San Maximiliano Kolbe: “Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad”

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Hoy, sábado 4 de febrero, primer sábado de mes, lo dedicamos especialmente a la Inmaculada, como solía hacer San Maximiliano María Kolbe. Recordamos hoy en las enseñanzas de Kolbe, la maternidad de María, que como la mejor de las madres nos espera siempre para sostenernos con su gracia, resolver nuestros problemas, acompañarnos en los momentos difíciles, endulzándonos las cruces y albergándonos bajo su manto en nuestro camino hacia la santidad.

“Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad. Recordemos siempre esta verdad, sobre todo en las dificultades exteriores y también en las interiores, que son las más duras” (EK 744).

San Maximiliano Kolbe alentaba a los frailes explicándoles que “en la misión no encontrarán solo dificultades procedentes del ambiente, sino que Dios permitirá –a su mayor gloria y para manifestar aún más la bondad y la potencia de la Inmaculada- que ustedes pasen también a través del desaliento, la duda, la nostalgia, etc. Sin embargo, si ustedes no depositan nada de su confianza en ustedes mismos, sino única y totalmente en la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias y Madrecita nuestra, entonces vencerán siempre y con seguridad, aunque todo el infierno, su cuerpo y Satanás mismo se conjurasen contra ustedes.” En tal caso, asegura el P. Kolbe, “no sólo no se desalentarían, sino que siempre tendrían fuerzas hasta para consolar también a los demás y reanimarlos en el espíritu, enseñándoles a dónde deben dirigirse para recibir luz y fuerza.”

Sus palabras son un faro de luz también para nosotros, los mílites, en la misión del día a día, sabiendo ante todo que, como decía San Maximiliano: “basta dirigirse una sola vez a la Inmaculada, con la palabra o con la mirada, o incluso sólo con el pensamiento, para que Ella arregle todo, lo que hemos destruido en nosotros y en quienes nos rodean, de modo que Ella pueda guiarnos en el momento presente y mantenga bajo su protección nuestro pasado y los éxitos de nuestro trabajo en el futuro”. De igual modo, el P. Kolbe asevera: “Cuando surjan dificultades, ofrézcanlas a Ella, para que haga lo que le plazca: las elimine, las disminuya, las aumente o las deje como están; pero también al terminar es conveniente ofrecerle a Ella la acción cumplida, para que su efecto sea el que Ella desea”.

Todo en nosotros es de la Inmaculada, todo en Ella, todo con Ella, todo por Ella, todo para Ella. No nos pertenecemos, pertenecemos a la Inmaculada; esa es nuestra dicha. Hoy, sábado, querida Madre Nuestra, queremos entregarnos una vez más a ti. Haznos cada día más tuyos y en tu Inmaculado Corazón, más de Jesús.