¡ Este es mi Hijo Amado !

Comenzamos el tiempo litúrgico ordinario.

Después del Misterio tan grande que hemos vivido estos dias de Navidad en el que nuestro Dios se ha hecho uno de nosotros a través de la carne y de nuestra Madre Inmaculada; ese niño envuelto en pañales y que tanta ternura nos despertaba, se ha hecho adulto y el Espíritu le mueve y le llama a la misión redentora por la que se hizo uno de nosotros.

Ofrecemos la siguiente reflexión para que nos ayude a vivir este Misterio tan grande por el que el mismo Dios pide ser bautizado...Él que es la fuente de la redención para todos, se humilla y por obediencia a su Padre, pasa como hombre por la inmersión del agua, que es fuente de vida para sus hijos: todos los hombres.

Recepción de la Palabra

Ier DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
(Isaías 49, 3. 5-6; Sal 39; 1 Co 1, 1-3; San Juan 1, 29-34)

" Poco a poco, con la selección de los textos bíblicos que se proclaman los domingos y días festivos, la Iglesia ha venido desplegando el Misterio de la Encarnación y la identidad del Niño que nació en la Nochebuena.

El nacido en Belén, el Hijo de María, por quien cantaron los ángeles y se conmovieron los sencillos, el adorado por los pastores y por los magos, el anunciado a todos los pueblos, reconocido por los ancianos Simeón y Ana, es el que profetizaron desde antiguo las Escrituras como luz de las naciones, el mismo que después señaló Juan Bautista como Cordero de Dios.

En un versículo anterior al texto evangélico seleccionado se puede leer: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia» (Jn 1, 26-27). En esta expresión se contiene la indicación de la identidad más amorosa de Aquel que viene como manifestación suprema del amor divino. Juan señala al novio, a quien tiene derecho de desposorio.

Jesús cumple en su carne la voluntad de su Padre, de que la humanidad entera sea divinizada. Así lo profetizaban Isaías, Oseas, el Cantar de los Cantares, los salmos: "Escucha, hija, presta el oído, el Señor se ha prendado de hermosura, se ha enamorado de ti" (Sal 45). "La llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Allí me dirá marido mío" (Os 2). "Ya no te llamarán abandonada; como joven que se casa con su novia, así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo" (Is 62).

No salimos del asombro: el Pastor, hecho Cordero; y aún más: Dios, enamorado de su criatura, no solo se hace uno de nosotros, sino que nos invita a ser uno con Él, no por los vínculos de la carne y de la sangre, sino por el agua y el Espíritu.

Si la profecía de Isaías, que se proclama en la primera lectura, tiene una clara referencia cristológica, por el bautismo, cada uno podemos escuchar: "Es poco que seas mi siervo, te hago mi hijo. Te hago luz". ¡Seamos luz!"

Padre Don Angel Moreno de Buenafuente
Fuente www.la-oracion-com