Madre de la Providencia

¡Dichosos somos nosotros cuando podemos abandonarnos en la Providencia de Dios!
Pero, en muchos momentos de nuestra vida, instigados por el Diablo, esclavos de la inmediatez de nuestras necesidades, preferimos confiar en la carne, en lo que vemos y tocamos, aunque esto que vemos y tocamos sea caduco y efímero.
Decimos confiar en Dios, pero incluso un retraso a la hora de comer, nos inquieta.
Proclamamos el Amor de Dios, pero muchas veces nos sentimos solos y buscamos placeres sustitutivos, también engañosos y efímeros.
Deseamos hacer la Voluntad de Dios, pero con frecuencia nos descubrimos incluso deseando que los demás hagan las cosas según nuestra propia voluntad.
Por eso hoy miramos a Santa María Virgen, madre de la Providencia. Ella se fio completamente de Dios. Incluso con su Hijo muerto en la Cruz, María se abandonó a la Providencia de Dios. Su corazón le susurraba: "Dios lo puede todo, para Él nada es imposible".
Ayúdanos, Madre Inmaculada, a estar siempre alegres, a bendecir a Dios por todo, también en los momentos de desolación, y a recordar constantemente que todo, absolutamente todo, lo recibimos de la Providencia de Dios o con el consentimiento de su santa Voluntad. Amén.