Dejemos que Nuestra Madre nos prepare el equipaje...

ninamanto

 

“Mañana peregrinación... Se ha hecho tardísimo y aún no he preparado ni la maleta... Con la semana que he llevado no me ha dado tiempo a nada... Además si hace frío tendré que llevar algo de abrigo y apenas he podido sacar aún la ropa de invierno...” – contaba una joven hace unos días, mientras se desahogaba con su madre, que a su vez acababa de llegar de otra peregrinación mariana. En sólo unos segundos, esta madre supo disipar toda sobra de agobio en su hija. Si bien ya no era una niña, una madre jamás deja de ocuparse de los asuntos de sus hijos, por pequeños que sean. “No te preocupes, precisamente tengo en la maleta unos jerseys y unas camisas limpias. Así no tienes que perder tiempo en pensar ni en sacar nada”. Enseguida, la madre abrió su maleta, sacó su ropa, que a pesar del viaje estaba perfectamente planchada y se la dio a su hija. En mucho menos tiempo del que habría necesitado ella para buscar la ropa, escogerla, lavarla o plancharla, hacer la maleta... su madre se lo había solucionado. Había bastado que ella se lo expusiera; ni siquiera se lo había pedido, simplemente le había contado lo que, en ese momento se le hacía cuesta arriba, aunque fuera tan insignificante como hacer una maleta. Sencillamente, la hija acudió a su madre de la manera más natural, y una vez más, la madre se adelantó para arreglarlo todo, con esa dulzura y suavidad que emanan del corazón de las madres cuando se entregan a sus hijos.

Algunos episodios cotidianos, como éste, son espejo de Nuestra Madre del Cielo. San Maximiliano Kolbe reitera que la Inmaculada es la Mediadora y Dispensadora de todas las gracias. Únicamente hemos de acudir a Ella, contarle nuestras necesidades, hablarle de nuestras pequeñas cosas, aún las más sencillas... Ella es Nuestra Madre y disfruta escuchándonos, se alegra de poder ejercer de Madre, ocupándose de todo... de lo pequeño y de lo más grande, pues Ella sí tiene poder para mediar ante Quien no le puede negar nada. Dios no evitó a su Madre ningún sufrimiento. María conoce las alegrías más excelsas, pero también los dolores que traspasan el alma. Ella ha peregrinado antes que nosotros. Por eso, sabe bien lo que necesitamos en nuestra peregrinación hasta el Cielo. Ella sabe cuál es nuestro camino, sabe qué meta nos espera, y sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta para llegar Allí. Nosotros tan sólo tenemos que acercarnos a Ella... Y como la madre de esta joven, también la Santísima Virgen, que además es Reina, abrirá su “maleta” y proveerá la nuestra. Con gran confianza decía Santa Teresita de Lisieux a la Inmaculada, que “los tesoros de la Madre son también de la hija”. Así pues, María abrirá su manto y nos abrigará con su propia túnica. En su velo encontraremos además la sangre de su Hijo, que también nos la dará para lavar nuestras heridas en las caídas que tengamos. Su “equipaje”, siempre será mucho mejor que el que haríamos por nosotros mismos. Ella lo prepara todo rápido, del modo más perfecto. Siempre acierta con el tiempo, sabe qué hemos de llevar para la tormenta y para el sol más reluciente. Y todo este “equipaje”, que nos prepara con tanta ternura y delicadeza, nos lo perfuma con los aromas más celestiales... para que allá donde vayan sus hijos más queridos, dejen siempre “el buen olor de Cristo”.

IV. Meditaciones sobre el Rosario 2016

Sigamos aprendiendo de San Maximiliano Kolbe, en este mes de Octubre, a amar a La Inmaculada através de su oración preferida: El Rosario

 

María en persona nos exhorta a rezar el Rosario
"Miembros del movimiento Milicia de la Inmaculada y todos ustedes que leen estas palabras, procuren participar, en los límites de sus posibilidades, en el rezo común del rosario, en las iglesias o en las calles, o ante los cuadros o estatuas de la Virgen. Quien, al contrario, no pueda salir de casa, que rece cada día en ella, la tercera parte del rosario. ¿Y por qué?. Porque la Inmaculada en persona quiso exhortarnos al rezo del santo rosario, manifestándose a la beata Bernardita con el rosario en la mano. ¿Y en beneficio de quién?. En beneficio de quien tiene más necesidad, y precisamente en beneficio de nuestros pobres e infelices hermanos masones. Ellos son hermanos, ya que Jesús no los excluyó en absoluto de la participación en los méritos de su Pasión. ¿Y según que intención?. ¿No piensan ustedes, queridos lectores, que la mejor intención en que se conviertan cuanto antes, es más, que formen parte del movimiento Milicia de la Inmaculada y que, con el deseo de reparar el mal cometido hasta aquel momento, se dispongan con mayor fervor, según el ejemplo de San Pablo después de su conversión, a trabajar en la obra de la salvación de las almas?" (EK 1133)

El Rosario y Lourdes
"En Lourdes la Inmaculada pasa las cuentas del rosario y anima así a Bernardita a que lo rece con Ella. Es un modo sabio de enseñarnos cómo debemos profundizar los misterios de Jesús, desde su venida al mundo hasta la coronación como Reina del cielo de Aquella que fue su Madre. Pues bien, si deseamos elevarnos hasta llegar a conocerla a Ella y a enamorarnos de Jesús, debemos detenernos a meditar estos misterios en unión con Ella, susurrando y repitiendo incesantemente el “Ave María”. (EK 1297)

 

Oración simple
"Una oración simple y sublime a la vez, que la misma Inmaculada indicó cuando se apareció en Lourdes, es el santo rosario. Que éste se convierta en la espada de cada persona que se entrega a la Inmaculada, lo mismo que la medallita (la Medalla Milagrosa) es la bala que vence el mal." (EK 1088)

Cómo se reza el Rosario
"Las oraciones que se recitan en el rosario son: la “Oración dominical”, la “Salutación del Ángel” y el “Gloria al Padre”.
La "Oración dominical" la enseñó Jesucristo mismo. La “Salutación del Ángel” es llamada comúnmente “Ave María”. Se trata de una oración compuesta por las palabras de la salutación del Arcángel Gabriel a María, de la salutación de Isabel y de una súplica con la cual la Iglesia pide la intercesión de María. El “Gloria al Padre” es una oración de alabanza a la Santísima Trinidad. Cada una de estas oraciones es conocida y utilizada ampliamente desde los orígenes de la Iglesia. Cuando se llega al grano grueso se reza el “Padre Nuestro”, con los pequeños el “Ave María”, y al terminar cada decena se añade el “Gloria al Padre”. Durante el rezo de estas oraciones se reflexiona sobre quince misterios. Los misterios son: gozosos, dolorosos y gloriosos." (EK 1171)

 

Una oración muy fácil
"El rosario es una oración muy fácil, con tal de que se recuerden las tres oraciones mencionadas. Es fácil entender que los niños, incluso las personas que no saben leer, pueden recurrir con facilidad al rosario como a un medio de oración. Además, las personas cultas, si reflexionan a fondo sobre estos misterios, entienden fácilmente la doctrina católica, y cualquiera que reflexiona sobre ellos hace propias muchas verdades necesarias para la vida diaria. Evidentemente, también los incrédulos pueden rezar el rosario. No sólo pueden rezarlo, sino que, reflexionando sobre los misterios, entienden más fácilmente la devoción del rosario y además, mediante el rezo del rosario, pueden impetrar para sí mismos la gracia de la verdad perfecta y de la fe". (EK 1133)

 

III. Meditaciones sobre el Rosario 2016

El pasado 13 de octubre, celebramos que hace 99 años ocurrió el "milagro del sol" en Fátima.

El 13 de octubre de 1917 y ante una muchedumbre de unas 50 000 personas que recitan el Rosario, se presentó la Virgen a Lucía como Nuestra Señora del Rosario y le pide que haga edificar una capilla en su honor. Anuncia que la I guerra mundial se acabará pronto. Pide también la conversión de los pecadores.

Mientras Nuestra Señora del Rosario se eleva hacia el cielo, la lluvia, que caía a cántaros, se detiene y sale el sol en un cielo azul. Los testigos pueden mirar al sol directamente, lo ven empezar a girar sobre sí mismo, lanzando rayos de luz de diferentes colores. Parecía incluso que el sol se acercaba de la tierra, perturbando la multitud. Luego, después de diez minutos, todo vuelve a lo normal.

“…el sol se detuvo, y empezó de nuevo a bailar; se detuvo de nuevo y volvió a bailar, hasta que pareció desprenderse del cielo, y venir hacia nosotros. Fue un momento terrible!”

Hubo testigos hasta en cinco kilómetros de distancia, y no obstante el observatorio astronómico no encontró nada específico en ese momento.

Hoy meditamos sobre el Rosario con esta excepcional vidente de nuestra querida Madre Inmaculada.

Sor Lucía de Fátima
 
 
El Rosario, nuestra arma mariana contra la «desorientación» del mundo
 
"La decadencia que existe en el mundo es sin duda la consecuencia de la falta de oración. Fue previendo ésta desorientación que la Virgen recomendó con tanta insistencia el rezo del Rosario.
 
"Y como el Rosario es, después de la Santa Liturgia Eucarística, la oración más adecuada para conservar la fe en las almas, el demonio desencadenó su lucha contra él. Desgraciadamente, somos testigos de los desastres que causó. (...)"

"No podemos y no debemos detenernos ni dejarlo, como dice Nuestro Señor, a los hijos de la oscuridad ser más sagaces que los hijos de la Luz. El Rosario es el arma más poderosa para defendernos sobre en el campo de batalla.
"
 
"Si nos dieran un programa más difícil de salvación, muchas almas que se condenarán tendrían el pretexto de que no pudieron realizar dicho programa. Pero ahora el programa es brevísimo y fácil: rezar el Santo Rosario. Con el Rosario practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros".
 
Carta de Sor Lucía de Fátima a un sacerdote 26-11-1970
Junto a sus primos Francisco y Jacinta,
Sor Lucía fue la 3ª vidente de las apariciones de Fátima.
Desde 1948 ingresó en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra
en régimen de clausura,
profesando votos al año siguiente.Allí moriría en el 2005,
a la edad de 97 años,
siendo muy contadas sus salidas al exterior.
Durante su estancia en el convento,
afirmó haber visto apariciones de la Virgen e incluso de Jesús,
en las que recibió la Promesa de los Primeros Sábados, la Visión de la Trinidad
y la petición de la consagración de Rusia.
Una de las contadas veces que salió del convento
fue para entrevistarse con el papa Juan Pablo II
y comunicarle el tercer misterio.
Recibió sepultura en el cementerio del Carmelo de Santa Teresa, de Coimbra,
donde pasó enclaustrada sus últimos 46 años.
Sus restos fueron trasladados a la iglesia del complejo mariano de Fátima,
para descansar allí junto a los de sus primos.
El 13 de febrero de 2008, el cardenal José Saraiva Martins
anunciaba el inicio de la Causa de beatificación.

María Inmaculada, como a Santa Teresa de Jesús ¡tórnanos a Ti!”

“Afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas” (Teresa de Ávila)

 

teresa avila

 

Santa Teresa de Jesús nos acerca hoy, sábado en que celebramos su festividad, a la Santísima Virgen María, en Quien siempre vio a su Madre y a la que le profesó gran amor durante su vida.

Desde bien pequeña, su madre le inculcó una delicada devoción a la Virgen y la ejercitó en el rezo del Rosario. Pero la cruz visitó a la Santa de Ávila, con apenas trece años, traspasando su corazón con el fallecimiento de su madre. ¿Qué hizo entonces la joven Teresa? ¿A Quién acudió para encontrar consuelo y refugio, con la certeza de que estas cosas sólo las puede comprender una Madre? Ella misma nos lo cuenta:

"Afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí" (Vida 1,7).

Según fuentes carmelitas, Santa Teresa atribuye a la Inmaculada Virgen María su protección constante y la gracia de su conversión: “me ha tornado a sí”.

Tal era la unión de Teresa de Jesús con la Madre de Dios, que cuando fue nombrada Priora de la Encarnación en 1571, colocó en el primer lugar del coro a la Virgen María. “Mi ‘Priora’ (la Virgen María) hace estas maravillas” – contaba en una carta a María de Mendoza (7 de marzo de 1572). Por eso, como podemos leer cuando entramos a uno de estos “Palomarcicos de la Virgen”, podemos leer: El Carmelo es todo de María. Como carmelita, vestía el mismo hábito de María, mas su parecido también se reflejaba en el interior, queriendo ser toda suya: "Plega a nuestro Señor, hermanas, que nosotras hagamos la vida como verdaderas hijas de la Virgen y guardemos nuestra profesión, para que nuestro Señor nos haga la merced que nos ha prometido" (Fundaciones 16,7). En una carta a las monjas de Sevilla, un 13 de enero de 1580, decía: "Así que, mis hijas, todas lo son de la Virgen y hermanas, procuren amarse mucho unas a otras" .

Este amor, que Santa Teresa profesaba a Nuestro Señor, a la Inmaculada y a las almas, lo ofrendaba con su propia vida, también en el sufrimiento. Así nos lo recuerda San Maximiliano Kolbe: “Santa Teresa de Ávila solía decir que para ella era un día perdido aquel en el que no había sufrido. Lo mismo sucede en nuestras vidas, cuando carecemos de la posibilidad de demostrar en la práctica nuestro amor.” (Conf. 7-XI-1938).

Pidámosle hoy a Santa Teresa de Jesús que interceda por nosotros, para que Nuestra Madre también nos “torne a sí”, y siendo todos de Ella, podamos amar arraigados en su Inmaculado Corazón.

El Rosario, “la espada de cada caballero de la Inmaculada”

san max rosario

 

Celebramos ayer, 7 de octubre, la festividad de Ntra. Sra. del Rosario. Como San Maximiliano María Kolbe nos recuerda, la Santísima Virgen recomienda a menudo esta oración tan poderosa y que tanto le agrada. “Una oración simple y sublime a la vez, que la misma Inmaculada indicó cuando se apareció en Lourdes, es el santo rosario – explica el P. Kolbe. –Que éste se convierta en la espada de cada caballero de la Inmaculada, lo mismo que la medallita es la bala que vence el mal” (EK 1088).

La Madre de Dios reveló al Beato Alano de la Roche que, “después del Santo Sacrificio de la Misa, que es la primera y más viva memoria de la pasión de Jesucristo, no hay devoción más excelente y meritoria que el Rosario, que es como una segunda memoria y representación de la vida y pasión de Jesucristo”. También dijo la Virgen al Beato Alano: “Sabed que, aun cuando hay gran cantidad de indulgencias concedidas a mi Rosario, yo añadiré muchas más por cada parte de él en favor de aquellos que lo recen sin pecado mortal, de rodillas, devotamente; y a quienes perseveren en la devoción del Santo Rosario, en estas condiciones y meditaciones, les conseguiré, en premio de este servicio, la plena remisión de la pena y de la culpa de todos sus pecados al fin de su vida. Y que no te parezca esto increíble; es fácil para mí, pues que yo soy la Madre del Rey de los cielos, que me llama llena de gracia, haré también amplia efusión de ella sobre mis queridos hijos”. (“El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”, San Luis María Grignion de Montfort).

Al Beato Alano se le atribuyen también las promesas de la Virgen María para aquellos que recen el Rosario:

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

 

virgen del rosario y santo domingo

 

Como decía Santa Teresita del Niño Jesús: “con el Rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen. Mientras el Rosario sea rezado, Dios no puede abandonar al mundo, pues esta oración es muy poderosa sobre su Corazón”.

Este mes de octubre, “mes del Rosario”, aprovechemos a profundizar en el reso del Rosario que, como dice San Maximiliano, “alegra mucho a la Inmaculada”. Además, como añade el santo franciscano, “con  esta oración podemos obtener fácilmente grandes gracias y la bendición divina” (EK 1171).

 

“El beso es expresión de amor y engendrador de amor; enciende los corazones; se repiten los besos y auméntase el afecto, y nunca acabarían de darse besos los que de veras se aman. La sucia carne envenena la pureza de un beso; pero los besos del espíritu, esos besos del alma a la purísima Virgen, de que nos habla San Bernardo, pueden repetirse y multiplicarse, multiplicando el afecto del cristiano; el amor mutuo entre María y sus devotos crece al compás de los Rosarios que éstos le rezan”

(Venerable Mons. José Torras y Bages, Obispo de Vic, fallecido en 1916. “El Rosario y su mística filosofía”, 1886, III, p. 20.)

Teresita del Niño Jesús, “Florecilla de la Inmaculada”

Virgen Teresita

 

 

“No me asuste mi gran debilidad, pues todos los tesoros de la madre son también de la hija y yo soy hija tuya, Madre mía querida... ¿Acaso no son mías tus virtudes y tu amor también mío? Así, cuando la pura y blanca Hostia baja a mi corazón, tu Cordero Jesús sueña estar reposando en ti misma, María”. Las palabras de Santa Teresita del Niño Jesús nos acompañan especialmente este sábado 1 de octubre, primer sábado de mes y día de su fiesta. Teresita, que bien pequeña perdió a su madre, encontró en la Santísima Virgen la Madre que, haciéndola toda suya, le daría todos los “tesoros” de su Corazón; entre ellos el más valioso: a su Hijo Jesús. Tal era la filiación con María de esta santa carmelita, que llegaría a decir: “La Santísima Virgen es la Reina del Cielo y la Tierra, pero es más Madre que Reina”.

Ante una grave enfermedad que padecía la pequeña Teresa, la Inmaculada le concedió la gracia extraordinaria de su curación... simplemente con su sonrisa. Esta imagen que acompañaba a nuestra Patrona de las Misiones y de la que obtuvo tan inefable gracia, sería conocida como “la Virgen de la Sonrisa”. En los planes de la Inmaculada estaba que durante unos años aún viviese su “florecilla” en esta tierra... para conquistar con su sacrificio de amor todas las almas posibles.

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San Maximiliano María Kolbe tenía gran devoción a Santa Teresita. A menudo acompañaba sus conferencias con alguna “perlita” espiritual suya. Y es que, el P. Kolbe estaba muy unido a Santa Teresita. Ambos compartían un corazón misionero, que ardía en deseos de conquistar las almas para Jesús a través de María.

San Maximiliano nos desvela las “maquinaciones secretas” (EK 1263) con Santa Teresita. Así, cuenta que antes de su beatificación y canonización, tras haber leído una biografía suya, le dijo: “Yo me comprometo a hacer en cada misa un ‘memento’ (recuerdo en la oración) para tu beatificación y canonización, y tú te ocuparás de mi misión”. “Mientras estaba preparando la primera expedición misionera en el Extremo Oriente –ella ya había sido beatificada y canonizada- estuve en Lisieux y me presenté a la puerta del convento en el que se había hecho santa y donde viven todavía sus tres hermanas, y pedí que se dijese a una de las tres que le comunicase a su santa hermana que yo reivindicaba mis derechos con respecto a Ella, ya que habíamos concluido un pacto y ahora ella estaba ya canonizada y, en cambio, mi misión ¿dónde estaba?... Y poco tiempo después me encontraba en Japón”. Éste es sólo uno de los muchos episodios que acompañaron a San Maximiliano en su comunión con la Patrona de las misiones.

Como él bien decía, ¿de dónde le viene tal “competencia” en las cuestiones misioneras? “¿Acaso realizó durante su vida un apostolado misionero en muchos países paganos? ¿Derramó su sangre como mártir? Ninguna de estas cosas”- asegura Kolbe, recordando que “nunca superó el umbral de su monasterio de Lisieux, en Francia”. Además, recuerda que “a lo largo de su vida no obró milagros, sino que se hizo santa de manera tan sublime en la rutinaria y oscura vida cotidiana.” “Lo que vale, en efecto, no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo, la intención y el amor con que lo realizamos” – subraya.

¿Cuál fue la intención de Santa Teresita? San Maximiliano nos lo revela: “Agradar a Jesús, al Niño Jesús”. “He aquí el amor puro –apunta-. Soportar con amor las pequeñas cruces diarias, trabajar con amor, vivir de amor, ser como un niño pequeño que, con caricias de amor, conquista la benevolencia del corazón de sus padres.”

“Todos pueden y deben ser misioneros como ella” –alega nuestro misionero franciscano. Y, ¿cómo conseguirlo? El P. Kolbe también nos da la fórmula: Como Santa Teresita, que se llama a sí misma “Florecilla de la Inmaculada” y reconoce haber sido educada por Ella, seamos también nosotros florecillas de la Inmaculada, pues “Ella nos enseñará una confianza sin límites en el amor misericordioso de Dios, del que Ella es la personificación”.

 

 

 

 

 

Un solo Ave María

 
Un día el Señor le pidió a San Francisco que le diera algo.
 
El santo respondió: "Señor,  no encuentro qué darte que no te haya dado: Todo mi amor"
 
Jesús sonrió y dijo: "Francisco, dámelo de nuevo, y de nuevo me dará la misma alegría."
 
 
Del mismo modo, nuestra querida Madre da la bienvenida a cada Ave María que le proporcionamos con la misma alegría con la que oyó el saludo de la boca del ángel Gabriel en el día de la Anunciación, cuando se convirtió en la Madre del Hijo de Dios.
 
En sus Revelaciones, Santa Gertrudis  dijo que cuando damos gracias a Dios por las gracias que otorga a un santo,  participamos de esa misma gracia.
 
¿Y qué gracias obtenemos cuando rezamos el Ave María, para agradecer a Dios por todas las gracias extraordinarias que Él ha dado a Su Santa Madre?
 
"Un Ave María dicho sin fervor sensible, pero con un deseo genuino en un momento de aridez, tiene mucho más valor que un rosario entero recitado en medio de la consolación", le confió Nuestra Señora a la hermana Benigna Consolata Ferrero (1885- 1916).
 
 
Fuente: aleteia.org

¿Cautivos? ¡Sólo de su Inmaculado Corazón!

 

Mons. Reig Pla: “Maximiliano María Kolbe al presentarse voluntariamente, celebra su última eucaristía asociándose al sacrificio redentor del que muere y resucita para nuestra salvación”

 

merced

 

Hoy, festividad de Nuestra Señora de La Merced, nos acercamos al Corazón de Nuestra Madre con todo nuestro cariño para felicitarla y unirnos en acción de gracias. Según fuentes marianas, el título “Merced” quiere decir, ante todo, “misericordia”. Sus raíces se encuentran en Barcelona, cuando en el siglo XIII, la fe católica de tantos españoles se vio amenazada ante la desesperación ser cautivos de los sarracenos. Apiadándose de los españoles, la Madre de Dios se apareció a San Pedro Nolasco y le pidió que fundara una orden que estaría llamada a liberar a los cristianos. Así surgieron los “mercedarios”, con el apoyo del Rey Jaime I de Aragón, quienes deseaban fervorosamente ser caballeros de la Virgen María y estar al servicio de su obra redentora.

El amor por la Madre de la Merced y su caridad hacia las almas, llevó a muchos de los mercedarios a intercambiar sus vidas por la de los presos y esclavos. Probablemente, el testimonio de estos caballeros de la Virgen nos esté recordando a otro caballero de la Inmaculada que, siglos después, también entregaría su vida por la de otro preso, ofreciéndola hasta el holocausto. Precisamente esta semana, nos lo recuerda el Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, al comienzo de la carta pastoral que ha publicado: “BUSCAD AL SEÑOR Y REVIVIRÁ VUESTRO CORAZÓN (Salmo 68) http://www.obispadoalcala.org/noticiasDEF.php?subaction=showfull&id=1474452573&archive=

Recordando la visita del Santo Padre en la Jornada Mundial de la Juventud al campo de concentración de Auschwiz, Mons. Reig Pla comenta que es una “muestra patente de a dónde puede conducir una sociedad que prescinde de Dios.” “El silencio del Papa Francisco en la celda donde estuvo San Maximiliano María Kolbe es elocuente –señala. - Parece que no tenemos palabras para expresar tanto sufrimiento de inocentes, tanta locura de quienes ordenaban y permitían tantos crímenes. Sin embargo, ante el respeto del silencio emergen las figuras de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, judía conversa al cristianismo y San Maximiliano María Kolbe, el apóstol de la Inmaculada.”

El Obispo de Alcalá explica que “Maximiliano María Kolbe, convencido de la resurrección, se intercambia voluntariamente por un padre de familia sentenciado a muerte.” Así, destaca de este “apóstol de la Inmaculada el gesto del amor victorioso.” Remarca que “sólo el amor es más poderoso que la muerte. El amor que nace de la gracia de la redención. El amor que es capaz de ofrecerse en sacrificio asociado a la muerte y resurrección de Cristo.” “Maximiliano María Kolbe al presentarse voluntariamente, celebra su última eucaristía asociándose al sacrificio redentor del que muere y resucita para nuestra salvación. Como María, Inmaculada en su concepción, él no teme ponerse al pie de la cruz. Acepta la inmolación con la esperanza puesta en el cielo, la verdadera justicia de Dios. Sin resurrección de la carne, sin el cielo no habría verdadera justicia. Por eso ante la ignominia del campo de exterminio, escuchando el grito de los inocentes llevados a la muerte, sólo se puede escuchar una palabra: resurrección y cielo; vida eterna en plenitud de gozo junto a Dios. Todas las demás palabras resultan incapaces de responder ante la magnitud del exterminio. De donde se desprende que sólo la misericordia de Dios puede salvar al mundo”- asegura Reig Pla.

Pidámosle a Nuestra Señora de la Merced que siga liberándonos de tantas prisiones que nos ofrece el mundo y de los campos de exterminio en el que mueren tantos inocentes. Que en estos tiempos en que multitudes de cristianos son perseguidos, Ella siga siendo su consuelo, su refugio y su fortaleza. Y renovemos nuestra consagración a la Inmaculada, para que Ella nos libere de todo mal en nosotros y nos haga cautivos sólo de su Inmaculado Corazón.

 

“Padecer con María es padecer con Jesús”

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En el corazón del mes de septiembre hemos celebrado las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz y la Virgen de Dolores. Hoy sábado, nos adentramos una vez más en el Inmaculado Corazón de María, para acompañarla en su martirio de dolor a los pies de la Cruz de su Hijo.

Como narra el P. Faber en su libro “Al pie de la Cruz” (1877), (...) María ha padecido más que nadie después de Jesus. La inmensidad de sus dolores no tiene por qué sorprendernos, ni chocarnos; ántes bien, nos parecerá un resultado propio de todo cuanto sabemos acerca del gran misterio de la Encarnación. Medida de los padecimientos de la Madre no será otra sino la grandeza del amor que su Hijo la tiene; así como la profundidad misma de los dolores de la Madre será la mejor medida del amor que Ella profesa al Hijo (pág 16-17).

Faber recuerda en esta obra la opinión de algunos santos sobre los padecimientos de Nuestra Madre, como San Anselmo, que afirmaba que “por grandes que hayan sido las crueldades cometidas con los mártires, poco y aún casi nada valen, comparadas á la crudeza de la pasión de María”. De igual forma, San Bernardino de Siena aseguraba que “si el dolor de la Santísima Virgen se dividiera y se repartiese entre todas las criaturas capaces de padecer, todas ellas perecerían en el acto”.

Como en alguna ocasión hemos señalado, Nuestra Madre Santísima es, “mártir en el alma”, mártir de un modo incomparable a ningún otro. Como relata el P. Faber en este sentido, María ha padecido más que todos los mártires. Su sér todo entero ha sido abrevado de amargura; las espadas que atravesaron su alma, hirieron también todos los nervios y todas las fibras de su cuerpo; y aún pudiéramos decir que aquel cuerpo, exento de culpa y tan admirablemente perfecto, no fue tan delicadamente formado sino para que así padeciese más que todos, excepto el de su Hijo (pág. 22). Así pues, a menudo escuchamos hablar de Nuestra Señora como corredentora: María fue asociada a la Pasion con el fin de que sus dolores se añadiesen á los padecimientos del Salvador, y esto, no indeliberadamente, sino, como sucede en todas las cosas de Dios, con designio real y misterioso. (...) Siendo, como lo es, cierto que de ningún modo podemos considerar separada del Hijo la Madre durante los treinta y tres años de la vida del Salvador, ¿cómo separarlos en el Calvario, donde Dios los juntó por tan singular y maravillosa manera?” (pág.  37).

La corona martirial también estaba reservada para la más Pura, para la más Santa, para la Madre de Dios. Las gracias abundantes son cordilleras de montañas formadas por las ebulliciones subterráneas del dolor –sostiene Faber. - Los mártires tienen coronas que les pertenecen de derecho. ¿Cómo, pues, estas coronas habían de ser negadas a María? ¿No era preciso que el exceso de amor de Jesús fuese para ella exceso también de padecer?...” (pág. 40).

Como tantas veces nos recuerda San Maximiliano María Kolbe, renovemos nuestra consagración a María también hoy. Aprovechemos estos días para contemplar el Calvario, junto a Nuestra Madre. Si nos entregamos a Ella, sin duda hará que nos se pierda ni una de las gracias que emanan de la bendita cruz de su Hijo para cada uno de nosotros. Y como aconseja el P. Faber al final de su libro: Huyamos del mundo y de sus vanidades para refugiarnos á los pies de María, y reclinados hasta el fin de la vida en su regazo maternal, meditemos en sus dolores. Hijos pródigos como somos, ¿qué camino más breve y seguro para restituirnos á la morada del Padre celestial? Padecer con María es padecer con Jesús; no hay estímulo más eficaz para que sirvamos á Dios con mayor abnegación de nosotros mismos y tiernamente le confesemos Eterno Padre; Eterno, porque Padre nuestro es, ¡bendita sea su bondad! por los siglos de los siglos; Eterno, porque hijos suyos y herederos de su gloria ¡bendita sea su Pasión! hemos de ser en bienaventuranza inacabable. Y María es quien debajo de su manto ha de llevarnos á la cumbre infinita.