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Con Nuestra Madre Inmaculada vencemos todas las dificultades, nuestra “misión” es obra de Ella

Vidriera Inmaculada

 

Con alegría acogemos este nuevo sábado, dedicándolo a nuestra querida Madre Inmaculada. Como decía San Maximiliano María Kolbe, “Ella fue y será siempre para todos nosotros la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad” (EK 744). El P. Kolbe nos anima a recordar estas palabras, sobre todo “en las dificultades exteriores y también en las interiores, que son las más duras”. Del mismo modo que San Maximiliano prevenía a sus hijos espirituales sobre las pruebas que pueden presentarse en su misión, invitamos a actualizar sus consejos para la “misión” de cada uno de nosotros en nuestro día a día, con el fin de profundizar, tal como deseaba el P. Kolbe, en el carácter misionero de la MI. “En la misión no encontrarán sólo dificultades procedentes del ambiente, sino que Dios permitirá –a su mayor gloria y para manifestar aún más la bondad y la potencia de la Inmaculada- que ustedes pasen también a través del desaliento, la duda, la nostalgia, etc.” En este sentido, San Maximiliano anima a no depositar nuestra confianza en nosotros mismos, sino "única y totalmente en la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias y Madrecita nuestra”. Si realmente ponemos en práctica su enseñanza, es muy probable que, como él indicaba, tengamos asegurada la victoria, “aunque todo el infierno, su cuerpo y Satanás mismo se conjurasen contra ustedes”. “En tal caso –afirma-, no sólo no se desalentarían, sino que tendrían siempre fuerzas hasta para consolar también a los demás y reanimarlos en el espíritu, enseñándoles adónde deben dirigirse para recibir luz y fuerza”.

María. En Ella lo tenemos todo. Ella es nuestra esperanza, nuestro consuelo, nuestro remedio, nuestra alegría, aún cuando la situación pueda parecer desesperada. “Cuando surjan dificultades –señala el P. Kolbe-, ofrézcanlas a Ella, para que haga lo que le plazca: las elimine, las disminuya, las aumente o las deje como están”. “Basta dirigirse una sola vez a la Inmaculada, con la palabra o con la mirada, o incluso sólo con el pensamiento, para que Ella arregle todo lo que hemos destruido en nosotros y en quienes nos rodean, de modo que Ella pueda guiarnos en el momento presente y mantenga bajo su protección nuestro pasado y los éxitos de nuestro trabajo en el futuro”.