¡FELICIDADES, MADRE INMACULADA!

En el día de tu asunción en cuerpo y alma a los cielos, te felicitamos, Madre Inmaculada, porque reinas junto al Rey de reyes, tu Hijo bendito, nuestro Señor Jesucristo. La primera mortal que goza en plenitud del triunfo de Jesucristo. Ésta es tu Pascua María. Tu gloria nos llena de esperanza, tu triunfo nos alienta, tu camino nos hace reconocer el nuestro. Siempre adelante, siempre hacia arriba.

Nos nutrimos hoy con un precioso fragmento de la homilía que pronunció el Papa Pablo VI el 30 de junio de 1968, al clausurar un "Año de la fe", ahora que estamos a punto de iniciar el convocado por el papa Benedicto XVI:

"Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas.

Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención, la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos ".