Hace cien años fallecía Fr. Antonio Mansi, cofundador de la MI, hoy camino de los altares

El 13 de julio de 2018 el Vicariato de Roma solicitó a la Congregación de las Causas de los santos la introducción de la causa de beatificación del joven fraile franciscano Fr. Antonio Mansi, fallecido justo hace cien años, el 31 de octubre de 1918, con 22 años.

Fr. Antonio Mansi

El pasado 25 de octubre, el Vicario General de la Diócesis de Roma, el Cardenal Angelo de Donatis, promulgó el edicto requiriendo la recopilación de todas las informaciones que puedan favorecer o entorpecer la causa, así como los escritos del fraile franciscano.

Fr. Antonio nació de en Londres en 1896, aunque sus padres italianos procedían de la localidad de Ravello (Salerno, en la provincia de Nápoles). Tomó el hábito de los Hermanos Menores Conventuales con tan sólo 13 años. Enviado por sus superiores a Roma para seguir los estudios teológicos, allí coincidió y trabó amistad con San Maximiliano Kolbe. Participó con el santo polaco y otros cinco frailes en la fundación de la Milicia de la Inmaculada. En la fiesta de San José, el 19 de marzo de 1918, Fr. Antonio Mansi pronunció los votos perpetuos y el 9 de mayo de 1918 fue ordenado sacerdote en la Capilla del Colegio Internacional de la calle San Teodoro de Roma. Víctima de la “gripe española”, falleció el 31 de octubre de 1918. En su Diario, San Maximiliano anotó aquel día: “por la mañana se durmió en el Señor Fr. Antonio Mansi, con una muerte muy edificante. Antes de morir me prometió «hacerme caminar derecho, por las buenas o por las malas»” (EK 988D). Desde el año 2004 sus restos mortales reposan en la iglesia de San Francisco de Ravello, junto a su hermano, Fr. Buenaventura Mansi.

Como reconoce el Vicario de Roma “el Siervo de Dios, durante su breve vida fue considerado un religioso ejemplar, que siempre supo edificar a sus hermanos mediante su ejemplo de vida . El ardiente amor por Cristo y por su Santísima Madre le convirtió, junto a otros cinco hermanos, en un muy apreciado y estimado colaborador de San Maximiliano Kolbe en la obra de la fundación y difusión de la Milicia de la Inmaculada por el mundo. Era un religioso ejemplar, hombre de auténtica vida espiritual. El testimonio de vida, la profundidad de sus escritos, la ejemplaridad de su muerte, han hecho que su fama de santidad, tras su muerte, se haya propagado por el mundo”.

Recordemos, finalmente, que hace unos días (el 18 de octubre de 2018) también hemos celebrado los cien años de la muerte de otro de los fundadores de la MI, el fraile rumano Antonio María Glowinski. Estos primeros mílites, que se unieron tan pronto a la Iglesia Triunfante, nos preceden e interceden por la causa de la Inmaculada en nuestro mundo.

Edicto 25.10.2018