Testimonio de un Mílite en Medjugorje

Isael Pla Martorell, un mílite consagrado desde hace 2 años a la Inmaculada, nos cuenta con sus palabras su experiencia de peregrinación a Medjugorje este verano.

 

" Esta es la experiencia personal que tuve de Medjugorje.

Como todos sabéis, dicen que la Virgen María se aparece en esa aldea de 400 almas desde hace poco más de 30 años. De ser cierta, sería la aparición mariana más larga de la Historia, y diría que también la más importante. Los mensajes públicos que da a la humanidad son toda una catequesis sobre espiritualidad, oración y vida cristiana en general y suele resumirse en las llamadas "Cinco Piedras": oración diaria del Rosario, Misa, confesión al menos mensual, ayuno y lectura de la Biblia.

Desde el primer momento en que oí hablar de Medjugorje hace años algo me decía que tenía que ir, que aquello era verdad; me sentía especialmente unido a todo eso, a las cinco piedras que desde el primer momento intenté vivir, a aprovechar el "tiempo de gracia" que Dios nos daba con tanta generosidad. Había algo, algo... Hasta que Carlos, el hijo de un amigo mío, convertido el pasado año en Medjugorje siendo ateo, y que este año ingresará en el seminario de Cáceres, me advirtió por correo electrónico que se estaba organizando una peregrinación con motivo del Festival de la Juventud: "Medjujoven". Era mi oportunidad.

 


Aunque un poco tarde y habiendo transcurrido ya el tiempo para hacer los pagos, gracias a la buena disposición de los organizadores y a la Gospa, me embarqué. 4 autobuses con cerca de 200 personas, incluyendo 6 sacerdotes y 5 hermanas guadalupanas. El viaje fue bastante largo. Comer aprisa, dormir poco y no muy cómodamente... El buen ambiente y las amistades que entablamos lo hicieron todo mucho más llevadero; amistades regaladas por Dios, de esas que no hace falta alimentar mucho, porque lo principal ya nos une.

Llegamos a Medjugorje: ¿Que pasó? ¿Qué sentí? ¿Qué hubo? ¿Cómo fue?

Hay quien huele a rosas... yo no las olí. Hay quien ve "la danza del sol"... yo no la vi. Hay quien ve a la Virgen o tiene visiones sobrenaturales de todo tipo... a mi no me pareció tenerlas. Pero esto es lo que me pasó.

Durante los cinco días que estuvimos, me sentí abrazado por una extraña paz, de lo que fui consciente de manera progresiva, arropado, tranquilo y sin afanes. Lo inundaba todo una gran piedad. La gente iba sosegada, alegre, devota, con ganas de asistir a la Misa y a la Adoración, armados con la suficiente paciencia como para hacer cola ante las decenas de sacerdotes que escuchaban en confesión. ¡Incluso las tiendas te hablaban de Dios! Creo que cada habitante del pueblo se montó dos comercios para vender imágenes... Y todos encantados.

Lo mío, como digo, era una explosión de gozo interior que se reflejaba en varias cosas: los mensajes de móvil que le iba enviando a mi hermana, a cada cual expresando mayor alegría hasta desbordarse por completo, y una sonrisa sencillamente alucinada. Cada vez que pasaba por delante de la Casa de la Caridad, que tiene en la fachada un gran cartel con las palabras de la Virgen "Esta es mi hora" me invadía un gozo santo. Tan es así, que tuve que fotografiarme... aquello no era normal, la gente me miraba de camino al monte de las apariciones del que ahora hablaré ¡y yo con cara de enajenado!

En Medjugorje hay dos montes: el Prodbro o monte de las apariciones, y el Krisevac. Ambos están empedrados de rocas afiladísimas, y subirlos es extremadamente incómodo; sin embargo, cuando los videntes subían en los primeros momentos de las apariciones, lo hacían a una velocidad sobrehumana y sin tropezar siquiera. El primer día subimos el Prodbro rezando el Rosario y visitamos la imagen de la Virgen Blanca. Un par de días después hicimos lo mismo con el Krisevac, rezando en esta ocasión el Via Crucis. Este monte está coronado por una gran cruz de piedra construida por los propios aldeanos en 1933 para conmemorar los 1900 años de la Redención de la humanidad. Con razón eligió María esta aldea para sus apariciones, porque en ella había mucha Fe.

Ello también me hace pensar en la humildad de Nuestra Madre: el Krisevac es sin duda el monte dedicado a la Cruz, a Cristo. Ella elige para sus apariciones otro monte cercano, diferente del de su Hijo, y más bajo.

Quizá sea una de las cosas más conocidas la parroquia de Medjugorje con sus dos sencillas e imponentes torres. Levantada en 1969 tras la destrucción de la anterior, los aldeanos se quejaron al arquitecto por hacer unos planos para una parroquia donde caben más de mil personas, cuando allí no existían más de 400 almas. Contestó que había tenido un sueño en que esta nueva parroquia se quedaría pequeña... Los españoles podemos encontrarnos allí como en casa, pues está consagrada a Santiago Apóstol, patrón de los peregrinos y de nuestra Patria.

Todas las tardes, en la explanada de la parte posterior de la Parroquia, se podía asistir para oir los testimonios, luego el Rosario, al acabar, la Santa Misa, y por último, Adoración del Santísimo. Éramos unas 80.000 personas. Sacerdotes concelebrantes: cerca de 600. En el momento de la Comunión la orquesta interpretaba una canción titulada "Emmanuel" y en efecto, sentíamos que estaba "Dios con nosotros". La gente, y yo mismo, agradecíamos poder comulgar de rodillas sobre la misma hierba sin que nadie se escandalizara. De hecho, por las calles del pueblecito todos íbamos con el Rosario colgado al cuello... ¡y tan tranquilos! A veces salía a la calle con camisetas de la Virgen, de Cristo, otras con el lema "Jesus loves you... but I'm His favourit", "Faithbook". Lo máximo que podías encontrarte era a alguien que te felicitara por la camiseta o se hiciera una foto contigo, jajaja. ¡Me pasó con la del "faithbook"! Vestirlas ahora me da un poco de corte porque la gente se queda mirando, pero aún así, no me voy a avergonzar, ¿verdad?

En el momento de la Adoración, sobre las 22 horas, podías pasear por la gran explanada y ver a familias enteras con los niños durmiendo sobre la hierba. Qué paz, qué Paz.

En el monte de las apariciones estuvimos el día 2 de agosto, cuando la Virgen le transmite a Mirjiana bajo la llamada "Cruz Azul" un mensaje para la humanidad. Este empezaba así: "Queridos hijos, estoy con ustedes y no me rindo". ¡Nuestra Madre no se rinde!

Nos congregamos una grandísima multitud. Unos amigos y yo hicimos noche cerca del lugar para poder ver mejor. Casi no dormimos, como es normal, dado lo incomodísimo del suelo. En el momento en que llegó la vidente todos nos levantamos para ver mejor lo que ocurría. Yo tenía a tantas personas delante que no pude ver nada, así que decidí girarme para observar a todo ese mar de gente, por si alguien parecía ver algo. Y en efecto, varios estaban viviendo algo fuera de lo normal. Algunos de ellos me hicieron partícipes de lo que experimentaron: todo cosas extraordinarias. Ninguno de ellos mentía.

Cuando llegó la hora de volver, yo quería quedarme allí en Medjugorje, no me gustaba la idea de volverme a casa, la verdad. Aquello era el Tabor, "Qué bien se está aquí", le decía a Dios y a la Virgen. ¿Por qué no hacerme una tienda, comprarme una casa? Pensé seriamente... El día de retorno, se celebraba la Transfiguración del Señor. ¿Casualidad? Sí, para un descreído. "Este es mi Hijo amado, escuchadle", dijo Dios Padre a los tres Apóstoles y ahora a nosotros. Esta vez era María la que nos repetía sus últimas palabras en el Evangelio (después ha hablado y sigue hablando): "Haced lo que Él os diga".


Isael Pla Martorell.