Sta. Teresa de Jesús nos habla de la Virgen María

En el 5º Centario de Santa Teresa de Jesús recordemos el gran amor que tenía nuestra santa "andariega" por la Virgen María.

Desde la primera página de los escritos teresianos aparece la Virgen entre los recuerdos más importantes de la niñez de Teresa; es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario (Vida 1,1.6); es conmovedor el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña Beatriz, a la edad de 13 años:

"Me acuerdo que cuando murió mi madre, tenía yo doce años de edad, poco menos. Cuando yo comencé a entender lo que había perdido, afligida, me fuí a una imagen de nuestra Señora y le supliqué, con muchas lágrimas, que fuese mi madre. Me parece que, aunque se hizo con simpleza, me ha valido; porque he hallado a esta Virgen soberana muy claramente en cuanto la he encomendado y al fin, me ha reconquistado (V 1, 7)."

La Santa atribuye, pues, a la Virgen María, la gracia de una protección constante y de manera especial la gracia de su conversión: "me ha tornado a sí". Otros textos de la autobiografía nos revelan la permanencia de esta devoción mariana cuando acude a la Virgen en sus penas (Vida 19,S), cuando recuerda sus fiestas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción (Ib. 5,9; 5,6), o la Sagrada Familia (Ib. 6,8), o su devoción al Rosario (Ib. 29,7; 38,1).

Muy pronto la devoción a la Virgen pasa a ser, como en otros aspectos de la vida de Santa Teresa, una experiencia de sus misterios cuando Dios hace entrar a Teresa en contacto con el misterio de Cristo y de todo lo que a Él le pertenece. En la experiencia
mística teresiana del misterio de la Virgen hay como una progresiva contemplación y experiencia de los momentos más importantes de la vida de la Virgen, según la narración evangélica.

Se puede afirmar que la Santa ha tenido una profunda experiencia mística mariana, ha gozado de la presencia de María y ella misma, la Madre, le ha hecho revivir sus misterios. Por eso es una profunda convicción de la doctrina teresiana que los misterios de la Humanidad de Cristo y los misterios de la Virgen Madre forman parte de la experiencia mística de los perfectos (Cfr. Moradas VI,7,13 y título del cap.; 8,6).

Así vivió toda su vida nuestra gran santa su relación con Nuestra Madre del Cielo.

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros.

 

Santa Teresa de Jesús y la Virgen María

Desde la primera página de los escritos teresianos aparece la Virgen entre los recuerdos más importantes de la niñez de Teresa; es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario (Vida 1,1.6); es conmovedor el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña Beatriz, a la edad de 13 años: "Afligida fuíme a una imagen de nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí" (Vida 1,7). La Santa atribuye, pues, a la Virgen, la gracia de una protección constante y de manera especial la gracia de su conversión: "me ha tornado a sí". Otros textos de la autobiografía nos revelan la permanencia de esta devoción mariana: cuando acude a la Virgen en sus penas (Vida 19,S), cuando recuerda sus fiestas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción (Ib. 5,9; 5,6), o la Sagrada Familia (Ib. 6,8), o su devoción al Rosario (Ib. 29,7; 38,1).

Feliz Fiesta de la Virgen del Carmen

 
¡Oh Virgen del Carmen ¡
 
De los enemigos del alma: sálvame
 
En mis desaciertos: ilumíname
 
En mis dudas y penas: confórtame
 
En mis enfermedades: fortaléceme
 
Cuando me desprecien: anímame
 
En las tentaciones: defiéndeme
 
En horas difíciles: consuélame
 
Con tu corazón maternal: ámame
 
Con tu inmenso poder: protégeme
 
Y en tus brazos al expirar: recíbeme
 
Virgen del Carmen, ruega por nosotros
 
Amén.

Cuando rezamos el Rosario

 
 
Cuando rezamos el Rosario en presencia del Santísimo Sacramento, amamos a Jesús con el corazón de María.
 
Cuando rezamos el Rosario en presencia del Santísimo Sacramento, entregamos a Jesús la perfecta adoración de María por su Hijo.
 
Unimos nuestro amor por Jesús a la alabanza y al amor perfecto de María.
 
Jesús acoge nuestra hora de adoración como si fuera María misma la que rezara.
 
Independientemente de la debilidad de nuestra fe o de la pobreza de nuestro amor, María nos recibe en su Corazón y Jesús acoge nuestra hora como si viniera directamente del Corazón de su Madre.
 
El Corazón Inmaculado de María compensa lo que le falta a nuestro corazón.
 
 
 
 
Fuente:es.mariedenazareth.com
Padre Martin Lucia,
En Meditaciones del Rosario de Madre Teresa de Calcuta

María en Pentecostés

 

La madre silenciosa.
Cuarenta días en el anonimato.
Nadie sabe lo que hizo ni cómo vivió María después de la deposición de su Hijo en el sepulcro. ¿Cristo se le apareció o no? Para la respuesta, afirmativa o negativa, hay razones justificadas.
La curiosidad humana hubiera querido sentirse más satisfecha. Quizá el evangelio, según el parecer de san Ambrosio, guarda un respetuoso silencio y un silencioso pudor. San Lucas, tan prolijo en detalles sobre María al inicio en el evangelio así llamado de la infancia, deja en la penumbra la persona de María durante los cuarenta días en los cuales Jesús, en diversas formas y en diferentes lugares, se aparece y conversa con sus discípulos.
 
Ni siquiera se menciona su presencia en el momento solemne, majestuoso y a la vez triste del último adiós de Jesús a la tierra, a sus discípulos y a sus seres queridos. Es interesante constatar el hecho de que Jesús, habiendo tenido necesidad de una madre para hacer su entrada silenciosa y humilde en la tierra y en la historia (y para ese acontecimiento trascendental María había sido la primera protagonista), en el momento en que abandona nuestros días y nuestras noches para inaugurar la nueva y definitiva historia, parece que no tiene necesidad de la presencia de su madre.
 
Sin embargo, san Lucas destaca, en medio del anonimato del grupo presente en Pentecostés, la figura de María, la madre de Jesús.
Varios pueden ser los motivos por los que el evangelista resalta la presencia de María en Pentecostés. Uno de ellos es, sin duda, el vínculo existente entre María y la Iglesia, porque María es, a la vez, un miembro «excelentísimo y enteramente singular» (Lumen gentium, 53) y «verdadera madre de los miembros de Cristo» (ib.)
 
 
María, pues, reaparece cuando la Iglesia inicia su camino evangelizador impulsada por el dinamismo de la presencia del Espíritu.
Así como María abrió las puertas a la nueva historia de la salvación al adherirse con su libre y total sí al plan del Padre, debía estar presente cuando esta historia se hace cuerpo con el nacimiento «oficial» de la Iglesia.
 
San Francisco de Asís, recogiendo la expresión del poeta Prudencio, vinculaba a María con la Iglesia, llamándola «esposa del Espíritu Santo».
 
No podía faltar en este preciso momento la presencia de María porque «en la economía de la gracia, actuada bajo la acción del Espíritu Santo, se da la particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María: María en Nazaret y María en el cenáculo de Jerusalén. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del "nacimiento del Espíritu" (Redemptoris mater, 24).
 
La Iglesia era aún tierna, infante, y para esos momentos la presencia de la madre era indispensable. La Iglesia naciente en Pentecostés se plasma en la comunión por el Espíritu de todos los primeros miembros, entre los cuales se encuentra María. Pero no como un miembro más, porque sería superfluo que san Lucas enfatizara la comparecencia de la madre de Jesús, si no hubiera otra intención que la de verificar un simple hecho histórico. Si Jesús antes de su muerte había entregado a María como madre a Juan, -en el cual se encontraban representados todos los discípulos actuales y futuros- la presencia de la madre en la primera comunidad cristiana era algo tan sencillamente natural como naturalmente necesario. Es la presencia de la maternidad espiritual. Ya no podía dar de nuevo a la luz a su Hijo; pero presenciaba activamente el nacimiento nuevo de Cristo en el parto de la Iglesia.
 
 
 
María está entre los discípulos como maestra de oración que los prepara a recibir al Espíritu: su venida se realiza en un contexto de oración. ¿Quién mejor que María podía dar ejemplo de recogimiento, de aceptación del Espíritu?
La potente intercesión de María, ya comprobada en las bodas de Caná, era una garantía de su poderosa súplica en Pentecostés.
 

Ella conforta, fortalece, anima e impulsa a continuar la obra de su Hijo. El mismo Espíritu que había preparado y transformado a María, ahora prepara, transforma y renueva a la Iglesia de la primera comunidad, que irrumpe en la historia en una aurora de fuego y de luz que ya no tendrá ocaso.

María era el «sagrario del Espíritu Santo» (Lumen gentium, 53) y esa presencia del Espíritu en ella superaba cualquier otra presencia del mismo Espíritu Santo en los demás discípulos.
En definitiva, la presencia de la madre de Jesús en el cenáculo recordaba a los discípulos la presencia viva de su Maestro.
 
De estas reflexiones se desprende una enseñanza obvia y sencilla: en toda comunidad cristiana, animada por el Espíritu, debe estar presente María.

Fuente: www.mercaba.org
P. Florián RODERO
 

Sábado Santo con María

Os ofrecemos a todos los que nos seguís, esta preciosa meditación sobre los Misterios Gozosos del Rosario, que Manuel, miembro de la Milicia de la Inmaculada, realizó el pasado Sábado Santo en la Parroquia de Cristo Resucitado en Madrid.
 
Dejémonos acompañar por La Inmaculada con esta meditación.
Saboreemos lo dulce que es amar y dar la vida por nuestra Madre María.
Que en este tiempo Pascual, la alegría de su Hijo Resucitado nos inunde con su Paz, a través del Corazón Inmaculado de Ella.
 
Meditaciones sobre los Misterios Gozosos del Rosario
Sábado Santo, 4 de abril 2015
Parroquia Cristo Resucitado
Manuel García
 
Oremos en este sábado tan especial, siendo a la vez primer sábado de mes, después del primer viernes de mes, dedicados ambos a los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María y que de forma aún más especial han coincidido con el Triduo Pascual.
Viernes Santo donde conmemoramos que El Sagrado Corazón de Jesús fue atravesado para que nacieran de Él los Sacramentos y la Iglesia.
Sábado Santo donde la incipiente Iglesia entonces y la titubeante Iglesia hoy se reúne alrededor de María. Iglesia desconcertada ayer, expectante hoy. Donde la pedagogía de la salvación que Nuestro Señor nos ha concedido pone de manifiesto la importancia de María en la historia de la salvación.
Podría haber sido de otra manera, de forma instantánea la Redención, La Resurrección, pero hasta en eso Jesús da parte de su Gloria a su Santísima Madre, permitiendo que la primera Iglesia se reúna ante María, como así será mañana y en Pentecostés.
María camino seguro, sencillo e Inmaculado para llevarnos a Jesús.
 
1.    LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A NUESTRA SEÑORA
Ayer tomo carne humana, hoy la carne está sepultada.
Pero María guardaba todas esas cosas en Su Corazón. Por eso ella es la Fé, la Esperanza y la Caridad cuando faltó la presencia visible de Nuestro Señor. La Comunión del Jueves Santo seguía guardada de forma inimaginable en el Corazón de Nuestra Señora y es Ella quien en el Primer Sábado Santo sigue Anunciando a Nuestro Señor a Su Iglesia.
Ahora enmudezca toda lengua para que dejemos que la Madre anuncie al Hijo.

2.    LA VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA A SU PRIMA SANTA ISABEL
La única oración que compuso Nuestra Señora nos acompañará el resto del Rosario.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Con Isabel y en el Sábado Santo proclama el Alma de María la grandeza del Señor. Sabe que es su Salvador y ahora sabe como ha presentado la Obra de La Salvación.
Dios salva a todos y mira a los que se humillan.
 
3.    EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN EL PORTAL DE BELÉN
Nacimiento y Muerte… y en todo Resurrección.
“Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por Mi. Su Nombre es Santo y Su Misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
El gran nacimiento está en el Gólgota. Su Misericordia llega desde la Santa Cruz. Se felicitará a María no solo por ser la Madre Inmaculada, sino por hacer la Voluntad de Dios hasta el final… “Esos son mi Madre y mis hermanos….”
 
4.    LA PRESENTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA Y EL NIÑO EN EL TEMPLO
“Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacios.”
Al pié de la Cruz solo los humildes. En el Templo Simeón y la profetisa Ana.
Derriba a los poderosos, rasga el velo del Templo y enaltece a los humildes, la Verónica, el Cirineo, Dimas en el suplicio. Los humildes se llevarán más de lo que dieron a Nuestro Señor. Al rico Pilatos y a Herodes los despidió vacios con el Silencio de Dios.
 
5.    EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO
“Auxilia a Israel su siervo acordándose de Su Misericordia, como lo había prometido a nuestros padres a favor de Abraham y su descendencia para siempre.”
Al Señor lo encontramos en Su Iglesia, alrededor de María y allí auxilia a su pueblo, dentro de Su Iglesia. Y con una promesa que excede lo que nadie vio, ni oyó ni podemos jamás imaginar…
Esta noche Santa de Resurrección lo encontraremos aquí, en Su Iglesia y por medio de María rebosaran los favores a los humildes.

y María dijo SÍ

LA ENCARNACIÓN
 
 
 
Hoy celebramos con inmenso gozo la Encarnación del Hijo de Dios.
Hoy celebramo que el SÍ de la Virgen María permitió que el que era la VIDA se hiciese hombre .
 
Con gratitud y admiración acogemos estas profundas palabras de San Maximiliano Kolbe,
tan propias también para este tiempo cuaresmal:
 
"En el seno de María el alma debe renacer según la forma de Jesucristo.
La Inmaculada debe alimentarla con la leche de su gracia,
formarla delicadamente y educarla así como alimentó, formó y educó a Jesús.
De su Corazón cada alma debe aprender el amor hacia Él y,
aún más, a amarlo con el mismo Corazón de Ella"
(EK 1295).
 

Novena a San José

 
En este tiempo de Cuaresma, como una luz que se cuela en este camino de 40 dias, celebramos la fiesta de nuestro tan querido San José.
 
La Milicia de la Inmaculada sabe bien que unido a nuestro amor por La Inmaculada, amor nacido de la vocación de San Maximiliano Kolbe; profesamos una sincera y tierna devoción y cariño por aquel "hombre justo y bueno" que en lo escondido de un pequeño poblado de Galilea, Nazareth, crió, cuidó, protegió, enseñó, vivió y amó a Nuestro Señor y a su Santa Esposa, La Virgen María, hasta dar la vida por ellos.
 
Poco sabemos de nuestro querido San josé, pero lo poco que sabemos a través de la Palabra de Dios, de la Tradición y de los Padres de la Iglesia, es más que suficiente para saber que toda su vida fue una alabanza a Dios.
 
Si a nosotros, pobres siervos inútiles, nos llena de paz, de gracia y nos hace un poco más santos una hora o unos minutos de adoración ante Jesús Eucaristía, ¡Qué no debió crecer en santidad nuestro buen José después de tantos años de vivir con la constante presencia del Niño-Dios a su lado!
 
Acompañemos estos dias a San José hasta su fiesta y meditemos su virtudes con esta novena que os proponemos.
 
Él, maestro de oración y de abandono en el Señor, nos conceda una santa muerte acompañados de su santa presencia cuando la voluntad de Dios quiera llevarnos a su presencia.
 
NOVENA SAN JOSÉ
 
Oración Inicial de todos los días
+ Hacer la señal de la cruz.
Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.
San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Meditación del día correspondiente

Hacer Petición por la cual se ofrece la Novena

Oración Final de todos los días
¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.

Meditaciones para todos los dias
 
1er dia: Fe de San José
La fe es una virtud sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone. Es la virtud sobre la que se apoyan todas las demás virtudes, pues sin ella no participamos de la vida de la gracia. San José creyó con una fe tan viva que sólo la Santísima Virgen pudo aventajarlo. Toda su vida fue verdaderamente una vida de fe, un acto continuo de fe.
 
 
2º dia: Fervor de San José
El fervor es la prontitud de la voluntad en el servicio de Dios. San José, siervo bueno y fiel, siempre vivió y trabajó por hacer con perfección y diligencia la voluntad de Dios, aunque le ocasionara grandes sacrificios. Los que aman como San José están dispuestos a sacrificar todo cuanto el Señor les pida.
 
 
3er dia: Amor de San José al prójimo
El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.
El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.
 

4º dia: Prudencia de San José
La prudencia es al virtud que dirige todas las cosas a buen fin. Ninguna virtud obra sin que ella le ordene el modo y el tiempo en que debe hacerlo.La prudencia sirvió de guía a san José para llevar a cabo felizmente la misión del Señor de ser custodio de Jesús y esposo de María, a pesar de los grandes trabajos y contradicciones que halló a su paso.

 
5º dia: Fortaleza de San José
La fortaleza es una firmeza de ánimo, una presencia de espíritu, contra todos los males y contrariedades. La vida de San José, después de la de Jesús y María, fue la que mayores contradicciones experimentó; debía ser también varón fuerte. Belén, Nazaret, Egipto, demostraron el heroísmo de la fortaleza del Santo, que sufrió con constancia todos los dolores y trabajos de su vida.

 
6º dia: Pureza de San José
San José fue custodio de Cristo Jesús, y verdadero esposo de la más pura criatura, María Madre de Dios. San José apareció a los ojos de Dios adornado con tanta pureza que el Señor le confió sus más grandes tesoros. Con este ejemplo sublime de pureza. ¿No nos animaremos a ser puros en pensamientos, palabras y obras?
 
 
7º dia: Pobreza de San José
Bienaventurados son los pobres de Cristo, que viven desprendidos de los bienes de este mundo y dan a sus hermanos aún de lo preciso. San José tenía ante sí el ejemplo de María y el ejemplo de Jesús, hijo de Dios, que para predicar el desprendimiento y amor a la pobreza se hizo pobre, teniendo por cuna un pesebre en su nacimiento. Vivió pobre San José y dio de su pobreza a los más necesitados.
 
 
8º dia: Paciencia de San José
Es esta una virtud que nos hace sobrellevar con alegría y paz todos los males de la vida por amor de Dios. Es necesaria la paciencia para alcanzar el cielo; y no hay virtud de mas frecuente ejercicio desde que existe el pecado. En la vida de san José hubo muchas penas pero él padeció con paz, con alegría y completamente resignado a la voluntad de Dios.
 
 
9º dia: Conformidad de San José con la voluntad de Dios
Todos tenemos absoluta necesidad de esta santa virtud, pues con ella nuestra vida se hace un cielo y sin ella se vuelve un infierno. San José, modelo acabado de toas las virtudes, lo es especialmente de la conformidad con la voluntad de Dios. Toda su vida sembrada de alegrías y de penas, es escogido por Dios Padre para que hiciese sus veces en la Sagrada Familia, asociado a la suerte de Jesús y de María, practicó constantemente esta virtud.
 
 

Esta Cuaresma, ¡vamos a luchar!

 

¡Es posible, conveniente y necesario! Sí, el dominio y control de uno mismo es posible, conveniente y necesario, de otro modo vives dominado por tu estado de ánimo, por lo que los demás hacen o dejan de hacer, por las impresiones que llegan a tus sentidos, por las necesidades de tu cuerpo, por las limitaciones de tu condición humana, por las heridas del camino de tu vida, por la ansiedad de no conocer ni controlar el futuro, por el miedo a la muerte o por el deseo de acabar con todo, etc...

Por todo ello es necesaria la accesis, el combate espiritual, el ayuno, la oración, la lismosna. Cada uno tiene que luchar, poner manos a la obra, tomar iniciativas concretas y practicarlas, saber que fácilmente se puede equivocar, notar que se pasó de acelerador o de freno, pero lo que no cabe es quedarse parado, pensar que es imposible, darse por vencido. ¡No! Jesucristo luchó toda su vida contra potentísimas tentaciones, la Virgen María seguro que también, y los santos, como San Francisco de Asís o San Maximiliano Kolbe, también. ¿Habrá otro camino para nosotros? ¡No!

Por eso, en esta cuaresma vamos a luchar por el control y dominio de nosotros mismos, para morir a nuestra tendencia egoista y estrenar amor verdadero. Para ello sólo nos cabe morir con Cristo, para resucitar con Él. Nosotros solos ya sabemos que no podemos. Pero Él está vivo, puedo sentir su presencia en mi interior, puedo escuchar su Palabra, puedo recibir y celebrar su perdón, puedo colmugar con Él en la Santísima Eucaristía. ¡Da muerte a lo viejo, a lo caduco, a lo malo que hay en ti, lucha contra ello, pide ayuda a un sacerdote, ruega con fe a La Inmaculada Madre de Dios, no te des por vencido, lucha, siempre hay una nueva oprtunidad! Mientras estamos en este mundo tenemos ocasión de acoger el Cielo que nos ha abierto Jesucristo al precio de su preciosísima Sangre. No podemos servir a Dios y al diablo. No podemos pertenecer a dos señores. Y es un infierno vivir entre dos aguas.

¡Santa Madre de Dios, Virgen concebida sin pecado, ayúdanos a vivir ya como ciudadanos del Cielo, límpios de corazón, de alma y cuerpo! ¡Tú que cuidaste de Jesús, cuida de cada uno de nosotros, ayúdanos a abrazar las cruces de cada día, ayúdanos a perder nuestra vida por amor al prójimo! ¡Haz, Madre querida, que sintamos en lo profundo de nuestro ser el Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Ruega por nosotros, santa Madre de Dios y madre nuestra!