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Con Nuestra Madre Inmaculada vencemos todas las dificultades, nuestra “misión” es obra de Ella

Vidriera Inmaculada

 

Con alegría acogemos este nuevo sábado, dedicándolo a nuestra querida Madre Inmaculada. Como decía San Maximiliano María Kolbe, “Ella fue y será siempre para todos nosotros la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad” (EK 744). El P. Kolbe nos anima a recordar estas palabras, sobre todo “en las dificultades exteriores y también en las interiores, que son las más duras”. Del mismo modo que San Maximiliano prevenía a sus hijos espirituales sobre las pruebas que pueden presentarse en su misión, invitamos a actualizar sus consejos para la “misión” de cada uno de nosotros en nuestro día a día, con el fin de profundizar, tal como deseaba el P. Kolbe, en el carácter misionero de la MI. “En la misión no encontrarán sólo dificultades procedentes del ambiente, sino que Dios permitirá –a su mayor gloria y para manifestar aún más la bondad y la potencia de la Inmaculada- que ustedes pasen también a través del desaliento, la duda, la nostalgia, etc.” En este sentido, San Maximiliano anima a no depositar nuestra confianza en nosotros mismos, sino "única y totalmente en la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias y Madrecita nuestra”. Si realmente ponemos en práctica su enseñanza, es muy probable que, como él indicaba, tengamos asegurada la victoria, “aunque todo el infierno, su cuerpo y Satanás mismo se conjurasen contra ustedes”. “En tal caso –afirma-, no sólo no se desalentarían, sino que tendrían siempre fuerzas hasta para consolar también a los demás y reanimarlos en el espíritu, enseñándoles adónde deben dirigirse para recibir luz y fuerza”.

María. En Ella lo tenemos todo. Ella es nuestra esperanza, nuestro consuelo, nuestro remedio, nuestra alegría, aún cuando la situación pueda parecer desesperada. “Cuando surjan dificultades –señala el P. Kolbe-, ofrézcanlas a Ella, para que haga lo que le plazca: las elimine, las disminuya, las aumente o las deje como están”. “Basta dirigirse una sola vez a la Inmaculada, con la palabra o con la mirada, o incluso sólo con el pensamiento, para que Ella arregle todo lo que hemos destruido en nosotros y en quienes nos rodean, de modo que Ella pueda guiarnos en el momento presente y mantenga bajo su protección nuestro pasado y los éxitos de nuestro trabajo en el futuro”.

María, “mártir en el alma”

siete dolores virgen2

 

San Bernardo: “guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial”

Con gran alegría celebramos hoy la festividad de uno de los santos más devotos de la Santísima Virgen María: San Bernardo de Claraval. Tantas veces citado por San Maximiliano María Kolbe, dado su gran amor a la Inmaculada, San Bernardo nos ofrece en sus escritos y en su testimonio de vida un magnífico ejemplo de santidad, bajo el amparo de Nuestra Dulce Madre. A sólo unos días de la conmemoración del 75º aniversario del martirio del P. Kolbe, aprovechemos la fiesta de hoy para profundizar también en el “martirio del alma” de María, a la luz de uno de los sermones del santo cisterciense.


La Madre estaba junto a la cruz

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María–una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante. (De los sermones de san Bernardo, abad, Sermón, domingo infraoctava de la Asunción)

Pidamos a la Inmaculada que nos haga participar de su infinito amor y de su profundísima piedad; para que, siendo cada día más Suyos, podamos ofrecer nuestro pequeño holocausto en el martirio de cada día, según los designios de su santa Voluntad, como también hizo San Maximiliano durante su vida entregada. Y como sin su gracia nada podemos, renovemos siempre que podamos nuestra consagración a la Inmaculada, con la mirada siempre puesta en María, como nos indica San Bernardo:

“Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial.”

Carta de nuestro nuevo Asistente Nacional de la M.I.

Con motivo de la fiesta de hoy de San Maximiliano Kolbe, nuestro nuevo Asistente Nacional de la Milicia de la Inmaculada en España, Fray Abel García-Cezón; nos ha escrito la siguiente emotiva carta.

 

Granollers, 13.08.2016
¡Siempre con la Inmaculada!

Queridos mílites: paz y bien en el Señor.

Quisiera desearos con estas líneas una feliz y santa fiesta de nuestro amado san Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, cuyo testimonio de santidad nos preparará a la gran solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma al cielo. Preciosas fiestas que nos llenan de consuelo, de esperanza y de alegría en el Señor porque “eterna es su misericordia” (Sal 135). Quizás la mayoría de vosotros estéis también disfrutando de unos días de descanso con vuestras familias. ¡Aprovechad al máximo este tiempo tan hermoso y necesario! Celebremos con fervor, allá donde nos encontremos, la solemnidad de la Asunción de la Virgen como nos sugiere san Maximiliano: renovando nuestra consagración a ella. Como bien sabéis, consagrarse a la Inmaculada es entregarle toda la vida, pasado, presente y futuro, tiempo y capacidades; es querer caminar con ella hacia la santidad; es aceptar el reto de pronunciar un “sí” valiente y firme al Señor, como ella, en cada momento y circunstancia. Ella es el mejor y más seguro camino para ser de Cristo y para aprender a servir a los hermanos. La Iglesia aplica a María estas palabras del Apocalipsis: “Apareció una figura portentosa, una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas...”.

Con estas imágenes magníficas se nos quiere ayudar a descubrir la belleza de la Inmaculada, revestida con la misma gloria de Dios. Junto a este signo, dice san Juan, apareció otro: “Un enorme dragón”, fortísimo, con una manifestación impresionante e inquietante de poder sin gracia, sin amor, de egoísmo absoluto, de terror. San Agustín dice que toda la historia humana es una lucha entre dos amores: el amor de Dios hasta la pérdida de sí mismo, hasta la entrega de sí mismo, y el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, hasta el odio de los demás. Esta misma interpretación de la historia, como lucha entre dos amores, entre el amor verdadero y el “falso amor” que es el egoísmo, es lo que nos enseña la lectura del Apocalipsis. En el momento en el que san Juan escribió el Apocalipsis, el dragón se materializaba en el poder de los emperadores romanos anticristianos. Este poder parecía ilimitado; ante él la Iglesia daba la impresión de ser una mujer indefensa, sin posibilidad de supervivencia y mucho menos de vencer. ¿Quién podía oponerse a este poder que parecía capaz de todo? Y, sin embargo, sabemos que al final venció la mujer indefensa; venció el Hijo de la humilde mujer de Nazaret; venció el amor del Padre manifestado en la locura de la cruz de su Hijo y el imperio romano se abrió a la fe.

También hoy existe el dragón bajo nuevas formas mucho más sofisticadas. Existe en la forma de algunas ideologías o estilos de vida que nos dicen: mira, es inútil pensar en Dios; es absurdo cumplir con los mandamientos y tener una serie de principios morales innegociables; es absurdo seguir creyendo que nuestra vida no es fruto de la casualidad sino del querer de Alguien; es absurdo ser honesto, honrado, justo... Total: solo disfrutan de la vida los que se aprovechan, los que detentan el poder, los que utilizan cualquier estrategia, cualquier atajo, cualquier engaño, con tal de conseguir sus intereses, de asegurarse su propia vida; es absurdo defender la vida desde el primer momento hasta su final natural; estamos en otros tiempos. Lo único que vale la pena es sacar de este breve momento de la vida todo lo que se pueda vivir. ¡Esta es la vida! También ahora este dragón nos parece invencible a los cristianos, porque vemos que se ha ido infiltrando en la sociedad, en nuestras familias, en nuestra propia mentalidad, ¡casi sin darnos cuenta! Mílites, ¿de qué parte estamos en esta lucha? No cedamos, no bajemos la guardia. En Fátima, de cuyas apariciones se van a cumplir 100 años en 2017, la Virgen dijo que los tiempos modernos serían “los tiempos de la batalla decisiva”. En esta lucha, nuestro enemigo el demonio nos sugiere sutilmente que hemos de apartar a Dios para ser felices, para seguir nuestras ideas, nuestra voluntad y llegar así a ser realmente libres, hacer lo que nos apetezca sin tener que obedecer a nadie: por eso estaba en frente de la mujer, esperando a que naciera para tragárselo... Sin embargo, cuando Dios desaparece, el hombre no llega a ser más grande; al contrario, pierde su dignidad más verdadera, pierde el esplendor de Dios en su rostro. Al final se convierte sólo en el producto de una evolución ciega, del que se puede usar, abusar, manipular. ¡El hombre es grande, sólo si Dios es grande!, como nos recordó en muchas ocasiones el Papa Benedicto XVI.

La esperanza del cristiano es la victoria de Jesucristo, su muerte y su resurrección, como nos dice san Pablo, porque si no fuera así: ¡inútil sería nuestra fe y nosotros unos desgraciados! Es cierto que aún sentimos los zarpazos del pecado y de la muerte en nosotros. Y parece como si poco o nada hubiera cambiado. La Virgen María, en el misterio de su Asunción, nos asegura que no es así. No somos nosotros los que estamos heridos de muerte, sino estas realidades, destinadas a desaparecer, aunque aún sigan oscureciendo nuestra vida en la tierra. No lo olvidemos: ¡María es la mujer que ha aplastado la cabeza del dragón! La clave de todo está en “ser de Cristo”, seguirle y amarle, vivir como él nos ha enseñado, obedecer al Espíritu Santo, tener en nosotros sus mismos sentimientos, levantarse una y otra vez, después de cada caída, con la ayuda de la gracia que se nos da en los sacramentos. En la Inmaculada vemos realizado todo esto y por eso a ella le pedimos que también pueda realizarse en nosotros.

Ella participa, la primera, de la victoria de su Hijo: es glorificada en cuerpo y alma. Sí, en cuerpo y alma, es decir, toda ella, toda su existencia, porque como nos enseña la Iglesia, cuerpo, espíritu y mente están destinados a la vida. Esta es la inmensa dignidad y futuro del hombre: no estamos destinados al vacío, a la nada, a la desaparición total. Sino que Aquel que nos creó, porque nos amaba desde siempre, ha puesto en nosotros la semilla de su gloria que ni siquiera la muerte puede destruir. Lucharán contra nosotros, parecerá que nos vencen, pero la victoria es de Cristo y de los que son de Cristo. Es así que comprendemos el martirio de san Maximiliano María Kolbe: acosado, sí, pero no desesperado; perseguido, sí, pero no abandonado; derribado, sí, en el infierno de Auschwitz, pero no vencido  (Cf. 2Corintios 4, 7-15). Toda vocación tiene la promesa de ver cosas grandes. Los que aceptan entregar su vida a Dios se convierten en testigos privilegiados de las maravillas que la gracia realiza en los corazones y del triunfo del amor de Dios sobre el mal. Sin esta perspectiva sobrenatural es difícil entender el camino que a cada uno le depara su vocación. Sin esta perspectiva es difícil (¡por no decir imposible!) entender lo que el padre Maximiliano Kolbe vivió, guiado por la Inmaculada, durante toda su vida y especialmente tras las alambradas de Auschwitz.

 

Miremos a la Inmaculada, llevada al cielo, como signo de victoria del poder del amor de Dios. Dejémonos alentar por ella en la fe y pongámonos de su lado en esta lucha, porque Dios vence. Hagamos de su Corazón inmaculado nuestro refugio. La fe, como nos muestran los mártires, aparentemente débil, es la verdadera fuerza que transforma el mundo. Digamos con toda la Iglesia:

“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros,
pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
San Maximiliano María Kolbe, ¡intercede por nosotros!

 

 

Os abrazo y bendigo en el nombre del Señor,

Fray Abel García-Cezón,
Asistente nacional de la MI

Hoy es San Maximiliano Kolbe

Con toda la Iglesia Universal, anunciamos con toda la alegría de nuestro corazones que celebramos la fiesta de nuestro querido fundador de La Milicia de La Inmaculada:

San Maximiliano María Kolbe

Que su ejemplo de vida y de entrega amorosa a nuestra querida Madre Inmaculada y a todos los hombres nos sirva para crecer en santidad y en amor a La Inmaculada.

 

"Efectivamente, como a través de María tuvo inicio la salvación,

así también a través de Ella la salvación llegará a su consumación"

San Maximiliano María Kolbe, ruega por nosotros

 

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 2º dia

Segundo día: Sí a María

 


 

Acercándonos al Padre Kolbe nos sentimos atrapados por su comunión con la Virgen, que se expresa en su consagración a Ella, es decir en su entrega sin límites a Ella y en su amor apasionado por el hombre.

Del Evangelio según San Juan (19, 25–27)

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa”.

Silencio orante

De los Escritos del Padre Kolbe
"Que la vida de la Inmaculada se arraigue en nosotros cada vez más profundamente, día tras día, hora tras hora, a cada momento y esto sin límites: ¡Este es nuestro ideal! Que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón para pertenecerle totalmente: ¡Este es nuestro ideal! Acercar a Ella muchos hermanos, para que abran sus corazones y Ella reine en todos y en todo lugar, sin distinción de raza, de nacionalidad, de idioma. Que reine en el corazón de todos los hombres que vivirán en todo tiempo y hasta el fin del mundo: ¡Este es nuestro ideal!"

 

Consagración diaria a la Inmaculada
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

Fiesta de la Virgen de la Asunción

Hoy los católicos de todo el mundo celebramos con gran alegría que un 1 de noviembre de hace 54 años, el Papa Pio XII declaró solemnemente el Dogma de la Asunción de la Virgen María al cielo.

"Por tanto, después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste." Bula "Munificentissimus Deus", 37

Este Dogma tal como nos habla S.S. Pio XII, está unido estrechamente al de la Inmaculada y no se explica sin él:
" Ella, por privilegio del todo singular, venció al pecado con su concepción inmaculada; por eso no estuvo sujeta a la ley de permanecer en la corrupción del sepulcro ni tuvo que esperar la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo." Bula "Munificentissimus Deus" , 4

Nuestra Madre nos espera en el cielo tal y como fue en la tierra y es Ella la primera en mostarrnos como seremos al final de los tiempos cuando Cristo resucite nuestra carne.


Pedimos a la Virgen de la Asunción que nos ayude a amarla más en este año de la Misericordia; que nos convierta en testigos valientes y que acreciente en nosotros el ardor apostólico por proclamar al mundo entero y a todos los hombres el Amor de Dios.

Nuevo Asistente Nacional de la M.I. España

Hoy dia de San Maximiliano Kolbe, con inmensa alegría os anunciamos que en el último Capítulo Provincial de la orden religiosa de Hermanos Menores Conventuales, orden a la que pertencía San Maximiliano Kolbe nuestro fundador de la M.I.,
ha sido elegido como nuevo Asistente Nacional de la Milicia de la Inmaculada en España, Fray Abel García-Cezón.

Fray Abel venía desarrollando su actividad pastoral en la Parroquia y Comunidad franciscana de Granollers,
pero cambiará de actividad para dirigir y ser responsable la nueva casa de formación de religiosos de su orden, situada en la Parroquia de El Rosario en Madrid.
Fray Abel además escribe todos los meses en la Revista Antena Conventual, en la sección denominada "Asís Directo".

A lo largo de toda su vida religiosa Fray Abel ha demostrado siempre un profundo amor a La Inmaculada por lo que
pedimos a nuestro Señor, a La Inmaculada y a San Maximiliano Kolbe que le bendigan y le iluminen para que sepa
guiar espiritualmente a todos los que formamos parte de la M.I. de España.

A todos los que nos leéis os pedimos que os suméis a nuestras oraciones por Fray Abel y por esta nueva etapa de la M.I. en España que comenzó en mayo de este año con la lección del nuevo Presidente y Consejo Nacional.

Así mismo no podemos terminar estas palabras sin mencionar a nuestro anterior Asistente Nacional: Fray Gonzalo Fernández-Gallardo.
Fray Gonzalo no se va de nuestro lado, sino que se queda en la M.I. para sosternernos con su oración y presencia, así mismo Fray Gonzalo seguirá trabajando por la M.I. para hacer que en su parroquia y comunidad de Granollers la M.I. comience su andadura. Gracias de corazón Fray Gonzalo por haber comenzado e impulsado hace unos años esta aventura de amor que es la M.I.y por habernos inculcado en nuestros corazones tu amor por La Inmaculada.


¡¡ Bienvenido Fray Abel !!
¡¡ Fray Gonzalo...Gracias de corazón !!

Que San Maximiliano Kolbe, que hoy celebramos su fiesta, que os bendiga y os sostenga a ambos en la misión que La Inmaculada os tenga encomendada.

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 3er dia

Triduo a San Maximiliano María Kolbe
 
Tercer día: Sí a los hermanos


La vida y la muerte de san Maximiliano Kolbe son una realización de las palabras de Jesús, según el Evangelio.

Del Evangelio según San Juan (15, 13-16)

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”.


Silencio orante

De los Escritos del Padre Kolbe
"Cuando el fuego del amor se enciende no puede encontrar lugar en el límite del corazón... Entonces se irradia hacia fuera, incendia, devora, atrapa a otros corazones... Conquista muchas almas."

Reflexión: Cada uno de nosotros estamos llamados a descubrir la manera con la cual Dios quiere que entreguemos nuestra vida. Descubrir esto, significa descubrir nuestra felicidad y la de nuestros hermanos. Dar la vida como Cristo la dio por nosotros. También nosotros, como Padre Kolbe en su tiempo, queremos ser pan de vida para nuestros hermanos como Cristo es Pan de vida para la Iglesia.


Consagración diaria a la Inmaculada
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 1er dia

El próximo dia 14, víspera de la fiesta de la Asunción de nuestra Madre al cielo, toda la Iglesia universal celebrará con alegría la fiesta de San Maximiliano María Kolbe, nuestro buen P. Kolbe y fundador de la Milicia de la Inmaculada.

Para prepararnos bien a su fiesta celebremos juntos el triduo en su honor.

Gracias a nuestras queridas hermanas Misioneras de la Inmaculada del Padre Kolbe os proponemos el material que desde su congregación han preparado para celebrar el triduo.

 

Ofrecemos el primer dia del triduo para esperar al dia 14 con el corazón bien dispuesto y preparado.

Primer día: Sí a Cristo

- Con gran alegría te alabamos, te damos gracias y te adoramos, Señor Dios nuestro, porque tu eres Padre, Hijo Unico y Espíritu Santo.
- Te cantamos, te bendecimos por la admirable cantidad de santos que a lo largo de los siglos suscitaste en tu santa Iglesia.
- En estos últimos tiempos suscitaste a tu siervo san Maximiliano Kolbe, fiel seguidor del Evangelio y apasionado apóstol de María Inmaculada. Por medio de él llamaste a muchos a seguir a tu Hijo y diste la esperanza, haciendo florecer la vida de entre las cenizas del odio y de la muerte.
- Te adoramos, te damos gracias y te alabamos Señor, porque nos amaste desde siempre con amor eterno. Amén.

Lectura del Libro del profeta Isaías (43,1.4a)
"Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por nombre, tú me perteneces.
Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo."


Silencio orante

De los Escritos de san Maximiliano (EK 1145)
"¿Quién se atrevería a suponer que tú, oh Dios infinito y eterno, me amaste desde siglos, más aún, antes de los siglos? Aunque yo no existía todavía, tú me amabas ya y, justamente por el hecho que me amabas me llamaste de la nada a la existencia...
Para mí creaste los cielos tachonados de estrellas, para mí la tierra, los mares, los montes, los rías y muchas cosas hermosas que hay sobre la tierra...
Sin embargo esto no te bastaba. Para mostrarme de cerca que me amabas con tanta ternura, bajaste del Cielo a esta tierra llena de lágrimas, llevaste una vida de pobreza, fatigas y sufrimientos y, en fin, despreciado y escarnecido, quisiste ser colgado entre los tormentos en un lúgubre patíbulo... Oh Dios de amor ¡me redimiste de esta manera terrible, pero generosa!
Tu corazón non consintió que yo unicamente debiera nutrirm con los recuerdos de tu ilimitado amor. Permaneciste en esta tierra en el Santísimo Sacramento del Altar y te unes estrechamente a mí bajo forma de alimento... compenetras mi alma, le das fuerza y la alimentas... ¿Quién seatrevería a suponer? ¿Qué podrías darme todavía, oh Dios, después de haberte también ofrecido a mí?"


Consagración diaria a la Inmaculada


Padre Nuestro, Ave María y Gloria