El misterio de la Virgen de Akita

 
Aproximadamente a unos 150 kilómetros de Sendai se halla Akita. Mirando hacia el oeste, de espaldas al Pacífico, Akita ha salido bien librada del horror que se abatió sobre Japón en el terremoto de estos días. Lo que poca gente sabe es que, en una zona cercana a Sendai, epicentro del movimiento sísmico, se yergue un convento de monjas en el que, hace treinta y ocho años, la Virgen María dejó unos importantes mensajes para el mundo.
 
Cierto desapacible día, mediados los años sesenta del siglo pasado, un sacerdote alemán entregó como regalo a la apartada congregación de una perdida región japonesa una estampa de “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”, advocación bajo la que la Virgen María se había venido apareciendo en Ámsterdam a Ida Peerdeman, una vidente holandesa, entre 1945 y 1959.
El convento de las Siervas de la Eucaristía, en Akita, vivió entonces a cuenta de la imagen la experiencia de una curación milagrosa en la persona de una novicia, por lo que la superiora encargó a un escultor que tallara la imagen reproducida en la estampa a tamaño de un metro. La imagen, expresión del agradecimiento de la congregación, representaba una figura femenina con rasgos orientales, erigida sobre un globo terráqueo, como corresponde a “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”.
 
 

 
Visiones y mensajes
Agnes Sagasawa llevaba algún tiempo viviendo en aquél convento de Akita. Era una monja postulante de cuarenta y dos años. Desde los diecinueve había estado paralítica, pero se había curado con agua de Lourdes y, a los veinticinco, se convirtió al catolicismo. La curación de su parálisis, sin embargo, no había mejorado la sordera absoluta que la mantenía sumida en el más completo de los silencios.
 
 
 
En 1969, hallándose en pleno rezo del Rosario ante la talla de “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”, un ángel se dirigió a la sorprendida hermana, a fin de que rezara al final de cada misterio: “Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno; lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de Misericordia.” Agnes no tenía ni idea de que esa oración era la que María había enseñado a rezar a los pastorcillos de Fátima cincuenta y dos años atrás. Años más tarde, en junio de 1988, así lo reconocería el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger: “el mensaje de Akita es el mensaje de Fátima”.  
 
 
El día 12 de junio de 1973, y durante los dos días siguientes, la joven monja observó un hecho sobrecogedor: de la capilla salían unos rayos luminescentes de notable y blanca luz. El día 24 de junio, la intensidad de la luz se incrementó y, cuatro días más tarde, sor Agnes vio formarse en la palma izquierda de su mano una llaga en forma de cruz. El flujo de la sangre se fue haciendo más profuso y el dolor se tornó insoportable.
Unos días más tarde, 6 de julio de 1973 - primer viernes de mes-, su ángel de la guarda se dirige a ella, advirtiéndole que la Virgen tiene también una herida en la mano, y más punzante que la suya. “No temas, ven y sígueme” -le susurró, amistoso- “No reces únicamente por tus pecados, sino por los de toda la Humanidad. El mundo actual hiere al Santísimo Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. Ahora vamos hacia la capilla.”
Una vez allí, el ángel desaparece. Sor Inés, que recuerda las palabras del ángel sobre las heridas de María, toma solícita la mano de la imagen. Una dulce voz que brota del interior de la talla se dirige a sor Agnes: «Hija mía, mi novicia, tú me has obedecido bien abandonándolo todo para seguirme. ¿Es penosa la enfermedad de tus oídos? Puedes estar segura que curarán. Ten paciencia. Es la última prueba. ¿Te duele la herida de la mano? Reza en reparación de los pecados de la humanidad. Cada persona en esta comunidad es mi hija. ¿Rezas bien la oración de las siervas de la Eucaristía?” A continuación rezaron juntas dicha oración y encomendó a Agnes que rezara por el papa, los obispos y los sacerdotes.
 
En las siguientes apariciones, la del 3 de agosto y la del 13 de octubre, la Virgen le habló de la ira del Padre y de la necesidad de penitencia y reparación para disminuir el castigo que el mundo merecía. Y le reiteró, contundente, la importancia de la obediencia como piedra angular de la fe cristiana.
 
Un largo epílogo milagroso
Cierto día, la figura de madera se iluminó con una luz blanca sobrenatural, que la envolvía por completo. Cuando la luz desapareció, sor Agnes reparó en que la herida de la estatua prácticamente había desaparecido; toda la capilla exudaba un penetrante olor a flores. Era el 29 de septiembre, fiesta de san Miguel Arcángel, patrón de Japón.
A partir de enero de 1975, la imagen comenzó a lagrimar; hasta que concluyó en 1981, un total de 101 veces. La primera vez, el ángel comunicó a sor Agnes: «No te sorprendas de ver a la Santísima Virgen María llorar. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas, y para consolarla, habla con valor, extiende esta devoción para su gloria y la de su Hijo.»
Finalizando los prodigios, una mujer coreana se curó de un cáncer terminal en el cerebro mientras rezaba ante la imagen. Y el 13 de octubre de 1974, una año después de la última aparición de la Virgen, sor Agnes también se curó de su sordera, primero durante seis meses y más tarde, en 1982, –tras haber quedado penitencialmente sorda de nuevo-, ya definitivamente.
 
 
El 22 de abril de 1984, después de exhaustivas investigaciones, el obispo de Niigata, John Sojiro Ito, determinó sin lugar a dudas que las apariciones eran verdaderamente sobrenaturales y, por tanto, dignas de todo crédito. El origen sobrenatural de la aparición neerlandesa, cuya estampa dio origen a la estatua de María protagonista de nuestra historia, sería aprobado por el obispo de Haarlem-Amsterdam, monseñor Boomers, el 31 de mayo del año 2002.
    

La mujer coreana desahuciada por los médicos que sanó de su afección cerebral terminal fue examinada por el dr. Tong-Woo-Kim, del hospital de san Seoul, quien certificó su completa sanación, y también por el padre Theisen, presidente del tribunal  eclesiástico de la diócesis. En cuanto a la curación de la hermana Agnes, fue testificada por cientos de personas. En ambos casos no existe la menor duda del carácter milagroso de las curaciones.  
Igualmente, se ha determinado que tanto la exudación como la lacrimación y la sangre de la imagen son humanas, de acuerdo a los test efectuados por el profesor Sagisaka, de  la Facultad de Medicina Legal de la Universidad de Akita.      
De hecho, los fenómenos sobrenaturales acaecidos a la imagen de María en Akita han sucedido delante de cientos de personas; muchas de ellas en absoluto cristianas, como es el caso del alcalde de la localidad, de religión budista. 
 
Autor: D. Fernando Paz Cristobal
Editado en la revista Alba