¡EL VELO DE LA VIRGEN está en Asís!

Una de las gracias que hemos tenido estos días en Asís, ha sido coincidir con la exposición pública de una de las más preciadas reliquias de la Basílica de San Francisco: el Velo de la Virgen.
Según cuenta la tradición en el año 1319, el príncipe romano Tomás de Orsini lo donó a dicha Basílica.
La crítica histórica confirma la tradición de que el tejido es verdaderamente antiguo y que este tipo de velo era utilizado por la gente importante de la antigüedad.
Se dice que San José de Cupertino, en uno de sus célebres arrebatos místicos, preguntó a la Virgen, si Ella había usado este velo. La Virgen le respondió: "Créeme hijo, éste es mi velo y me sirvió para envolver al Niño Jesús". Cuando los Reyes Magos llevaron sus dones al Señor, además de oro, incienso y mirra, llevaron otras cosas preciosas entre ellas este Velo de biso. El biso es una especie de seda natural marina.
La piedad popular y la tradición histórica nos regalan, a través de la veneración del Velo de la Virgen, una verdad siempre eterna y actual: la Madre de Dios proteje a la humanidad con su Manto, como nos recuerda la oración mariana: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén".

¡FELICIDADES, MADRE INMACULADA!

En el día de tu asunción en cuerpo y alma a los cielos, te felicitamos, Madre Inmaculada, porque reinas junto al Rey de reyes, tu Hijo bendito, nuestro Señor Jesucristo. La primera mortal que goza en plenitud del triunfo de Jesucristo. Ésta es tu Pascua María. Tu gloria nos llena de esperanza, tu triunfo nos alienta, tu camino nos hace reconocer el nuestro. Siempre adelante, siempre hacia arriba.

Nos nutrimos hoy con un precioso fragmento de la homilía que pronunció el Papa Pablo VI el 30 de junio de 1968, al clausurar un "Año de la fe", ahora que estamos a punto de iniciar el convocado por el papa Benedicto XVI:

"Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas.

Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención, la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos ".

La Virgen María en san Antonio de Padua

En los escritos de san Antonio se encuentran muchas enseñanzas sobre María, también preciosas oraciones, como esta: "Te suplicamos, Señora nuestra y Madre de Dios, exaltada por encima de los coros de los ángeles, que llenes el vaso de nuestro corazón con la gracia celestial; que nos hagas resplandecer con el oro de la sabiduría; que nos sostengas con la potencia de tu intercesión; que nos adornes con las preciosas piedras de tus virtudes y que derrames sobre nosotros, oh olivo bendito, el aceite de tu misericordia, con el que cubras la multitud de nuestros pecados; y así merezcamos ser elevados a las alturas de la gloria celestial y vivir eternamente dichosos con los bienaventurados".

  • § Rasgos destacados:

- La Maternidad divina: es la explicación de su plenitud de gracia. Por ella, ha sido adornada con la santidad, con la pureza total, con todas las virtudes. En ella el Hijo de Dios había de recibir nuestra humanidad y nuestra debilidad. Conjuga dos aspectos muy interesantes: pobreza y belleza.

* María: pequeña y pobre, que junto con su virginidad y humildad, serán las virtudes destacadas. Por ello el día de la Presentación ofreció la ofrenda de los pobres.

* María: bella como el sol, la luna y las estrellas: siendo reflejo del verdadero sol de justicia, Cristo, que ella lleva en su seno, por eso es radiante y cándida.

* Cristología: no contrapone abajamiento y gloria, sino que descubre la gloria de Cristo en su humildad y humillación, ve su dignidad real bajo el aspecto del crucificado que reina desde la cruz.

- Otro aspecto importante es la santificación de María. San Antonio no trata acerca de la Inmaculada Concepción, pero algunas expresiones apuntan hacia una comprensión implícita de este misterio: presenta a María libre de cualquier culpa personal y de la concupiscencia, que como enseña el Magisterio, procede de la desobediencia del primer pecado. Hablará de dos "purificaciones" de María, una en el seno de Ana y otra en la Anunciación, pero nunca en sentido negativo, es decir, como destrucción de algún pecado, sino más bien como una regeneración mediante la gracia, un aumento de santidad, una intensificación de su amor.

- Con mucha frecuencia aparece también como mediadora e intercesora.

Mes de mayo, MES DE MARÍA

 

El mes de mayo es el mes de María. ¡Ofrécele cada día una flor! La flor de hacer la voluntad de su Hijo, la flor de agradar a Dios en cada momento, la flor de abrazar la cruz de cada día, la flor de mirar y tratar a todos con amor misericordioso, la flor de recordar en cada instante que eres un redimido, la flor de tu alegría profunda en el Espíritu, la flor de tu ascesis y tu contemplación, la flor de una vida más virtuosa, cada día una flor, con dulcura, con verdad, con Amor: como San Maximiliano Kolbe, como cosa y propiedad de nuestra Madre, la Inmaculada.

Video, en catalán, con palabras del arzobispo de Tarragona, sobre la Vigen María y el p. Kolbe:

TRADUCCIÓN CASTELLANA DE LAS PALABRAS DEL ARZOBISPO:

Es muy conocido el gesto martirial del franciscano polaco Maximiliano Kolbe, quien, en el campo de exterminio de Auschwitz, cambió su suerte por la de un prisionero condenado a muerte, ofreciendo su vida en sacrificio.

Ante la fiesta de Nuestra Señora de Montserrat

Publicamos la preciosa carta de fray Joaquín Agesta, ministro provincial de los Franciscanos Conventuales de España, ante la fiesta de nuestra patrona, la Virgen de Montserrat. A Ella encomendamos también el futuro de la Milicia de la Inmaculada en nuestra patria. Ella protegió y alentó a nuestros hermanos tras la restauración de la Orden en 1905, precisamente en Granollers; ese ciudad catalana fue el primer lugar de España donde se implantó la Milicia en los años 50 ó 60, cuando se fue dando a conocer la obra de San Maximiliano Kolbe. ¡Cada uno de nosotros encomiende a Nuestra Señora de Montserrat una mayor y decidida conversión personal y un renacer efectivo de la Milicia en España!

Queridos frailes: ¡el Señor os conceda la paz!

La semana que viene, Dios mediante, recurre la celebración anual de la Patrona de la Provincia, Ntra. Sra. de Montserrat. Casi siempre, esta fiesta nuestra se celebra durante el tiempo pascual, y nuestro corazón y nuestra mente, nos llevan espontáneamente al Cenáculo de Jerusalén, donde nos atestiguan los Hechos de los Apóstoles, que se reunían los discípulos del Señor para la oración, con María la madre de Jesús y otras mujeres; allí esperaron el don del Espíritu Santo que les hizo testigos del Resucitado, definitivamente (cf. Hch 1, 12-14; 2, 1-4).

Semana Santa: ¡con María, a los pies de Jesús!

María, Madre de Dios y Madre nuestra. María Inmaculada. Tú, mujer sencilla y humilde. Tú, reina de cielos y tierra. Tú, Madre del Señor, ayúdanos a profundizar en los misterios de nuestra fe; ayúdanos a saber permanecer junto a tu Hijo en los aconcecimientos cruciales de su pasión, muerte y resurrección. ¡Lo necesitamos! Si no vivimos con Él hoy esos misterios de vida, ¿qué cristianos somos? ¿cómo, luego, podremos ser sus testigos? ¿cómo entregarnos a la Nueva Evangelización que nos pide la Iglesia? Madre querida, ayúdanos a estar como tú a los pies de la Cruz, a entrar en este misterio de Amor, a abrazar a Jesús en la Cruz, en la cruz del mundo también, y creer en el corazón que tu Hijo crucificado, muerto y sepultado, es también el Resucitado. ¡Y sólo en Él tenemos Vida! ¡Sólo en Él podemos llevar nuestras cruces! ¡Sólo Él perdona nuestro pecado! ¡Sólo Él es toda nuestra esperanza! ¡Gracias, Madre, por tu fe! ¡Gracias, Madre, por tu ayuda maternal, porque tú siempre nos llevas a Jesús!

¡Dios con nosotros! ¡Gracias, Madre, por tu sí!

"Aquí se hizo carne el Verbo de Dios". Este altar está en Nazaret, en el santo lugar dónde el Hijo Único de Dios se hizo hombre en las entrañas purísimas de la Virgen María.

Por ayer ser domingo, hoy estamos celebrando la Anunciación del Señor. Contemplemos admirados tan gran misterio. ¡Dios ha asumido nuestra fragilidad para rescatar a los que estamos hundidos por el peso de nuestro pecado! ¡Gracias, Madre Inmaculada, porque has creído, porque has dicho sí, porque has aceptado al que nos trae la salvación, al que es nuestra salvación! ¡El Cielo está dentro de ti! ¡La vida es el mejor don! ¡Bendita tú, Madre querida, entre todas las mujeres! ¡Ayúdanos a confiar! ¡Que también nosotros engendremos en nuestro interior a Jesús y le demos a luz con nuestras obras de amor al prójimo!

¡Sufres con nosotros hasta darnos a luz en Cristo!

Gracias, Madre, porque lo que no sufriste para dar a luz a tu Hijo, lo sufres al hacernos renacer para Cristo, Hijo de Dios e hijo tuyo. Nos cuesta progresar en esta escalada cuaresmal, ¡cuántas distracciones de lo que esencial! ¡cuánta falta de fe y confianza! ¡cómo se resiste nuestra carne, todo lo mundanal que hay en nosotros! ¡cómo se resiste el hombre viejo a morir! ¡Gracias, Señor Jesús, porque por medio de tu Espíritu vas haciendo tu obra en nosotros hasta llevarnos al Padre! ¡Gracias, Madre querida, porque sufres con nosotros hasta darnos a luz en Cristo!