Cómo amaba San Buenaventura a la Virgen María

El amor de San Maximiliano a La Inmaculada, como bien sabemos, ha sido el amor que los franciscanos, empezando por el mismo San Francisco de Asís, han profesado siempre a la Madre de Dios. Desde ahí leemos estas hermosísima palabras de San Buenaventura (+1274), que fue el 5º ministro general de la Orden tras el Seráfico Padre:

"En todo tiempo ten una gran y amorosa veneración a la gloriosa Reina, Madre de nuestro Señor. En todas tus necesidades y en todas tus penas recurre a Ella como al más seguro de los refugios, implorando su protección; tómala por abogada y encomiéndale con devoción y confianza tu vida, pues Madre es de misericordia. Ofrécele cada día un testimonio especial de veneración. Y para que tu devoción sea acogida favorablemente y tus obsequios le sean agradables, imita su pureza, conservando puros tu alma y tu cuerpo, y esfuérzate en seguir sus huellas, practicando la humildad y la mansedumbre" (San Buenaventura).