P. Kolbe: “¡Permitamos a la Inmaculada que nos conduzca!”

Mater Amabilis

 

  Cómo diría San Maximiliano María Kolbe, “hoy es sábado”, por consiguiente, preparémonos para vivir este día dedicado a la Inmaculada de la manera que más gloria le dé: haciendo su santa voluntad; pues cumpliendo la voluntad de la Inmaculada, cumplimos la voluntad de Dios.

  El 9 de marzo de 1940, precisamente para conmemorar la fiesta mariana del sábado, en una conferencia el P. Kolbe aseguraba: “Toda la perfección en la propagación de la gloria de Dios consiste en que sepamos ser instrumentos de la Inmaculada, su propiedad”. Añadía que “nuestra vida interior ha de ser de tal modo que podamos ser instrumentos en las manos de la Inmaculada, es decir, que le dejemos que nos conduzca en todo”. Cierto es que a menudo la corriente del mundo exterior no nos facilita escuchar el Corazón de Nuestra Madre… Otras ocasiones nuestra propia voluntad crea un “impermeable” que no deja empapar nuestras almas de la lluvia de gracias que Nuestra Señora nos da. Como también reconocía San Maximiliano: “es verdad que somos débiles y que con frecuencia nos sentimos sin fuerzas; pero el único remedio que tenemos para todas nuestras debilidades es abandonarnos completamente en la Inmaculada”. E insistía: “Permitámosle que nos guíe”.

  El viernes anterior (8 de marzo de 1940), con la intención de preparar la fiesta del sábado, alentaba a sus hermanos franciscanos a dejarse conducir por María Santísima: “¿Qué valor tendría el cincel que anduviera por su cuenta en las manos del escultor? Jamás podría conseguirse con él el objetivo deseado. ¿Qué valor tendría la pluma si también fuese ingobernable en las manos del escritor? Tendría que ser dejada a un lado, porque sería inútil para conseguir su objetivo”. En este sentido, indicaba que “por esa razón también nosotros debemos dejar de dar coces en las manos de la Inmaculada, debemos dejar de razonar, de pensar y de prever a nuestro modo”.

  Por muchos que sean los obstáculos, por duras que sean las pruebas, por profundo que sea el sufrimiento… Basta un solo suspiro, un “María” de corazón y Nuestra Madre acudirá en nuestro auxilio y nos guiará en cualquiera que sea nuestra empresa. “El mundo entero y todos los diablos juntos nada pueden en contra de la voluntad de Dios – remarcaba San Maximiliano. – Por eso, permitamos a la Inmaculada que nos conduzca! Si Ella permite que algo nos pase, lo hará para mayor bien nuestro. Somos la levadura a la que, a su tiempo, hay que añadir harina para que fermente toda la masa”.

  “Permitámosle a la Inmaculada que nos guíe, démosle la posibilidad de que nos utilice en su obra como un instrumento cada vez más dócil”- aconseja el P. Kolbe. Ésa es nuestra libertad: pertenecer a María. Seamos ese cincel y esa pluma de las que nos habla el santo mártir de la caridad, siempre en las manos de María. Las manos de la Inmaculada: dulces, amorosas, puras y santas manos, tantas veces Paraíso del Niño Jesús, que se nos ofrecen cada día como Paraíso nuestro. ¿Podríamos hallar en esta Tierra mayor tesoro? Las santas manos de la Inmaculada nos conduzcan siempre para que Dios sea glorificado y sean ellas las que nos acerquen cada día más al Corazón de Jesús, pues… ¿qué podría desagradarle al Señor, que venga de su Santísima Madre? En tus manos estamos, María, reposo, morada y alegría de nuestras almas.