Dejemos que Nuestra Madre nos prepare el equipaje...

ninamanto

 

“Mañana peregrinación... Se ha hecho tardísimo y aún no he preparado ni la maleta... Con la semana que he llevado no me ha dado tiempo a nada... Además si hace frío tendré que llevar algo de abrigo y apenas he podido sacar aún la ropa de invierno...” – contaba una joven hace unos días, mientras se desahogaba con su madre, que a su vez acababa de llegar de otra peregrinación mariana. En sólo unos segundos, esta madre supo disipar toda sobra de agobio en su hija. Si bien ya no era una niña, una madre jamás deja de ocuparse de los asuntos de sus hijos, por pequeños que sean. “No te preocupes, precisamente tengo en la maleta unos jerseys y unas camisas limpias. Así no tienes que perder tiempo en pensar ni en sacar nada”. Enseguida, la madre abrió su maleta, sacó su ropa, que a pesar del viaje estaba perfectamente planchada y se la dio a su hija. En mucho menos tiempo del que habría necesitado ella para buscar la ropa, escogerla, lavarla o plancharla, hacer la maleta... su madre se lo había solucionado. Había bastado que ella se lo expusiera; ni siquiera se lo había pedido, simplemente le había contado lo que, en ese momento se le hacía cuesta arriba, aunque fuera tan insignificante como hacer una maleta. Sencillamente, la hija acudió a su madre de la manera más natural, y una vez más, la madre se adelantó para arreglarlo todo, con esa dulzura y suavidad que emanan del corazón de las madres cuando se entregan a sus hijos.

Algunos episodios cotidianos, como éste, son espejo de Nuestra Madre del Cielo. San Maximiliano Kolbe reitera que la Inmaculada es la Mediadora y Dispensadora de todas las gracias. Únicamente hemos de acudir a Ella, contarle nuestras necesidades, hablarle de nuestras pequeñas cosas, aún las más sencillas... Ella es Nuestra Madre y disfruta escuchándonos, se alegra de poder ejercer de Madre, ocupándose de todo... de lo pequeño y de lo más grande, pues Ella sí tiene poder para mediar ante Quien no le puede negar nada. Dios no evitó a su Madre ningún sufrimiento. María conoce las alegrías más excelsas, pero también los dolores que traspasan el alma. Ella ha peregrinado antes que nosotros. Por eso, sabe bien lo que necesitamos en nuestra peregrinación hasta el Cielo. Ella sabe cuál es nuestro camino, sabe qué meta nos espera, y sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta para llegar Allí. Nosotros tan sólo tenemos que acercarnos a Ella... Y como la madre de esta joven, también la Santísima Virgen, que además es Reina, abrirá su “maleta” y proveerá la nuestra. Con gran confianza decía Santa Teresita de Lisieux a la Inmaculada, que “los tesoros de la Madre son también de la hija”. Así pues, María abrirá su manto y nos abrigará con su propia túnica. En su velo encontraremos además la sangre de su Hijo, que también nos la dará para lavar nuestras heridas en las caídas que tengamos. Su “equipaje”, siempre será mucho mejor que el que haríamos por nosotros mismos. Ella lo prepara todo rápido, del modo más perfecto. Siempre acierta con el tiempo, sabe qué hemos de llevar para la tormenta y para el sol más reluciente. Y todo este “equipaje”, que nos prepara con tanta ternura y delicadeza, nos lo perfuma con los aromas más celestiales... para que allá donde vayan sus hijos más queridos, dejen siempre “el buen olor de Cristo”.