Palabras del Papa ante LA INMACULADA

Queridos hermanos y hermanas:

La gran fiesta de María Inmaculada nos invita cada año a encontrarnos aquí, en una de las plazas más hermosas de Roma, para rendir homenaje a ella, a la Madre de Cristo y Madre nuestra. Con afecto os saludo a todos vosotros, aquí presentes, así como a cuantos están unidos a nosotros mediante la radio y la televisión. Y os agradezco vuestra coral participación en este acto de oración.

En la cima de la columna en torno a la cual estamos, María está representada por una estatua que en parte recuerda el pasaje del Apocalipsis que se acaba de proclamar: «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1). ¿Cuál es el significado de esta imagen? Representa al mismo tiempo a la Virgen y a la Iglesia.

ORACIÓN A LA VIRGEN INMACULADA

(Oración pronunciada tras la celebración de la Eucaristía, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Madrid) 8 diciembre 2011)

Salve Señora, santa Reina,

santa Madre de Dios, María:

en el día solemne en el que la liturgia
celebra tu Inmaculada Concepción,
misterio que es fuente
de alegría y de esperanza
para todos los redimidos,

te saludamos y te invocamos
con las palabras del ángel:
"Llena de gracia" (Lc 1, 28),
el nombre más bello, con el que Dios mismo
te llamó desde la eternidad.

"Llena de gracia" eres tú, María,
colmada del amor eterno de Dios
desde el primer instante de tu existencia,
providencialmente predestinada
a ser la Madre del Redentor
e íntimamente asociada a él
en el misterio de la salvación.

El Corazón Inmaculado de María, un Corazón vigilante

En este especial Tiempo de gracia, María Santísima, Icono y Modelo de la Iglesia, quiere introducirnos en la actitud permanente de su Corazón Inmaculado: la vigilancia.
La Santísima Virgen vivió constantemente en vigilancia orante. En vigilia recibió el Anuncio que ha cambiado la historia de la humanidad. En vigilia cuidó y contempló, más y antes que cualquier otro, al Altísimo que se hacía Hijo suyo. Vigilante y llena de asombro amoroso y agradecido, dio a luz a la misma Luz y, junto a San José, se hizo discípula de Aquel que de Ella había nacido; que había sido adorado por los pastores y los sabios; que fue acogido por el anciano Simeón exultante y por la profetisa Ana; temido por los doctores del Templo, amado y seguido por los discípulos, hostigado y condenado por su pueblo. Vigilando en su Corazón materno, María siguió a Jesucristo hasta el pie de la Cruz y, con el inmenso dolor de Corazón traspasado, nos acogió como sus nuevos hijos. Velando, la Virgen esperó con certeza la Resurrección y fue llevada al Cielo. ( del MENSAJE DEL PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, CARDENAL MAURO PIACENZA, CON OCASIÓN DEL ADVIENTO 2011, a los sacerdotes de toda la Iglesia)

El amor a María en la Orden Franciscana: ¡impresionante!

«II. - Dulzura-. Verdaderamente dulzura, que alcanzando la gracia expeles la amargura del pecado; que adquieres la dulzura de la gracia; que has introducido a la suavidad de la patria celestial a los dichosos que de ella gozan. ¡Oh dulce Señora, cuyo solo recuerdo endulza los afectos, como la contemplación de tu grandeza eleva la mente, cual hermosura regocija la vista interior del alma, y cuya amenidad inmensa embriaga el corazón del que medita! 'Oh Señora, que con la dulzura arrebatas los corazones de los hombres! ¿Por ventura no arrebataste también el mío? ¿En dónde, dime, lo pusiste, para que pueda encontrarle? ¡Oh robadora de corazones! ¿Cuándo me restituirás el mío? ¿Por qué así robas los corazones de los sencillos? ¿Por qué haces violencia a los amigos? ¿Quieres, tal vez, quedarte mi corazón para siempre? Al pedírtelo me sonríes, y entonces descanso embebido y como adormecido con tu dulzura. Al volver en mí, otra vez lo pido, mas Tú me abrazas dulcemente, y al momento quedo ebrio de tu amor, y entonces no distingo mi corazón del tuyo, y no sé pedir el mío, sino el tuyo. Mas, ya que mi corazón está así embriagado de tu dulzura, gobiérnalo con el tuyo; guárdalo de corrupción rociándolo con la sangre del Cordero, y colócalo en el costado de tu Hijo. Entonces alcanzaré lo que pretendo y poseeré lo que espero, porque Tú eres Esperanza nuestra. Esperen, de consiguiente, en Ti, los que han conocido tu nombre, porque a los que te buscaron, Señora, nunca abandonaste. Ciertamente los que esperan en Ti adquieren fortaleza; toman alas como de águila, vuelan y no se cansan. ¿Quién no esperará en Ti, Tú que hasta a los desesperados ayudas? Estoy cierto que si acudimos a Ti encontraremos lo que buscamos. En Ti, pues, espere el que desespera; el que desfallece recurra a Ti».

Tomado de paráfrasis de San Buenaventura de la "Salve Regina" - fragmento del capítulo XIX, parte III, del Estímulo del Amor, en El rosario y su mística filosofía, de José Torras y Bages, Obras Completas, v. III, Publicacions de l'Abadía de Montserrat, 1987, p. 93. (por Miquel Bordas)

Invitación a los sacerdotes

MENSAJE del Card. Mauro Piacenza Prefecto de la Congregación para el Clero, con ocasión de la memoria de Nuestra Señora del Rosario

Queridísimos Sacerdotes y Diáconos:

La memoria litúrgica anual de la Santísima Virgen del Rosario despierta algunas reflexiones que quisiera compartir con ustedes.

Es una evidencia, comprobada otra vez en la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, que el Santo Rosario ha vuelto a "ponerse de moda", está "nuevamente en su lugar" -convendría reconocer-, es decir, entre las manos de los fieles, jóvenes y menos jóvenes, laicos y consagrados.

Uno de los muchos dones que el Beato Juan Pablo II ha dejado a toda la Iglesia es precisamente este: haber vuelto a poner el santo Rosario en las manos de todos. Con su ejemplo, el Pontífice Beato ha motivado y confirmado a cuantos nunca habían abandonado esta piadosa práctica, tampoco durante épocas en las cuales se les podría haber ridiculizado o incluso culpar por ello. Y, ejemplarmente, dio las razones cristológicas y eclesiológicas, además de mariológicas y espirituales, que están en la base de esta espléndida oración que hunde sus raíces en el misterio de la redención.

Fiesta de la Virgen del Rosario

"El Rosario es la oración más entrañable para la Madre de Dios", afirmó San Maximiliano Kolbe.
¿Crees que se aburren los enamorados de estar juntos, de hablar, de confesarse su cariño? ¿Crees que el Señor se cansaría de mirar a su Madre, de hablar con Ella, de decirle sus amores? El amor ni cansa ni se cansa. Y en el amor a la Virgen todo se te ha de hacer poco. Cada avemaría, cada gloria, cada misterio de tu rosario deberían ir cargados de una especial ternura y delicadeza, ni siquiera atenuadas por la repetición rutinaria. Aunque se te amontonen las ocupaciones o te pueda la desgana, nunca dejes tu rosario diario. Y si puedes, mejor rézalo en familia. De la mano de María, verás cómo la contemplación de los misterios de Cristo va empapando tu alma y se van imprimiendo en ella los rasgos del Hijo. Cuando te abrumen las preocupaciones, cuando te pesen tus pecados y caídas, cuando todo te resulte desabrido y monótono, cuando la tentación o la desgana espiritual asomen en el horizonte de tu vida interior, agárrate al rosario y descansa en el regazo de tu Madre. Sé fiel en el cariño a la Virgen como Ella lo es a su condición de Madre.

Profundísimas palabras del Papa

VÍSPERAS MARIANAS

PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Santuario de Etzelsbach
Viernes 23 de septiembre de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo de todo corazón a todos los que habéis venido aquí, a Etzelsbach, para esta hora de oración. He oído hablar tanto de Eichsfeld desde mi juventud, que he pensado: alguna vez debo verlo y rezar con vosotros. Doy las gracias cordialmente al Obispo Wanke, que ya durante el vuelo me ha presentado vuestra región, así como a vuestro portavoz y representantes, que me han ofrecido dones simbólicos de vuestra tierra, a la vez que me han dado al menos una idea de la variedad de esta región.

Cómo amaba San Buenaventura a la Virgen María

El amor de San Maximiliano a La Inmaculada, como bien sabemos, ha sido el amor que los franciscanos, empezando por el mismo San Francisco de Asís, han profesado siempre a la Madre de Dios. Desde ahí leemos estas hermosísima palabras de San Buenaventura (+1274), que fue el 5º ministro general de la Orden tras el Seráfico Padre:

"En todo tiempo ten una gran y amorosa veneración a la gloriosa Reina, Madre de nuestro Señor. En todas tus necesidades y en todas tus penas recurre a Ella como al más seguro de los refugios, implorando su protección; tómala por abogada y encomiéndale con devoción y confianza tu vida, pues Madre es de misericordia. Ofrécele cada día un testimonio especial de veneración. Y para que tu devoción sea acogida favorablemente y tus obsequios le sean agradables, imita su pureza, conservando puros tu alma y tu cuerpo, y esfuérzate en seguir sus huellas, practicando la humildad y la mansedumbre" (San Buenaventura).

Benedicto XVI invita a interiorizar la consagración a María

En la entrevista que le hicieron el Viernes Santo de 2011, preguntaron al Papa: Santo Padre, la última pregunta es acerca de María. A los pies de la cruz, hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su madre y Juan, en el que Jesús dice a María: "He aquí a tu hijo" y a Juan : "He aquí a tu madre". En su último libro, "Jesús de Nazaret", lo define como "una disposición final de Jesús". ¿Cómo debemos entender estas palabras? ¿Qué significado tenían en aquel momento y que significado tienen hoy en día? Y ya que estamos en tema de confiar. ¿Piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?

Benedicto XVI respondió: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como un hombre verdadero que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre: un acto de amor por su madre confiándola al joven Juan para que esté segura. En aquella época en Oriente una mujer sola se encontraba en una situación imposible. Confía su madre a este joven y a él le confía su madre. Jesús realmente actúa como un hombre con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso, muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús. Pero por supuesto este gesto tiene varias dimensiones, no atañe solo a ese momento: concierne a toda la historia.