María, Reina de la juventud

Santa María, Madre de Dios,
tú has dado al mundo la verdadera luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.
Te has entregado por completo
a la llamada de Dios
y te has convertido así en fuente
de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y a amarlo,
para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor
y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento.

(BENEDICTO XVI, Deus caritas est, 42)

María, Madre Inmaculada, te encomendamos la Jornada Mundial de la Juventud. ¡Ruega por nosotros!

 

El Rosario, cadena de Amor

"Para convertirte en un santo, imita a los niños pequeños. Ellos no conocen ninguna teoría, pero se conforman con mirar a su madre y hacer lo que ella hace: así es como te convertirás en santo.

El rosario es una cadena de oraciones que te unirá a Ella.

Es también la película que te recordará todas las etapas del camino de la esperanza que Ella ha recorrido: su ternura en Belén, sus tormentos durante la huida a Egipto, el silencio y la labor del taller de Nazaret, su fervor en el templo, su emoción ante las prédicas de su Hijo y las de San Juan. En otras palabras, la historia de dos vidas que no han sido sino una, ya que el Señor ha vivido en Ella, y Ella en Él.

No descuides el rezo del Rosario que tu Madre, María, te ha confiado; recomendándote vivir como Ella, con Ella, por Ella y en Ella."

Cardenal François-Xavier NGUYEN VAN THUAN,

Libro: "Por el camino de la esperanza"

El primer amor del mundo

" Todo ser humano que persigue un ideal, un vínculo de amistad en el universo, busca un amor que no es sólo el amor por ella o por él, sino algo que está por encima de ambos y que es llamado "nuestro amor". Todos amamos algo más cuando amamos.

Ese amor es el mismo ideal que Dios tuvo en su corazón desde toda la eternidad: la mujer a la que llama "Madre". María es la única persona con la que se da una pefecta correspondencia entre lo que Él quiere que sea y lo que ella es: su propia Madre.

El ideal que Dios tenía de ella coincide con lo que ella es, el modelo y la copia son perfectas; ella es tal como había sido prevista, planeada y soñada.La melodía de su vida es interpretada tal como fue escrita.

María es aquella a la que todo hombre ama cuando ama a una mujer, lo sepa o no.

María es lo que toda mujer desea ser cuando se mira a sí misma.

María está escondida como un ideal en el sufrimiento de cada mujer que es víctima de la violencia; ella es el camino que toda mujer quiere para recibir respeto y amor a causa de la belleza y bondad de su cuerpo y alma. Y este ideal del amor, que Dios amó antes de que el mundo existiera, esta mujer soñada antes de existiera la mujer, es aquella a la que todo corazón puede decir desde lo más profundo: !esa es a la mujer a la que yo amo! "

 

Libro "El primer amor del mundo, María la Madre de Dios"

Obispo Fulton John Sheen

La Sierva del Señor

Evangelio XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 14, 25-33)

"Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío".

Este domingo pasado coincidió con la celebración del nacimiento de la Virgen María, fiesta mayor y patronal en muchos pueblos. Aunque donde sea solemnidad las lecturas de la celebración serán distintas de las que se proclamaron el domingo pasado, en la liturgia, sin embargo, encontramos una coincidencia providente si leemos los textos del domingo relacionándolos con la Virgen María.

La naturaleza dicta sus normas, la carne y la sangre tienen sus leyes. Sin embargo, por la sabiduría de Dios, cabe trascender la biología y alcanzar a descubrir la vida sobrenatural, un modo diferente de ser humanos.

María, enteramente de nuestra raza, fue liberada de todo pecado por gracia, y en ella se concitan la virginidad, la esponsalidad y la maternidad por obra del Espíritu Santo. El evangelio de San Juan afirma: "(La Palabra), vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios" (Jn 1, 11-13).

La exigencia de Jesús para ser discípulos suyos parece injusta, como si no tuviera en cuenta lo que es natural y bueno, el afecto a los propios, los vínculos que estabilizan en tantos casos a las personas. Pero ¿cómo va a exigir abandonar la referencia entrañable, Aquel que ha querido nacer de Mujer?

¿Qué quiere decir el Maestro cuando exige un despojo de algo tan sagrado como los padres, los hermanos, los hijos? Una interpretación es la enseñanza de que los vínculos naturales no abarcan toda nuestra necesidad de relación. Y como mejor ejemplo se nos ofrece el testimonio de San Pablo en la carta a su amigo Filemón: "Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo".

En definitiva, la condición para ser discípulo de Jesús es la de no anteponer nada a su amor, y caminar poniendo los ojos en Él. El secreto consiste en ir detrás de El.

Autor: Don Angel Moreno de Buenafuente;

publicado originalmente en: www.la-oracion.com

Mamá

No me gusta el sentimentalismo o la sensiblería en la piedad, y muchas veces temí que llamar a la Santa Virgen, mamá, podría ser sensiblería.

Pero cuando comprendí que el Padre Kolbe, ese gran santo de los tiempos modernos, hombre de fuerza y alma viril a 100% se atrevía a llamar a la Santa Virgen, Mamá, y después cuando la estatua de Fátima fue llevada a Roma para la jornada de las familias, y miré que el Papa posaba su mano como un niño sobre la mano de la Santa Virgen, sobre el corazón de la Santa Virgen, entonces comprendí todo.

Ahora, desde hace cierto tiempo, yo también me atrevo a llamar a la Santa Virgen, mamá...


Fuente: www.mariedenazareth.com
Padre Marie-Joseph
In Etre la joie de Dieu, un apôtre franciscain au XXe siècle,
Editions Parole et Silence, page 385

¡María, María, María!

Ayunamos por muchas razones; Jesús ayunó y la Virgen María también; ayunar nos ayuda a recordar que todo es gracia, don de Dios; ayunando nos disponemos a recibir el paño nuevo y el Vino nuevo, la eterna novedad de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
Cada día, el Papa Francisco está recordando en sus homilías el peligro de caer en falsos y estériles espiritualismos, o en el peligro de ser semipelagianos, es decir, de creer que, con sólo nuestro esfuerzo, podemos conseguir la felicidad y la salvación. Y, cada día, el Papa Francisco nos recuerda, con gran fuerza y simpatía, que sólo Jesús, Dios hecho hombre, es nuestra salvación, y que a Él le tenemos que amar amando especialmente a nuestros hermanos más pobres y necesitados.
Amar, acoger y venerar a la Virgen María nos ayuda mucho a purificar nuestra fe, a encarnarla en nuestro día a día, en nuestros actos, en lo concreto de nuestra vida. María se ofreció sin reservas al Señor. María es la Virgen que ha ofrecido a Dios su fe sin reservas a su Esposo, la Virgen que guarda la fe con pureza e integridad.
Así queremos responder nosotros. Hoy nos ayuda también el ejemplo de Santa María Goretti.
Vamos a recibir de nuevo a Jesús en la Santa Eucaristía. Jesús, cuando le recibimos con fe pura y limpio corazón, actúa en nosotros, nos devuelve la virginidad perdida, nos convierte en vino nuevo para este viejo mundo, nos concede la gracia de acercar su Reino, de vivir, en Él, para la alabanza de Dios nuestro Padre. Como María, ¡dejemos obrar en nosotros al Espíritu Santo! ¡Él siempre nos desborda! ¡Él es el Amor purísimo de Dios! Amén.

Abandónate en María

¿Cómo podría tener corazón para abandonarte?

"La madre ama a su hijo, incluso si es discapacitado o feo. Cualquiera sean tus defectos y tus infidelidades, échate en los brazos de tu madre: "Ahí tienes a tu madre!" Esa fue la última palabra de Jesús. ¿Cómo podría tener el corazón para abandonarte?

Después de una caída, ven con toda humildad, al lado de la Madre, a llorar a su Hijo que murió por ti. Ella te acogerá. Pues Ella aceptó a Juan como hijo, así como al buen ladrón y a María Magdalena…"

Card. Fco. Javier Nguyen Van Thuan

Reina de los Apóstoles

Éste es un día precioso para dar gracias a Dios por la Iglesia, de la que formamos parte, y por el Papa, sucesor del apóstol Pedro. Tenemos la dicha de haber conocido papas maravillosos. Hoy gozamos de un Papa que ha elegido el nombre de Francisco, un nombre que para él es todo un programa para su ministerio. Nosotros renovamos hoy nuestro amor y nuestra obediencia y sumisión al Papa, porque San Francisco de Asís nos ha enseñado que, por fidelidad a Jesucristo, debemos permanecer siempre a los pies de la Santa Iglesia de Roma. Y, junto a Pedro, Pablo, el apóstol de los gentiles. A veces, la conversión de San Pablo nos deslumbre. Pero Dios no hace distinciones. El Señor nos trata a todos con el mismo Amor. San Pablo perseveró y creció en su respuesta amorosa al Amor de Jesús y por eso fue un gran apóstol. Nosotros vemos que es urgente la Nueva Evangelización, pero ¿quién está dispuesto a entregar su vida a esta causa? Sólo quien entrega su vida, la salva. Santa Virgen María, Reina de los Apóstoles, protege al Papa Francisco y a todos los que sin reservas se entregan a la Nueva Evangelización. Amén.

Madre de la Providencia

¡Dichosos somos nosotros cuando podemos abandonarnos en la Providencia de Dios!
Pero, en muchos momentos de nuestra vida, instigados por el Diablo, esclavos de la inmediatez de nuestras necesidades, preferimos confiar en la carne, en lo que vemos y tocamos, aunque esto que vemos y tocamos sea caduco y efímero.
Decimos confiar en Dios, pero incluso un retraso a la hora de comer, nos inquieta.
Proclamamos el Amor de Dios, pero muchas veces nos sentimos solos y buscamos placeres sustitutivos, también engañosos y efímeros.
Deseamos hacer la Voluntad de Dios, pero con frecuencia nos descubrimos incluso deseando que los demás hagan las cosas según nuestra propia voluntad.
Por eso hoy miramos a Santa María Virgen, madre de la Providencia. Ella se fio completamente de Dios. Incluso con su Hijo muerto en la Cruz, María se abandonó a la Providencia de Dios. Su corazón le susurraba: "Dios lo puede todo, para Él nada es imposible".
Ayúdanos, Madre Inmaculada, a estar siempre alegres, a bendecir a Dios por todo, también en los momentos de desolación, y a recordar constantemente que todo, absolutamente todo, lo recibimos de la Providencia de Dios o con el consentimiento de su santa Voluntad. Amén.