A ti , Virgen Inmaculada

 

  El ser humano divide muy implícitamente a los hombres y mujeres en dos categorías: buenos y malos. Sin embargo, frecuentemente, unos y otros hacen y padecen las mismas cosas. Por ello, no debemos considerar sus acciones y sufrimientos como distintivos de unos y de otros, sino el motivo por el que obraron y sufrieron.

 Creo que todas nuestras obras serán más puras y agradables a Dios siempre que procedan y vayan acompañadas de la sencillez del corazón. No nos detengamos, pues, solamente en lo que hacemos, hemos de atender muy seriamente al espíritu e intención que nos motiva a obrar rectamente.

 Nos encomendamos a ti, Virgen Inmaculada, nos postramos a tus plantas y abrazados a tus pies no nos separaremos de ti. Te pedimos y rogamos que fortalezcas nuestra fragilidad; la perseverancia en tu amor. Y ciertamente la conseguiremos pues con toda confianza te la pedimos. Que no caiga de nuestros labios tu nombre, MARIA, que claro indicio es de que a nuestro lado estas y atiendes a tus hijos en medio de los peligros del mundo. Danos energía para escapar de una vida rutinaria y mortecina.

(Palabras de D. Ángel Fuertemoreno en el grupo de la Milicia de la Inmaculada de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Madrid)