María, Madre de Misericordia

 
¡ Qué no se hable más de vuestra misericordia,
oh bienaventurada Virgen María,
si hubiera un solo hombre que recuerde
haberte invocado en vano frente a sus necesidades !

Nosotros, tus pequeños servidores, nos felicitamos por tus otras virtudes, y nos regocijamos por Tu misericordia.
 
Alabamos tu virginidad, admiramos tu humildad, y por desdichados que seamos, tu misericordia tiene mayor dulzura, mayor valor.  Es ella que nos concede la regeneración del mundo, la salvación de todos (…).
 
¿Quién, entonces, Virgen bendita, podrá medir la amplitud, la altura y la profundidad de tu misericordia?
(Cf. Eph., III, 18).
 
 
Ya que por su amplitud, tu misericordia alcanza hasta el último día a todos aquellos que la invocan, por su longitud ella recubre toda la superficie del globo y en su altura llena la tierra, contribuye a la restauración de la ciudad celeste; por su profundidad obtiene la redención de quienes están sentados entre las tinieblas y bajo la sombra de la muerte (Luc I, 79).
 
Por ti, en realidad, el cielo ha sido poblado, el infierno vaciado,  la  Jerusalén celeste resurgida de sus ruinas, la vida restaurada a los desventurados que la habían perdido.
 
 
¡¡¡ ES MAYO, ES MES DE MARÍA !!!
 
 

María, resplandece de Misericordia

"Quien dé con María, da con la vida.
 
 
 
María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor.
 
Por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces como un ejército en orden de batalla sobre todo en estos últimos tiempos, cuando el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo -y mucho menos que nunca- para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes les cuesta vencer mucho más que a los demás."
 
 
San Luis María Grignion de Montfort
Tratado de la Verdadera devoción a la Santísima Virgen

María, Madre de la Pascua

 
María Madre de la Pascua,Madre de la Alegría.

Solo quién ha experimentado el sufrimiento sabe paladear las alegrías.

Tras el Dolor Máximo que ha supuesto la Pasión y Muerte de Nuestro Señor se aprecia mejor el don infinito de Su Divina Misericordia.
La Pascua es el tiempo propicio para ello y para meditar desde La Verdadera Salvación los sinsabores de la vida.
Para ser más felices debemos ser más libres de nuestros defectos y la unión con Nuestra Señora es fundamental, de los escritos de San Maximiliano Kolbe:

"Que cada caída, aunque sea gravísima y repetida,
nos sirva siempre y solamente
como escalón hacia una perfección más alta.
Por esto sólo, en efecto, la Inmaculada permite una caída,
para curarnos del orgullo, de la soberbia,
y para empujarnos a la humildad y hacernos de tal manera
más dócil a las gracias divinas."
 
 

Aprendimos de La Pasión de Cristo a llorar como San Pedro al negarle 3 veces o más.
Grave fue su caída, graves son las nuestras, pero Cristo Resucitó y Nuestra Señora nos lo presenta después de recibirlo al descender de la Cruz y después de que Resucitó y Ascendió a los cielos.
Ella desde su sitio de Esclava del Hijo pide que nos alegremos porque la alegría de Su Hijo es infinita al perdonarnos nuestras caídas.
 
 
 

La gracia cristiana es una gracia mariana

 
"La gracia restablece progresivamente en nosotros la imagen de Dios, no se opone a la imagen de Dios que está en nosotros, pero viene a transformarla para permitirle ser plenamente ella misma […].
 
La gracia nos permite vivir al unísono del misterio del corazón de Cristo y de la Santísima Trinidad, al unísono del corazón de María.
 
La gracia cristiana es en efecto una gracia mariana, porque María es instrumento de gracia. Estamos vinculados a María en naturalidad con ella. Por eso, la gracia cristiana reclama el misterio de la Inmaculada Concepción.
 
Es el privilegio de María y, como ella es María, nos vincula a su misterio de tal manera que en el cielo seremos todos inmaculados. Si vivimos con María, somos verdaderamente de su raza, y hay en nosotros un reflejo de su misterio."
 
Marie-Dominique Philippe
Fuente: Mariedenazareth.com
 
 
 

V Meditaciones sobre el Rosario 2015

Cardenal François-Xavier Nguyen van Thuan

"Para convertirte en un santo, imita a los niños pequeños. Ellos no conocen ninguna teoría, pero se conforman con mirar a su madre y hacer lo que ella hace: así es como te convertirás en santo. El rosario es una cadena de oraciones que te unirá a Ella. Es también la película que te recordará todas las etapas del camino de la esperanza que ella ha recorrido: su ternura en Belén, sus tormentos durante la huida a Egipto, el silencio y la labor del taller de Nazaret, su fervor en el templo, su emoción ante las prédicas de su Hijo y las de San Juan. En otras palabras, la historia de dos vidas que no han sido sino una, ya que el Señor ha vivido en Ella, y Ella en Él. No descuides el rezo del rosario que tu madre, María, te ha confiado recomendándote vivir como Ella, con Ella, por Ella y en Ella

 

Autor de "El camino de la esperanza".
Encarcelado por el regimen comunista de Vietnam;
pasó 13 años en la cárcel,
9 de ellos en régimen de aislamiento.
Allí celebró todos los dias la Eucaristía
con unas pocas gotas de vino
y unas pequeñas migas de pan.
Actualmente en proceso de Beatificación

 

María, mujer de fidelidad. ¡Imítala!

 

"Guardaste un alma de niño y quieres vivir en la fidelidad: imita a la Virgen. En ella, no hay más “yo”, ni rastro del “hombre viejo”. Es “concebida sin pecado” y en este punto penetrada de Dios que no se puede hablar de María sin pensar en Jesús.

En ausencia de Dios, sentirás tu vacío, tu soledad y tu miseria. Tu felicidad toda entera depende de la intimidad de tus relaciones con Dios. María, está toda entera girada hacia El y el Señor ve en ella la representante más perfecta de la criatura tal como El la concibe. Es a través de María que se manifiestan con todo el resplandor toda la belleza y toda la bondad de Dios."

Cardenal Francois-Xavier NGUYEN VAN THUAN,
En el camino de la esperanza
Fuente: mariedenazareth.com

Sta. Teresa de Jesús nos habla de la Virgen María

En el 5º Centario de Santa Teresa de Jesús recordemos el gran amor que tenía nuestra santa "andariega" por la Virgen María.

Desde la primera página de los escritos teresianos aparece la Virgen entre los recuerdos más importantes de la niñez de Teresa; es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario (Vida 1,1.6); es conmovedor el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña Beatriz, a la edad de 13 años:

"Me acuerdo que cuando murió mi madre, tenía yo doce años de edad, poco menos. Cuando yo comencé a entender lo que había perdido, afligida, me fuí a una imagen de nuestra Señora y le supliqué, con muchas lágrimas, que fuese mi madre. Me parece que, aunque se hizo con simpleza, me ha valido; porque he hallado a esta Virgen soberana muy claramente en cuanto la he encomendado y al fin, me ha reconquistado (V 1, 7)."

La Santa atribuye, pues, a la Virgen María, la gracia de una protección constante y de manera especial la gracia de su conversión: "me ha tornado a sí". Otros textos de la autobiografía nos revelan la permanencia de esta devoción mariana cuando acude a la Virgen en sus penas (Vida 19,S), cuando recuerda sus fiestas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción (Ib. 5,9; 5,6), o la Sagrada Familia (Ib. 6,8), o su devoción al Rosario (Ib. 29,7; 38,1).

Muy pronto la devoción a la Virgen pasa a ser, como en otros aspectos de la vida de Santa Teresa, una experiencia de sus misterios cuando Dios hace entrar a Teresa en contacto con el misterio de Cristo y de todo lo que a Él le pertenece. En la experiencia
mística teresiana del misterio de la Virgen hay como una progresiva contemplación y experiencia de los momentos más importantes de la vida de la Virgen, según la narración evangélica.

Se puede afirmar que la Santa ha tenido una profunda experiencia mística mariana, ha gozado de la presencia de María y ella misma, la Madre, le ha hecho revivir sus misterios. Por eso es una profunda convicción de la doctrina teresiana que los misterios de la Humanidad de Cristo y los misterios de la Virgen Madre forman parte de la experiencia mística de los perfectos (Cfr. Moradas VI,7,13 y título del cap.; 8,6).

Así vivió toda su vida nuestra gran santa su relación con Nuestra Madre del Cielo.

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros.

 

Santa Teresa de Jesús y la Virgen María

Desde la primera página de los escritos teresianos aparece la Virgen entre los recuerdos más importantes de la niñez de Teresa; es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario (Vida 1,1.6); es conmovedor el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña Beatriz, a la edad de 13 años: "Afligida fuíme a una imagen de nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí" (Vida 1,7). La Santa atribuye, pues, a la Virgen, la gracia de una protección constante y de manera especial la gracia de su conversión: "me ha tornado a sí". Otros textos de la autobiografía nos revelan la permanencia de esta devoción mariana: cuando acude a la Virgen en sus penas (Vida 19,S), cuando recuerda sus fiestas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción (Ib. 5,9; 5,6), o la Sagrada Familia (Ib. 6,8), o su devoción al Rosario (Ib. 29,7; 38,1).

Feliz Fiesta de la Virgen del Carmen

 
¡Oh Virgen del Carmen ¡
 
De los enemigos del alma: sálvame
 
En mis desaciertos: ilumíname
 
En mis dudas y penas: confórtame
 
En mis enfermedades: fortaléceme
 
Cuando me desprecien: anímame
 
En las tentaciones: defiéndeme
 
En horas difíciles: consuélame
 
Con tu corazón maternal: ámame
 
Con tu inmenso poder: protégeme
 
Y en tus brazos al expirar: recíbeme
 
Virgen del Carmen, ruega por nosotros
 
Amén.