Mes de mayo, MES DE MARÍA

 

El mes de mayo es el mes de María. ¡Ofrécele cada día una flor! La flor de hacer la voluntad de su Hijo, la flor de agradar a Dios en cada momento, la flor de abrazar la cruz de cada día, la flor de mirar y tratar a todos con amor misericordioso, la flor de recordar en cada instante que eres un redimido, la flor de tu alegría profunda en el Espíritu, la flor de tu ascesis y tu contemplación, la flor de una vida más virtuosa, cada día una flor, con dulcura, con verdad, con Amor: como San Maximiliano Kolbe, como cosa y propiedad de nuestra Madre, la Inmaculada.

Video, en catalán, con palabras del arzobispo de Tarragona, sobre la Vigen María y el p. Kolbe:

TRADUCCIÓN CASTELLANA DE LAS PALABRAS DEL ARZOBISPO:

Es muy conocido el gesto martirial del franciscano polaco Maximiliano Kolbe, quien, en el campo de exterminio de Auschwitz, cambió su suerte por la de un prisionero condenado a muerte, ofreciendo su vida en sacrificio.

Lo es menos su devoción mariana. Era tanta que sintió el impulso de dar a conocer a María fundando para ello alguna publicación divulgativa. El superior del convento le autorizó, pero siempre que consiguiera por su parte el dinero necesario. Según él mismo contó más tarde, era tanta la vergüenza que sentía que la primera vez que fue a una casa a pedir limosna, se apartó de la puerta dos o tres veces antes de decidirse a llamar al timbre.

El poco dinero recogido en estas visitas sólo le permitió sacar un número de su publicación, pero un donativo inesperado le posibilitó luego sacar el segundo, y la providencia se manifestó con tal ímpetu que la revista fue creciendo, sumando en cada edición miles de ejemplares y llegando al millón cuando estalló la II Guerra Mundial, principio del fin de la vida del padre Kolbe.

¿Qué relación cabe establecer entre la intensa devoción mariana del franciscano y su gesto sublime de sacrificio? Es fácil deducirlo: quien ama tanto a la Madre, ama también a los hijos. El amor a Dios y su Madre santísima no se queda en uno mismo, sino que se proyecta en los demás.

La Virgen María fue, por designio divino, la Madre de Dios, y por donación de Jesús desde la cruz, la madre de Juan y en él de todos nosotros. El “aquí tienes a tu Madre” debe resonar en nuestros oídos como resonaría en el corazón del joven discípulo durante su larga vida y en su ancianidad de Patmos.

A las puertas del mes de mayo, siempre tan mariano, me gustaría que todos reflexionamos sobre este privilegio cristiano de tener a María como madre. La tradición ha dejado muchas huellas de la devoción secular: prácticas como el rezo del Ángelus, el Santo Rosario o las Tres Avemarías; el uso de la medalla o el escapulario; iglesias y ermitas sembradas en los pueblos y a lo largo de los caminos; santuarios a los que acudimos en peregrinación y romería…

Por fortuna no habremos de afrontar padecimientos como los del padre Kolbe y tantos otros mártires, ni persecuciones como en otro tiempo sufrieron también en Catalunya los cristianos. Pero sí que sufrimos o padeceremos todos, la contrariedad de un fracaso, una enfermedad, una preocupación grave, un contratiempo que nos entristece. Es el momento de dirigirse a María, que, al pie de la cruz de Cristo, se mantuvo firme, sin más lágrimas que derramar porque ya las había derramado todas.

Y si en vez de padecimientos, pasamos por un tiempo de alegría, miremos también a la Virgen, levantemos a ella nuestros ojos en acción de gracias. En días soleados del espíritu o en medio de la tormenta, ella es nuestra madre y podemos confiarnos a sus cuidados.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado