Concepto y Sentido

¿Quieres consagrarte a La Inmaculada?

 
¿Quieres entregarle a La Inmaculada toda tu vida, tu pasado,
tu presente y futuro, tu alma y todo tu cuerpo?
 
¿Quieres volverte “loco” por pertenecerle a Ella?
 
Acepta el reto de hacer algo que por tí mismo no puedes.
 
Confia ciegamente en Ella, déjate habitar por Ella.
 
Agárrate a María sabiendo que es el mejor y más seguro camino para pertenecerle
a Jesucristo y por Él a Dios Padre en el Espíritu Santo.
 
Vive con la alegría de tener una Madre
que te cuida en medio de todas las dificultades
 
Consagrarse a María es dejarlo todo en sus manos, es ofrecerse a trabajar sin límites por tu propia conversión y por la conversión de todos, especialmente la de los que están más alejados de la Iglesia.
Consagrarse a La Inmaculada es querer sufrir y vivir por amor a su Hijo JesuCristo; es ofrecerlo todo a Aquella por la que te llegan todas las gracias.
 
 
Esto es lo que han vivido hombres como San Maximiliano María Kolbe. ¿De dónde sacó Kolbe la fuerza para vivir con tanto amor hasta el extremo y tanta fecundidad apostólica? Su secreto fue su total e incondicional consagración a la Inmaculada. Decía: “la Inmaculada es el medio más corto, más rápido y más fácil para llegar a ser santos”, porque Ella es la “Mediadora de todas las gracias” y el modelo de todas las virtudes.
 
 
Entonces...¿quieres consagrarte a La Inmaculada?
 
Prueba. No tengas miedo. Pon toda tu voluntad y todo tu amor en ello. Notarás una gran alegría. Y, luego, a no desfallecer, a renovar cada día esta consagración, a dejarte guiar por Ella, a entregarte sin reservas en lo concreto de la vida, hasta la Eternidad, siempre en sus manos purísimas.
 
Aquí te ofrecemos un libro con unas fichas para que
te prepares para consagrarte a la Inmaculada.
 
Léelo, reza con él, medita con él. Busca entre sus páginas la Voluntad de Dios y de La Inmaculada en tu vida y si finalmente quieres dar el paso de Consagrarte a la Virgen, según este camino de santidad trazado por San Maximiliano María Kolbe, busca un sacerdote o ponte en contacto con nosotros: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
 
Te ayudaremos a buscar el momento donde realizar con pleno consentimiento y preparación tu entrega total a la Virgen Inmaculada.
 
¡Atrévete, tu Madre María te espera!
Ya estamos rezando por tí.
 
 
Adjuntos:
Descargar este archivo (Preparacion_Consagracion_Inmaculada.pdf)Libro de preparación para la Consagración a La Inmaculada[Libro que mediante varias fichas, ayuda a todas las personas que quieran consagrarse a la Virgen Inmaculada, según la fórmula de consagración de San Maximiliano María Kolbe establecida el movimiento La Milicia de la Inmaculada (MI)]332 kB

Para el grupo MI de Madrid (23-11-2010)

Queridos amigos del Grupo “Nuestra Señora del Rosario” de la Milicia de la Inmaculada. Este grupo recién nacido lo formáis personas que habéis conocido el amor de la Virgen María. Todo es mucho mejor con Ella, porque Ella es quien nos ha convocado. Necesitamos urgentemente ser de Cristo, pero nuestro corazón está muchas veces dividido. Queremos pertenecerle de verdad a Jesús, pero nuestra vida se asfixia en muchas pertenencias, en preocupaciones descontroladas, pérdidas de tiempo, relaciones rotas y heridas que nos ha dejado la vida… Por eso, en este momento concreto de nuestra historia hemos respondido a la llamada de María Inmaculada, a pertenecer a su Milicia.

Como san Maximiliano Kolbe queremos enloquecer por María, ser de Ella, ponernos en sus manos cada día. Nadie lo puede hacer por ti. Si no te levantas cada mañana y centras tu corazón en Ella, otras cosas, a veces muy pequeñas y ridículas, van a centrar tu atención. Por eso, renueva tu deseo de consagrarte cada mañana a María Inmaculada, dile cosas hermosas desde lo más íntimo de ti, deja que salgan palabras propias de un hijo para con su Madre. Y ofrécete, ofrécete entero a Ella, díselo, sin miedo: Ella te va a ayudar. Recuerda, cada mañana, lo primero, con la máxima intensidad, renueva tu consagración a María. Este amor dará sus frutos, como los dio en San Maximiliano María Kolbe y en tantos hermanos nuestros. ¡Todo a gloria de María Inmaculada, porque así todo será en Cristo!

¡Cada mílite, un místico!

Y ahora creemos que nos llama a nosotros, tan pobres y temerosos, a utilizar este instrumento [la Milicia] para profundizar en nuestra conversión personal a Cristo y para ayudar a otros muchos en su propio camino de vuelta a Dios, porque siempre estamos volviendo a Él, restituyéndole todo, para que así Él pueda hacernos partícipes de su misma Gloria. Y María es el cauce de todas estas gracias, la mejor protección ante las acechanzas del Enemigo, la mejor dinamizadora de todo el Bien, porque no en vano es la Esposa del Espíritu Santo, la Hija del Padre y la Madre del Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo.
¡Cada mílite, un místico!
No podemos olvidar que, para San Maximiliano, el secreto de todo esto es la CONSAGRACIÓN, el acto de la voluntad que se renueva y se profundiza cada día, que se rehace cuando se ha olvidado, que se confía a los ojos misericordiosos de María... Así pues, cada día, pongo el acento en algún aspecto, en alguna palabra, en algún sentimiento, en alguna moción que mi Buena Madre me ayuda a percibir, a entender, a sentir, a descubrir, a actuar,... Y luego he de notar, de examinar, que es así, que soy y vivo cada instante como un consagrado, un unido-pegado a María, que me estoy dando realmente a los demás, que doy mi tiempo, mi cariño, mi ternura, que me gasto por todos, que no hago mi voluntad, sino la de mi Madre Inmaculada, que sufro y muero por Ella, para vivir en Él.
Tampoco podemos olvidar cada día el rezo del Rosario, con amor, centrando nuestra atención en los Misterios de nuestra Salvación, en la compañía de María que está a mi lado, que me ayuda a ser de su Hijo, que aclara mi pertenecía, que sana mis heridas, que me mira con ternura, que me lanza a vivir con intensidad, que me confía tarea apostólica, que me encarga misión de Iglesia, que me pide ayuda para buscar a los hijos más alejados, etc, etc, etc.
Y las balas, los signos de todo esto. ¡Podemos visualizar lo que llevamos dentro! ¡Cuántas facilidades nos da el Señor! Si podemos comulgar con Él mismo, vivo, presente, real, en la Eucaristía; si podemos recibir su perdón por la mano y la palabra de un sacerdote, ¿cómo no nos va a facilitar luego otros muchos signos menores de su presencia, de la presencia de la Virgen y de los santos? ¡Somos ciudadanos del Cielo! ¡Amamos como nadie esta tierra, esta vida, pero sabemos adónde vamos, y eso es lo que da sentido a nuestro desvivirnos de cada día! ¡Somos los bendecidos que van bendiciendo, especialmente con sus obras de amor! Y para eso, siempre María en nuestro corazón, al ritmo de nuestro respirar. Como nos enseñó San Maximiliano, que no pase ni siquiera un cuarto de hora en el que nuestra mente haya podido decir: ¡María!

fr. Gonzalo Fernández

¿Qué es CONSAGRARSE?

Consagrarse a la Inmaculada es entregarle toda nuestra vida, pasado, presente y futuro, nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestro tiempo y nuestras capacidades, es volverse “loco” por pertenecerle a Ella, es aceptar el reto de hacer algo que por nosotros mismos no podemos, es confiar ciegamente en Ella, es dejarse habitar por Ella, es saber que es el mejor y más seguro camino para pertenecerle a Jesucristo y por Él a Dios Padre en el Espíritu Santo, es vivir con la alegría de tener una Madre que te cuida en medio de todas las dificultades, es dejarlo todo en sus manos, es ofrecerse a trabajar sin límites por la propia conversión y por la conversión de todos, especialmente la de los que están más alejados de la Iglesia, es querer sufrir y amar como eres amado, es ofrecerlo todo a Aquella por la que te ha llegado la Gracia y la Bendición, a Aquella por la que te llegan todas las gracias, es restituirle a Dios todo lo que te da por medio de la que todo te llega, es…

CONSAGRACIÓN DIARIA

Consagración a la Inmaculada: fórmula compuesta por San Maximiliano Kolbe

Acto de Consagración

"Oh Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra muy amada, a quien Dios ha constituido cauce de toda su misericordia, yo, N.N., indigno pecador, me postro a tus pies suplicándote humildemente me aceptes totalmente como cosa y propiedad tuya y hagas lo que quieras de mí y de todas las facultades de mi alma y de mi cuerpo, de mi vida, muerte y eternidad. Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser sin reserva alguna, para conseguir lo que se dijo de ti: “Ella te aplastará la cabeza”, así como: “Tú sola has destruido todas las herejías en todo el mundo” para que en tus manos inmaculadas y misericordiosísimas yo llegue a ser un instrumento útil para introducir e incrementar lo más posible tu gloria en tantas almas extraviadas e indiferentes y para extender, cuanto sea posible, el bendito Reino del sacratísimo Corazón de Jesús. Donde tú entras, obtienes las gracias de la conversión y de la santificación, ya que toda gracia fluye, a través de tus manos, desde el Corazón dulcísimo de Jesús hasta nosotros. Concédeme alabarte, Virgen santísima. Dame fuerzas contra tus enemigos".