 28, 20
 
Para ello os proponemos re-leer el capítulo VI de la encíclica de San Juan Pablo II: Ecclesia de Eucharistia.
 
¡ Amemos La Eucaristía tanto como la amó La Inmaculada !
 
 
 
EN LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER «EUCARÍSTICA»
 
53. Si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María,Madre y modelo de la Iglesia. En la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, presentando a la Santísima Virgen como Maestra en la contemplación del rostro de Cristo, he incluido entre los misterios de la luz también la institución de la Eucaristía.(102) Efectivamente, María puede guiarnos hacia este Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él.
A primera vista, el Evangelio no habla de este tema. En el relato de la institución, la tarde del Jueves Santo, no se menciona a María. Se sabe, sin embargo, que estaba junto con los Apóstoles, « concordes en la oración » (cf. Hch 1, 14), en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos « en la fracción del pan » (Hch 2, 42). Pero, más allá de su participación en el Banquete eucarístico, la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior. María es mujer « eucarística » con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.
 
54. Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: « ¡Haced esto en conmemoración mía! », se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: « Haced lo que él os diga » (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: « no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así “pan de vida” ».
 
 
55. En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió « por obra del Espíritu Santo » era el « Hijo de Dios » (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
« Feliz la que ha creído » (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?.
 
56. María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén « para presentarle al Señor » (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería « señal de contradicción » y también que una « espada » traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el « stabat Mater » de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de « Eucaristía anticipada » se podría decir, una «comunión espiritual » de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como « memorial » de la pasión.
¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: « Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros » (Lc 22, 19)? Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz.
 
 
57. « Haced esto en recuerdo mío » (Lc 22, 19). En el « memorial » del Calvario está presente todo lo que Cristo ha llevado a cabo en su pasión y muerte. Por tanto, no falta lo que Cristo ha realizado también con su Madre para beneficio nuestro. En efecto, le confía al discípulo predilecto y, en él, le entrega a cada uno de nosotros: « !He aquí a tu hijo¡ ». Igualmente dice también a todos nosotros: « ¡He aquí a tu madre! » (cf. Jn 19, 26.27).
Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros –a ejemplo de Juan– a quien una vez nos fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente.
 
58. En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama « mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador », lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre « por » Jesús, pero también lo alaba « en » Jesús y « con » Jesús. Esto es precisamente la verdadera « actitud eucarística ».
Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55), anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora. En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la « pobreza » de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se « derriba del trono a los poderosos » y se « enaltece a los humildes » (cf. Lc 1, 52). María canta el « cielo nuevo » y la « tierra nueva » que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su 'diseño' programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!
 
 

Crónica 5ª Asamblea Nacional de la MI en España

Gracias a Cristina, mílite de la Inmaculada en Madrid, podemos ofreceros esta bella crónica de nuestra 5ª Asamblea Nacional de la Milicia de la Inmaculada en España.
 
Os invitamos a seguir rezando por los frutos de ese dia y os animamos a que el año que viene podáis participar los que no pudisteis ir.
¡La Inmaculada os espera!
 
CRÓNICA 5ª ASAMBLEA NACIONAL DE LA MILICA DE LA INMACULADA EN ESPAÑA
 
El Señor nos regaló, en honor a su Madre, un día precioso, el cielo azul como su manto, y un sol espléndido.
Estábamos todos los de Madrid felices porque iban llegando grupos de toda España: Sevilla, Murcia, Palencia, Mota del Cuervo, Guadalajara… eran acogidos con grandes abrazos que mostraban la alegría de estar unidos un año más en torno a la Inmaculada, bajo la mirada de san Maximiliano Kolbe, tan presente siempre en nuestros corazones. 

Comenzamos en el salón de actos con una conferencia del p. Jesús Mari centrada en la acción del Espíritu Santo en la Virgen María. Con preciosas palabras llenas del Espíritu, expresó el acatamiento de María a tantas dificultades y sufrimientos, y su abandono a la acción del Espíritu Santo.
Siguieron unas palabras del p. Gonzalo, exhortando, animando a confiar y amar sin límites a la Inmaculada para que Ella nos alcance la efusión del Espíritu Santo y nos llenemos de alabanza y acción de gracias al Señor Jesús, que son la razón de ser en nuestra pertenencia a la Milicia de la Inmaculada.
La consagración de cada día es la llave de nuestro amor por Ella, porque, ¿qué podemos nosotros, pequeños, sin nuestra Madre? Ella nos da la fuerza para estar siempre dispuestos a estar alerta, en misión.
Después en la iglesia, con el Santísimo en el altar,  tuvimos una potente alabanza, y el regalo de la imposición de manos que sanan en nombre del Señor. A este acto se unió el p. Juan que tuvo gran emoción con alguno de los niños que asistieron.
Nos acompañaron desde ese momento hasta el final de la jornada nuestros “ángeles cantores”, las Hijas del Amor Misericordioso, que con sus voces ideales, nos hacían soñar en un adelanto del cielo.
La comida nos unió fraternalmente, allí pudimos cambiar impresiones mas relajadas y personales.
Ya de vuelta al salón de actos, un representante de cada lugar de España, iba relatando sus actividades y compartiendo la realidad de sus mílites, y de su apostolado a veces difícil porque no hay renuevo en los mílites, hablaron el p. Patricio, de Palencia, el Hermano Jose Manuel, de Murcia, de Sevilla…
Son momentos emocionantes porque se ve que el amor a La inmaculada y la oración  nos hacen superar las dificultades y seguir, seguir con ánimo.
Continuamos con el rezo del rosario, confesiones, la Eucaristía y las nuevas consagraciones, qué emocionante es acompañar a hermanos que aman y se comprometen a amar siempre a la Inmaculada y con su ayuda, llevar almas a Jesús.
Terminamos con la bendición del p. Gonzalo, el agradecimiento a todos los asistentes, y el deseo de que el Espíritu Santo nos acompañe siempre para dar frutos de verdadera santidad.
 
 
 
 
 
 
 
 

Sagrados Corazones de Jesús y María

 
 
Celebramos la fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María
El Señor nos lo ha dado todo porque a través de su corazón traspasado por nuestros pecados, su Amor se ha derramado a toda la humanidad: a cada uno de nosotros.
El señor nos lo ha dado todo: incluso a su Madre
 
Fiesta del Sagrado Corazón inserta en la misma raíz de nuestra Milicia de la Inmaculada; ya que como San Maximiliano Kolbe nos enseñó, el fin último es ganar a todos los hombres al Corazón de Cristo:
 
"Tenemos que ganar el mundo entero y cada alma, ahora y en el futuro hasta el final de los tiempos, para la Inmaculada y a través de ella, para el Corazón Eucarístico de Jesús"
 
¡ Que estas 2 fiestas sirvan para aumentar nuestro amor por Cristo y por su bendita Madre Inmaculada !
 
OFRECIMIENTO A LOS DOS CORAZONES
San Juan Eudes
Oh Jesús, el Unico Hijo de Dios,
el Unico Hijo de María,
te ofrezco el Corazón bondadosísimo
de tu Madre Divina,
el cual para ti es el más precioso
y agradable de todos.
Oh María, Madre de Jesús,
te ofrezco el Corazón Sagradísimo
de tu amado Hijo,
quien es la vida y el amor de tu Corazón.
 

María nos visita todos los dias

María está presente en nuestra vida: conoce, ve, se preocupa, ama, pide, interviene
 
 
Es su manera de visitarnos.
 
La Visitación da a esta presencia de María un carácter más común, más humano: quiere ayudarnos tan discretamente que no se sabrá que es ella, ¡ que no nos dimos cuenta de que María nos visitaba !
 
 
No es hoy que empezó; lo que acabo de decirles, lo que acabo de contarles debe ayudarles a descubrir la realidad. No, Ella no empieza a visitarnos, porque siempre lo ha hecho, sin esperar que le agradezcan. ¿No lo sabían?
 
Quizás hoy empezarán a ser un poco más atentos, y se esforzarán a recibir las visitas de María de manera más consciente, deseándolas, esperándolas, y a veces asistiendo en el fondo de su corazón, con asombro y con un sentimiento de infinita gratitud.
 
 
René Voillaume
Fundador de los Hermanos de Charles de Foucauld; mayo de 2006
Fuente: www.mariedenazareth.com

Intenciones MI-2014 - mes de Junio

 
Para que el Espíritu Santo nos haga testigos del amor y de la alegría, que provienen de Él.
 
 
La fuerza del apostolado de san Maximiliano está representada, sin duda, por el testimonio evangélico que en toda circunstancia y período de su vida trató de ofrecer a los demás. Su ejemplo ha sido decisivo para la eficacia de sus acciones, «contagiando» a sus hermanos y a todos los fieles. El estilo misionero del santo polaco tiene tres movimientos: el ejemplo que precede al hablar, la pobreza y el sacrificio acompañados por la entrega. Como Francisco, él considera que los hermanos y los fieles pueden ser estimulados por el verdadero testimonio del Evangelio más que por las palabras. Mirar a Cristo, a la Inmaculada y a Francisco se debe transformar en una experiencia que pueda iluminar al prójimo y ayudarlo delicadamente a amar siempre más al Altísimo. La pobreza embellece su ejemplo de vida evangélica y se convierte en una expresión de humildad y de confianza en el amor providente del Señor. El sacrificio y la dedicación al apostolado ponen al fraile, el mílite o a los fieles en general, en la condición de donarse generosamente al proyecto que el Todopoderoso les confía.
 
 
Estas tres dimensiones constituyen la vida de Kolbe y las transmite como un requisito para la vida misionera. Está convencido de que el testimonio de la fe y del mensaje del Evangelio, a partir del significado de la propia experiencia espiritual, son la clave que permiten al misionero entrar en los corazones de los hombres. El amor a su vocación, la benevolencia, la hospitalidad, la sobriedad permiten a los que evangelizan hacer hablar sobre todo su ejemplo y, luego, su palabra. El santo demuestra que solo con la práctica de la pobreza también las otras actividades apostólicas, como la propagación del Caballero de la Inmaculada o el crecimiento de la actividad de la Ciudad de la Inmaculada, se pueden realizar sin obstáculos y con la mayor credibilidad.
Ya en el 1919 fue capaz de escribir las palabras que siguen, extraídas de su meditación, que definimos como un proyecto para el futuro del apóstol: «Tu santificación personal es tu primera ocupación. El empeño por la santificación de los demás debe nacer de la superabundancia de tu amor a Jesús. En todo trata de procurar a Jesús la mayor satisfacción posible y ten fe en Él por medio de la Inmaculada» (EK 987 F).
 
 
La santidad personal es la primera forma de evangelización. Llegar a ella implica un proceso de continua superación de las propias debilidades y tentaciones, y entablar con Dios una relación de amor cada vez más profunda y portadora de paz interior y de fuerza espiritual en el camino de la felicidad eterna. San Maximiliano es un verdadero profeta en este ámbito, ya que, a través de sus escritos, con la palabra y con el testimonio, alienta a sus hermanos de camino para que sean firmes, perseverantes y decididos en su camino de continua conversión. Es muy importante no alimentar sentimientos de tristeza, sino caminar en la fe, con la seguridad de la presencia amorosa del Altísimo, que nos llena de gracia y conscientes del cuidado y de la constante intercesión de la Inmaculada, que se ocupa del corazón y del camino de perfección de cada hombre. Incluso las caídas e incertidumbres pueden convertirse en fuente de crecimiento interior si tenemos una confianza ilimitada en la acción santificadora de Dios, a través de la mediación de la Virgen. De esta seguridad nacen la valentía del Padre Kolbe y los consejos paternos que brinda a sus hermanos.
 
 
La dimensión ascética-penitencial, según Maximiliano, se caracteriza por las pequeñas y grandes cruces cotidianas, por la aceptación de las pruebas que, día a día, son parte de nuestro camino. Él vive plenamente esta acogida y toda situación de dolor lo prepara a adherir a la divina voluntad. Todo esto lo predispone a la apoteosis del ascetismo que él vive en el campo de concentración de Auschwitz y, en general, en todas las situaciones de dolor y de fatiga experimentadas durante la guerra. Los hermanos dan testimonio de que durante los momentos difíciles de la guerra, en él se notaba una gran paz interior fruto de una profunda unión con Dios y de un entrenamiento en la penitencia. Ofrece y dona todo al Señor con un espíritu de gratitud y de sincera confianza. Esta perfección en la ascesis nace de la penitencia cotidiana, en la cual Kolbe acoge los esfuerzos y las  disputas con serenidad y como motivo de crecimiento interior. Al martirio  y al ascetismo se llega con una preparación y un preludio que se fue verificando en su vida diaria. Un testimonio que llega al punto más alto no es el fruto de un momento de fervor, sino la consecuencia de una vida entregada a Dios constantemente.
 
 

Mes de mayo, mes de María. Dia 31

 
Flor del 31 de mayo: María Reina del Cielo  
Fiesta de la Visitación de la Virgen  
 
Meditación: “Apareció en el cielo una gran señal: una Mujer vestida de Sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Apocalipsis 12,1). Ha sido coronada Reina del Cielo la Madre del Señor de cielos y tierras. Esposa de Dios y Madre del Redentor, quien aquí en la tierra Le demostró obediencia y siempre Su consejo contempló, ¿cómo no podremos nosotros no ser sus esclavos y servirle junto a ángeles y santos?. “En la Iglesia todos están llamados a la santidad, pues ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación (conforme Primera Tesalonienses 4,3 y Efesios 1,4). María se entregó a ésta Voluntad Divina y será verdaderamente Madre y Reina nuestra si buscamos responder a su llamado de santidad. No la hagamos llorar más por los pecados que en el mundo hay, sino que entreguemos nuestra voluntad para sólo por Ella trabajar.
 
Perla de San Maximiliano Kolbe: "Aunque sea con una sola Ave María, supliquémosle que prepare en nuestra alma la más agradable acogida posible de Jesús en la Santa Comunión".
EK 1218
 
 
Oración: ¡Oh María, Reina del Cielo y de nuestro corazón!. Haznos esclavos de tu amor para hacer la Santa Voluntad y llegar a la Patria Celestial. Que tengamos la humildad de la violeta, y estemos vestidos como ella, de penitencia. Amén.  
Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).
 
Florecilla para este dia: Recitar el Regina Coeli
Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque El que mereciste engendrar, aleluya,
resucitó como lo había dicho, aleluya.
Ruega por nosotros a Dios, aleluya.
Regocíjate y alégrate, Virgen María, aleluya,
porque verdaderamente resucitó el Señor, aleluya.