María, Madre Inmaculada

MARÍA, MADRE INMACULADA
 
 
María Madre Inmaculada, ruega por nosotros.

María , manifestación viva del amor de Dios.
Tú que eres el arca de las promesas del amor de Dios;
tú, la que pisas la cabeza de la serpiente;
tú, la esperanza de una nueva humanidad.
Mantén vivo en nosotros el recuerdo del Señor
en los momentos en que la vida nos desvía de Él.
Mantén fuerte nuestra fe en Cristo,
cuando el veneno del egoísmo amenaza nuestra entrega;
cuando el veneno de la desesperanza debilita nuestra fidelidad;
cuando el veneno de las dudas enturbia nuestro juicio.

Préstanos tu pie firme para el camino,
para aplastar la injusticia que nos rodea;
para pisotear el hedonismo que nos envuelve,
para destruir el erotismo que nos embauca;
para enterrar la desilusión que nos debilita.

María, la nueva Eva que vence el mal, ruega por nosotros.

María, la mujer coronada por doce estrellas;
estrella capital de las doce tribus de Israel;
estrella central de los doce pueblos de Pentecostés;
estrella polar que marca el camino hacia Dios;
cruz del sur que nos orienta hacia Jesús.

Guíanos a nosotros, nuevo pueblo de Israel,
por la senda de la decisión en un mundo en dudas;
por el camino de la verdad en un mundo relativo;
por rutas de compromiso en un mundo cómodo;
por la vía de la entrega personal en un mundo egoísta.

Ilumina nuestra mente para comprender a Dios;
danos un rayo de tu claridad para descubrir su voluntad;
envuélvenos en tu resplandor para buscar la vida nueva;
deslúmbranos con tu fulgor para llegar a ser hijos de la Luz;
radiantes testigos de la felicidad de estar salvados;
claros signos del amor de Dios que actúa en el mundo.

María, estrella polar de los cristianos, ruega por nosotros.

María tú que fuiste elegida por Dios;
y preservada del pecado para ser Madre del Salvador.
Tú que naciste Inmaculada, obra mestra de Dios
y orgullo de toda la raza humana.
María, nueva Eva, que inicias la nueva humanidad;
madre de la fuente de la salvación
y de todos los salvados por tu Hijo.

Haznos comprender que somos Hijos de Dios;
danos entendimiento para sentirnos auténticamente salvados;
inmaculados, como tú, por el bautismo;
limpios como tú, por la sangre de Cristo;
santos, como tú, por la redención de la Cruz;
resucitados, como tú, por el triunfo de Jesús.

María, obra maestra de la Creación, ruega por nosostros.

María, tú que te mantuviste Inmacualda,
a pesar del pecado del mundo que te envolvía;
tú que fuiste siempre santa
y venciste la tentación de hacer tu propia voluntad,
siendo siempre la esclava del Señor;
tú que venciste la zozobra de no entender lo que Jesús te decía,
que tuviste que aprender, reflexionando en oración,
que el estilo de Dos no es el de los hombres;
tú que superaste la terrible prueba de la Cruz
y estabas allí, junto a tu Hijo, dándole amor para resistir.

María, Inmaculada siempre,
esperanza de la humanidad caída;
modelo y garantía de la santidad que añoramos;
demostración visible de que es posible la salvación;
santa entre las santas, imán de santidad.

Danos fuerzas para vivir como hombres nuevos,
capaces de transformar la realidad que nos envuelve.
Danos entereza para mantener limpio nuestro corazón,
a pesar de los disfraces de normalidad del mal.
Danos constancia para luchar contra la tentación,
especialmente la que nace de nuestra propia debilidad.
Danos perseverancia para mantenernos libres de pecado,
viviendo como desterrados en este mundo pecador.
Danos resistencia para no dejarnos llevar por los criterios mundanos,
aunque a primera vista nos puedan parecer "normales".

María, Inmaculada siempre, ruega por nosotros

 

Toño Fernández
"Desde el regazo de María"
pp 207-209