Santa Pascua 2020

img113
 
Este pasado Jueves Santo iniciamos el Triduo Pascual, que nos ha llevado a la Pascua. Con esta ocasión, se remite de parte del Centro Internacional de la Milicia de la Inmaculada el mensaje del Ministro General de los franciscanos conventuales para todos los mílites del mundo (en adjunto el PDF del original italiano y su traducción al español a continuación), así como el mensaje del Centro Internacional para esta Semana Santa y Pascua 2020 (en adjunto el PDF).
 
img24
 

Roma, 6 de abril de 2020

Queridos hermanos y hermanas,

Paz y Bien.

Nos encontramos una vez más ante las puertas de Jerusalén: como Jesús hace 2020 años, apenas hemos cruzado las murallas majestuosas y nos hemos adentrado en sus vías tortuosas. Pero, como Jesús, sabemos que, pese a que el sol resplandece en el cielo sobre nosotros y calienta nuestros rostros, la subida al Calvario fue terrible y dolorosa, haciendo descender las tinieblas sobre esta primavera.

Sin embargo, esta conciencia, como lo fue para Cristo, no debe atemorizar nuestros corazones que, como el Suyo, deben permanecer firmes en la confianza en el Padre, que nunca abandona a aquellos que lo aman y que se abandonan a Él.

En este año, en esta Semana Santa especialísima, que concluirá con el gozo de la Resurrección, aprovechemos la ocasión para vivir con mayor intensidad nuestra Fe, puesta nuevamente a prueba por acontecimientos que hacen temblar los fundamentos.

En el huerto de los olivos, este año, nos hemos encontrado mucho más que nunca con un Jesús sufriente y el grito de dolor que salió de sus entrañas “Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?” es el mismo que resuena en el pecho de quien, en estos días de prueba, teme por él y por aquellos que ama, por quien ha visto o está viendo morir, sus seres queridos, sus propios amigos, frecuentemente sin poderles dar incluso el consuelo amoroso o el último saludo cristiano.

Sin embargo, como Cristo, ahora más que nunca, tenemos que tener confianza y fuerza. Solo desde Él y en Él podemos hallarlas suficientemente para alcanzar a susurrar en los peores momentos: “Hágase tu voluntad”.

Ahora es el tiempo de cerrar filas: ¡somos la MILICIA de la Inmaculada y en nuestro mismo nombre está nuestra fuerza! Al igual que nuestro Padre Fundador San Maximiliano Kolbe nos ha trazado el camino, así tenemos que recorrerlo: es el primado de de la “formación” que aguanta el ataque y mantiene a los propios afiliados y protege a los que tienen menos fuerza.

Ea, pues, mis queridos hermanos: esto es lo que quiero lograr hacer con vosotros: ¡convertirnos aún más en “la sal de la Tierra”! Y para conseguirlo tenemos que llevar el mensaje evangélico de San Maximiliano Kolbe a cuantos más hermanos y hermanas mejor! Tenemos que convertirnos en “la Luz del mundo”, que ilumina las tinieblas y para hacerlo con coherencia y eficacia, como todos los “mílites”, hemos de prepararnos.

¿Cómo? Mediante la oración, en primer lugar. Mediante los sacramentos. Y mediante la formación: oración y acción al mismo tiempo para defender nuestra Fe contra la desesperación que, ahora más que nunca, amenaza de hacerla desaparecer en el frágil corazón de los hombres.

¡LA MILICIA ESTÁ PRESENTE!

En este año extraordinario cambian los medios, pero no la sustancia:

La Adoración del Santísimo, la devoción a la Santísima Virgen por medio del Santo Rosario y de la imitación de sus virtudes, permanecen inmutables, aunque a distancia, al igual que las fuentes kolbianas y la formación permanente pueden aprovecharse siempre en comunión, si bien con modalidades diversas: tenemos los instrumentos para permanecer cercanos aunque estemos lejos y los vamos a utilizar.

Nuestra tarea consistirá en hacer participar el máximo de personas posibles para transmitirles esta pequeña llama que es la MI y para incendiar de esperanza este mundo herido.

“¡Id al mundo entero y anunciad a todos la Buena Noticia!”

¡CRISTO HA RESUCITADO!

¡Y en Cristo os envío mi bendición fraterna!

Fr. Carlos A. Trovarelli ofmconv

Ministro General

Asistente Internacional MI

Fr. Carlos