La Inmaculada, Abogada de Misericordia ante el Tribunal Divino

El testimonio del hijo de Santa Brígida demuestra la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María capaz de vencer los ataques del demonio

 

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Con motivo de la festividad de Santa Brígida que celebramos hoy, sábado 23 de julio, profundicemos en nuestro amor por la Inmaculada meditando la inconmensurable gracia que le concedió al hijo de esta gran santa:

Tal es el caso de Carlos, hijo de Santa Brígida, de cuya muerte estaba su madre temerosa,  por haber muerto lejos de su presencia y en el ejercicio de la milicia. Nuestra Señora le reveló que se había salvado por el amor que siempre le había tenido, por lo cual Ella misma le había asistido en el tiempo de morir. Vio al mismo tiempo a Nuestro Señor Jesucristo, como Juez sentado en su trono, y que el demonio tuvo el atrevimiento de presentarle dos quejas contra su Santísima Madre: la primera, que le hubiese estorbado al tentar a Carlos cuando estaba para morir; la segunda, que le hubiese llevado Ella delante del Juez, alcanzándole de este modo la salvación, sin darle siquiera lugar a que expusiese las razones que le asistían para probar que aquella alma era suya. Pero el Señor le echó de su presencia, y el alma de Carlos entró triunfante en su presencia. (“Las Glorias de María”. San Alfonso María de Ligorio).

San Maximiliano María Kolbe nos confirma la fidelidad de Nuestra Madre a cuantos la aman y se entregan a Ella: “aunque creas tener ya un pie en el infierno, si no te cansas de dirigirte a Ella con plena confianza, sin considerar absolutamente tu situación interior, debes estar tranquilo, porque sin duda no perecerás”. Renovemos tantas veces como podamos nuestra consagración a la Santísima Virgen María e incentivemos el deseo de amarla cada día más. Ella velará por nuestras almas y se encargará de conducirlas dulcemente y directamente al Corazón de su Divino Hijo.

 

Nuestra Madre nos ofrece su Escapulario del Carmen para llevarnos al Cielo

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 Con inmensa alegría felicitamos hoy a Nuestra Madre querida, en su bendita fiesta de la Virgen del Carmen y agradecemos el tesoro que nos ha dejado a través de su Escapulario. ¡Cuántas gracias estará derramando hoy desde el Cielo! Adentrémonos aún más en su Inmaculado Corazón para que nos desvele los privilegios divinos que, como a San Simón Stock, nos concede con esta devoción y la divulgación del Escapulario del Carmen, incomensurable don para las almas.

            Aprovechemos la festividad de este sábado para recordar los beneficios de esta arma tan poderosa para ir al Cielo, que nos viene de las amorosas manos de Nuestra Madre Santísima. La Inmaculada le entregó el Escapulario del Carmen a San Simón Stock (general de la Orden Carmelita desde el año 1246). El santo sabía que en aquellos tiempos le quedaba poco tiempo a la Orden, sin una intervención de la Virgen María, así que recurrió a Ella, poniendo la Orden bajo su amparo. La Inmaculada respondió a su petición el 16 de julio de 1251. Se apareció a su querido hijo carmelita y le hizo entrega del Escapulario para su Orden, con la siguiente promesa: “Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los carmelitas, quien muera usando el escapulario no padecerá el fuego del infierno”. El uso de este Escapulario se fue extendiendo, no sólo a la Orden Carmelita, sino a fieles de la Iglesia entera.

            En el año 1322, el Papa Juan XXIII tuvo una aparición de la Virgen Santísima. Nuestra Señora le reveló en esta aparición lo que tradicionalmente se conoce como “privilegio sabatino”, con la promesa de que, por intercesión suya, libraría del Purgatorio el primer sábado después de la muerte a todos los que llevasen el Escapulario del Carmen. Habría que subrayar, que no se trata de nada mágico, ni nada por el estilo, sino que este Escapulario es un signo de consagración a la Virgen, con el compromiso que conlleva de querer amarla cada día más, imitarla y darla a conocer a todas las almas posibles. Como tantas veces nos recuerda nuestro querido San Maximiliano María Kolbe, se trata de conquistar el mundo entero para el Sagrado Corazón de Jesús, a través de la Inmaculada.

 

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El perfume de la santidad en el Jardín de la Inmaculada

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“... Comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez.  Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas… Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies.  La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos… Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ¡Y también a sus corazones quiere él descender! Éstas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina… Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella. Y así como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas de tal modo que en el momento preciso se abra hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cada alma…” (Historia de un alma, Santa Teresita del Niño Jesús).

San Maximiliano tenía una devoción especial por Santa Teresita de Lisieux. Además de citarla en numerosas conferencias, el P. Kolbe hizo un pacto con la santa carmelita: él la pondría en el altar en cada Eucaristía y a cambio ella se ocuparía de sus misiones. Sólo el Cielo conoce la íntima comunión que compartirían la Patrona de las Misiones y el P. Kolbe, comunión que ahora continúan desde el Paraíso, junto a la Inmaculada. ¿Por qué no continuar desde la Milicia de la Inmaculada (MI) este “pacto” que hizo San Maximiliano con Santa Teresita? Acerquémonos a esta Doctora de la Iglesia que nos revela la santidad a través del “caminito del amor” y pidámosle que, junto al P. Kolbe, siga ocupándose de la misión de la MI. Reconozcámonos “florecillas” del jardín de María creadas por Nuestro Padre Celestial e inundemos el mundo entero del perfume más bello, el perfume de la santidad, el perfume de la Inmaculada.

 

La Inmaculada, nuestra “mayor alegría” en la vida y en la muerte

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El amor a María de Santo Domingo Savio y San Maximiliano Kolbe nos revela la fidelidad de la Madre de Dios

 

            En la fiesta de hoy, primer sábado de mes, día consagrado especialmente a Nuestra Señora, nos unimos a la intención de San Maximiliano María Kolbe de acrecentar nuestro amor a la Inmaculada, nuestra “mayor alegría”, como afirmaba el pequeño Santo Domingo Savio. Las memorias de San Juan Bosco recogen un precioso testimonio del insondable amor de la Santísima Virgen por sus amados hijos:

            Santo Domingo Savio, el famoso alumno de San Juan Bosco, que murió a los 13 años, fue una noche a visitar a Don Bosco en sueños, y éste le preguntó:

-         Dime, ¿cuál fue tu mayor consuelo cuando estabas a punto de morir?

-         ¿A ti qué te parece?, fue la respuesta de Domingo.

            Entonces, Don Bosco empezó a decir: haber vivido una vida tan pura, haber acumulado tantos tesoros en el cielo por sus buenas obras y así sucesivamente; pero a todas estas sugerencias, Domingo sacudía la cabeza negativamente con una sonrisa.

-         ¡Venga, dímelo!- insistió Don Bosco, un poco desconcertado por su fracaso-. ¿Qué fue?

-         Cuando me moría, lo que más me ayudó y me dio la mayor alegría, fue el amor inmenso y delicado y la maravillosa ayuda de la Madre de Dios. Dile a tus hijos que nunca dejen de estar cerca de Ella durante toda su vida. ¡Pero date prisa, el tiempo se acaba! (“40 sueños de San Juan Bosco”. Memorias de San Juan Bosco).

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            Como Santo Domingo Savio, el P. Kolbe nos alienta a acercarnos y a acercar a todas las almas a Nuestra Dulce Madre. Y también como el santo discípulo de Don Bosco, San Maximiliano “tiene prisa” por que la Virgen Santísima reine en todos los corazones: “Comprometámonos todos a apresurar ese momento: ante todo y sobre todo permitiendo a la Inmaculada apoderarse de manera indivisible de nuestro corazón, y además, como instrumentos en sus manos inmaculadas, conquistando para Ella, según nuestras posibilidades, al mayor número de almas con la oración, con el ofrecimiento de nuestros sufrimientos y con el trabajo. ¡De cuánta paz y felicidad nos llenará en el momento de la muerte el pensamiento de que habremos trabajado y sufrido mucho, muchísimo por la Inmaculada...! (EK 1159).

P. Kolbe: “¡Permitamos a la Inmaculada que nos conduzca!”

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  Cómo diría San Maximiliano María Kolbe, “hoy es sábado”, por consiguiente, preparémonos para vivir este día dedicado a la Inmaculada de la manera que más gloria le dé: haciendo su santa voluntad; pues cumpliendo la voluntad de la Inmaculada, cumplimos la voluntad de Dios.

  El 9 de marzo de 1940, precisamente para conmemorar la fiesta mariana del sábado, en una conferencia el P. Kolbe aseguraba: “Toda la perfección en la propagación de la gloria de Dios consiste en que sepamos ser instrumentos de la Inmaculada, su propiedad”. Añadía que “nuestra vida interior ha de ser de tal modo que podamos ser instrumentos en las manos de la Inmaculada, es decir, que le dejemos que nos conduzca en todo”. Cierto es que a menudo la corriente del mundo exterior no nos facilita escuchar el Corazón de Nuestra Madre… Otras ocasiones nuestra propia voluntad crea un “impermeable” que no deja empapar nuestras almas de la lluvia de gracias que Nuestra Señora nos da. Como también reconocía San Maximiliano: “es verdad que somos débiles y que con frecuencia nos sentimos sin fuerzas; pero el único remedio que tenemos para todas nuestras debilidades es abandonarnos completamente en la Inmaculada”. E insistía: “Permitámosle que nos guíe”.

  El viernes anterior (8 de marzo de 1940), con la intención de preparar la fiesta del sábado, alentaba a sus hermanos franciscanos a dejarse conducir por María Santísima: “¿Qué valor tendría el cincel que anduviera por su cuenta en las manos del escultor? Jamás podría conseguirse con él el objetivo deseado. ¿Qué valor tendría la pluma si también fuese ingobernable en las manos del escritor? Tendría que ser dejada a un lado, porque sería inútil para conseguir su objetivo”. En este sentido, indicaba que “por esa razón también nosotros debemos dejar de dar coces en las manos de la Inmaculada, debemos dejar de razonar, de pensar y de prever a nuestro modo”.

  Por muchos que sean los obstáculos, por duras que sean las pruebas, por profundo que sea el sufrimiento… Basta un solo suspiro, un “María” de corazón y Nuestra Madre acudirá en nuestro auxilio y nos guiará en cualquiera que sea nuestra empresa. “El mundo entero y todos los diablos juntos nada pueden en contra de la voluntad de Dios – remarcaba San Maximiliano. – Por eso, permitamos a la Inmaculada que nos conduzca! Si Ella permite que algo nos pase, lo hará para mayor bien nuestro. Somos la levadura a la que, a su tiempo, hay que añadir harina para que fermente toda la masa”.

  “Permitámosle a la Inmaculada que nos guíe, démosle la posibilidad de que nos utilice en su obra como un instrumento cada vez más dócil”- aconseja el P. Kolbe. Ésa es nuestra libertad: pertenecer a María. Seamos ese cincel y esa pluma de las que nos habla el santo mártir de la caridad, siempre en las manos de María. Las manos de la Inmaculada: dulces, amorosas, puras y santas manos, tantas veces Paraíso del Niño Jesús, que se nos ofrecen cada día como Paraíso nuestro. ¿Podríamos hallar en esta Tierra mayor tesoro? Las santas manos de la Inmaculada nos conduzcan siempre para que Dios sea glorificado y sean ellas las que nos acerquen cada día más al Corazón de Jesús, pues… ¿qué podría desagradarle al Señor, que venga de su Santísima Madre? En tus manos estamos, María, reposo, morada y alegría de nuestras almas.                                     

El camino hacia Dios a través de la Inmaculada, el “más corto y seguro”

San Maximiliano M. Kolbe: "debemos conducir a todos y a cada uno por separado, a través de María, hasta el Sagrado Corazón de Jesús"

 

Cruz Maria

            “De la misma forma que Jesucristo vino a nosotros por María, nosotros debemos ir hacia Él, también a través de María”- afirma San Maximiliano María Kolbe en una de sus conferencias que predicó a los frailes de Niepokalanów (Martes 30 V 1933). De igual modo, remarca que “son muchos los caminos que conducen a Dios, pero el camino al que yo me estoy refiriendo es, sin duda, el más corto y seguro”. El camino que el P. Kolbe nos propone es el que nos lleva directamente al Corazón de Jesús a través del Corazón de María. Así nos describe el mártir franciscano la consigna de la Milicia de la Inmaculada (MI): "debemos conducir a todos y a cada uno por separado, a través de María, hasta el Sagrado Corazón de Jesús". Y es que, como bien nos recuerda el santo fundador de la MI: "la Inmaculada tiene que convertirse en Reina de todas las almas y de cada una por separado". San Maximiliano asegura que “en lo que concierne a la conversión de las almas, sólo podemos conseguirla a través de María y no de otra manera”. Añade que “Dios, en su inmensa bondad hizo de María la Sagrada Tesorera de las gracias, y únicamente a través de Ella las esparce por el mundo. Por eso, es algo justo que pidamos la gracia a Dios, siempre a través de la Inmaculada”. El P. Kolbe nos da el ejemplo de un hombre que quiere ir a ver al presidente o a cualquier dignatario terrenal: “no lo hace personalmente, sino que se busca un intermediario”. Así, señala que “con mayor razón, es mejor que acudamos nosotros al Señor a través de María y con María”.

            ¿Qué sería de nosotros, pobres pecadores, sin el auxilio de Nuestra Madre Misericordiosa? El P. Kolbe reconoce que “todos tenemos deudas con el Señor y, si llegase el momento de hacer las cuentas basadas en la justicia, veríamos cómo la balanza se inclinaría muy en contra nuestra”. No obstante, subraya que si nos entregamos a la Inmaculada, entonces Ella colocará en el otro platillo sus méritos y su mano, por lo que podremos estar seguros de que la balanza se inclinará a nuestro favor. La Inmaculada nos protegerá con su mano ante la justicia divina”.

            El Siervo de Dios D. Diego Hernández, sacerdote diocesano de la Diócesis de Cartagena, solía decir: “como niños de corta edad en brazos de su madre, debéis hacerlo todo en los de María; sea María la atmósfera que respiras y su Corazón el ascensor en que te encierres y te eleve a las alturas”. Como mílites de la Inmaculada, Nuestra Madre, Nuestra Reina, no nos apartemos nunca de los brazos de María, lata nuestro corazón en el Suyo y dejemos que nos conduzca en su regazo hasta las delicias del Corazón de su Hijo. San Maximiliano sostiene que “los Santos que se santificaron rápidamente resultaron ser ardientes devotos de María; tanto más nosotros, que somos espiritualmente cien veces más pobres que ellos, debemos ir siempre con María por la senda de la perfección”. Si somos todos de la Inmaculada, Ella se encargará de conducirnos a la Patria Celestial a través del camino que nos propone el P. Kolbe: su Inmaculado Corazón.

“¡Mamá, Mamá!”

El P. Kolbe solía aprovechar el sábado, día dedicado a la Madre de Dios, para recordar los tesoros que guarda el bendito nombre de María. La Milicia de la Inmaculada (MI) se une a este deseo de glorificar a la Santísima Virgen, compartiendo algunas reflexiones de San Maximiliano. 

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            “Hoy es sábado y, por consiguiente, refrescaremos unas cuantas cosas sobre la Inmaculada”. Como aquel día en Mugenzai no Sono, el Jardín de la Inmaculada de Nagasaki (Japón), un 14 de enero de 1933, probablemente el P. Kolbe nos saludaría hoy con las mismas palabras. Fiel seguidor de San Bernardo, en tal ocasión conmemoraba el consejo del Santo de Claraval de invocar el nombre de María en todas las dificultades, peligros y preocupaciones interiores. “Debemos actuar como un niño con su madre, que cuando ve acercarse el peligro, grita: ¡mamá, mamá!; y escondiéndose debajo de su delantal, se siente seguro de que nada malo le podrá pasar” – nos alienta San Maximiliano. Asimismo, asegura que si bien una madre terrenal no siempre puede salvarnos de todos los peligros, “la Madre Celestial puede y siempre salva”; eso sí, “a condición de que la llamemos pidiéndole ayuda”. Según Kolbe, “se puede decir incluso que ése es el secreto de una santificación más rápida”. De igual modo, nos anima a invocarla en nuestras caídas, entregándoselas a la Inmaculada, para que “sean su propiedad y Ella misma las remedie”.

“... no pasa nada, se lo voy a dar a mi madre y ella me lo arreglará. Mi madre arregla todo...”

            Hace unos meses, una mílite de Madrid acompañó a jugar a su primo pequeño a un campo de fútbol. Mientras esperaba a que concluyeran el partido, se le acercó un niñito de apenas cuatro años, que a causa de su edad no podía incorporarse al equipo. Con su lengua de trapo, el chiquitín le contó que uno de sus juguetes se le había roto y se lo mostró para que lo viera. Con asombro, la joven mílite comprobó que el pequeño no sólo no estaba apenado, sino que gozaba de más serenidad de la que un niño de su edad podría tener. Segundos después, pudo comprobar a qué se debía la tranquilidad de esta pequeña alma, cuando con toda seguridad le dijo: “Pero no pasa nada, se lo voy a dar a mi madre y ella me lo arreglará. Mi madre arregla todo, ¿sabes?” Aquel niñito había hablado con la sabiduría de los más pequeños, los preferidos del Señor. “Ésa es la actitud que todos deberíamos tener con María –pensó la mílite-. Ante cualquier problema, tendríamos que permanecer tranquilos y alegres, como este pequeño, teniendo la certeza de que sólo tenemos que acudir a nuestra Madre... y Ella nos lo arregla todo”.

            Como San Maximiliano, también desde la MI en España queremos animar a “rezar con fervor a la Santísima Virgen, aunque no sea más que con ese breve suspiro: María”. “Ya entenderá Ella de qué se trata y nos dará fuerzas para obrar –señala el P. Kolbe-. Hay que acudir a Ella como lo hace un niño con su madre” (Mugenzai no Sono, 29 V 1932). Así, reitera que: “Todo, todo hay que entregárselo a la Inmaculada, pronunciando el nombre de María y olvidando todos los problemas. La Inmaculada se ocupará de todo y pensará en todo” (Mugenzai no Sono, 21 I 1933). San Maximiliano nos ha desvelado este “secreto para una santificación más rápida”. Un sólo suspiro, una sola mirada, un acto de abandono en su maternal Corazón, un simple y sincero “María”... “y Ella nos conducirá felizmente, seguros, hasta el Cielo” (Mugenzai no Sono, 29 V 1932).

Crónica de la 7ª Asamblea Nacional de la M.I. en España

 
“¡Hijos amadísimos! Se lo digo a todos juntos y a cada uno en particular en su nombre, anótenlo bien, en su nombre: Ella ama a cada uno de ustedes, los ama mucho y en todo momento sin excepción alguna.”
San Maximiliano María Kolbe

Sí, somos muy amados por la Virgen Inmaculada. Y ese amor lo podemos atestiguar todos los que participamos en la 7ª Asamblea de la Milicia de  la Inmaculada (M.I.) en España que celebramos el pasado 21 de mayo, víspera de la festividad de la Santísima trinidad.
 

¡Qué hermoso es entregarse por entero a la virgen!. Y los que somos miembros de la M.I. llevamos ya 7 años caminando cogidos de las manos maternales de la Virgen. 7 años que no son nada con los 100 que cumplirá la Milicia en octubre del año que viene o los 75 años del martirio de San Maximiliano en Auschwitz que celebraremos este agosto.
 

¡ Parece que fue ayer cuando un grupo insignificante de personas nos reunimos alrededor de Fr. Gonzalo Fernandez, actual Asistente Nacional de la M.I. en España, e iniciamos este camino de santidad trazado con inmensa  ternura por San Maximiliano María Kolbe !.
 

Esta 7ª Asamblea contó con un invitado de excepción: el presidente de la M.I. Internacional, el Padre Rafaelle di Muro. Con palabras de padre entrañable, como nos las hubiese dirigido San Maximiliano de estar entre nosotros, el Padre Rafaelle nos ha pedido a la MI de España que recemos para que encontremos nuestra propia identidad dentro del gran movimiento mundial que es la MI. El Padre Rafaelle nos habló de las diversas realidades de la MI en paises como Brasil, Estados Unidos, Italia y como está surgiendo de un modo muy vivo en África y Asia.
 

El Padre Rafaelle nos mostró el camino a seguir apoyándonos en tres aspectos: nuestra santidad de vida, la misión y la escucha del Espíritu Santo para discernir la voluntad de Dios con nosotros.

Además Fr. Rafaelle nos acompañó en todo momento en el proceso electivo del nuevo Presidente y el Consejo Nacional de la M.I.
 

Sí, tras estos 7 años de vida , la M.I. en España se ha hecho mayor y ha elegido por primera vez mediante un proceso electivo, definido en los nuevos estatutos internacionales aprobados en marzo del año pasado, a su nuevo Presidente Nacional  y al Consejo Nacional.
40 mílites con derecho a voto eligieron por unanimidad a Miquel Bordas, con 35 votos, como nuevo Presidente Nacional de la M.I. en España. Le acompañarán en este camino de 4 años hasta unas nuevas elecciones, 5 consejeros: José García, vicepresidente y tesorero, Cristina Monsalve, Isabel Gutiérrez de la M.I. de Granollers, Fr. Hector Madrona de la M.I. de Murcia y Miguel A. González, secretario.
 

El camino hasta llegar a este nuevo Pentecostés de la M.I. en España se fue fraguando meses atrás, con los retiros que los ya actuales consejeros nacionales realizaron en Roma y en Granollers, donde se nutrieron de la espiritualidad Kolbiana.
 
El dia finalizó con la consagración de 3 nuevos mílites que se entregaron por completo a La Inmaculada.
 
 

“Sólo el Amor crea” nos dijo San Maximiliano Kolbe y el Amor que La Inmaculada ha tenido con nosotros , ha creado la nueva y creciente realidad de la M.I. en España.
 
 
 
 

El misterio de la Virgen de Akita

 
Aproximadamente a unos 150 kilómetros de Sendai se halla Akita. Mirando hacia el oeste, de espaldas al Pacífico, Akita ha salido bien librada del horror que se abatió sobre Japón en el terremoto de estos días. Lo que poca gente sabe es que, en una zona cercana a Sendai, epicentro del movimiento sísmico, se yergue un convento de monjas en el que, hace treinta y ocho años, la Virgen María dejó unos importantes mensajes para el mundo.
 
Cierto desapacible día, mediados los años sesenta del siglo pasado, un sacerdote alemán entregó como regalo a la apartada congregación de una perdida región japonesa una estampa de “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”, advocación bajo la que la Virgen María se había venido apareciendo en Ámsterdam a Ida Peerdeman, una vidente holandesa, entre 1945 y 1959.
El convento de las Siervas de la Eucaristía, en Akita, vivió entonces a cuenta de la imagen la experiencia de una curación milagrosa en la persona de una novicia, por lo que la superiora encargó a un escultor que tallara la imagen reproducida en la estampa a tamaño de un metro. La imagen, expresión del agradecimiento de la congregación, representaba una figura femenina con rasgos orientales, erigida sobre un globo terráqueo, como corresponde a “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”.
 
 

 
Visiones y mensajes
Agnes Sagasawa llevaba algún tiempo viviendo en aquél convento de Akita. Era una monja postulante de cuarenta y dos años. Desde los diecinueve había estado paralítica, pero se había curado con agua de Lourdes y, a los veinticinco, se convirtió al catolicismo. La curación de su parálisis, sin embargo, no había mejorado la sordera absoluta que la mantenía sumida en el más completo de los silencios.
 
 
 
En 1969, hallándose en pleno rezo del Rosario ante la talla de “Nuestra Señora de Todos los Pueblos”, un ángel se dirigió a la sorprendida hermana, a fin de que rezara al final de cada misterio: “Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno; lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de Misericordia.” Agnes no tenía ni idea de que esa oración era la que María había enseñado a rezar a los pastorcillos de Fátima cincuenta y dos años atrás. Años más tarde, en junio de 1988, así lo reconocería el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger: “el mensaje de Akita es el mensaje de Fátima”.  
 
 
El día 12 de junio de 1973, y durante los dos días siguientes, la joven monja observó un hecho sobrecogedor: de la capilla salían unos rayos luminescentes de notable y blanca luz. El día 24 de junio, la intensidad de la luz se incrementó y, cuatro días más tarde, sor Agnes vio formarse en la palma izquierda de su mano una llaga en forma de cruz. El flujo de la sangre se fue haciendo más profuso y el dolor se tornó insoportable.
Unos días más tarde, 6 de julio de 1973 - primer viernes de mes-, su ángel de la guarda se dirige a ella, advirtiéndole que la Virgen tiene también una herida en la mano, y más punzante que la suya. “No temas, ven y sígueme” -le susurró, amistoso- “No reces únicamente por tus pecados, sino por los de toda la Humanidad. El mundo actual hiere al Santísimo Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. Ahora vamos hacia la capilla.”
Una vez allí, el ángel desaparece. Sor Inés, que recuerda las palabras del ángel sobre las heridas de María, toma solícita la mano de la imagen. Una dulce voz que brota del interior de la talla se dirige a sor Agnes: «Hija mía, mi novicia, tú me has obedecido bien abandonándolo todo para seguirme. ¿Es penosa la enfermedad de tus oídos? Puedes estar segura que curarán. Ten paciencia. Es la última prueba. ¿Te duele la herida de la mano? Reza en reparación de los pecados de la humanidad. Cada persona en esta comunidad es mi hija. ¿Rezas bien la oración de las siervas de la Eucaristía?” A continuación rezaron juntas dicha oración y encomendó a Agnes que rezara por el papa, los obispos y los sacerdotes.
 
En las siguientes apariciones, la del 3 de agosto y la del 13 de octubre, la Virgen le habló de la ira del Padre y de la necesidad de penitencia y reparación para disminuir el castigo que el mundo merecía. Y le reiteró, contundente, la importancia de la obediencia como piedra angular de la fe cristiana.
 
Un largo epílogo milagroso
Cierto día, la figura de madera se iluminó con una luz blanca sobrenatural, que la envolvía por completo. Cuando la luz desapareció, sor Agnes reparó en que la herida de la estatua prácticamente había desaparecido; toda la capilla exudaba un penetrante olor a flores. Era el 29 de septiembre, fiesta de san Miguel Arcángel, patrón de Japón.
A partir de enero de 1975, la imagen comenzó a lagrimar; hasta que concluyó en 1981, un total de 101 veces. La primera vez, el ángel comunicó a sor Agnes: «No te sorprendas de ver a la Santísima Virgen María llorar. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas, y para consolarla, habla con valor, extiende esta devoción para su gloria y la de su Hijo.»
Finalizando los prodigios, una mujer coreana se curó de un cáncer terminal en el cerebro mientras rezaba ante la imagen. Y el 13 de octubre de 1974, una año después de la última aparición de la Virgen, sor Agnes también se curó de su sordera, primero durante seis meses y más tarde, en 1982, –tras haber quedado penitencialmente sorda de nuevo-, ya definitivamente.
 
 
El 22 de abril de 1984, después de exhaustivas investigaciones, el obispo de Niigata, John Sojiro Ito, determinó sin lugar a dudas que las apariciones eran verdaderamente sobrenaturales y, por tanto, dignas de todo crédito. El origen sobrenatural de la aparición neerlandesa, cuya estampa dio origen a la estatua de María protagonista de nuestra historia, sería aprobado por el obispo de Haarlem-Amsterdam, monseñor Boomers, el 31 de mayo del año 2002.
    

La mujer coreana desahuciada por los médicos que sanó de su afección cerebral terminal fue examinada por el dr. Tong-Woo-Kim, del hospital de san Seoul, quien certificó su completa sanación, y también por el padre Theisen, presidente del tribunal  eclesiástico de la diócesis. En cuanto a la curación de la hermana Agnes, fue testificada por cientos de personas. En ambos casos no existe la menor duda del carácter milagroso de las curaciones.  
Igualmente, se ha determinado que tanto la exudación como la lacrimación y la sangre de la imagen son humanas, de acuerdo a los test efectuados por el profesor Sagisaka, de  la Facultad de Medicina Legal de la Universidad de Akita.      
De hecho, los fenómenos sobrenaturales acaecidos a la imagen de María en Akita han sucedido delante de cientos de personas; muchas de ellas en absoluto cristianas, como es el caso del alcalde de la localidad, de religión budista. 
 
Autor: D. Fernando Paz Cristobal
Editado en la revista Alba