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Pensaments del P. Kolbe

“Oremos para que la Inmaculada llegue a ser lo más pronto posible… la Reina del mundo entero"

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“Oremos para que la Inmaculada llegue a ser lo más pronto posible… la Reina del mundo entero, ya que hay todavía muchos paganos, muchos pobres pecadores. Además, repitámosle que, con su auxilio, por Ella estamos dispuestos a todo, a toda fatiga, sufrimiento, humillación, a la muerte por hambre o por otra causa, pero sólo con su auxilio, porque solos no podemos hacer nada en absoluto”. (EK 509, p. 1086)

"... en las tinieblas, en las debilidades, en los desalientos, acordémonos de que el Paraíso… el Paraíso… se acerca"

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“Queridísimos hijos, en las dificultades, en las tinieblas, en las debilidades, en los desalientos, acordémonos de que el Paraíso… el Paraíso… se acerca. Cada día que pasa es un día menos de espera. ¡Ánimo, pues! Ella nos espera allí para estrecharnos a su Corazón.  Además, no presten oído al diablo, si quisiera hacer creer que el Paraíso existe, pero no para ustedes, ya que, aunque hayan cometido todos los pecados posibles e imaginables, un solo acto de amor perfecto lava todo hasta el punto de que no queda ni una sombra.” (EK 509, p. 1086)

¿Cuándo, oh Señora, dominarás, soberana, en todos y en cada uno de los corazones?

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“Muchos son los que te aman, que te quieren, pero ¡qué pocos son los que por amor a ti están dispuestos a todo, a las fatigas, a los sufrimientos y hasta al sacrificio de la vida! ¿Cuándo, oh Señora, dominarás, soberana, en todos y en cada uno de los corazones? ¿Cuándo todos los habitantes de la tierra te reconocerán como Madre, al Padre celeste como Padre y de ese modo, finalmente, se sentirán hermanos?” (EK 1307, p. 2393)

"Amó a Dios de manera tan perfecta desde el primer instante de vida..."

Immaculadeta

 

“La Inmaculada nunca tuvo ninguna mancha de pecado, lo cual quiere decir que su amor siempre fue total, sin ningún defecto. Amó a Dios de manera tan perfecta desde el primer instante de vida, que el día de la Anunciación el Ángel pudo dirigirse a Ella diciéndole: Llena de gracia, el Señor es contigo (Lc 1,28).” (EK 1320, pp. 2425-2426)