Ante la la beatificación del Papa Juan Pablo II

...San Maximiliano Kolbe, cuyo amor a la Inmaculada es bien conocido. Había intuido que el misterio de la Inmaculada encierra la profunda síntesis entre la desgracia del pecado original, la historia dramática que deriva de ella para la humanidad pecadora y el designio divino de salvación, que culmina en el Verbo encarnado en el seno de la Virgen. El padre Kolbe, impulsado por esa certeza íntima, exhortaba a sembrar la verdad de la Inmaculada en el corazón de todo hombre y de toda mujer, para que la Virgen -como solía decir- eleve a todos hacia el trono de su Hijo, introduciendo a cada uno en un conocimiento y en un amor más íntimos del Evangelio. Afirmaba también que, cuando uno se consagra a la Inmaculada, llega a ser en sus manos instrumento de la divina misericordia, como lo fue ella en las manos de Dios. Y exhortaba a dejarse guiar por María, caminando "tranquilos y seguros bajo su guía" (Discurso del Papa Juan Pablo II a las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe, el 19 de junio del 2000).