Flores a María 2017 - 4 mayo

María, modelo de nuestro comportamiento
 
 
Dicen, y tal vez es verdad, que estamos perdiendo los buenos modales. Que, en el autobús, no se ceden los asientos a los más mayores o minusválidos; que en los pasos de cebra la gente mira hacia delante, sin caer en la cuenta, de que un ciego, imposibilitado o limitado, necesita de una mano. ¿Qué está ocurriendo?.
 
María siempre tuvo un comportamiento ejemplar.
 
Estuvo donde tuvo que estar y en el momento preciso.
 
Tendió la mano a Dios, a Jesús, a José, en la Bodas de Caná…en el Gólgota
 
¿Y nosotros? ¿Hacemos algo diferente por los demás? ¿En qué podríamos mejorar?.
 
Florecilla de este dia: hoy ofrezcamos a La Inmaculada, la flor de estar pendiente de las necesidades de todas las personas que nos rodeen.
 
 

Flores del mes de Mayo - 2017

 



Hace poco la alegría de la Resucrrección de Cristo nos llenaba
el alma de un gozo y una alegría inmensa.

 Ahora tenemos todo este mes para a seguir acompañando al Resucitado de la mano de su Madre.

Este mes, es también un mes para convertir nuestro corazón

 



Si cada dia descubirmos en La Inmaculada, un detalle,una faceta nueva,una virtud más y la imitamos, nuestro corazón cambiará; seguro.
 
Por tanto preparémonos para vivir este mes de mayo bajo la mirada de María.

Ella es verdad que es modelo de todas las virtudes, pero ante todo es una madre amorosa
que se desvela por su hijos y los ama con locura.

Desde esta humilde web intentaremos todos los dias, si es voluntad de la Inmaculada,
acompañaros cada dia con una florecilla sobre María.

Pedimos a nuestra Madre que os sirva de ayuda para acrecentar su amor por Ella.

Dejémonos llenar por su amor....si dejamos entrar a María en nuestras vidas,
las cambiará y las transformará en Cristo.

 

 

 

Un abrazo,
La Milicia de la Inmaculada en España

Mes de mayo. Mes de María 2017

Comenzamos el mes de Mayo
 
Comenzamos el mes de María
 
 
Deseamos que durante todo este mes de mayo
 
nuestro amor a La Inmaculada se incremente,
 
y cada dia aprendamos a amarla y a imitarla más,
 
para así alcanzar un dia el Corazón Inmaculado de su Hijo.
 
 
¡ A Cristo a través de María !
 
 

“¡Que todos sepan lo que María, la Madre de Dios, puede hacer!”

familia catolica

 

Hoy, primer sábado de mes, felicitamos a Nuestra Madre Inmaculada. Como Ella pidió en Fátima, ofrecemos este día en reparación a su Inmaculado Corazón. Infelizmente, en los últimos días nos han llegado tristes noticias que, como espadas, atraviesan nuestro Corazón al ver atravesado el de Nuestra Madre Santísima. El blasfemo Carnaval de Canarias ha desencadenado tremendos dolores a los Corazones de Jesús y María y a cuantos les amamos. Consecuencia de ello, entre otras cosas, arremetían contra la imagen de Nuestra Señora de una parroquia de Cartagena, que la víspera del acto vandálico, había orado y reparado por los hechos acontecidos en Canarias.

Por todo esto, queremos honrar y reparar el Corazón de María. En este sentido, ofrecemos a continuación una historia que San Maximiliano Kolbe narra en sus conferencias. El propio protagonista del suceso pidió que se difundiera, para que todo el mundo supiera “lo que María puede hacer”, aunque sea tan sólo por un acto de amor que a lo largo de nuestra vida tengamos hacia Ella. Relataba el P. Kolbe, el 31 de mayo de 1938 a los hermanos profesos solemnes:

Ahora os contaré otro ejemplo que vosotros también deberéis contar, porque así lo pidió una persona convertida por la Madre Santísima. Lo leí en el libro de mayo y allí lo pusieron copiándolo de "Przeglad Powszechny” que decía: «Años atrás, en la ciudad donde ejercía de párroco, vivía un molinero protestante llamado Werth. Mis feligreses, cuando se hablaba de él, decían que era un “Lutero” y, para justificar tal expresión, me contaban que siempre se enorgullecía de su odio encarnizado hacia la Iglesia y los sacerdotes. Me preocupaban los ataques de aquel hombre, sobre todo porque, al tener un continuo contacto con la población, influía negativamente en la religiosidad. Los tristes efectos los pude ver en su esposa que, aun siendo católica, desatendía sus propios deberes religiosos. De pronto, corrió el rumor de que aquel hombre había enfermado de gravedad y, al pedir noticias sobre su estado de salud al médico local, éste me respondió que la enfermedad era incurable y que en breve moriría. Me pregunté: “¿qué puedo hacer para reconciliar a este infeliz con Dios?”. La actitud del enfermo hacia el catolicismo y, aún más, la experiencia de tentativas anteriores me quitaban toda esperanza. Pasaron así algunos días, hasta que una tarde apareció un hombre gritando: “¡Werth está muriendo y pide que el párroco vaya lo más rápido posible!”. Fui inmediatamente y lo hallé muy mal, pero del todo consciente. Me saludó con alegría y me dijo: “gracias a Dios ha llegado a tiempo, Padre, y ahora, aunque me resulte difícil, tengo que contarle todo lo que ha pasado: soy evangelista desde la cuna, nunca pude soportar a los sacerdotes, pero ahora… Dios ha sentido piedad de mí y la Virgen ha cumplido su palabra…”. “¿Qué dice?” -le pregunté asombrado. “Escuche —contestó—. Una vez, cuando era niño, volviendo a casa de la escuela, vi a unos chicos que despotricaban y lanzaban piedras y barro contra una estatua abandonada de la Virgen. Eso me indignó enormemente y grité con furia: ‘¿Cómo os permitís hacer eso? ¡Es una imagen de la Madre de nuestro Salvador!’. Uno de ellos me gritó: ‘¿Eres acaso católico?’. ‘No, no soy católico, pero soy cristiano y vosotros sois unos paganos porque ni siquiera respetáis a la Madre de Cristo’. Avergonzados, dejaron de hacer aquellas barbaridades. Después de la cena me dormí profundamente. En sueños me pareció ver a la misma Persona representada en la estatua. Era tan bella que no podía apartar la mirada. Me dijo: ‘¡Hijo mío! Nunca olvidaré lo que hoy hiciste por mí, intercederé por ti y no te perderás…’. Me desperté conmocionado por la visión, pero no me atreví a contársela a nadie, ni siquiera a mis padres, y olvidé todo para dedicarme a otros menesteres hasta el momento en que enfermé… No sé si ha sido un sueño o la realidad, lo cierto es que he vuelto a ver a la misma Persona. Esta vez no ha dicho nada, pero por la forma en que me miraba… he empezado a temblar. No duró mucho tiempo y en breve me calmé. Incluso quise convencerme de que había sido sólo un sueño o un delirio. Ella no me dijo nada, pero en mis oídos resonaban las palabras ‘no te perderás’. He pensado que tal vez me había curado, pero sólo por un instante porque una voz me susurraba: ‘No te hagas ilusiones, dentro de poco morirás…’. Me asaltó el miedo. ¿Qué hacer? ¿Llamar al Pastor? Es tan sabio… que me aconseje, que me calme… me aferré a ese pensamiento, pero lo abandoné en seguida. Y, de nuevo, esa voz me susurraba ‘llama al sacerdote…’. Temblaba, quería imprecar, blasfemar, pero no sabía contra quién. Me parecía ver de nuevo a aquella luminosa Persona y, sin saber cómo, grité: ‘¡Llamad al párroco lo antes posible!’. Me sentí inmediatamente aliviado… En mi alma se hizo la luz y al final comprendí cuál era el significado de las palabras ‘no te perderás’. Temía solamente que usted, Padre, llegara demasiado tarde, pero ahora todo está bien”. Después el enfermo se confesó como si estuviera preparado del mejor modo posible, recibió el Viático y la Extrema Unción y, tras varias horas, rindió plácidamente su alma a Dios. Al despedirme le pedí permiso para contar las misteriosas vías por las cuales Dios lo condujo hacia Él. Me respondió: “Por supuesto, ¡que todos sepan lo que María, la Madre de Dios, puede hacer!”. La milagrosa conversión del señor Werth causó cierta sensación en su familia y en toda la región. Una de las consecuencias directas de su conversión fue que el hijo, un joven no bautizado, recibió inmediatamente el Bautismo y la Eucaristía. Y los otros miembros de la familia comenzaron a cumplir sus deberes de buenos católicos. Instigado por la petición del difunto convertido (“que todos sepan lo que puede hacer María”), lo conté todo a los congregados durante su funeral, a los muchos fieles y a los evangelistas. Después me pregunté: “¿Es suficiente?”. Y enseguida me respondí: “No, ¡es muy poco!”. El difunto quería que todos supieran… Pensé que, en cierto modo, sólo la palabra impresa podía lograrlo. Así que para satisfacer plenamente la voluntad del fallecido, y aún más para alabar y honrar a María, poderosa Abogada y eficaz Refugio de los pecadores, oso pedir que se publique este testimonio, cuya autenticidad puedo garantizar»."(3).

Vemos lo buena que es la Madre Santísima que no olvida ningún acto que se haya hecho para venerarla, por pequeño que sea. Porque, ¿qué hizo Werth para merecer la conversión? Encolerizarse una vez en defensa de su honor.

A la Purísima Concepción

Composición castellana, compuesta y declamada en público, por el seminarista Marcelo González Martín, cuando tenía 17 años (Comillas, 30 de noviembre de 1935).

 

DonMarcelo

 

A mi Madre, en su Purísima Concepción

¡Dulcísima estrella de la mañana!

Quiero cantar tus grandezas, Madre mía. Mi alma se ha sentido inspirada por el embriagador perfume de azucenas que de tu imagen se desprende, y al querer entonar himnos de alabanzas, ha exclamado ¡Inmaculada!

Montes y arroyuelos, mares y cascadas, mañanas de primavera y tardes de nieve, cielos y tierras, elementos todos de la naturaleza, gritad conmigo ¡Inmaculada!

Tú eres la mujer fuerte de la Biblia, cantada por los reyes, anunciada por los profetas, servida por los ángeles; tú fuiste anunciada ya en la primera parte del libro escrito por el Dios de los ejércitos; tú, erguida junto al árbol del Calvario, has compuesto el libro de la humanidad y el Cristo del Perdón, a través del cual veías amplios panoramas de dolor y sufrimiento que desaparecerían al contacto de tu manto protector.

Solamente otro amor: el amor a mi patria, anida en mi corazón; digo mal, que no es otro amor, sino complemento del que hacia ti siento: ¡España y la Inmaculada!

Soy español, nacido en esta tierra bendita, cuyos moradores iban a las batallas, acompañados de tu imagen venerada, y vencían a un mundo en Lepanto, con la espada en una mano y el rosario en la otra; en cuyas Universidades, asombro de los siglos, se hacía juramento solemnísimo de defender hasta dar su vida, si fuera preciso, el que siglos después sería proclamado dogma de tu Purísima Concepción; país que tú congregaste a las orillas del Ebro, santificado con tu planta santísima, y que, en repuesta a tus favores, te llamó Pilar, Sagrario, Begoña, Covadonga, Montserrat, Guadalupe, el Henar, el Rocío, la Cabeza, la Paloma, la Fuencisla... y mil y mil nombres que brotaban del corazón de los españoles; hijos de un país cuyos artistas te consagraron lo más exquisito de su gusto y los poetas lo más delicado de su inspiración; patria de Murillo, Ribera, Zurbarán, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Fray Luis de León, Zorrilla, Gabriel y Galán. Nombres todos que despiertan en mí evocaciones y recuerdos de pasadas grandezas, dormid en paz, al calor del manto de María.

Fue mi patria la única en todo el planeta que no permitió que corriera por sus venas la vil ponzoña de Lutero, aunque para ello tuviera que abrírselas y derramar su sangre por todo el orbe conocido.

Yo he visto a los rudos labriegos del terruño castellano descansar de su tarea y descubrirse reverentes cuando a la caída de la tarde, envueltos en un sol crepuscular, cuando llega a sus oídos la voz del campanario que los llamaba a la oración, y les he visto que pronunciaban, con el alma en sus encallecidas manos, las palabras con que Dios quiso saludarte por medio del ángel Gabriel.

Y he visto a los valientes marineros del Cantábrico abrazarse, arrodillados en las húmedas arenas de la playa, al emprender un viaje que sería su ruina y perdición, si sobre la barquecilla no brillara esplendorosa la luz radiante de una estrella dibujada con las cinco letras de tu nombre celestial, ¡María!

Y porque las he visto amo las manifestaciones genuinas de nuestra piedad en las romerías del Rocío, en la advocación del Carmen, en el emocionante entusiasmo del Pilar.

Y he llorado al ver una muchedumbre delirante de sollozos y místicas ternuras balanceándose agitadamente, ante el desfile de los pasos de Semana Santa en una dulce noche de primavera, y temblar con el escalofrío de la muerte cuando el Jesús del Gran Poder, tambaleándose, con la cara fuerte y renegrida, seguido de una imagen majestuosa, en cuyo centro brillaba un corazón envuelto en un manto con cuchillos.

Madre de los Desamparados, tu mirada angustiosa y llena de dolor fue la que movió a que un hombre que sentía correr en sus venas sangre racial, arrancase un cuchillo de los que te atormentaban y le clavase en su corazón porque el tuyo se estaba desangrando y quería darte su propia sangre para que tú siguieras viviendo y pudieras acompañar a tu Hijo querido hasta el final.

¿Y no he de amarte aún? ¿Y mi alma huérfana podrá olvidarse algún día de la Madre de Misericordia?

Cuando muera sólo quiero tener junto a mis labios los colores rojo y gualda de la bandera de mi patria para poderla besar, y más adentro, en el corazón, tener el azul de tu manto protector para seguir amándote siempre.

 

Fuente: http://www.cardenaldonmarcelo.es/purisima_concepcion.pdf

Nuestra Señora de Lourdes: “Yo soy la Inmaculada Concepción”

San Maximiliano Kolbe: “Ella es, pues, la Concepción Inmaculada. Por consiguiente, Ella es tal también en nosotros y nos transforma en sí misma como inmaculados…”

 

immaculata conceptio lourdes

 

Este sábado, 11 de febrero, celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Para la Milicia de la Inmaculada, es de especial importancia, no únicamente por ser una fiesta mariana, sino además por las veces que San Maximiliano se ha referido a estas apariciones, en las que la propia Virgen María se presentó como la Inmaculada Concepción. Esta advocación, por tanto, está muy vinculada a la orden franciscana. El P. Kolbe ha profundizado en el mensaje que la Inmaculada nos trajo en Lourdes y, lo que en su día era una perla espiritual para los clérigos del convento, hoy lo es también para nosotros, que podemos hacernos eco de sus palabras. El mensaje que la Madre de Dios dio a Bernardette en 1858, podemos renovarlo cada día. Kolbe nos ayuda a descubrir el tesoro de gracias que Nuestra Madre Santísima quiere compartir con sus hijos.

En 1933, San Maximiliano María Kolbe recordaba a los clérigos que “cuatro años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, vemos que en Lourdes la Virgen en persona pide: ¡Penitencia, penitencia, penitencia! He aquí quien quiere proclamar la penitencia en nuestro mundo corrupto: la Inmaculada” (EK 486) De este modo, el P. Kolbe alegaba: “Permitamos, pues, que Ella, Ella misma en nosotros (…) proclame la penitencia para renovar los espíritus”.

“Permitamos que Ella nos predique precisamente a nosotros esta penitencia –añade San Maximiliano; abrámosle nuestro corazón, nuestra alma, nuestro cuerpo y todo sin ninguna restricción o limitación; consagrémonos a Ella totalmente, sin ninguna limitación, para ser sus servidores, sus hijos, cosa suya y propiedad suya sin condiciones, y así llegar a ser, en cierto modo, Ella misma, que vive, que habla, que actúa en este mundo”.

Tal como remarca el P. Kolbe, “la Inmaculada en Lourdes, en su aparición, no dice: ‘Yo fui concebida inmaculadamente’, sino Yo soy la Inmaculada Concepción”. Por tanto, el santo franciscano insiste en que “con estas palabras Ella determina no sólo el hecho de la Inmaculada Concepción, sino también el modo en que este privilegio le pertenece”.

Mas… como afirmaba Santa Teresita del Niño Jesús, cuando hablaba de Nuestra Madre Celestial, “todos los tesoros de la Madre, son también de su hija, ¡y yo soy tu hija!” Qué inefable don para todos cuantos nos consagramos a María y le pertenecemos… Por eso, también San Maximiliano señala: “Ella es, pues, la Concepción Inmaculada. Por consiguiente, Ella es tal también en nosotros y nos transforma en sí misma como inmaculados… Ella es Madre de Dios; y también en nosotros es Madre de Dios… y nos hace dioses y madres de Dios que generan a Jesucristo en las almas de los hombres… ¡Qué cosa tan sublime…!”

“Cuando lleguemos a ser Ella -comenta San Maximiliano- también toda nuestra vida religiosa y sus fuentes serán de Ella y Ella misma: de Ella será nuestra obediencia sobrenatural, ya que es su voluntad; la castidad, su virginidad; la pobreza, su desapego por los bienes de la tierra. Nuestra alma le pertenece a Ella y por eso guía la inteligencia (…) Ella guía también la voluntad para que no ame nada fuera de su voluntad, reconociendo en Ella la voluntad de Jesucristo, de su Sacratísimo Corazón, la voluntad de Dios. A Ella le pertenece también nuestro cuerpo, para que por Ella se exponga gustosamente a los sufrimientos y soporte espontáneamente las penalidades. A Ella le pertenece también todo lo que poseemos…”

Años después, estas palabras de San Maximiliano Kolbe siguen reavivándose en el alma de cuantos se consagran o quieren consagrarse a María. Palabras que, continuarán impregnando de amor a la Inmaculada los corazones de esta tierra. Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, miremos a Nuestra Madre y recordemos el mensaje del P. Kolbe. “Yo soy la Inmaculada Concepción”- dijo Ella misma. Y como Madre… quiere compartir este tesoro con nosotros, de la forma más sublime, tal como lo ha reflejado San Maximiliano. Como él bien solía decir: “si andas con la Inmaculada, te harás inmaculado”.

San Maximiliano Kolbe: “Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad”

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Hoy, sábado 4 de febrero, primer sábado de mes, lo dedicamos especialmente a la Inmaculada, como solía hacer San Maximiliano María Kolbe. Recordamos hoy en las enseñanzas de Kolbe, la maternidad de María, que como la mejor de las madres nos espera siempre para sostenernos con su gracia, resolver nuestros problemas, acompañarnos en los momentos difíciles, endulzándonos las cruces y albergándonos bajo su manto en nuestro camino hacia la santidad.

“Ella fue y será siempre la Madre más cariñosa: durante la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad. Recordemos siempre esta verdad, sobre todo en las dificultades exteriores y también en las interiores, que son las más duras” (EK 744).

San Maximiliano Kolbe alentaba a los frailes explicándoles que “en la misión no encontrarán solo dificultades procedentes del ambiente, sino que Dios permitirá –a su mayor gloria y para manifestar aún más la bondad y la potencia de la Inmaculada- que ustedes pasen también a través del desaliento, la duda, la nostalgia, etc. Sin embargo, si ustedes no depositan nada de su confianza en ustedes mismos, sino única y totalmente en la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias y Madrecita nuestra, entonces vencerán siempre y con seguridad, aunque todo el infierno, su cuerpo y Satanás mismo se conjurasen contra ustedes.” En tal caso, asegura el P. Kolbe, “no sólo no se desalentarían, sino que siempre tendrían fuerzas hasta para consolar también a los demás y reanimarlos en el espíritu, enseñándoles a dónde deben dirigirse para recibir luz y fuerza.”

Sus palabras son un faro de luz también para nosotros, los mílites, en la misión del día a día, sabiendo ante todo que, como decía San Maximiliano: “basta dirigirse una sola vez a la Inmaculada, con la palabra o con la mirada, o incluso sólo con el pensamiento, para que Ella arregle todo, lo que hemos destruido en nosotros y en quienes nos rodean, de modo que Ella pueda guiarnos en el momento presente y mantenga bajo su protección nuestro pasado y los éxitos de nuestro trabajo en el futuro”. De igual modo, el P. Kolbe asevera: “Cuando surjan dificultades, ofrézcanlas a Ella, para que haga lo que le plazca: las elimine, las disminuya, las aumente o las deje como están; pero también al terminar es conveniente ofrecerle a Ella la acción cumplida, para que su efecto sea el que Ella desea”.

Todo en nosotros es de la Inmaculada, todo en Ella, todo con Ella, todo por Ella, todo para Ella. No nos pertenecemos, pertenecemos a la Inmaculada; esa es nuestra dicha. Hoy, sábado, querida Madre Nuestra, queremos entregarnos una vez más a ti. Haznos cada día más tuyos y en tu Inmaculado Corazón, más de Jesús.

San Ildefonso, devoto de la Inmaculada Concepción XII siglos antes de que se proclamara el dogma

La Santísima Virgen le nombró su “capellán” y “fiel notario”, otorgándole una casulla

 

san isidoro

 

Esta semana (el 23 de enero), hemos celebrado la festividad de San Ildefonso, arzobispo de Toledo. Además de unificar la liturgia en España, escribió importantes obras, sobre todo sobre la Virgen María.

San Ildefonso tenía una profunda devoción a la Inmaculada Concepción XII siglos antes de que se proclamara dogmáticamente. Ella le favoreció con grandes milagros.

Milagro del encuentro con la Virgen

Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildelfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hízole seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición.

En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

 

 

ORACIÓN A MARÍA
De San Ildefonso de Toledo

(del Libro de la perpetua virginidad de Santa María)

A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro.
Me humillo ante la única que es madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo,
servirte a ti y a tu Señor.

A Él, sin embargo, como a mi Creador y a ti como madre de nuestro Creador;
a Él como Señor de las virtudes y a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios y a ti como a Madre de Dios.

Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.

Concédeme, por tanto, esto, ¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!: creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnación; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tu llenes en mí con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno en tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.

¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un vínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!

Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificáis a este Dios como Hijo de Ella,  tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor
con la excusa de honrar a Dios su Hijo.

Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mí de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo,
deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.
Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor;
lo que se da a la Madre redunda en el Hijo;
lo que recibe la que nutre termina en el que es nutrido,
y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey.

Por eso me gozo en mi Señora,
canto mi alegría a la Madre del Señor,
exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador
y disfruto con Aquélla en la que el Verbo se ha hecho carne.
Porque gracias a la Virgen yo confío en la muerte de este Hijo de Dios
y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua,
ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

Fuente: http://www.corazones.org/santos/ildefonso.htm

“Ella”: El mejor antídoto contra yo

 
En la festividad de la Inmaculada Concepción del pasado 8 de diciembre tuvimos el gozo de que 80 nuevos mílites españoles se consagraran a la Inmaculada: en Roma, en Granollers y en Murcia.
 
Compartimos con vosotros el precioso y bello testimonio de lo vivido y sentido por uno de ellos en ese dia, en el que entregó total y completamente su vida a La Inmaculada .
 
Que su ejemplo de lo vivido nos sirva a todos para fortalecer nuestra entrega total y completa a La Virgen.
 
¡ Gracias Joaquín por compartir con nosotros lo vivido y darnos la oportunidad de asomarnos a tu corazón, que ahora está totalmente lleno de Ella !
 
 
“ELLA”: EL MEJOR ANTÍDOTO CONTRA “YO”
 
Cuando era muy pequeño tenía claro que era frágil, que no podía avanzar sin apoyarme en la mano que, atenta a mis titubeantes pasos, me acompañaba de manera imperceptible pero constante, y continuaba mi caminar errático, inseguro, pero confiado en que, si caía, esa mano estaba presta a levantarme, a consolarme, a limpiar mis heridas, a desinfectarlas, a enjugar mis lágrimas, a escuchar mis quejas inconexas, infantiles, y a, finalmente, acunarme en su regazo, hasta que me quedaba dormido, reconfortado al oír el latido de su corazón que me transmitía seguridad y alivio.
 

Conforme crezco, y gracias a esa confianza que mi madre me transmite, voy sintiéndome más seguro y capaz de hacer cosas por mí mismo, y voy siendo más independiente, y rompiendo ese cordón umbilical invisible que aún me liga a ella, que pasa de ser mi apoyo, mi muleta, mi consejera, a ser la pesada que me enseña lo que está bien y lo que no, la que no me deja llegar a la hora que yo quiera, la que me recuerda que debo ordenar mi habitación, servir a los demás en la mesa antes que a mí mismo, estar pendiente de los demás, ser considerado con el prójimo ….” los demás, el prójimo …”.
Pero yo, a medida que cumplo años, cada vez sigo menos esos consejos, porque “yo ya soy mayor de edad”, “yo tomo mis decisiones”, “yo no le tengo que dar explicaciones”, “yo sé lo que hago”, y otra serie de determinaciones que tienen a mi querido y admirado “yo” como protagonista. Y sin darme cuenta, “yo” va sustituyendo a “mi mamá”, porque ya soy alguien maduro, adulto, con experiencia, y estoy, en definitiva, encantado de haberme conocido.

Y mi madre va quedando en un rincón de mi vida, con su pesadez, sus manías y su incapacidad para entender los tiempos que vivimos, de los que YO soy un gran experto, por supuesto.

Los errores, los golpes, los accidentes, los desengaños, las frustraciones, el alejamiento de ella, y de los demás, para centrarme en la adoración a mi dios YO, son lo siguiente. Y ella me lo recuerda siempre que le dejo: “los otros. No YO”.

María, la Madre por excelencia, me recuerda que dejar el YO es la única manera de entregarme a la verdadera felicidad. Ella no me sermonea; me da una clase práctica de dejarse hacer, y me pide que haga lo mismo, para ayudarme a abandonar ese YO al que tanto me cuesta renunciar.
 

El pasado día 8 de diciembre, en el Eremitorio de Nuestra Señora de la Luz, en la sierra que flanquea el sur de la ciudad de Murcia, pedí a María  que me volviera a coger de la mano, que me guiara en mi caminar vacilante, que me consolara y limpiara en mis caídas, y que reforzara ese cordón umbilical que nunca ha dejado de existir con ella, aunque me empeñe en ignorarlo, y hasta en cortarlo. Me cobijo bajo su manto para que ella me proteja y, a cambio, le consagro todo mi ser, todo lo bueno y lo malo que hay en mí.
 
Quiero hacer real el “fiat” que fue el referente de su vida en la Tierra, sin preguntas, sin demanda de explicaciones, sin vehemencia, haciéndose la última la que era la primera, la Bendita entre todas las mujeres.

San Maximiliano Kolbe, el “loco de la Inmaculada”, fue mi inspiración para ello. El se percató muy bien de que no era posible encontrar a Cristo sin antes imitar a Su Madre, en cuya vida YO fue un personaje olvidado, inexistente. Él lo creyó y, sobre todo, lo vivió, y no lo dejó pasar como un discurso con bonitas palabras y violines de fondo: lo hizo carne en su vida.

El Hermano Héctor, con su paciencia y su capacidad para transmitir ese entusiasmo por las enseñanzas del santo polaco, me ayudó a comprender mejor el amor que, contagiado por el de Ella, fue el motor de su vida. Y es justo reconocer que, sin su labor, sin su reflexión y su discernimiento, muchas cosas de las que he aprendido nos hubieran pasado desapercibidas.
 

Fue inmensa la alegría que la Consagración a la Inmaculada me regaló, la sensación de que  mi vínculo con Ella se hacía más estrecho me puso la carne de gallina,  porque decía en voz alta que quería volver a ser su niño indefenso que sentía en su amparo la verdadera seguridad, que quería hacer real el “Hágase Tu voluntad” del Padre Nuestro. Y para ello, qué mejor que tener como referente a un ser humano (excepcional, pero humano al cabo) que puso todo su empeño en imitar, y en dejarse hacer, por Aquella que es el mejor medio para imitar a nuestro auténtico modelo: Cristo.

Y ahora es cuando empieza lo bueno."
 
Joaquín Montesinos
Mílite de la M.I. en España desde el 8 de diciembre de 2016
Grupo M.I. Murcia