Amor sin medida

Con este icono, en palabras de su autora, Giustina De Toni, se quiere expresar el abrazo afectuoso de la Madre que acoge en el Paraiso a San Maximiliano al final de su camino terreno de sufrimiento y de amor. Los trazos rojos de ambos (rasgo característico de la artista que algunos critican) evocan la pasión, el calor, la emoción de ese encuentro, pero también la sangre y el vida que brotan sin límites en quienes se dan sin medida.

Oración de la Familia a San José

San José, queremos poner bajo tu protección a nuestra familia, para que cada uno de nosotros viva en la fidelidad al Espíritu, en la escucha y cumplimiento de la Palabra de Dios. Sé para nosotros el modelo del amor desinteresado, que busca en primer lugar la felicidad de mi familia. Amén.

Oración a LA INMACULADA del Papa Benedicto XVI

¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza -Tota pulchra, cantamos hoy- nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud.

Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor.

Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia.

Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, Salus Populi Romani, ruega por nosotros.

Cantar como María

¡Hola, Señor! Hoy he vuelto a escuchar a María cantar aquello de "Proclama mi alma la grandeza del Señor" y he vuelto a quedarme con la boca abierta. Pero ¿cómo una muchacha tan joven, que malvive en una aldea que no viene en los mapas, que de repente espera un hijo sin estar casada y sin saber cómo,... puede estar tan contenta, y darte gracias, y bendecir tu nombre? Yo estaría muerto de miedo, llorando como un descosido, maldiciendo mi suerte y poniéndote verde. Yo que he de tener las cosas planeadas y controladas,... ante algo tan fuerte e imprevisto, estaría totalmente desbordado, descolocado. Normal. Tú eres así; Tú descolocas porque tus planes no son nuestros planes; en cambio yo, tan inseguro, tan corto de vista y de entendederas, o lo tengo todo atado y bien atado o enseguida me pierdo en la inmensidad.

Así es como vuelves a recordarme que he de fiarme de ti, como lo hizo María. Ella entendió quién eres, cómo actúas, cómo salvas.

Hoy, Señor, he vuelto a escuchar el canto de María

a la espera de poder cantar yo un día algo parecido;

el día en que sea capaz de entonar mi Magníficat,

porque ese día habré entendido que tú eres mi Dios

y que eres lo mejor que me ha pasado.

(Fray Juan Carlos Blancon, OFMConv.)

Benedicto XVI: «La Madre nos mira como Dios la ha mirado a ella»

El Papa Benedicto XVI renovó en la plaza de España de Roma la antigua y ferviente tradición de homenajear y venerar a Virgen María, la Inmaculada Concepción, patrona de España. El Papa dijo: «A ella, la Toda Santa, pedimos que nos enseñe a creer, a amar y a esperar, que nos indique el camino que conduce a la paz, el camino hacia el Reino de Dios».

(Sic/InfoCatólica) Tras escuchar una breve lectura de la Palabra, ante miles de fieles y peregrinos congregados en la plaza y sus alrededores, el Papa recordó que el don más querido que podemos ofrecer a la Virgen es nuestra oración, las invocaciones “de agradecimiento por el don de la fe y por todo el bien que cotidianamente recibimos de Dios” y las “de súplica por las diversas necesidades, por la familia, la salud, el trabajo, por cada dificultad que encontramos en la vida”.

La Inmaculada y los franciscanos: gratitud del Papa Pío IX

La preciosa urna usada para la recogida de los votos de la comisión teológica especial, instituida por el Papa Pio IX antes de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción de María, se conserva en la sala del Tesoro de la Basílica de San Francisco en Asís. El mismo Papa, tres años después de la proclamación solemne del Dogma de fe, es decir, en 1857, quiso regalarla a los frailes Franciscanos Conventuales del Sacro Convento de Asís como reconocimiento a la defensa y profundización teológica realizada por tantos hermanos a lo largo de los siglos a favor de este Dogma mariano. ¡Seguro que San Maximiliano Kolbe, cuando pasó por esta casa, tuvo ocasión de conocer esta arca y su significado!

"Benedicta sit sancta Immacolata Conceptio Beatae Virginis Mariae, Matris Dei"

De un testimonio escuchado en Medjugorje

Jesús, el Hijo de Dios, estuvo durante nueve meses en el seno de María. Jesús escuchó durante nueve meses el latido del corazón de María, de una mujer de fe, una mujer que creyó en Dios. Todos tenermos esa necesidad, escuchar el corazón de María. Volviendo al corazón de María, apoyando nuestra vida en su corazón de Madre, ahí encontramos el Corazón de Dios. Ese corazón hace milagros en nuestra vida. "¿Señor, qué debo hacer para encontrar la vida"? Tenemos la vida, pero nos falta algo, nos falta el encuentro que hace explotar la vida, que haya una explosión de vida en nosotros. Hemos podido incluso llegar a pensar que nuestra vida ha sido un error, el fruto del pecado de nuestros padres, que hemos nacido para morir desesperados, pero cuando encuentras el Corazón de Dios, entonces la verdad se abre en tu vida. No hemos nacido por azar, no hemos nacido para estar tristes, perdidos, desesperados,... Hemos nacido del Corazón de Dios. En la vida tenemos oportunidad de encontrar esta verdad... La vida busca una plenitud que nadie podrá darte. La vida ha nacido del amor de Dios, tan libre, tan puro, tan verdadero, sin embargo todo amor humano es pobre. No podemos buscar la eternidad en el amor humano, pues ahí caes en el pecado (sexo, droga, dinero...) Ahí acabas cansado de la vida. Sólo Dios puede saciar el corazón del hombre. Hemos de descubrir la belleza del Amor, entonces la vida encuentra la paz... Cuando se contempla la carrera del espermatozoide hacia el óvulo, todo hemos de exclamar: "yo soy el hijo de una victoria". Cada uno somos hijos de la victoria de Dios, de la Cruz de Cristo, de la Misericordia de Dios. Eres el hijo de una carrera victoriosa. Has de correr para que tu vida llegue a ser feliz, para poder decirle a todos: ´eres el hijo de una carrera del Amor de Dios, eres el hijo de la victoria de Dios, tú que te sientes muerto, tú que te sientes triste, tú que fuiste abandonado por tus padres, tú que eres un pobre pecador, tú que no llegas a perdonarte a ti mismo, que no llegas a perdonar a los demás,... tú eres el hijo de la victoria`. Entonces la vida es muy bella, es maravillosa, es el don de la Eternidad. Eso es lo que debemos descubrir. La Virgen María nos ayuda. Apoyemos nuestro corazón, nuestra vida, en el corazón de María. Apoyemos toda nuestra lucha en ese corazón materno que late. Y descubramos en el Corazón de María que Jesús está vivo y resucitado en ese Corazón para cada uno de nosotros.

San Francisco amaba con indecible amor a la Virgen María

El afecto y la devoción por María en S. Francisco

La Orden franciscana siempre ha tenido unos lazos muy especiales con la bienaventurada Virgen María, hasta el punto de ser contado entre las órdenes marianas surgidas en la Edad Media. Origen de estos lazos profundos es la experiencia espiritual de Francisco, el cual "rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. En su honor cantaba alabanzas especiales, le dirigía oraciones y le ofrecía afectos tantos y tales que ninguna lengua humana puede expresar. Mas, lo que más nos llena de gozo, es que la constituyó Abogada de la Orden y puso bajo sus alas a los hijos que estaba para dejar, para que encontrasen en ella calor y protección, hasta el final" (2Cel., 198).