La caridad de María, por Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI, en la Gruta de Lourdes de los Jardines del Vaticano, el 31 de mayo de 2010, y antes de impartir la bendición apostólica dijo unas palabras a los fieles presentes.

Comentando el episodio de la fiesta del día, la visitación de la Virgen María a su pariente Isabel, el Santo Padre señaló que en este gesto "reconocemos el ejemplo más claro y el significado más real de nuestro camino de creyentes y del camino de la misma Iglesia, que es misionera por naturaleza, está llamada a proclamar el Evangelio por todas partes y siempre, a transmitir la fe a todo hombre y mujer, y en cada cultura".

"María se queda con Isabel unos tres meses, para ofrecerle la cercanía afectuosa, la ayuda concreta y todos aquellos servicios cotidianos que necesitaba. Isabel se convierte de este modo en el símbolo de tantos ancianos y enfermos, es más, de todas las personas que necesitan ayuda y amor. ¡Cuántas personas en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, se hallan hoy en día en esta situación! Y María -que se había definido "la esclava del Señor"- se hace sierva de los hombres. Más precisamente, sirve al Señor que encuentra en los hermanos".

Tras poner de relieve que "la caridad de María, sin embargo, no se limita a la ayuda concreta, sino que llega a la cima cuando nos da al mismo Jesús, cuando hace que lo encontremos", el Papa dijo: "Este es el corazón y la cumbre de la misión evangelizadora. Este es el verdadero significado y el propósito más genuino de todo camino misionero: donar a los seres humanos el Evangelio vivo y personal, que es el mismo Señor Jesús".

"Jesús -continuó- es el verdadero y único tesoro que tenemos que dar a la humanidad. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen una profunda nostalgia de El, incluso cuando parecen ignorarlo o rechazarlo. La sociedad en que vivimos, Europa, el mundo entero, lo necesitan".

El Santo Padre concluyó subrayando que "se nos ha confiado esta responsabilidad extraordinaria. Vivámosla con alegría y con empeño, para que en nuestra civilización reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares indispensables e insustituibles de una verdadera convivencia ordenada y pacífica. Vivamos esta responsabilidad escuchando siempre la Palabra de Dios, en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Que esta sea la gracia que pedimos juntos esta noche a la Santísima Virgen".