Las Tentaciones de Jesús

Las tentaciones de Jesús y las nuestras
 

 
Comentario al Evangelio del Domingo 9 de Marzo del 2014
La Cuaresma, es un tiempo privilegiado para afinar la meta de nuestra vida y repasar nuestros objetivos. A veces resulta un repaso doloroso y que exige sacrificios.
Jesús también pasó por eso. Dudó, buscó, fue tentado, a lo largo de su vida, y se impuso por la fuerza y el poder.
 
Reflexionemos sobre sus tres tentaciones y veremos que son las nuestras también.

1. La tentación del Consumo
La primera, podríamos llamar la tentación del consumo. "Di que estas piedras se conviertan en pan". Es decir, si quieres, puedes dar de comer a todos los hombres. Sufren, tienen hambre, no tienen trabajo - puedes asegurarles el bienestar material que desean. Puedes hacer milagros, el "milagro económico".
Él responde: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Pero Jesús no nos pide que nos desinteresemos de los bienes temporales. En el Padre Nuestro nos hace pedir: "Danos hoy nuestro pan de cada día". Hay que luchar por el pan de cada día. Hay que luchar por nosotros y por todos los hombres.


Lo que el Señor nos pide es luchar contra la alienación del consumo y contra la ilusión de creer que la felicidad del hombre coincide con la meta del consumo. Él nos dice que el corazón del hombre reclama otros alimentos que los del "tener". Y los papás entre nosotros saben muy bien que sus hijos no sólo necesitan bienestar material, sino que precisan también su tiempo, su atención, su palabra y su amor.

Como un niño, el hombre necesita del amor de Dios su Padre, de ese Dios que ha hablado y que tiene algo que decirnos. Y mientras los hombres no hayan oído esta palabra y mientras no traten de vivirla, persistirá en ellos un hambre insatisfecha que los convertirá en hombres sub alimentados e infelices.

Todos formamos parte de nuestro mundo y de nuestra sociedad. Y todos somos esclavos del consumo, de una u otra forma: Pensemos en nuestro coche, ese pequeño dios; en el confort de la vivienda; en los juguetes de los niños; en los libros, que tal vez nunca se leerán; en nuestros vestidos y nuestra ropa, etc.
Tenemos hambre de pan, hambre de cosas materiales. Pero, ¿tenemos también hambre de Dios?
 
 
2. La tentación del Poder
La segunda tentación de Jesús es la tentación del poder, la tentación de utilizar la fuerza de su Padre en provecho personal. Pero Él la rechaza: "No tentaréis al Señor, tu Dios". Es decir: Tú no le exigirás a Dios que se ponga a tu servicio. Tú eres quien ha de servirle. La fuerza de Jesús consiste en ponerse plenamente a disposición de su Padre, para servir a los hermanos.

Nosotros no nos libramos de la tentación de utilizar a Dios, de ponerlo a nuestro lado, es decir, de meterlo en "nuestro bolsillo". ¡Cuántas veces, a través de la historia, grupos humanos, naciones, gobiernos, ejércitos o partidos políticos han intentado aprovecharse de los cristianos, de la Iglesia, de Dios, para llevar a cabo sus propios proyectos!

Y nosotros mismos, ¿no rezamos muchas veces el Padre Nuestro al revés: "Padre nuestro que estás en el cielo, hágase mi voluntad." Es decir, nos colocamos en el centro, nos hacemos dios, en el lugar de Él. ¡Y cuántos hombres se apartan así de Dios, porque Dios no les ha obedecido!
 
 
 
3. La tentación de la Idolatría
Tal vez pensemos: esta vez no me toca, son los paganos los que adoran a los ídolos. Pero también en nuestro mundo de hoy hay montones de ídolos levantados: Desde el gran ídolo del dinero que adoramos todos, un poco más… o menos. Hasta la multitud de ídolos ante los cuales nos arrodillamos diariamente: el paquete de cigarrillos, o la buena comida, o el televisor, o la moda, o nuestro cuerpo, o también nuestras ideas o proyectos.

Todos esos dioses de recambio hacen que poco a poco, y quizás sin darnos cuenta, vivamos inclinados, incapaces de vivir de pie y de poder arrodillarnos libremente ante el único Dios.
 
 
Preguntas para la Reflexión
1. ¿Por qué tipo de felicidad estoy luchando?
2. ¿Qué mundo estoy construyendo?
3. ¿Soy "explotador" de Dios, o soy su servidor y servidor de mis hermanos?
 
 
Autor: Padre Nicolás Schwizer
Fuente: Catholic.net