Teología de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa es en sí todo un tratado de Teología que puede desentrañarse con sencillez, pues conocemos ya los elementos que la conforman, nos son familiares todos ellos.

En primer lugar, la forma de la medalla no es común. Podría ser simplemente redonda, pero es ovalada: tiene forma de escudo protector.

El anverso representa a María de pie, con las manos abiertas derramando sus gracias en abundancia, como Mediadora Universal, Mediadora de intercesión y Mediadora de todas las gracias. A sus pies, la serpiente antigua cuya cabeza pisa, y que nos remite a las primeras páginas de la Biblia, al llamado "Proto Evangelio": Dios prometió que la Mujer pisaría la cabeza del demonio mientras éste intentaría morderle el calcañal. Puso enemistad entre Su linaje y su linaje.

Rodea a la Virgen las palabras de una invocación reveladora en muchos sentidos: "¡Oh, María, sin pecado concebida...!". Estamos en 1830, y no será hasta 1854 cuando Pío IX proclame el Dogma de la Inmaculada Concepción, y la Virgen misma lo confirme en Lourdes ante Bernardita Soubirou. Dios, por los méritos anticipados de Nuestro Señor Jesucristo evitó a María el pecado original en el momento de ser concebida, para ahorrar así el más leve contacto de Jesús con el demonio incluso en el vientre de su Madre.

El reverso de la Medalla muestra una gran "M" de María coronada por la cruz. María es quien nos trae a Jesús. Por su humilde "fiat", el hijo de Dios pudo nacer y ser elevado sobre la tierra, y con ello atraer a todos hacia Sí.

Que el Redentor y su Madre están unidos en la obra común de nuestra salvación se advierte también en los dos corazones doloridos a los pies de la gran "M". El de María, atravesado por una espada como le profetizó Simeón cuando presentó a Su Hijo en el Templo, nos muestra su calidad de Corredentora: cuando atravesaron el costado de Cristo en la Cruz, fue María quien sangró.

En fin, la última revelación mariana de las Sagradas Escrituras queda consignada también en la Medalla: las doce estrellas con que San Juan observa coronada a la Mujer vestida de sol y con la luna bajo sus pies. La Medalla recorre toda la Biblia, toda la Historia, y en medio de ella, estamos nosotros, linaje de María.