Un solo Ave María

 
Un día el Señor le pidió a San Francisco que le diera algo.
 
El santo respondió: "Señor,  no encuentro qué darte que no te haya dado: Todo mi amor"
 
Jesús sonrió y dijo: "Francisco, dámelo de nuevo, y de nuevo me dará la misma alegría."
 
 
Del mismo modo, nuestra querida Madre da la bienvenida a cada Ave María que le proporcionamos con la misma alegría con la que oyó el saludo de la boca del ángel Gabriel en el día de la Anunciación, cuando se convirtió en la Madre del Hijo de Dios.
 
En sus Revelaciones, Santa Gertrudis  dijo que cuando damos gracias a Dios por las gracias que otorga a un santo,  participamos de esa misma gracia.
 
¿Y qué gracias obtenemos cuando rezamos el Ave María, para agradecer a Dios por todas las gracias extraordinarias que Él ha dado a Su Santa Madre?
 
"Un Ave María dicho sin fervor sensible, pero con un deseo genuino en un momento de aridez, tiene mucho más valor que un rosario entero recitado en medio de la consolación", le confió Nuestra Señora a la hermana Benigna Consolata Ferrero (1885- 1916).
 
 
Fuente: aleteia.org