La práctica de la jaculatoria constante

Cuando nos acercamos a María y, pronunciado con el corazón, le decimos "INMACULADA", la sentimos a nuestro lado, y se percibe la presencia de Dios, la irradiación de Dios. Es bello su nombre, limpio y claro; es "Casa, donde Dios habita complacido".

Si nos sentimos cansados, desfallecidos, nos duele el alma y nos sentimos solos, brota el dulce nombre, "MARIA", pronunciado en silencio íntimo; y como la madre acompaña al hijo, así acude a nosotros y nos consuela y nos abraza, es nuestro cielo, nuestro descanso.

Recordemos el pensamiento del P. Kolbe que figura en la hojita de "La Milicia" de este mes de Febrero -ayer apareció en esta web- y con él decimos que una breve jaculatoria mientras se trabaja, mientras caminamos o descansamos o nos invade el sueño, es la mejor oración y también muy práctica, porque nos une constantemente y de manera cada vez más íntima a la Inmaculada. Por ello procuremos siempre acabar nuestras reuniones con la jaculatoria por excelencia: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos, y por cuantos a ti no recurren, en particular por los alejados de la Iglesia y por cuantos te son encomendados".

(Palabras de D. Ángel Fuertemoreno en la reunión del grupo de la Milicia de la Inmaculada de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario el 14 de febrero de 2011)