La Medalla Milagrosa

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Hoy celebramos la festividad de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa


Esta fiesta es realmente significativa para todos aquellos que formamos la Milicia de la Inmaculada; ya que nuestro querido Padre Kolbe quiso adoptar como forma de apostolado de nuestro movimiento, el que conquistáramos el corazón de todos los hombres y mujeres del mundo, através de la entrega amorosa de la medalla de la Virgen Milagrosa...auténticas "balas" para la conversión de los corazones, que usaba San Maximiliano Kolbe.

En palabras de nuestro santo y fundador:

"En distintas ocasiones la Santísima Virgen María ha ayudado a sus hijos y ha ofrecido diferentes maneras de alcanzar más fácilmente la salvación y la liberación de los demás del yugo de Satanás. Ahora, en la era de la Inmaculada Concepción, la Santísima. Virgen ha entregado a la humanidad la Medalla Milagrosa, la cual, por medio de innumerables curaciones y sobre todo de conversiones milagrosas, confirma su procedencia celestial. Al manifestarla, la Inmaculada misma prometió muchísimas gracias a todos aquellos que la llevaran; y ya que tanto la conversión como la santificación son gracias divinas, la Medalla Milagrosa es el mejor medio para alcanzar nuestro fin. Ésta constituye, pues, la mejor arma de la “Milicia. (EK 1248)

 

Qué nunca falte colgada de nuestro cuelllo y en nuestros bolsillos, para entregarla en toda ocasión a nuestros hermanos los hombres, este regalo del cielo que nos llegó directamente de las manos de La Inmaculada, en forma de medalla.

ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA

Virgen Milagrosa, gracias por estar hoy con nosotros.
Nosotros queremos abrir nuestro corazón a todos.
Queremos que seas nuestra mejor amiga,
compañera de camino, Madre nuestra.
Madre nuestra:
Ya que estás con nosotros,
que encuentres en cada uno de nosotros una casa.
Comparte nuestros momentos alegres
y nuestros días grises.
Ayúdanos a superar nuestros problemas
y a salir de las situaciones que nos quitan la alegría.
Te pedimos que cuides nuestra vida,
nuestros actos
y nuestras actitudes.
Que todo ello sirva para bien del prójimo
como hizo tu Hijo, Jesús.

Santa Catalina Labouré y la Medalla Milagrosa

Hoy celebramos a Santa Catalina Labouré
“Las gracias serán abundantes para los que lleven esta medalla con confianza”
(extracto del diálogo de La Virgen con Sta. Catalina Labouré)
 
"Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza". Con estas palabras, la Santísima Virgen María encargaba a Santa Catalina Labouré, la misión que Dios le había confiado. Originalmente, esta medalla se llamaba “de la Inmaculada Concepción”, pero al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente "La Medalla Milagrosa".
Aquel 27 de Noviembre de 1830, Sor Catalina estaba en la Capilla haciendo su meditación, cuando volvió a sentir el sonido del traje de seda que en apariciones anteriores le había anunciado la venida de la Virgen María.
Según cuenta esta Hija de la Caridad, la Virgen apareció: “vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza. Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita. La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla. Tenia tres anillos en cada dedo; el mas grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y no mas pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.”
 
Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:
“Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.”
Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo.
El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.
En este momento, se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti".
Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda.
Oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza".
 
La aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla.
En el aparecía una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.
La misma aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. La Virgen dijo a Catalina: "En adelante, ya no verás, hija mía; pero oirás mi voz en la oración".
Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: "La M y los dos corazones son bastante elocuentes".
Según narra Santa Catalina, cuando la visitaba la Santísima Virgen, ella se arrodillaba apoyando sus manos en las rodillas de María: "Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí". Como Madre, la Virgen nos invita a todos a descansar en sus brazos, y si nos apoyamos en Ella como Santa Catalina Labouré, también pasaremos “los momentos más dulces de nuestra vida”.

La explicación de los símbolos de la Medalla y su mensaje espiritual es el siguiente:
 
En el Anverso:
-María aplastando la cabeza de la serpiente que esta sobre el mundo. Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satanás.
-El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza: la mujer del Apocalipsis, vestida del sol.
-Sus manos extendidas, transmitiendo rayos de gracia, señal de su misión de madre y mediadora de las gracias que derrama sobre el mundo y a quienes pidan.
-Jaculatoria: dogma de la Inmaculada Concepción (antes de la definición dogmática de 1854). Misión de intercesión, confiar y recurrir a la Madre.
-El globo bajo sus pies: Reina del Cielo y tierra.
-El globo en sus manos: el mundo ofrecido a Jesús por sus manos.
En el reverso:
-La cruz: el misterio de redención- precio que pagó Cristo. Obediencia, sacrificio, entrega
-La M: símbolo de María y de su maternidad espiritual.
-La barra: es una letra del alfabeto griego, "yota" o I, que es monograma del nombre, Jesús.
Agrupados ellos: La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
-Las doce estrellas: signo de la Iglesia que Cristo funda sobre los apóstoles y que nace en el Calvario de su Corazón traspasado.
-Los dos corazones: la Corredención. Unidad indisoluble. Futura devoción a los dos y su reinado.
 
Esta es la historia y la explicación de como nació en la Iglesia nuestra querida Medalla Milagrosa, a través de la mediación de Santa Catalina Labouré, y que San Maximiliano Kolbe acogió como símbolo dsitintivo y de apostolado de la Milicia de la Inmaculada.
Que sepamos llevarla con amor y con agradecimiento, sabiendo que es la propia Virgen Inmaculada la que va con nosotros cuando la llevamos puesta.

Santa Catalina Labouré y San Maximiliano Kolbe, rogad por nosotros
 

Hace 182 años - aparición de Nuestra Señora a Catalina Labouré

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“Las gracias serán abundantes para los que la lleven con confianza”

 

"Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza". Con estas palabras, la Santísima Virgen María encargaba a Santa Catalina Labouré, la misión que Dios le había confiado. Originalmente, esta medalla se llamaba “de la Inmaculada Concepción”, pero al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente "La Medalla Milagrosa".

La Medalla de la Milagrosa

De tanta estima para San Maximiliano: era su munición preferida.

Teología de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa es en sí todo un tratado de Teología que puede desentrañarse con sencillez, pues conocemos ya los elementos que la conforman, nos son familiares todos ellos.

En primer lugar, la forma de la medalla no es común. Podría ser simplemente redonda, pero es ovalada: tiene forma de escudo protector.

El anverso representa a María de pie, con las manos abiertas derramando sus gracias en abundancia, como Mediadora Universal, Mediadora de intercesión y Mediadora de todas las gracias. A sus pies, la serpiente antigua cuya cabeza pisa, y que nos remite a las primeras páginas de la Biblia, al llamado "Proto Evangelio": Dios prometió que la Mujer pisaría la cabeza del demonio mientras éste intentaría morderle el calcañal. Puso enemistad entre Su linaje y su linaje.

Rodea a la Virgen las palabras de una invocación reveladora en muchos sentidos: "¡Oh, María, sin pecado concebida...!". Estamos en 1830, y no será hasta 1854 cuando Pío IX proclame el Dogma de la Inmaculada Concepción, y la Virgen misma lo confirme en Lourdes ante Bernardita Soubirou. Dios, por los méritos anticipados de Nuestro Señor Jesucristo evitó a María el pecado original en el momento de ser concebida, para ahorrar así el más leve contacto de Jesús con el demonio incluso en el vientre de su Madre.

El reverso de la Medalla muestra una gran "M" de María coronada por la cruz. María es quien nos trae a Jesús. Por su humilde "fiat", el hijo de Dios pudo nacer y ser elevado sobre la tierra, y con ello atraer a todos hacia Sí.

Que el Redentor y su Madre están unidos en la obra común de nuestra salvación se advierte también en los dos corazones doloridos a los pies de la gran "M". El de María, atravesado por una espada como le profetizó Simeón cuando presentó a Su Hijo en el Templo, nos muestra su calidad de Corredentora: cuando atravesaron el costado de Cristo en la Cruz, fue María quien sangró.

En fin, la última revelación mariana de las Sagradas Escrituras queda consignada también en la Medalla: las doce estrellas con que San Juan observa coronada a la Mujer vestida de sol y con la luna bajo sus pies. La Medalla recorre toda la Biblia, toda la Historia, y en medio de ella, estamos nosotros, linaje de María.