El imprescindible testimonio de la vida

María, nuestra Madre siempre Inmaculada, nos enseña y nos pide que, como Ella, concedamos más importancia a la santidad y al testimonio de vida que a la selección de libros, oraciones o actos de liturgia; aunque nunca deberemos renunciar a ellos, pues son una fuente de ayuda extraordinaria.

 Que nuestra vida sea testimonio de amor que solamente transmitimos  en la medida en que vivimos. Por ello debemos conectar con los hermanos y participar de la vida, sensibilidad, preocupaciones e interés de los hombres de hoy. Es importante que los demás vean como vivimos los mismos problemas y situaciones, pero con una dosis de amor, optimismo y esperanza que llega a contagiar. Así se asume la realidad que nos rodea y la impregnamos de un sentido y un significado salvífico distinto.

 Recordemos cómo aceptó el P. Kolbe el sacrificio por su compañero de prisión y con su jaculatoria preferida oremos a la Virgen Inmaculada: "¡Oh, María, sin pecado concebida! Rogad por nosotros que recurrimos a Vos, y por cuantos a Ti no recurren, en particular por los alejados de la Iglesia y por cuantos te son encomendados".

  (Palabras de D. Ángel Fuertemoreno en la Reunión del 4-Abril-2011del grupo de la Milicia de la Inmaculada de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Madrid)