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y María dijo SÍ

LA ENCARNACIÓN
 
 
 
Hoy celebramos con inmenso gozo la Encarnación del Hijo de Dios.
Hoy celebramo que el SÍ de la Virgen María permitió que el que era la VIDA se hiciese hombre .
 
Con gratitud y admiración acogemos estas profundas palabras de San Maximiliano Kolbe,
tan propias también para este tiempo cuaresmal:
 
"En el seno de María el alma debe renacer según la forma de Jesucristo.
La Inmaculada debe alimentarla con la leche de su gracia,
formarla delicadamente y educarla así como alimentó, formó y educó a Jesús.
De su Corazón cada alma debe aprender el amor hacia Él y,
aún más, a amarlo con el mismo Corazón de Ella"
(EK 1295).
 

San José, modelo de entrega a la Inmaculada

FELIZ DIA DE SAN JOSÉ

 

 

 

 

"Tratemos de introducir a la Inmaculada en el alma como lo hizo San José en Belén.

Roguemos a San José que podamos ser tan entregados

y tan dispuestos a sacrificarnos

y a trabajar por la Inmaculada, como él.

 

Roguemos que sepamos vivir para Ella como San José."

 

San Maximiliano Kolbe

SÁBADO CON LA INMACULADA - 7 MARZO

“Ahí tienes a tu Madre
(Juan 19, 26-27)

Un encuentro de oración, de la mano de María, para realizar una potente alabanza a Dios Padre, una adoración profunda a Jesús Eucaristía, una invocación confiada al Espíritu Santo, sanador de todas nuestras heridas y enfermedades del cuerpo y del alma.
 

El próximo 7 de marzo será el segundo sábado de Cuaresma. En el camino de conversión, la alabanza es algo clave: la alabanza te saca de ti, en alabanza puedes intuir la gravedad de tu pecado, puedes vislumbrar hasta dónde ha llegado el amor de Dios por ti, vas dejando que este Amor te posea, y con este Amor aprendes a amarte a ti y a los demás de una manera nueva, generosa, alegre, hasta poder decir con verdad: no me quitan la vida, la doy.
 

El Señor quiere regalarnos los mismos signos que en los comienzos de la predicación apostólica, pero necesita que creamos en Él, que borremos toda duda, y Él actuará, mejor, Él está actuando, ¡atrévete a verlo!
 
¡Atrévete a dejarte inundar de su Santo Espíritu,
como María,
y como Ella verás las maravillas de su Amor
y proclamarás que su Misericordia es eterna!
 

Seas quien seas, te invitamos a que acudas a este encuento que tendrá lugar el próximo sábado 7 de Marzo en la Parroquia de Ntra. Sra. de El Rosario en Madrid las 11:30 (Metro Batán)

¡Ven, tu madre te espera !


 

Esta Cuaresma, ¡vamos a luchar!

 

¡Es posible, conveniente y necesario! Sí, el dominio y control de uno mismo es posible, conveniente y necesario, de otro modo vives dominado por tu estado de ánimo, por lo que los demás hacen o dejan de hacer, por las impresiones que llegan a tus sentidos, por las necesidades de tu cuerpo, por las limitaciones de tu condición humana, por las heridas del camino de tu vida, por la ansiedad de no conocer ni controlar el futuro, por el miedo a la muerte o por el deseo de acabar con todo, etc...

Por todo ello es necesaria la accesis, el combate espiritual, el ayuno, la oración, la lismosna. Cada uno tiene que luchar, poner manos a la obra, tomar iniciativas concretas y practicarlas, saber que fácilmente se puede equivocar, notar que se pasó de acelerador o de freno, pero lo que no cabe es quedarse parado, pensar que es imposible, darse por vencido. ¡No! Jesucristo luchó toda su vida contra potentísimas tentaciones, la Virgen María seguro que también, y los santos, como San Francisco de Asís o San Maximiliano Kolbe, también. ¿Habrá otro camino para nosotros? ¡No!

Por eso, en esta cuaresma vamos a luchar por el control y dominio de nosotros mismos, para morir a nuestra tendencia egoista y estrenar amor verdadero. Para ello sólo nos cabe morir con Cristo, para resucitar con Él. Nosotros solos ya sabemos que no podemos. Pero Él está vivo, puedo sentir su presencia en mi interior, puedo escuchar su Palabra, puedo recibir y celebrar su perdón, puedo colmugar con Él en la Santísima Eucaristía. ¡Da muerte a lo viejo, a lo caduco, a lo malo que hay en ti, lucha contra ello, pide ayuda a un sacerdote, ruega con fe a La Inmaculada Madre de Dios, no te des por vencido, lucha, siempre hay una nueva oprtunidad! Mientras estamos en este mundo tenemos ocasión de acoger el Cielo que nos ha abierto Jesucristo al precio de su preciosísima Sangre. No podemos servir a Dios y al diablo. No podemos pertenecer a dos señores. Y es un infierno vivir entre dos aguas.

¡Santa Madre de Dios, Virgen concebida sin pecado, ayúdanos a vivir ya como ciudadanos del Cielo, límpios de corazón, de alma y cuerpo! ¡Tú que cuidaste de Jesús, cuida de cada uno de nosotros, ayúdanos a abrazar las cruces de cada día, ayúdanos a perder nuestra vida por amor al prójimo! ¡Haz, Madre querida, que sintamos en lo profundo de nuestro ser el Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Ruega por nosotros, santa Madre de Dios y madre nuestra!

 

Intención Mensual MI 2015 - Febrero

Seguimos con la serie de intenciones mensuales que desde la casa madre de la Milicia de la Inmaculada Internacional nos ofrecen a lo largo de estos 12 meses del 2015

Para que la Cuaresma

sea la preparación a una alegría profunda

y de comunión con Dios

Alegría y penitencia son realidades que pueden convivir: de eso estaba convencido San Maximiliano Kolbe, según el cual la renuncia no debe ser motivo de tristeza, en la medida en que se reduce la fuerza del orgullo y del egoísmo que actúan en nosotros. En esta perspectiva el ayuno y las iniciativas típicas del tiempo de cuaresma se convierten en ocasiones de alegría, desde el momento en que hacen al creyente más libre de las propias ataduras y más disponible a dejarse plasmar por la obra del Espíritu Santo.

Significativas son las palabras que siguen, extraídas de una conferencia del santo polaco: «Ayer encontré, durante el viaje, a un japonés. Hablamos de la fe y me preguntó si la fe católica no es demasiado difícil. Le respondí que no. Es cierto que hay cosas un poco en contra y desagradables para nuestra naturaleza como la penitencia, el ayuno, la confesión… pero el amor a Dios hace que el alma goce cuando puede ofrecer a Dios las pruebas de su amor a Él, aún si les resultan difíciles» (CK 191).

 

También si cuesta, la penitencia es fuente de abundantes frutos de conversión además de representar una maravillosa forma de ofrecimiento al Señor. El «yo» del hombre tiende a hacerse valer, a hacer de patrón y eso es un obstáculo para el camino de santificación. San Maximiliano es del parecer que no solo las mortificaciones voluntarias son muy útiles para reforzar al hombre en la humildad y en la máxima dependencia de Dios, sino también las pruebas que «llueven» de modo imprevisto y providencial. Todo lleva a hacer del corazón del creyente manso y confiado en el amor divino, misericordioso y providente. Realmente emblemáticas son las palabras que siguen, extraídas de una carta escrita a los hermanos en 1937: «Es evidente que tenemos que estar en guardia, ya que más de una vez el amor propio, nuestro “yo” se rebelará. Las dificultades más diversas, las tentaciones, las contrariedades, a veces casi nos superarán. Pero si las raíces se hunden cada vez más en la tierra y la humildad arraiga cada vez más profundamente en nosotros de manera que nos fiemos cada vez menos de nosotros mismos, entonces la Inmaculada hará que todo sea para nosotros un aumento de méritos. Sin embargo, son indispensables las pruebas y sin duda vendrán, ya que el oro del amor debe purificarse en el fuego de las aflicciones. Es más, el sufrimiento es el alimento que refuerza el amor» (EK 755).

 

El Santo se encuentra aquí en una fase de gran madurez espiritual. Su camino se encuentra en el vértice de su expresión y por esto puede dar sugerencias de vida interior particularmente incisivas. Penitencia significa combatir la buena batalla espiritual contra las tentaciones externas a la propia persona, pero también contra la fragilidad que puede ser causa de alejamiento del proyecto de Dios.

Es fundamental el abandono en el Señor, confiarse a la protección materna y eficaz de la Inmaculada poniéndose en una escucha dócil de la Voluntad de Dios.

La humildad es particularmente importante para no absolutizar nuestros dones y para vivir completamente abandonados al amor inmenso del Altísimo. Los momentos de cruz y de prueba refuerzan este proceso de confianza en el Omnipotente.
Y entonces, ¿cómo será nuestra Cuaresma? ¿Será un tiempo de tristeza? ¡Ciertamente no! Este periodo será particularmente propicio para una serena y continua verificación de nuestro camino para que podamos individualizar manchas e imperfecciones a podar y las virtudes y compromisos para potenciar. Estos cuarenta días serán vividos bajo el signo de la alegría que nace de la conciencia de quien tiene la posibilidad de hacer un gran salto adelante en el progreso espiritual. Nos comprometeremos, lucharemos, sufriremos, seguros de que el fruto será grande en los términos de crecimiento de nuestra comunión con el Señor.

 

Kolbe nos ofrece una última e importante clave acerca de nuestro itinerario penitencial: «El recorrido de la propia vida está cubierto de pequeñas cruces. Aceptación de tales cruces con espíritu de penitencia: este es un vasto campo para el ejercicio de la penitencia» (EK 1303). Él nos recuerda, además, la importancia de la alegría que vence a la tristeza: «[…] A San Francisco no le gustaban los frailes tristes. Sin embargo, la tristeza le puede suceder a cualquiera. […] Se trata de la tristeza que es fruto del caos, de la confusión. En el libro La imitación de Cristo el amor propio es definido como la causa de la tristeza. El alma olvida que Dios gobierna todo y permite todo. Dios nunca permite un mal, si no tuviese como fin un bien mayor» (CK 111). Vivamos a pleno la acogida gozosa de cada situación en la cual será posible un renacimiento espiritual determinado por un crecimiento en la humildad y en el enraizarse  en Dios.

 

Para reflexionar

-    ¿Estamos listos para una Cuaresma en la cual puedan convivir las dimensiones de la penitencia y de la alegría, según la enseñanza de San Maximiliano?
-    ¿Cuáles son los aspectos «oscuros» de mi camino que desearía modificar y mejorar?
-    ¿Cuáles son las virtudes que ya practico y quisiera ver perfeccionadas?
-    ¿Estoy dispuesto a aceptar las pruebas, consciente que pueden contribuir a mi crecimiento?
-    ¿Mi vida de oración y las elecciones que realizo contribuyen a alimentar en mi el abandono en Dios?

 

Novena a San José

 
En este tiempo de Cuaresma, como una luz que se cuela en este camino de 40 dias, celebramos la fiesta de nuestro tan querido San José.
 
La Milicia de la Inmaculada sabe bien que unido a nuestro amor por La Inmaculada, amor nacido de la vocación de San Maximiliano Kolbe; profesamos una sincera y tierna devoción y cariño por aquel "hombre justo y bueno" que en lo escondido de un pequeño poblado de Galilea, Nazareth, crió, cuidó, protegió, enseñó, vivió y amó a Nuestro Señor y a su Santa Esposa, La Virgen María, hasta dar la vida por ellos.
 
Poco sabemos de nuestro querido San josé, pero lo poco que sabemos a través de la Palabra de Dios, de la Tradición y de los Padres de la Iglesia, es más que suficiente para saber que toda su vida fue una alabanza a Dios.
 
Si a nosotros, pobres siervos inútiles, nos llena de paz, de gracia y nos hace un poco más santos una hora o unos minutos de adoración ante Jesús Eucaristía, ¡Qué no debió crecer en santidad nuestro buen José después de tantos años de vivir con la constante presencia del Niño-Dios a su lado!
 
Acompañemos estos dias a San José hasta su fiesta y meditemos su virtudes con esta novena que os proponemos.
 
Él, maestro de oración y de abandono en el Señor, nos conceda una santa muerte acompañados de su santa presencia cuando la voluntad de Dios quiera llevarnos a su presencia.
 
NOVENA SAN JOSÉ
 
Oración Inicial de todos los días
+ Hacer la señal de la cruz.
Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.
San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Meditación del día correspondiente

Hacer Petición por la cual se ofrece la Novena

Oración Final de todos los días
¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.

Meditaciones para todos los dias
 
1er dia: Fe de San José
La fe es una virtud sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone. Es la virtud sobre la que se apoyan todas las demás virtudes, pues sin ella no participamos de la vida de la gracia. San José creyó con una fe tan viva que sólo la Santísima Virgen pudo aventajarlo. Toda su vida fue verdaderamente una vida de fe, un acto continuo de fe.
 
 
2º dia: Fervor de San José
El fervor es la prontitud de la voluntad en el servicio de Dios. San José, siervo bueno y fiel, siempre vivió y trabajó por hacer con perfección y diligencia la voluntad de Dios, aunque le ocasionara grandes sacrificios. Los que aman como San José están dispuestos a sacrificar todo cuanto el Señor les pida.
 
 
3er dia: Amor de San José al prójimo
El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.
El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.
 

4º dia: Prudencia de San José
La prudencia es al virtud que dirige todas las cosas a buen fin. Ninguna virtud obra sin que ella le ordene el modo y el tiempo en que debe hacerlo.La prudencia sirvió de guía a san José para llevar a cabo felizmente la misión del Señor de ser custodio de Jesús y esposo de María, a pesar de los grandes trabajos y contradicciones que halló a su paso.

 
5º dia: Fortaleza de San José
La fortaleza es una firmeza de ánimo, una presencia de espíritu, contra todos los males y contrariedades. La vida de San José, después de la de Jesús y María, fue la que mayores contradicciones experimentó; debía ser también varón fuerte. Belén, Nazaret, Egipto, demostraron el heroísmo de la fortaleza del Santo, que sufrió con constancia todos los dolores y trabajos de su vida.

 
6º dia: Pureza de San José
San José fue custodio de Cristo Jesús, y verdadero esposo de la más pura criatura, María Madre de Dios. San José apareció a los ojos de Dios adornado con tanta pureza que el Señor le confió sus más grandes tesoros. Con este ejemplo sublime de pureza. ¿No nos animaremos a ser puros en pensamientos, palabras y obras?
 
 
7º dia: Pobreza de San José
Bienaventurados son los pobres de Cristo, que viven desprendidos de los bienes de este mundo y dan a sus hermanos aún de lo preciso. San José tenía ante sí el ejemplo de María y el ejemplo de Jesús, hijo de Dios, que para predicar el desprendimiento y amor a la pobreza se hizo pobre, teniendo por cuna un pesebre en su nacimiento. Vivió pobre San José y dio de su pobreza a los más necesitados.
 
 
8º dia: Paciencia de San José
Es esta una virtud que nos hace sobrellevar con alegría y paz todos los males de la vida por amor de Dios. Es necesaria la paciencia para alcanzar el cielo; y no hay virtud de mas frecuente ejercicio desde que existe el pecado. En la vida de san José hubo muchas penas pero él padeció con paz, con alegría y completamente resignado a la voluntad de Dios.
 
 
9º dia: Conformidad de San José con la voluntad de Dios
Todos tenemos absoluta necesidad de esta santa virtud, pues con ella nuestra vida se hace un cielo y sin ella se vuelve un infierno. San José, modelo acabado de toas las virtudes, lo es especialmente de la conformidad con la voluntad de Dios. Toda su vida sembrada de alegrías y de penas, es escogido por Dios Padre para que hiciese sus veces en la Sagrada Familia, asociado a la suerte de Jesús y de María, practicó constantemente esta virtud.
 
 

San Maximiliano Kolbe nos acompaña en esta Cuaresma

Preciosa perla del P. Kolbe que nos enseña el camino a seguir en esta Cuaresma: nunca dejar de tener los ojos puestos en el Crucificado
 
 
 
"Todos los dias a menudo y en los momentos más difíciles,
 
fija tu mirada en el Crucifijo,
 
sumergido en la más extrema pobreza,
en los más grandes sufrimientos y depreciado por todos,
y aprende a imitar a Jesús
desnudo en medio de tantas tribulaciones
y burlas"
 
San Maximiliano Kolbe
(EK 966)
 
 
 
 

 

CUARESMA 2015

Hoy comienza la Cuaresma 2015
 
"Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas."
Joel 2, 12-14
 
(imagen cedida por MJS y Artia comunicación)
 
La Iglesia, como Madre que es, nos regala estos cuarenta dias para que podamos preparar un corazón puro al Señor y poder vivir, acompañar y celebrar con el Señor su Pascua.
 
Dejémonos iluminar por nuestro Santo Padre Francisco con su mensaje para esta Cuaresma, para que podamos vivirla santamente.
Le pedimos a nuestra Madre Inmaculada, que Ella que siempre va con nosotros en nuestro caminar, nos coja fuerte de su mano para no desfallecer y acompañar el Viernes a su Hijo hasta la Cruz, hacer silencio de dolor el Sábado con Ella y estallar de gozo y alegría con Ella el Domingo en que la muerte es vencida por el que es la Vida: su Hijo.
 
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2015
"Fortalezcan sus corazones" (St. 5,3)
 
 
 

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

 También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís

Franciscus

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 

 

 
 
 
 
 

 

 

 

 
 
 

Lourdes: Misterio de Amor

Hoy celebrabamos la Virgen de Lourdes
 

 
Lo que acontenció en esa pequeña gruta de un recóndito y sencillo pueblo de los pirineos franceses hace ya 157 años, el 11de febrero de 1858, entre una pequeña y humilde niña y la Madre de Dios siempre excederá nuestro asombro. Lourdes siempre será un misterio.Y un misterio de Amor de Dios con los hombres.
 
Un misterio que sólo puede ser contemplado con los ojos del Evangelio "... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla” (Mt.11,25-30). En este caso a una humilde niña de 14 años de nombre Bernadette, nuestra querida Santa Bernadette.
 
 
El cielo y la tierra se tocaron 16 veces entre nuestra pequeña Bernadette y la "Señora", como ella la llamaba. Hasta que en el último encuentro y aparición, la décimosexta; la "Señora" le desveló su nombre. El nombre que sacó a la luz el misterio insondable que desde todas las generaciones los cristianos habían creido en él, pero que sólo hasta 4 años atrás de esa 1ª aparición, se definió como dogma por Pio IX el 8 de diciembre:
 
"...declaramos, proclamamos y definimos
que la doctrina que sostiene
que la beatísima Virgen María
fue reservada inmune de toda mancha de la culpa original
en el primer instante de su concepción
por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente,
en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano,
está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
 
 
En ese último encuentro, el mismo dia en que celebramos la Anunciación del Señor, un 25 de marzo de 1858, la hermosa "Señora" le dijo dulcemente a Bernadette:
 
"Yo Soy La Inmaculada Concepción"
 

 
 
El misterio de Lourdes quedó desvelado y con él uno de los misterios de Amor de Dios con los hombres a través de su más hermosa y perfecta criatura: La bendita e Inmaculada Virgen María.
 
San Maximiliano Kolbe peregrinó al Santuario de Lourdes en 1930. Después de aquella visita diría: "Las palabras humanas no pueden describir a Aquella que llegó a ser verdadera Madre de Dios. A decir verdad Ella, por sí misma, es sólo una criatura, y sin embargo es un ser tan elevado por Dios que sería necesario comprender quién es Dios para comprender quién es la Madre de Dios. Ella es verdadera Madre de Dios. Es dogma de fe. Aunque la dignidad de la Maternidad divina constituya la razón principal de todos sus privilegios, la primera gracia que Ella recibió de Dios fue su Inmaculada Concepción, la exención de cualquier mancha, hasta el pecado original, desde el primer instante de su existencia. Este privilegio, además, debe serle muy grato, si Ella misma en Lourdes se llamó "Yo soy la Inmaculada Concepción" (EK 1292)
 

 
Hoy dia de la Virgen de Lourdes, y también dia del enfermo, - hermanos que sufren pegados a la Cruz de nuestro Señor -, dejémonos iluminar, para amar más a la Virgen de Lourdes, por las palabras de San Juan Pablo II, cuando ya viejo y muy enfermo visitó por última vez la gruta de Lourdes, meses antes de morir.
 
 
 
ALOCUCIÓN DEL PAPA SAN JUAN PABLO II AL INICIO DEL ROSARIO EN LA GRUTA DE LOURDES
Sábado 14 de agosto de 2004

"Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Al arrodillarme aquí, en la gruta de Massabielle, siento con emoción que he llegado a la meta de mi peregrinación. Esta gruta, donde se apareció la Virgen María, es el corazón de Lourdes. Hace pensar en la cueva del monte Horeb, donde Elías se encontró con el Señor, que le habló en el "susurro de una brisa suave" (1 R 19, 12).Aquí la Virgen invitó a Bernardita a rezar el rosario, desgranando ella misma las cuentas. Así, esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo. Por eso, Lourdes es el lugar donde oran de rodillas los creyentes de Francia y de muchas otras naciones de Europa y del mundo entero.
2. Esta tarde, también nosotros, peregrinos en Lourdes, queremos recorrer de nuevo, orando juntamente con la Virgen, los "misterios" en los que Jesús se manifiesta "como luz del mundo". Recordemos su promesa: "El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Queremos aprender de la humilde esclava del Señor la disponibilidad dócil a la escucha y el esfuerzo generoso por acoger en nuestra vida la enseñanza de Cristo.En particular, meditando en la participación de la Madre del Señor en la misión redentora de su Hijo, os invito a orar por las vocaciones al sacerdocio y a la virginidad por el reino de Dios, a fin de que los que han sido llamados respondan con disponibilidad y perseverancia.
3. Contemplando a la santísima Virgen María, digamos con Bernardita: "Mi buena Madre, ten misericordia de mí; me entrego totalmente a ti, para que me des a tu Hijo querido, al que quiero amar con todo mi corazón. Mi buena Madre, dame un corazón que arda completamente por Jesús".
 
ORACIÓN DE SAN JUAN PABLO II AL FINAL DEL SANTO ROSARIO
¡Dios te salve, María,
mujer pobre y humilde
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza,
profecía de los tiempos nuevos,
nos asociamos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino
y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve, María,
humilde esclava del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel,
morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
y a ser dóciles a la voz del Espíritu,
atentos a sus sugerencias
en la intimidad de nuestra conciencia
y a sus manifestaciones
en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve, María,
mujer de dolor,
Madre de los vivientes!
Virgen esposa al pie de la cruz,
nueva Eva,
sé nuestra guía por las sendas del mundo;
enséñanos a vivir
y a difundir el amor de Cristo;
enséñanos a estar contigo
al pie de las innumerables cruces
en las que tu Hijo se encuentra aún crucificado.

¡Dios te salve, María,
mujer de fe,
la primera de los discípulos!
Virgen, Madre de la Iglesia,
ayúdanos a dar siempre razón
de nuestra esperanza,
confiando en la bondad del hombre
y en el amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde dentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la cruz.

Santa María, Madre de los creyentes
Nuestra Señora de Lourdes,
ruega por nosotros.

Amén.
 
¡ Virgen Inmaculada y de Lourdes y Santa Bernadette, rogad por nosotros !