POESÍA DE UNA MÍLITE

La Encarnación


Estaba la Virgen en su aposento
meditando la Escritura;
contemplaba su alma pura,
absorta en su pensamiento.

En su Corazón buscaba,
cual doncella enamorada
de Dios, su presencia amada.
Y el Espíritu Santo la besaba.

El celeste mensajero vino
a anunciarle el Misterio escondido
de los siglos, ya cumplido:
La encarnación del Verbo divino.

“Alégrate, llena de gracia eres”,
asombrado y como pudo,
dijo Gabriel su saludo
a la bendita entre las mujeres.

“Aquí está de Dios su esclava”,
temblorosa y a la vez serena
respondía la humilde nazarena.
Y Dios en humano se trocaba.

De su carne el Verbo se vestía,
y el que sólo tenía Padre
también ahora tiene Madre:
¡Hijo de Dios y de María!

(Mª Elena Velázquez, consagrada a la Inmaculada el 22 de mayo de 2010)