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Beato MIGUEL TOMASZEK santidad en la M.I.

Tomaszek

 

Miguel Tomaszek nació el 23 de septiembre de 1960 en Polonia y fue bautizado un mes más tarde. Él ya era monaguillo cuando recibió su primera comunión en 1969. Su padre murió ese mismo año. A los 15 años, ingresó en el seminario menor de los Franciscanos Conventuales en Legnica. Permaneció allí hasta 1980, cuando comenzó el noviciado en Smardzewice. El 4 de octubre de 1980, la fiesta de San Francisco de Asís, vestía el hábito franciscano, por primera vez y un año después profesó los votos temporales.

Sus compañeros del Seminario recuerdan que Miguel había traído una imagen de la Virgen Inmaculada. Le rezaba con frecuencia y su oración se hacía más prolongada cuando se apagaban las luces para el descanso nocturno. Entonces, se ponía de rodillas ante la imagen y se pasaba largos ratos sumergido en oración.
En el seminario se había organizado un círculo de la M.I. al que él se había incorporado, allí se fomentaba el amor por la misión inspirados en el ejemplo de San Maximiliano Kolbe. En el circulo los futuros misioneros hacían una preparación espiritual porque sabían que la misión no sólo requiere una formación académica sino y ante todo del corazón.
Después de tomar los votos temporales, el Hermano Miguel estudió filosofía y teología en el seminario franciscano conventual en Cracovia, donde defendió su tesis sobre la teología moral, dos años después de haber hecho su profesión solemne fue ordenado sacerdote, tenía 27 años de edad. Laboró como coadjutor en la iglesia parroquial de Piensk y luego lleno de emoción y entusiasmo, Miguel partió como misionero hacia Perú el 25 de julio de 1989, la festividad de Santiago Apóstol.
 
Es uno de los primeros mártires polacos asesinados el 9 de agosto de 1991 en Pariacoto. Fue beatificado el 5 de diciembre de 2015.
 
 

A la Purísima Concepción

Composición castellana, compuesta y declamada en público, por el seminarista Marcelo González Martín, cuando tenía 17 años (Comillas, 30 de noviembre de 1935).

 

DonMarcelo

 

A mi Madre, en su Purísima Concepción

¡Dulcísima estrella de la mañana!

Quiero cantar tus grandezas, Madre mía. Mi alma se ha sentido inspirada por el embriagador perfume de azucenas que de tu imagen se desprende, y al querer entonar himnos de alabanzas, ha exclamado ¡Inmaculada!

Montes y arroyuelos, mares y cascadas, mañanas de primavera y tardes de nieve, cielos y tierras, elementos todos de la naturaleza, gritad conmigo ¡Inmaculada!

Tú eres la mujer fuerte de la Biblia, cantada por los reyes, anunciada por los profetas, servida por los ángeles; tú fuiste anunciada ya en la primera parte del libro escrito por el Dios de los ejércitos; tú, erguida junto al árbol del Calvario, has compuesto el libro de la humanidad y el Cristo del Perdón, a través del cual veías amplios panoramas de dolor y sufrimiento que desaparecerían al contacto de tu manto protector.

Solamente otro amor: el amor a mi patria, anida en mi corazón; digo mal, que no es otro amor, sino complemento del que hacia ti siento: ¡España y la Inmaculada!

Soy español, nacido en esta tierra bendita, cuyos moradores iban a las batallas, acompañados de tu imagen venerada, y vencían a un mundo en Lepanto, con la espada en una mano y el rosario en la otra; en cuyas Universidades, asombro de los siglos, se hacía juramento solemnísimo de defender hasta dar su vida, si fuera preciso, el que siglos después sería proclamado dogma de tu Purísima Concepción; país que tú congregaste a las orillas del Ebro, santificado con tu planta santísima, y que, en repuesta a tus favores, te llamó Pilar, Sagrario, Begoña, Covadonga, Montserrat, Guadalupe, el Henar, el Rocío, la Cabeza, la Paloma, la Fuencisla... y mil y mil nombres que brotaban del corazón de los españoles; hijos de un país cuyos artistas te consagraron lo más exquisito de su gusto y los poetas lo más delicado de su inspiración; patria de Murillo, Ribera, Zurbarán, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Fray Luis de León, Zorrilla, Gabriel y Galán. Nombres todos que despiertan en mí evocaciones y recuerdos de pasadas grandezas, dormid en paz, al calor del manto de María.

Fue mi patria la única en todo el planeta que no permitió que corriera por sus venas la vil ponzoña de Lutero, aunque para ello tuviera que abrírselas y derramar su sangre por todo el orbe conocido.

Yo he visto a los rudos labriegos del terruño castellano descansar de su tarea y descubrirse reverentes cuando a la caída de la tarde, envueltos en un sol crepuscular, cuando llega a sus oídos la voz del campanario que los llamaba a la oración, y les he visto que pronunciaban, con el alma en sus encallecidas manos, las palabras con que Dios quiso saludarte por medio del ángel Gabriel.

Y he visto a los valientes marineros del Cantábrico abrazarse, arrodillados en las húmedas arenas de la playa, al emprender un viaje que sería su ruina y perdición, si sobre la barquecilla no brillara esplendorosa la luz radiante de una estrella dibujada con las cinco letras de tu nombre celestial, ¡María!

Y porque las he visto amo las manifestaciones genuinas de nuestra piedad en las romerías del Rocío, en la advocación del Carmen, en el emocionante entusiasmo del Pilar.

Y he llorado al ver una muchedumbre delirante de sollozos y místicas ternuras balanceándose agitadamente, ante el desfile de los pasos de Semana Santa en una dulce noche de primavera, y temblar con el escalofrío de la muerte cuando el Jesús del Gran Poder, tambaleándose, con la cara fuerte y renegrida, seguido de una imagen majestuosa, en cuyo centro brillaba un corazón envuelto en un manto con cuchillos.

Madre de los Desamparados, tu mirada angustiosa y llena de dolor fue la que movió a que un hombre que sentía correr en sus venas sangre racial, arrancase un cuchillo de los que te atormentaban y le clavase en su corazón porque el tuyo se estaba desangrando y quería darte su propia sangre para que tú siguieras viviendo y pudieras acompañar a tu Hijo querido hasta el final.

¿Y no he de amarte aún? ¿Y mi alma huérfana podrá olvidarse algún día de la Madre de Misericordia?

Cuando muera sólo quiero tener junto a mis labios los colores rojo y gualda de la bandera de mi patria para poderla besar, y más adentro, en el corazón, tener el azul de tu manto protector para seguir amándote siempre.

 

Fuente: http://www.cardenaldonmarcelo.es/purisima_concepcion.pdf

"Sábado con la Inmaculada" - 18 Febrero 2017

Este próximo 18 de febrero a las 17:30, tendrá lugar en Madrid, en la Parroquia de "Ntra. Sra, del Rosario" (Plaza de los Franciscanos, 3 - Colonia Batán) un nuevo encuentro de los "Sábados con la Inmaculada" de este curso 2017, organizado por La Milicia de La Inmaculada en España.
 
Será un encuentro de oración, de la mano de María, en la que compartiremos: Rezo del Rosario meditado, Adoración, Alabanza, Enseñanza y Confesione.
 
¡Atrévete a dejarte inundar de su Santo Espíritu, como María, y como Ella verás las maravillas de su Amor y proclamarás que su Misericordia es eterna! 
 
Todos los que amáis a nuestra Madre Inmaculada.
Todos los que buscáis a tientas en las sombras una respuesta que de sentido a vuestra vida.
Todos los que queréis aumentar vuestro amor al Señor Jesús, a través de su Madre.
 
Todos, seais quienes seais, estais invitados. ¡ Tu Madre te espera !. ¡ Ven !

 

 

 

San Maximiliano Kolbe: “Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad”

santamariamadrededios

 

Hoy, sábado 4 de febrero, primer sábado de mes, lo dedicamos especialmente a la Inmaculada, como solía hacer San Maximiliano María Kolbe. Recordamos hoy en las enseñanzas de Kolbe, la maternidad de María, que como la mejor de las madres nos espera siempre para sostenernos con su gracia, resolver nuestros problemas, acompañarnos en los momentos difíciles, endulzándonos las cruces y albergándonos bajo su manto en nuestro camino hacia la santidad.

“Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad. Recordemos siempre esta verdad, sobre todo en las dificultades exteriores y también en las interiores, que son las más duras” (EK 744).

San Maximiliano Kolbe alentaba a los frailes explicándoles que “en la misión no encontrarán solo dificultades procedentes del ambiente, sino que Dios permitirá –a su mayor gloria y para manifestar aún más la bondad y la potencia de la Inmaculada- que ustedes pasen también a través del desaliento, la duda, la nostalgia, etc. Sin embargo, si ustedes no depositan nada de su confianza en ustedes mismos, sino única y totalmente en la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias y Madrecita nuestra, entonces vencerán siempre y con seguridad, aunque todo el infierno, su cuerpo y Satanás mismo se conjurasen contra ustedes.” En tal caso, asegura el P. Kolbe, “no sólo no se desalentarían, sino que siempre tendrían fuerzas hasta para consolar también a los demás y reanimarlos en el espíritu, enseñándoles a dónde deben dirigirse para recibir luz y fuerza.”

Sus palabras son un faro de luz también para nosotros, los mílites, en la misión del día a día, sabiendo ante todo que, como decía San Maximiliano: “basta dirigirse una sola vez a la Inmaculada, con la palabra o con la mirada, o incluso sólo con el pensamiento, para que Ella arregle todo, lo que hemos destruido en nosotros y en quienes nos rodean, de modo que Ella pueda guiarnos en el momento presente y mantenga bajo su protección nuestro pasado y los éxitos de nuestro trabajo en el futuro”. De igual modo, el P. Kolbe asevera: “Cuando surjan dificultades, ofrézcanlas a Ella, para que haga lo que le plazca: las elimine, las disminuya, las aumente o las deje como están; pero también al terminar es conveniente ofrecerle a Ella la acción cumplida, para que su efecto sea el que Ella desea”.

Todo en nosotros es de la Inmaculada, todo en Ella, todo con Ella, todo por Ella, todo para Ella. No nos pertenecemos, pertenecemos a la Inmaculada; esa es nuestra dicha. Hoy, sábado, querida Madre Nuestra, queremos entregarnos una vez más a ti. Haznos cada día más tuyos y en tu Inmaculado Corazón, más de Jesús.

Ternura en el "Campo del Odio"


El 17 de febrero de 1941, la Gestapo arrestó al P. Kolbe y a otros cuatro compañeros y los enceró en la terribel cárcel nazi de Pawiak.
 
La despedida del Santo es serena y tranquila: "No os alarméis. Voy a servir a la Inmaculada en otro Campo de Misión".
 
Aquí experimentará de primera persona en el odio a la Iglesia y a Los Católicos.
 
Cinco días despues del arresto, en una de las Inspecciones de la celda, al verle el jefe de sección vestido con el hábito religioso y el Crucifijo del que cuelga la corona francicana, se le acerca y agarrando y tirando del crucifijo, le grita: "¿Y tú crees en esto?". A lo que el P. Kolbe responde: "¡Creo, y cómo!". El jefe le abofetea, pierde la compostura y abofetea al Santo tantas veces como quiere. A la pregunta sobre su Fe obtiene siempre la misma respuesta del Fraile-Prisionero. El Santo coge El Rosario entre las manos y tranquiliza a sus compañeros de celda: "¡No hay ninguna razón para irritarse así.Es una tontería, todo por la Virgen Inmaculada!".
 
 
 
Desde la cárcel escribe una carta a los frailes de Niepokalanów para tranquilizarles: "Dejémonos conducir cada vez más perfectamente por la Inmaculada, donde Ella quiera llevarnos y como Ella quiera, para que, cumpliendo bien nuestros deberes, contribuyamos a que todas las almas sean conquistadas por su amor” (EK960).
 
El 28 de mayo de 1941, desde la cárcel de Pawiak y junto con otros 320 prisioneros, será trasladado al campo de concentración de Auschwitz donde recibirá la corona del martiriro el 14 de agosto de 1941.
Biografía de San Maximiliano Kolbe
Fr. Valentín Redondo, OFM Conv.
 
Que el ejemplo de entrega y abandono en Dios y en La Inmaculada de San Maximiliano Kolbe nos mueva a nosotros a entregar totalmente nuestra vida al Señor y a su querida Madre Inmaculada.
 
 

Nuestra Señora de Lourdes: “Yo soy la Inmaculada Concepción”

San Maximiliano Kolbe: “Ella es, pues, la Concepción Inmaculada. Por consiguiente, Ella es tal también en nosotros y nos transforma en sí misma como inmaculados…”

 

immaculata conceptio lourdes

 

Este sábado, 11 de febrero, celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Para la Milicia de la Inmaculada, es de especial importancia, no únicamente por ser una fiesta mariana, sino además por las veces que San Maximiliano se ha referido a estas apariciones, en las que la propia Virgen María se presentó como la Inmaculada Concepción. Esta advocación, por tanto, está muy vinculada a la orden franciscana. El P. Kolbe ha profundizado en el mensaje que la Inmaculada nos trajo en Lourdes y, lo que en su día era una perla espiritual para los clérigos del convento, hoy lo es también para nosotros, que podemos hacernos eco de sus palabras. El mensaje que la Madre de Dios dio a Bernardette en 1858, podemos renovarlo cada día. Kolbe nos ayuda a descubrir el tesoro de gracias que Nuestra Madre Santísima quiere compartir con sus hijos.

En 1933, San Maximiliano María Kolbe recordaba a los clérigos que “cuatro años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, vemos que en Lourdes la Virgen en persona pide: ¡Penitencia, penitencia, penitencia! He aquí quien quiere proclamar la penitencia en nuestro mundo corrupto: la Inmaculada” (EK 486) De este modo, el P. Kolbe alegaba: “Permitamos, pues, que Ella, Ella misma en nosotros (…) proclame la penitencia para renovar los espíritus”.

“Permitamos que Ella nos predique precisamente a nosotros esta penitencia –añade San Maximiliano; abrámosle nuestro corazón, nuestra alma, nuestro cuerpo y todo sin ninguna restricción o limitación; consagrémonos a Ella totalmente, sin ninguna limitación, para ser sus servidores, sus hijos, cosa suya y propiedad suya sin condiciones, y así llegar a ser, en cierto modo, Ella misma, que vive, que habla, que actúa en este mundo”.

Tal como remarca el P. Kolbe, “la Inmaculada en Lourdes, en su aparición, no dice: ‘Yo fui concebida inmaculadamente’, sino Yo soy la Inmaculada Concepción”. Por tanto, el santo franciscano insiste en que “con estas palabras Ella determina no sólo el hecho de la Inmaculada Concepción, sino también el modo en que este privilegio le pertenece”.

Mas… como afirmaba Santa Teresita del Niño Jesús, cuando hablaba de Nuestra Madre Celestial, “todos los tesoros de la Madre, son también de su hija, ¡y yo soy tu hija!” Qué inefable don para todos cuantos nos consagramos a María y le pertenecemos… Por eso, también San Maximiliano señala: “Ella es, pues, la Concepción Inmaculada. Por consiguiente, Ella es tal también en nosotros y nos transforma en sí misma como inmaculados… Ella es Madre de Dios; y también en nosotros es Madre de Dios… y nos hace dioses y madres de Dios que generan a Jesucristo en las almas de los hombres… ¡Qué cosa tan sublime…!”

“Cuando lleguemos a ser Ella -comenta San Maximiliano- también toda nuestra vida religiosa y sus fuentes serán de Ella y Ella misma: de Ella será nuestra obediencia sobrenatural, ya que es su voluntad; la castidad, su virginidad; la pobreza, su desapego por los bienes de la tierra. Nuestra alma le pertenece a Ella y por eso guía la inteligencia (…) Ella guía también la voluntad para que no ame nada fuera de su voluntad, reconociendo en Ella la voluntad de Jesucristo, de su Sacratísimo Corazón, la voluntad de Dios. A Ella le pertenece también nuestro cuerpo, para que por Ella se exponga gustosamente a los sufrimientos y soporte espontáneamente las penalidades. A Ella le pertenece también todo lo que poseemos…”

Años después, estas palabras de San Maximiliano Kolbe siguen reavivándose en el alma de cuantos se consagran o quieren consagrarse a María. Palabras que, continuarán impregnando de amor a la Inmaculada los corazones de esta tierra. Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, miremos a Nuestra Madre y recordemos el mensaje del P. Kolbe. “Yo soy la Inmaculada Concepción”- dijo Ella misma. Y como Madre… quiere compartir este tesoro con nosotros, de la forma más sublime, tal como lo ha reflejado San Maximiliano. Como él bien solía decir: “si andas con la Inmaculada, te harás inmaculado”.

San Maximiliano Kolbe, continúa su profecía

Con motivo de este año Kolbiano, en el que hemos celebrado el 75º aniversario de la muerte del Padre Kolbe y nos aproximamos a celebrar el Centenario de la Fundación de la Milicia de La Inmaculada; el Padre General de la Orden Franciscana Conventual, Fr. Marco Tasca, ha escrito una hermosa carta reflexionando sobre estos dos acontecimientos tan relevantes para la orden Franciscana y sobre el futuro de la M.I. a la luz de su Centenario
 
Debido a su interés para todos los que somos parte de la M.I. en el mundo, transcribimos su carta a continuación.
 
CURIA  GENERALIS
ORDINIS  FRATRUM  MINORUM  CONVENTUALIUM
 
Prot. N. 30/2017                                                                                                                   Roma, 1 de enero de 2017
 
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
 

SAN MAXIMILIANO KOLBE, CONTINÚA SU PROFECÍA

Los años 2016 y 2017 son especialmente significativos en lo que se refiere a la heredad que nos ha legado S. Maximiliano Kolbe. En dichos años celebramos respectivamente el 75° aniversario de su martirio y el centenario de la fundación de la Milicia de la Inmaculada (M.I.). Considero importante aprovechar esta ocasión para reflexionar sobre el ejemplo del mártir de la caridad de Auschwitz e individuar en él algunos elementos y motivaciones que pueden enriquecer la vida de nuestra Orden. Hay que valorar y actualizar su palabra y su ejemplo, porque pueden ofrecernos también hoy a los Hermanos Menores Conventuales nuevos estímulos para el crecimiento interior y apostólico.
 

Martirio de la caridad vivido en lo cotidiano – santidad de vida y misión

El santo nos ayuda a comprender que es posible alcanzar un alto grado de la caridad si, en el camino espiritual cotidiano, se realizan gestos continuos de amor, quizás poco visibles para los demás, pero eficaces sin duda alguna. Kolbe, a lo largo de toda su existencia, experimenta de varios modos la dimensión de la entrega. Antes de su muerte en Auschwitz, vive un camino marcado por una notable y evidente llamada a la entrega de la propia vida, que se manifiesta en la acogida de episodios dolorosos, los cuales lo conducen a una caridad cada vez mayor, ejemplar y perseverante ante las adversidades y persecuciones. Es conocido sobre todo por el martirio en el campo de exterminio de Auschwitz, pero dicho acontecimiento constituye sólo el vértice de un itinerario de amor y de dolor ofrecidos por Cristo, la Iglesia, los hermanos y el Reino.
Resultan significativas estas expresiones suyas: «Recordemos que el amor vive, se alimenta de sacrificios. Demos gracias a la Inmaculada por la paz interior, por el éxtasis de amor; sin embargo no olvidemos que todo esto, aunque bueno y hermoso, no es en absoluto la esencia del amor y el amor, es más, el amor perfecto, puede existir también sin todo esto. El punto más alto del amor es el estado en que se encontraba Jesús en la cruz cuando dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Sin sacrificio no hay amor» (EK 503).

Como buen hijo de S. Francisco, el santo polaco ama meditar sobre el misterio de Cristo. El amor del Señor lo atrae de manera especial, porque su actitud es la de quien desea aprender a amar siguiendo las huellas del Redentor. Contemplando a Cristo, la vida puede convertirse en un milagro de amor, en cada situación y acontecimiento de nuestro itinerario existencial. San Maximiliano nos enseña a no tener miedo de amar y entregarnos con generosidad, porque sólo así la caridad del Señor puede hacerse visible en cada acción nuestra. Así sucedió, por ejemplo, en la experiencia martirial de los beatos Miguel Tomaszek (1960-1991) e Zbigniew Strzałkowski (1958-1991), asesinados en Perú por el grupo revolucionario Sendero Luminoso y proclamados beatos el 5 de diciembre de 2015. El testimonio de estos hermanos franciscanos tiene un punto de referencia fundamental en el ejemplo de Kolbe.
 
Beatos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski

Los milagros de amor son posibles, según la experiencia de S. Maximiliano, cuando confiamos en la intercesión y la mediación de la Inmaculada. En un artículo de 1924 afirma: «Encended en todas partes el amor y la confianza en María Inmaculada y muy pronto veréis brotar en los ojos de los pecadores más endurecidos las lágrimas del arrepentimiento, vaciarse las cárceles, aumentar el número de los obreros honestos, mientras los hogares perfumarán de virtud, la paz y la felicidad destruirán la discordia y el dolor, porque ha llegado una era nueva» (EK 1069).

El Papa Francisco, en el Ángelus del 14 de agosto de 2016, elevaba esta significativa oración, refiriéndose a la caridad de S. Maximiliano: «Pidamos a la Virgen María que ore con nosotros y por nosotros al Padre celestial, para que infunda en todos los creyentes el Espíritu Santo, fuego divino, que calienta los corazones y nos ayuda a ser solidarios con las alegrías y los sufrimientos de nuestros hermanos. Que nos aliente en nuestro camino el ejemplo de S. Maximiliano Kolbe, mártir de la caridad, cuya fiesta celebramos hoy: que él nos enseñe a vivir animados por el fuego del amor a Dios y al prójimo».
 
Fundación, naturaleza y misión de la M.I.
 
En 1917 nace la M.I., con el deseo de amar con el estilo de Cristo y experimentar la riqueza de la consagración a María.
La aparición de este movimiento mariano constituye la respuesta de Kolbe y sus compañeros a la delicada situación social, política, económica y religiosa de aquel momento. La asociación mariana de Kolbe y sus seis compañeros es la profecía que quiere ser impulso y solución en ese contexto de gran oscuridad que vive la humanidad de aquella época.

Maximiliano no tiene miedo a la novedad; de hecho se lanza a nuevas formas de apostolado, ayudado y empujado por la fuerza que procede de Dios. Concibe la M.I. como una misión que alcance los corazones de todos los hombres, superando modelos de asociación anteriores. Desea que la M.I. «sea más “transcendentalis” que “universalis”, es decir,"no debe presentarse como una organización más de las que ya existen, sino que debe impregnar profundamente todas esas organizaciones" (EK 658). Según Kolbe, un movimiento que nace de la escucha del Espíritu y vive de la consagración a la Inmaculada no puede ponerse límites y está llamado a insertarse en todos los estratos del tejido eclesial y social. De hecho, «el fin de la Milicia de la Inmaculada es conquistar el mundo entero, todos y cada uno de los corazones para la Reina no sólo del cielo sino también de la tierra; dar la felicidad verdadera a aquellos pobres infelices que la buscan en los placeres efímeros de este mundo: he aquí nuestro fin» (EK 97).
 
Hoy la M.I. está llamada a empresas importantes en la evangelización, para ser fiel a su historia, su camino y, sobre todo, a su vocación eminentemente misionera. Estoy acompañando con mucho interés y solicitud el camino de la asociación kolbiana y, con satisfacción, quiero señalar aquí algunas iniciativas que se están revelando novedosas y fecundas desde el punto de vista apostólico. Se trata de las escuelas de evangelización nacidas en Polonia, frecuentadas sobre todo por los jóvenes, los cuales, mediante un itinerario catequético gradual, tienen ocasión de confrontarse con el carisma kolbiano. Además, hay que recordar la participación cada vez más convencida de los jóvenes de la M.I. en la Jornada Mundial de la Juventud. Es una novedad significativa: en muchas naciones la asociación kolbiana se revela adecuada para los jóvenes, de tal manera que éstos han pedido una Jornada Mundial de los jóvenes de la M.I., que se celebrará en el año 2018.
 
El amor es el mecanismo que mueve toda la actividad misionera del santo. La evangelización, la misión, el martirio, todo nace de un corazón que ama a la luz de la contemplación del Señor y que se entrega generosamente, sin límites ni reservas. Kolbe afirma: «Tu santificación personal es tu primera ocupación. El compromiso de la santificación de los demás debe nacer de la sobreabundancia de tu amor a Jesús» (EK 987F). El santo, con su experiencia espiritual, demuestra que se pueden alcanzar grandes metas apostólicas si la vida cotidiana está animada por un amor hecho de gestos concretos y tangibles.

Celebraciones del centenario de la fundación de la M.I.
 
El mensaje y el testimonio de Kolbe son muy actuales y, en este “tiempo favorable”, nuestra Orden y la M.I. están llamadas a descubrir la actualidad de su profecía en la misión, no exenta de persecuciones en su testimonio evangélico en contextos secularizados y hostiles a la propuesta cristiana y a su itinerario apostólico.
Con este espíritu, la M.I. inició la preparación para el centenario de su fundación, con la participación del gobierno de la Orden, con un congreso mariológico, celebrado en Fátima del 28 al 30 de octubre de 2016, sobre el significativo e interesante tema: "Con María, de la misión al martirio: el secreto de S. Maximiliano Kolbe". Del 16 al 18 de octubre de 2017 se celebrará solemnemente el centenario en Roma, con oportunos espacios de oración, reflexión y fiesta. El 2017 será el año kolbiano para toda la Orden, que podrá reflexionar sobre la heredad de Kolbe en la Iglesia, la Orden y en el campo de la nueva evangelización, como sugería una moción del último Capítulo general. El 19 y el 20 de octubre de 2017 se celebrará en Roma un congreso de la Orden, en el que participarán hermanos de todo el mundo. Trataremos de comprender cómo actualizar el testimonio misionero y martirial del santo en nuestro tiempo, convencidos de que su profecía no se ha agotado y tiene aún mucho que decir y ofrecer.

Vivamos este jubileo kolbiano con gran alegría interior y dispuestos a la escucha. Tenemos un patrimonio espiritual maravilloso, que puede ser la base para nuevos caminos inspirados por el Espíritu para el bien de la Iglesia y de la humanidad y que la Orden y la M.I., en comunión profunda, desean valorar como tal.
Como Kolbe, y más allá de Kolbe, con la creatividad que inspira siempre el Espíritu, somos invitados a descubrir nuevos caminos de misión, que hablen al corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Fr. Marco Tasca
Ministro general
 
A todos los hermanos de la Orden

 

Consagración diaria a La Inmaculada - Febrero 2017

Comenzamos nuevo mes.
Avanzamos Rumbo al Centenario de la M.I.
 
Os dejamos a continuacion, la oración de Consagración diaria a La Inmaculada de Febrero y que lleva la intención de la M.I. de este mes:

"Para que cada miembro de la Milicia de la Inmaculada,
testimonie la belleza de pertenecerte"