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Totus Tuus, María

San Juan Pablo II: “Maximiliano Kolbe (...) se presentó en nuestro tiempo como profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con vívida luz en todo el mundo a Jesucristo y su Evangelio”

 

juan pablo II

 

“16 de octubre de 1978 a la noche. Llega al que en adelante será su dormitorio en los departamentos pontificios, y se lo muestra el Cardenal Martin. Se arrodilla inmediatamente al pie de la cama y reza el Salve Regina. El único objeto que se hace traer de la austera celda de madera donde habitó durante el cónclave es el pequeño libro de Luis Maria Grignion de Montfort: El tratado de la verdadera devoción a María. El mismo antiguo ejemplar que nunca dejó desde que lo leía en sus ratos libres cuando trabajaba duramente en la fábrica de Solvay de Cracovia. Pequeño libro manchado por la cal que debía transportar en las carretillas”. Como bien narra el P. Daniel – Ange en su obra “Florecillas de Juan Pablo II. Anécdotas de un trotamundos”, el Santo Papa polaco quiso comenzar su pontificado con la Santísima Virgen. Tal era su unión con la Madre de Dios, que adoptó como lema aquellas palabras que resumen el acto de consagración de San Luis María Grignion de Montfort: “Totus Tuus, María” (“Todo tuyo soy, María”).

Al igual que San Maximiliano María Kolbe, San Juan Pablo II es un modelo de entrega a Cristo a través de la Inmaculada. Hoy, día en que celebramos su festividad, aprovechemos para pedirle que interceda por nosotros y, como él, nos ayude a vivir cada segundo de nuestras vidas para María, por María, en María y con María. Hoy también, profundizamos en las enseñanzas del P. Kolbe de la mano del Santo Pontífice:

Efectivamente, el amor a la Inmaculada fue el centro de su vida espiritual, el fecundo principio animador de su actividad apostólica. El modelo sublime de la Inmaculada iluminó y guió toda su existencia en los caminos del mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un testimonio espléndido cristiano y sacerdotal. Con intuición de santo y agudeza de teólogo, Maximiliano Kolbe meditó con perspicacia extraordinaria el misterio de la Concepción Inmaculada de María a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia, sacando de ahí admirables lecciones de vida. Se presentó en nuestro tiempo como profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con vívida luz en todo el mundo a Jesucristo y su Evangelio (Homilía Juan Pablo II, Solemnidad de la Inmaculada, 1982).

“España es tierra de María”, dijo San Juan Pablo II al despedirse de España en una de sus visitas. Ésa es nuestra esperanza. También desde aquí podemos extender esa “era mariana” de la que habla San Juan Pablo II cuando recordaba al P. Kolbe, “destinada a hacer brillar con vívida luz en todo el mundo a Jesucristo y su Evangelio”. Nosotros no podemos nada, pero si nos entregamos a la Inmaculada, Ella lo hará todo. Por eso, Madre querida, en este sábado volvemos a recurrir a tu maternal Corazón y, como San Juan Pablo II, nos entregamos a Ti diciéndote: “Totus tuus, María”.